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martes, 9 de enero de 2024

Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957). Stanley Kubrick


Primera Guerra Mundial (1914-1918). En 1916, en Francia, el general Boulard ordena la conquista de una inexpugnable posición alemana (el Hormiguero) y encarga esa misión al ambicioso general Mireau. El encargado de dirigir el ataque será el coronel Dax. La toma de la colina resulta un infierno, y el regimiento emprende la retirada hacia las trincheras. El alto mando militar, irritado por la derrota, decide imponer al regimiento un terrible castigo que sirva de ejemplo a los demás soldados.

Prácticamente, la película es el fallido ataque al “hormiguero” y los enfrentamientos verbales de los soldados, oficiales y jefes franceses. Kubrick cuida al máximo los detalles que marcan los dos mundos: el de los que mandan y el de los mandados. El campo de batalla, las trincheras, cubiertos de restos, con hombres aterrorizados, gritando y muriendo, de un lado. Y del otro, el exquisito ambiente del Castillo donde está instalado el Alto Mando. La demagogia es evidente, pero no por ello deja de ser eficaz, provocando una reacción en el espectador contra el mando militar, en el que el coronel Dax es la encarnación del jefe ideal, sereno, valiente y estrechamente identificado con sus hombres, y que por ello mismo es, al final, sacrificado. (Pedro Crespo en ABC del 20 de octubre de 1986)

El director esgrime hechos más que palabras, documenta con la maniática precisión que le es preverbial los gestos del ritual castrense —la visita de Mireau a las trincheras (en un “travelling” célebre), los pormenores del consejo de guerra, el ceremonial alucinante de la ejecución en los jardines de un hermoso palacio—para revelar su absurdo delirante. Parece, en suma, que Kubrick aprendió del Buñuel de “Tierra sin pan” que no hay arma agresiva tan poderosa como la frialdad documental. La retórica no asoma la nariz hasta el último momento, cuando los soldados franceses corean la canción torpe de la prisionera alemana (de la cual pretendían burlarse), puesta sin duda para devolver la fe en la humanidad al público, al protagonista y tal vez al mismo director. (José Luis Guarner en La Vanguardia del 22 de octubre de 1986) 

Título clave dentro del cine antimilitarista, en el que se ilustra un supuesto episodio de la Primera Guerra Mundial, extraído de un relato de Humphrey Cobb. En una línea similar a "Rey y patria", de Joseph Losey, se dedica a diseccionar los valores que conforman la mentalidad castrense, desvelando su carácter irracional. Todo ello se consigue a través de una narrativa que combina el sentido de la tensión con una generosa emotividad. (Fotogramas)

En uno de sus trabajos más redondos, Stanley Kubrick reconstruye un oscuro episodio real, recogido en una novela de Humphrey Cobb. Prohibida por el gobierno francés de la época, realiza un sentido alegato contra los horrores de la guerra, al tiempo que reflexiona sobre el idealismo, la justicia, la insubordinación y el valor de la vida humana. (Decine21)

Es imposible ver ‘Senderos de gloria’ y que algo no se altere por dentro de uno. Remueve conciencias y estampa la verdad en la cara sin concesiones ni florituras de ningún tipo. Kubrick siempre declaró que era una película que hablaba de sentimientos y ésa es precisamente una de sus virtudes. Cine visceral en forma y contenido salido del fondo del alma. Puede que el término “obra maestra” se use a veces con demasiada alegría, pero en el caso de ‘Senderos de gloria’ creo que esas palabras se quedan cortas. (Alberto Abuín en Espinof)

"Paths of Glory" fue la película con la que Stanley Kubrick entró en las filas de los grandes directores para no abandonarlas jamás. Cuando entrevisté a Kirk Douglas en 1969, la recordó como la cumbre de su carrera como actor: "Hay una película que siempre será buena en los años venideros. No tengo que esperar 50 años para saberlo; lo sé ahora".Tiene una economía de expresión que es casi brutal; es una de las pocas películas narrativas en las que se siente la ira al contarla. Samuel Fuller, que luchó en la Segunda Guerra Mundial, la recordó en "The Big Red One" con nostalgia por la camaradería de su unidad. No hay nostalgia en "Paths of Glory". Sólo pesadilla. (Roger Ebert)

En cuanto al significado de la película, llega a un punto no concluyente. Su demostración de la injusticia es como una muestra dentro de una botella en un museo médico. Es grotesca, espantosa, nauseabunda, pero tan enmarcada y aislada que, cuando sales, te quedas con la sensación de que sólo has sido testigo de un incidente horriblemente extraño. (Bosley Crowther en The New York Times del 26 de diciembre de 1957)

Esta obra maestra todavía tiene un gran impacto, aunque nada en ella es tan simple como puede parecer a primera vista; el público todavía está discutiendo sobre la secuencia final, que se ha caracterizado por ser de todo, desde una evasión sentimental hasta el giro cínico definitivo. (Jonathan Rosenbaum)

Si bien el tema está bien manejado y representado en una serie de caracterizaciones sobresalientes, parece anticuado y resulta sombrío en la pantalla. (Variety)

Kubrick nos ofrece sólo una escena de batalla, y es sombría. La mayor parte de la película trata sobre las diferencias de clase entre los oficiales, que trabajan en un espléndido castillo, y los hombres insomnes, cubiertos de barro. La retórica sardónica puede ser un poco pesada a veces, pero la película es contundente y desdeñosamente brillante. (David Denby en The New Yorker)

Recordaremos (…) una bonita simplificación del trazo y sobre todo un cierto ritmo martilleado muy atractivo, una velocidad frenética y, reconozcámoslo, un aliento cinematográfico. (R.L. en Cahiers du Cinemá n° 82 de abril de 1958)

Pintura exacta de la vida en las trincheras, servida por un estilo incisivo y nervioso. (Fréderic Vitoux en Positif nº 143 de octubre de 1972)

La fascinación de Kubrick por la capacidad del individuo o de sus instituciones para provocar, a través de sus errores, la ruina de éstas, difícilmente podría encontrar un objetivo mejor que el ejército. (Benoit Smith en Critikat.com)

Película estrenada en Madrid el 13 de octubre de 1986 en los cines Roxy A y Renoir; en Barcelona, el 15 de octubre de 1986 en los cines Alcázar y París. 

Reparto: Kirk Douglas, Ralph Meeker, Adolphe Menjou, George MacReady, Wayne Morris, Richard Anderson, Joe Turkel, Timothy Carey, Christiane Harlan.

jueves, 5 de octubre de 2023

Dos semanas en otra ciudad (Two Weeks in Another Town, 1962). Vincente Minnelli


Después de haber pasado tres años en un centro psiquiátrico, Jack Andrus, un actor acabado, vuela a Roma invitado por un director amigo suyo que le ofrece un pequeño papel en una película que está rodando en los estudios de Cinecittà. Andrus acepta la oferta con la esperanza de recuperar la fama. Lo malo es que en Roma se encuentra con su exmujer, la responsable de su crisis artística y personal.

La película obedece a un tono de amplias generosidades espectaculares. Está muy bien hecha y planteada y conseguida. La fotografía, el color y el sonido trenzan sus virtudes para la más detallada definición de las oscuras pasiones... La película, que es grande y ambiciosa, pesa a veces un poco en su larga y desolada caminata. Sólo los exteriores en Roma, de noche, limpian con su misteriosa hermosura el aire viciado que envuelve a aquellas gentes angustiadas. Cuando el coche de Kirk Douglas, después de la pavorosa carrera final, espléndidamente trucada, se detiene bajo la fuente purificadora, parece que el agua desplomada que empapa al actor y le refresca, lava también, simbólicamente, el espectacular asunto de tantas humanas impurezas. (Gabriel García Espina en ABC del 22 de marzo de 1963)

Vincente Minnelli demuestra una vez más sus reconocidos méritos como director. Por medio de un ritmo rápido y dinámico, logra mantenir el film en una línea de alta tensión emocional. La cámara es movida con superlativa destreza, ora en giros deslumbrantes, ora en momentos de premiosa intensidad para captar la intención de cada escena y extraer las más insospechadas posibilidades en secuencias de mayor contenido dramático. La pantalla en Cinemascope y el color en Metrocolor –particularmente eficaz- contribuyen a sacar el máximo fruto del tema y de la forma como es referido. Un montaje que tiene el acierto de sintetitzar el máximo posible cada situación, ayudado por frecuentes elipsis y por numerosos fundidos, contribuye a dar al film la apetecida agilidad y a mantenir vivo el interés durante su desarrollo. El dialogo es rápido, incisivo y conciso. (J. Pedret Muntañola en La Vanguardia del 14 de abril de 1963)

Amarga y desesperada, llena de imágenes dolientes que se ocultan entre los pliegues del melodrama (...) Una obra maestra absoluta. (Miguel Angel Palomo en El País)

Inspirada prolongación de 'Cautivos del mal' (...) un insustituible documento del paso de cineastas norteamericanos por Cinecittà y por la Roma de 'La dolce vita', (...) una meditación sobre el fracaso, el compromiso y la desilusión. (José Luis Guarner)

Adaptación de una novela de Irwin Shaw que constituye uno de los títulos clave de su director, donde el melodrama se convierte en fastuoso espectáculo. Llevando hasta sus últimas consecuencias la visión del mundo del cine que ya propusiera en "Cautivos del mal", recrea un universo inicialmente artificioso para depurar sus elementos de manera que el artificio devenga arte. (Fotogramas)

Minnelli cada vez más sofisticado, y de gustos europeos (no es ajeno a las corrientes que irrumpen en Europa y a los aires nuevos de Hollywood), alardea de su uso del lenguaje cinematográfico y del buen uso de las claves del melodrama (en el que sin duda es uno de los directores estrella) para mostrar un retrato amargo de una serie de personajes que sufren porque aman, odian y viven intensamente. (El blog de Hildy Johnson)

Una de las películas más agudas y perspicaces sobre la industria cinematográfica. (Richard Brody en The New Yorker)

Todo el asunto es un montón de charlas comerciales simplistas, gruñidos románticos ridículos y poco convincentes y un extraño choque profesional entre el actor y el director que parece sacado de una caricatura de Hollywood. El guión del Sr. Schnee es tan arbitrario y sin objetivo en el desarrollo de una trama como el guión de uno de esos abarrotadas películas de romanos de Cinecittà, y el personaje que presenta para el Sr. Douglas no es más inteligible ni convincente que el de Steve Reeves en Hércules. (Bosley Crowther en The New York Times del 18 de agosto de 1962)

Todo tipo de celos, obsesiones, pasiones, arrepentimientos y dudas se entretejen a lo largo de todos los hilos argumentales del film, y Minnelli los mira a través de los ojos de un veterano de 60 años. Esta no es una exposición emocionante del mundo del espectáculo; es una mirada a una industria vieja y seca, donde los jóvenes simplemente están condenados a repetir los errores de sus antecesores. Cualquier momento de esta película puede traer un nuevo tipo de respuesta: euforia, terror, escalofríos, temblores, alegría, etc. A diferencia de cualquier otro director de su época, excepto Nicholas Ray, Minnelli resume todo esto en un uso sorprendentemente detallado del marco de la pantalla panorámica. (Jeffrey M. Anderson en Combustible Celluloid)

A diferencia de Douglas Sirk, que es mucho más sutil a la hora de enmascarar la intención de su color y la información de la puesta en escena, Minnelli no tiene miedo de decirle literalmente al público que su paleta de colores tiene significado. Al relatar lo que ocurrió la noche del accidente automovilístico y al describir su enfermiza relación con Carlotta, Minnelli deja que Douglas diga en voz alta: "Siempre tuvimos algo con [el color] verde", una señal directa para que el público preste atención a un color, como nunca he visto en una película importante. Esa cualidad abierta, esa voluntad de mostrar sus intenciones en la manga, independientemente de si esas intenciones finalmente resultan estéticamente, es una de las cualidades más entrañables de Minnelli como director. (Paul Mavis en DVD Talk)

Al querer ser excepcionalmente irónico y malicioso, Minnelli ya no consigue hacernos sentir empatía por sus personajes, y la película se nos vuelve a menudo desagradable, tanto más cuanto que no encontramos ni su habitual elegancia ni su profunda ternura incluso para sus protagonistas más antipáticos. Otra decepción proviene del hecho de que el director ni siquiera aprovecha al máximo los escenarios naturales que tiene a su disposición. Afortunadamente, quedan momentos fabulosos de pura puesta en escena, como la secuencia paroxística final a bordo del coche, la escena de proyección de Cautivos del mal (1952) durante la cual los participantes experimentan una fuerte melancolía y algunos otros con Edward G. Robinson, que es uno de los pocos actores de este reparto al que le va bien con Kirk Douglas, incluso si la actuación de este último a veces carece de sutileza. En definitiva, nada que ver con la lírica y soberbia Cautivos con la que sin embargo forma una especie de díptico. Después de la magnífica Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1961), retrocedemos un poco. (Erick Maurel en DVDClassik)

Dos semanas en otra ciudad es tan lograda como su predecesora, Cautivos del mal, pero es más difícil de abordar debido a su incursión en la oscuridad, como la secuencia catártica rodada en el coche que remite a la misma escena traumática con Lana Turner diez años antes. La diferencia entre el objetivo de las dos escenas visualmente similares es también la de las películas con temas falsamente idénticos. En 1962 Kirk Douglas conduce a toda velocidad para deshacerse definitivamente de sus demonios, cuando Lana Turner hace lo propio para abandonarse a ellos. En 1952 el cine era más grande que la vida, y diez años después Vincente Minnelli nos recuerda que lo es gracias a los hombres (y no a un solo hombre, la diatriba de Douglas a George Hamilton diciéndole que dejara de depender de nadie y creyera en él) que se dedican a ello con pasión. (Justin Kwedi en DVDClassik)

Por último, lo que resulta muy interesante al yuxtaponer las dos películas (Cautivos y Dos semanas) es el punto de vista de Vincente Minnelli, que ha cambiado profundamente en diez años, pasando de una visión magnificada de la época dorada de Hollywood a la de rodar en el extranjero únicamente por motivos económicos; de una narrativa impecable a una historia mucho más suelta; de gente ambiciosa y llena de codicia hasta personajes desgastados y desencantados. (Virgile Dumez en À voir, à lire)

Película estrenada en Madrid el 21 de marzo de 1963 en el cine Coliseum; en Barcelona, el 14 de abril de 1963 en los cines Montecarlo, Niza y Aristos.

Reparto: Kirk Douglas, Edward G. Robinson, Cyd Charisse, George Hamilton, Dahlia Lavi, Claire Trevor, James Gregory, Rosanna Schiaffino.


martes, 4 de julio de 2023

La ley de la fuerza (The Big Trees, 1952). Felix Feist


California, año 1900. Jim Fallon, un hombre sin escrúpulos que trabaja en una explotación forestal, y su amigo Yukon Baurns llegan a la tierra de las grandes secuoyas. El propósito de Fallon es estafar a los empobrecidos granjeros que acaban de enterarse de que las reclamaciones que han hecho de sus tierras carecen de validez.
Actualmente, el film es de dominio público.
 
Una venerable historia de buenos y malos (...), La ley de la fuerza es una película de corte clásico en su escasa medida sin sorpresas. Todo marcha a su aire hasta la solución prevista. Y no le fallan ninguno de los emocionantes timbres visuales pulsados por el realizador, siempre con eficacia y en el momento preciso. (Gabriel García Espina en ABC del 21 de enero de 1964)

Gracias a Kirk Douglas, “La ley de la fuerza” posee una cierta dosis de emoción dramàtica. Porque sin Kirk Douglas apenas sería nada. Ignoramos cual pueda ser el historial artístico de Felix Feist, realizador de la película. Pero la verdad es que no ha hecho otra cosa que acumular tópicos y rumiar efectismes del más viejo cine. En algunos momentos parecía que nos hacía retrocedir en el tiempo treinta años. (...) La realización técnica no es mejor ni peor que la de tantos otros “westerns” como desfilan por la pantalla casi todos los días. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 19 de febrero de 1964)

Discreto western que se inspiraba en una novela de Peter B. Kyne, previamente llevada al cine por James Cruze (1919), Charles Brabin (1927) y William Keighley (1938). Ilustra sin excesiva garra el conflicto de intereses entre leñadores y granjeros que desembocará en violencia. El conjunto funciona siempre a medio gas, con unos resultados que bordean constantemente el puro tedio. (Fotogramas)

Todos los actores parecen beneficiarse de la buena dirección de Felix Feist; Lástima que este último no esté tan dotado en cuanto a puesta en escena. Excepto por el movimiento de cámara que sigue a Kirk Douglas desde un ángulo bajo alrededor de una secuoya para medir su circunferencia, no tenemos mucho en lo que hincar el diente técnica y plásticamente hablando; incluso los hermosos paisajes de esta región de California no están particularmente bien resaltados, como tampoco las secuoyas que, sin embargo, actúan casi como protagonistas. Esto no impide que La ley de la fuerza no sea constantemente placentera. En resumen, no quita el sueño, nada es muy emocionante, original o simplemente memorable, pero es un entretenimiento honesto, nunca aburrido. ¡Qué no es tan mala, vamos! (Erick Maurel en DVDClassik)

Todo esto se reduce a que "The Big Trees" no es una mala película, sólo simplemente rutinaria, hecha únicamente con el propósito de obtener ganancias rápidas. Kirk Douglas lidera las cosas muy bien, y la toma ocasional de los secuoyas gigantes funciona para mostrar lo impresionantes que son, pero todo lo demás es estereotipado, agradable pero fácil de olvidar. (Andy Webb en The Movie Scene)

Tal vez el drama sea un poco rígido en esta aventura de 1952, basada en una historia de Kenneth Earl, pero hay un elenco sólido, una hermosa cinematografía en Technicolor de Bert Glennon, una acción animada bien puesta en escena por el director Felix Feist y, por supuesto, grandes árboles. (Derek Winnert)

La película fue dirigida por el especialista en cine de bajo presupuesto Felix Feist. Este fue su primer western. Sólo hizo tres. Es un entretenimiento bastante agradable. Intachable pero no excepcional. (Jeff Arnold's West)

En rápida sucesión, The Big Trees termina con la destrucción de un puente ferroviario, la voladura de una presa y la salvación de una damisela en apuros en el último momento, y los tres eventos aparecen como momentos destacados de acción colocados al azar presentados por el director Felix E. Feist. en un intento desesperado de animar un asunto bastante pretencioso. Los Grandes Árboles sobreviven, pero algunas reputaciones se reducen. (The Ace Black Blog)

Que no sea un western "real" da igual, el problema está en otra parte. A nivel de guión notaremos algunas enormidades como el árbol que se hace caer justo sobre la casa del "bueno", o el falso suspense en la escena del tren. A nivel de realización es peor, no sólo es débil, sino que las travesuras de Kirk Douglas son absolutamente imperceptibles. Finalmente en cuanto a los actores, Kirk Douglas hace su número, los secundarios son de una suavidad apenas creíble, la estrella femenina es decepcionante. Nos queda sólo la señorita Patrice Wymore que nos regala una bonita danza en el salón. Muy poco para un film de pesados acentos bíblicos y que no suscita ninguna empatía. (Estonius en Allociné)

Película estrenada en Madrid el 20 de enero de 1964 en el cine Gran Vía; en Barcelona el 17 de febrero de 1964, en los cines Montecarlo, Niza y Aristos. 

Reparto: Kirk Douglas, Eve Miller, Patrice Wymore, Edgar Buchanan, John Archer, Alan Hale Jr., Roy Roberts.

viernes, 9 de junio de 2023

El último de la lista (The List of Adrian Messenger, 1963). John Huston


Un escritor entrega a un amigo suyo, agente secreto retirado, una lista en la que figuran 10 nombres para que compruebe sus paraderos, sin darle más explicaciones. Cuando el escritor muere en un accidente aéreo, el agente se pondrá a investigar y comprobará que 6 nombres de la lista fallecieron por accidentes y empieza a sospechar que sean crímenes encubiertos.

“El último de la lista” tiene el interés de esa sorpresa postrera mejor que el que levanta apenas el enredo de la compleja y apurada historia. Parece como si la obra de John Huston, que en cualquier caso obedece siempre a la maestría de su realizador, buscara nada más que el pláceme y el aplauso para las fugaces “colaboraciones” de esos rostros tan populares que asoman su estupendo disfraz casi al margen de la entretenida aventura. Las estrellas de “El último de la lista” son, sin duda, los maquilladores. (Gabriel García Espina en ABC del 4 de febrero de 1964)

A pesar de lo escalofriante de la trama, John Huston ha sabido esquivar lo truculento, manteniendo el film en una constante línia de misterio y de intriga. Como es de ritual en estas cintes, el espectador està siempre esperando el desenlace inesperado tol como en efecto se produce al fin. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 29 de marzo de 1964)

Una película muy disfrutable tanto por la propia historia como por los retos lanzados al espectador, que compensa la debilidad e inconsistencia de su pretexto (o MacGuffin, al modo hitchcockiano) con el encanto que destila, las excelentes caracterizaciones de Douglas, la habitual desenvoltura interpretativa de Scott y, por encima de todo, la sensación de que se está asistiendo al resultado de un pacto entre un director, un productor y guionista, y un buen puñado de intérpretes para rendir un homenaje cómplice y agradecido a su público. (Alfredo Moreno en 39 escalones)

El Sr. Scott frunce el ceño como un detective y actúa con un aire sabio y entendido. Pero su habilidad está abierta a serias dudas cuando no ve a esos personajes disfrazados. Uno de ellos es Kirk Douglas. Nos enteramos de eso cerca del comienzo al verlo cambiarse de disfraz en un baño. Luego aparece a cara descubierta más tarde. Pero él también, por su reputación, hubiera sido mejor que permaneciera disfrazado. También podrían haberlo hecho Burt Lancaster, Tony Curtis, Robert Mitchum y Frank Sinatra. Cómo el Sr. Huston se mezcló en este engaño, esta "cacería de señuelos", es difícil de entender. (The New York Times del 30 de mayo de 1963)

Un error aún más dañino es la utilización de estrellas que se esconden detrás de caracterizaciones faciales en papeles fundamentalmente intrascendentes. De las cinco estrellas que son "invitadas", Kirk Douglas tiene la tarea principal y la lleva a cabo de manera colorida y creíble. Los otros son Tony Curtis, Burt Lancaster, Robert Mitchum y Frank Sinatra. Sólo Mitchum es fácilmente reconocible debajo del maquillaje facial. (Variety)

"The List of Adrian Messenger" es una de esas películas que funcionan mejor cuando lo único que sabes es quién está en ella y que es un misterio con asesinato. Cuando sabes algo más, pierde uno de sus trucos y, sin él, la resolución real del misterio no tiene suficiente garra para que realmente te atrape. (The Movie Scene)

Desafortunadamente, la historia de suspense se pierde en algún lugar a lo largo de la línea narrativa, pero la película liviana y burlona sigue siendo bastante buena y divertida de todos modos. Anthony Veiller adapta la novela de suspense de Philip MacDonald. El atractivo de las estrellas invitadas Tony Curtis, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Robert Mitchum y Frank Sinatra, que aparecen disfrazados (maquillados por Bud Westmore) es irresistible, aunque es cierto que en realidad esto no ayuda a que la historia avance. Pero las digresiones entretenidas están bien. (Derek Winnert)

John Huston, después de Vidas rebeldes, se toma una especie de vacaciones para esta simpática película rodada en Irlanda donde hace acto de presencia. Su hijo Tony, en su único papel en el cine, tiene un papel más importante. El guión está bien elaborado y es un poco innovador, aunque a veces algo complejo. Una deliciosa película policiaca con suspense, un poco de humor y muy buenos actores. En la filmografía de Houston, está demasiado subestimada y olvidada. ¡Una película para rehabilitar! (Film Noir Movies)

El director, cuya pasión por la caza sigue siendo notoria, aprovecha la oportunidad para rodar en su propiedad irlandesa, con sus propios perros de caza. Escenifica así dos largas secuencias de caza del zorro e incluso juega un pequeño papel en ellas. (...) Por último, El Último de la lista defrauda, ​​con todas sus estrellas ocultas y que al final sólo anuncia un juego de engaños, una impostura... En definitiva, una mistificación como en un buen episodio de Scooby-Doo: con duplicidad y decadencia social, asesinatos y un enigma con cajones, un villano enmascarado y una leyenda, que el marqués de Gleneyre relata al final, con un matiz vagamente fantástico. Todos ellos ngredientes de los que Joseph Barbera y William Hanna no habrían renegado. (Thomas Roland en Culturopoing.com)

Estreno en Madrid 3 de febrero de 1964 en los cines Carlos III, Consulado y Roxy B; en Barcelona, el 28 de marzo de 1964 en el cine Fémina. 

Reparto: George C. Scott, Dana Wynter, Clive Brook, Herbert Marshall, Gladys Cooper, Marcel Dalio, Jacques Roux, Kirk Douglas, Tony Curtis, Burt Lancaster, Robert Mitchum, Frank Sinatra.

lunes, 29 de marzo de 2021

El último atardecer (The Last Sunset, 1961). Robert Aldrich


Brendan O'Malley (Kirk Douglas), un antiguo pistolero, llega a México para buscar a Belle Breckenridge (Dorothy Malone), que resulta estar casada con un borracho (Cotten). Éste le pide ayuda para conducir un rebaño a Texas. Tras los pasos de O'Malley va Dana Stribling (Rock Hudson), un vengativo sheriff que tiene motivos personales para arrestarlo.

Un buen "western", lo diremos desde el principio, es éste que se ha estrenado en el cine Lope de Vega, "El ú1timo atardecer". Hallamos en él todos los ingredientes que componen esta clase de películas. (...) Casi, por no decir todo, lo consabido. Pero bien realizado, con excelente ambientación, interés en el desarrollo de la trama y eficaces efectos. (Donald en ABC del 17 de octubre de 1961) 

La calidad de los intérpretes da a este film un interés fuera de lo vulgar. Sin ellos es seguro que los resultadoss no habrían alcanzado tanta brillantez. «El último atardecer» es, sencillamente, una típica cinta del Oeste. No faltan en ella ninguno de los elementos, condiciones y circunstancias que requiere el western. (...) Todo lo que ocurre resulta, a nuestro juicio, harto artificioso y poco convincente. Esta ación dramática no resistiría un análisis crítico si éste fuese posible aplicarlo a los westerns. Pero los films del Oeste hay que tomarlos tal y como son, ponderando sus valores emotivos y espectaculares en razón de las características del género, que sólo busca producir la emoción por medios elementales y poco complicados. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 10 de noviembre de 1961)   

El último atardecer era una formidable película, en la que Aldrich quería conocer las razones de unos y otros, esquivando las soluciones fáciles. Rock Hudson, en un papel en el que copiaba hasta la forma de andar de Gary Cooper, era el comisario que perseguía a Kirk Douglas, el forajido que tenía sus motivos para elegir el momento y la forma de su propia muerte. Una gran cinta romántica, en la que el duelo final de Hudson y Douglas repite la escena con que concluye Veracruz entre Cooper y Lancaster, o el acoso final de Apache entre Lancaster y McIntire. (M.A. Bastenier en El País del 7 de diciembre de 1983)
 

Este director, que no se cuenta entre mis favoritos, de vez en cuando hacía una película que yo encuentro genial. Patito feo de su carrera, no gustaba ni a Aldrich ni a su guionista Dalton Trumbo, aunque sí (y eso quizá sea significativo) a su protagonista, Kirk Douglas. Es para mí, con Pursued y Duel in the Sun, una muestra ejemplar de lo que me gusta llamar “meloeste”, y se me antoja el “western” que hubiera podido rodar Douglas Sirk”. (Miguel Marías)

Lo más llamativo de la película es la magnífica construcción de su guión y de sus escenas, y en particular el goteo constante con el que se informa al espectador de cuestiones decisivas del argumento, herederas del pasado de los personajes, que van a tener hondas repercusiones en el desenlace del drama. Este aspecto confiere vital importancia tanto a los diálogos como al comportamiento gestual de cada personaje, sus rostros, sus modales y sus reacciones ante determinadas palabras y acciones de sus compañeros de viaje; durante buena parte del metraje son poseedores de datos que el espectador desconoce y que en el transcurso de los minutos puede ir encajando adecuadamente para descubrir nuevas dimensiones en la historia que contempla. (39 escalones) 

Un western lírico poco convencional lleno de melodrama sirkiano. (Dennis Schwartz)

Todo es sumamente convencional. Usted sabrá que ha estado aquí antes. Incluso el paisaje tachonado de rocas y el color parecen deprimentemente familiares y aburridos. El problema simplemente es que el guión poco original de Dalton Trumbo carece por completo de distinción y la dirección de Robert Aldrich es plana y lenta. Todos los actores realizan sus tareas como si estuvieran cansados y aburridos. No nos extrañamos. Después de sólo una hora de exposición a ellos, también estábamos bastante cansados y aburridos. (Bosley Crowther en The New York Times del 15 de junio de 1961)

Un western extraño y contemplativo de Robert Aldrich, con Kirk Douglas y Rock Hudson liderando un arreo de ganado, no poco distraídos por Dorothy Malone. El guión de Dalton Trumbo aspira a la tragedia clásica (Hudson es la némesis de Douglas), sin embargo, el uso maravillosamente evocador que hace Aldrich del paisaje mantiene las cosas relativamente con los pies en la tierra. (Dave Kehr en Chicago Reader)

La película de Aldrich es, en cierto sentido, un intento de trasponer al género western los elementos del melodrama sirkiano: el mismo estudio, un reparto similar y una trama sobre la neurosis sexual. Kirk Douglas es un pistolero inestable que ha asesinado al cuñado del sheriff Hudson y quiere revivir su propio amor por su ex esposa (Malone). Al mismo tiempo, la hija de Douglas (Lynley) se enamora de su padre y Malone se enamora de Hudson. Esas tensiones se resuelven durante un traslado de ganado de México a Texas. La película es más lírica que el habitual tono masculino de Aldrich, y el guión de Dalton Trumbo es abrupto con alusiones clásicas. (Time Out)

Un hado crepuscular tramado por el talentoso Dalton Trumbo (Johnny cogió su fusil, Espartaco ...), pasión, rebaños, personajes (en particular las dos mujeres que se enfrentan al apuesto matón Kirk Douglas, más indomable que nunca), furia y canciones de campamento a lo Aldrich, un duelo implosivo, un secreto al final. Todo ello da esta pura tragedia western. (Bayon en Libération)

Película estrenada en Madrid en el cine Lope de Vega el 16 octubre de 1961; en Barcelona el 8 de noviembre de 1961 en el cine Windsor Palace.

Reparto: Rock Hudson, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Joseph Cotten, Carol Lynley, Neville Brand, Jack Elam.