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viernes, 6 de agosto de 2021

El rapto de Bunny Lake (Bunny Lake Is Missing, 1965). Otto Preminger

 

Recién instalada en Londres, Ann Lake lleva a su hija a la escuela el primer día de clase; pero, cuando vuelve a recogerla, la niña ha desaparecido. Ann denuncia el caso a la policía, pero las investigaciones de los agentes no conducen a ninguna parte, es como si se la hubiera tragado la tierra. Poco a poco, en comisaría empiezan a preguntarse si no se tratará de una fantasía de Ann. 

"El rapto de Bunny Lake" nos da las dos caras de Preminger: por un lado, su capacidad para definir los personajes, para obtener lo mejor de ellos, a través de un tratamiento con la cámara de mucha eficacia visual, y que, por tanto, llega al espectador provocándole. Por otro, su desdén a cualquier solución realista que pueda ofrecerle el tema. De ahí ese final que es como una gran traca, donde se dan la mano la fantasía, la locura, el mundo mágico e irreal de los juegos secretos infantiles. Preminger compone un cuadro de indiscutibles atractivos, sirviendo a un guión en el que hábilmente se dosificant las situaciones de misterio. Es una película con trampes —los tipos que encarnan Noel Coward y Marthita Hunt son en este sentido reveladores—; pero, tan bien engar-zadas en la idea central del argumento, que cuando aparece la palabra "fin" en la pantalla nadie ha tenido tiempo de descubrirlas. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 21 de septiembre de 1966) 

Otto Preminger ha realizado la película con una precisión narrativa que es pura maravilla. Todo se desenvuelve con el justo ritmo y en los límites de unes dimensiones de gran exactitud. Puede decirse que no hay nada en el relato que sobre ni que falte. El clima de «suspense», iniciado a partir de los primeros momentos, se mantiene siempre con la misma tensión. En las secuencias finales, sobre todo, se viven momentos anhelantes, de una trémula y angustiada inquietud. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 8 de noviembre de 1966)

Adaptación de una novela de Evelyn Piper, en la que Preminger desarrolló una trama de suspense con técnica impecable, aunque con excesiva tendencia al recurso fácil. De esta manera, su artificio se pone de manifiesto con excesiva facilidad. Pese a ello, la sólida realización y el excelente reparto aseguran la probidad de sus resultados. (Fotogramas)

El rapto de Bunny Lake es un incómodo, oscuro y fascinante thriller psicológico con el que Otto Preminger consigue que nos planteemos, sin efectos especiales, recursos fantásticos o parafernalias digitales, si estamos viviendo la terrible realidad o una pesadilla terriblemente real. De obligado visionado. (Juan Luis Caviaro en Espinof)

Lo más flojo de la película es su resolución. Excesivamente largo el clímax, redundante, forzado e incoherente en su ánimo freudiano con actitudes y motivos previos. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

La forma de contar, es decir, de mostrar la acción de Preminger tiende precisamente a lo contrario: a la síntesis y la simultaneidad; frente a toda forma de fragmentación, tanto espacial como temporal. Preminger aspiró siempre al plano secuencia único, al travelling continuo, capaz de captar y reproducir la vida como flujo constante surcado por una consciencia despierta y aguda, por una mirada atenta y en permanente vigilia, por un cerebro capaz de comprender con la velocidad del rayo cuanto sucede, aliando las fuerzas del razonamiento deductivo y las del inductivo. (Miguel Marías)

La apelación primaria a la Razón hecha por cada película de Preminger reconoce así, en un segundo momento, su propia procedencia en lo irracional al que, en un tercero, regresa. La razón es una ficción que se construye para explicar los eventos inexplicables de la narrativa (Bunny Lake Is Missing es la máxima demostración de este proceso).(Chris Fujiwara en Senses of Cinema)

La película se va deshaciendo paulatinamente de sus envoltorios -los del cine policiaco, del thriller, del cine psiquiátrico, incluso del cine de atmósfera fantástica- para revelar en su centro, en su núcleo, algo que a falta de otro nombre llamaremos poesía. (Jacques Lourcelles)

En cierto sentido, Bunny Lake es el destino final de la racha de "fantasía" de Preminger: nunca se hizo más alarde de los misterios, las dudas, las visiones oníricas, las personalidades dobles o triples; pero también lo es de su admisión del fracaso: de hecho, nunca se utilizaron patrones más crudos y medios más pomposos para una causa tan sutil y común. Podemos rastrear visiblemente --paralizados en el fracaso-- la dialéctica entre sugestión y exceso, entre alusión y redundancia, entre lo efectivo y lo superfluo, entre lo bifronte y lo monolítico, la lucha entre el misterio y el sistema, entre la sombra y la luz (escena profética de Tempestad sobre Washington) que, perpetuándose de película en película y dejando su huella más o menos evidente en cada una, acabó con la pérdida de valor de la figura central de la pieza, que era al mismo tiempo su símbolo y su secreto. (Jean-Louis Comolli en Cahiers du Cinéma nº 178 de mayo de 1966)

Por lo demás, el mismo hombre que hace algunos años declaraba “dirigir es saber contar una historia” es el que ahora firma Bunny Lake Is Missing, filme en que el deseo de espectacularizar una trama intimista lo lleva a crear falsas pistas, una galería de sospechosos demasiado evidentes, con lo que estropea las cualidades del filme, esas enigmáticas relaciones entre Carol Lynley y Keir Dullea, el personaje de Laurence Olivier y, sobre todo, esa prodigiosa manera de “apoderarse” de un ambiente, de situarlo, de “captar e, incluso, comprometer a un personaje en su ambiente”, según expresión de Jacques Lourcelles. Es casi seguro que si ese proyecto se hubiera rodado después de Anatomy of a Murder, como, en principio, quería, su forma de hacer hubiera sido menos alambicada, más cercana a los filmes de la Fox de los años cincuenta. (Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon en 50 años de cine norteamericano)

Sumergida durante toda su segunda hora en la oscuridad de una noche de angustia, y habitada por figuras periféricas espectrales, insólitas o inquietantes (la maestra jubilada que colecciona las pesadillas de los niños; el casero y poeta lujurioso encarnado por Noël Coward; el reparador de muñecas ... ), El rapto de Bunny Lake poco a poco se convierte en una película con el encanto del insomnio, una especie de ensueño, una deriva poética hacia los límites de la sinrazón. Los adultos son, en última instancia, sólo niños enmascarados, y debajo de sus camas todavía acechan las formas oscuras y monstruosas de sus neurosis. (Antoine Royer en DVDclassik)

Al entrar en contacto con una guitarra eléctrica, Otto Preminger, nacido en 1906, sufrió una conmoción, que transmite en este thriller psicológico de 1965, ambientado en el swinging London. (...) La verdadera carga de la película está en otra parte: en la visión de Preminger de una era del rock and roll agitada y desorientada. El caos mental de la época se refleja en el comportamiento de los excéntricos personajes locales (incluido un rijoso cuentista, interpretado por Noël Coward), las imágenes de pesadilla, el telón de fondo de la protesta estudiantil, la crisis política, y la banda sonora frenética, que presenta la música de los Zombies. (Richard Brody en The New Yorker)

Un thriller regular escrito por John y Penelope Mortimer (a partir de la novela de Evelyn Piper) en el que el cansado inspector Olivier recorre un Londres repleto de cameos en busca de la niña extraviada (y posiblemente inexistente) de Carol Lynley. Preminger nos irrita característicamente con ambigüedades en clave menor como si la investigación fuera filosófica más que criminal. Una breve aparición de The Zombies ubica el momento bastante bien, aunque Londres no sigue el ritmo sino que chirría inquietantemente. (PT en Time Out)

Película estrenada en Madrid el 19 de septiembre de 1966 en los cines Capitol e Infante; en Barcelona, el  4 de noviembre 1966 en el cine Fantasio.

Reparto: Laurence Olivier, Carol Lynley, Keir Dullea, Martita Hunt, Noel Coward.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Anatomy of a Murder (1959). Otto Preminger


Frederick Manion (Ben Gazzara), un teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer (Lee Remick). Ella contrata como abogado defensor a Paul Biegler (James Stewart), un honrado hombre de leyes. Durante el juicio se reflejarán todo tipo de emociones y pasiones, desde los celos a la rabia. Uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine.

El film suma crimen, drama y misterio. La historia hace referencia a hechos reales ocurridos en Michigan en 1952, que inspiran la novela de Robert Traver. La narración mantiene el misterio sobre lo que realmente ocurrió y la verdadera responsabilidad de los actores, sin que decaiga el interés del espectador. Lo consigue gracias al hábil uso de la ambigüedad, que no se resuelve ni con el veredicto del Jurado ni con la acción de cierre del film. Construida con sutileza e inteligencia, la ambigüedad confiere a la obra una potente capacidad de fascinación. (Miquel en Film Affinity)

"Como mirada entretenida a un proceso legal, es fascinante, impregnada de una ambigüedad sobre la personalidad humana y las motivaciones que es característica de Preminger, y las localizaciones son increíbles." (Jonathan Rosenbaum)

Otto Preminger no juzga a sus personajes ni elucubra ningún tipo hipótesis acerca de la conducta ética sobre lo que narra y en la dualidad que respira el film teje su mayor virtud. No hay victimas ni victimarios, culpables ni inocentes. Nada es absoluto y la moral se ajusta a las circunstancias. Se exponen los hechos de forma cruel y cotidiana. Con inteligencia y un manejo del lenguaje cinematográfico envidiable aborda temáticas universales conflictivas para el hombre. El dilema moral que despierta la fina línea que separa la verdad de la mentira ha sido a lo largo de la historia un laberinto humano insoslayable. Dueña de un realismo descarnado, defendiendo lo indefendible: el ser humano es desnudado en sus intenciones y las consecuencias son devastadoras para todos: la mujer será castigada, el asesino puesto libre, el abogado no se saldrá con la suya y la justicia habrá sido burlada de la forma más desvergonzada. (En clave de cine)

Excelente película rodada con precisión por el experto Otto Preminger, artífice de Laura (1944) y Cara de ángel (1953). Despierta el interés desde el principio, porque no se revela la culpabilidad o la inocencia del asesino hasta el imprevisible final. El reparto de la película es excelente, y sobresale por supuesto el talante honesto y paciente de Stewart. La crudeza de la descripción verbal de la violación causó sensación en la época de su estreno. Acompaña una fenomenal composición de jazz de Duke Ellington, que también tiene un pequeño papel. Nadie debe perdérsela. (Decine21)

El realizador supera el desafío con suma elegancia y soltura; y así consigue que sus queridos planos secuencia se adapten sin mayor problema a la geografía del juzgado siguiendo a los letrados con sutiles movimientos de cámara por estancias y escaleras; disfrutamos también de estupendas panorámicas para los exteriores y de planos fijos con profundidad de campo para las secuencias que se desarrollan en el interior del juzgado; en éstas últimas el director nos mantiene al tanto de la acción principal desarrollándola en primer termino así como de las distintas reacciones en las sucesivas capas del plano. Sorprende también la utilización de planos subjetivos (algo que Preminger no utilizaba habitualmente) en algunos diálogos con estructura plano contra plano, ejecutados con picados y contrapicados para acentuar los diálogos mantenidos entre el juez (siempre en posición elevada dentro de la sala) y los abogados o los acusados. (Ciclos de cine)

Lo maravilloso de Anatomía de un asesinato es la sensación de cotidianeidad y autenticidad de todo lo que estamos viendo. Preminger estaba llevando a la pantalla, en impecable blanco y negro, un bestseller de un juez retirado Robert Traver que a partir de sus experiencias en el ejercicio de la ley se dedicó a la literatura (y a los libros de pesca, otra de sus aficiones que también se ve reflejado en la película). Así que Preminger no dudó en ambientar la historia realmente donde transcurría la trama, en Michigan, y rodó en Ishpening y Marquette, lugares que conocía perfectamente Traver. Además se valió de los lugareños para que fueran parte del jurado popular y del público que asiste a la sala. El juicio no transcurre de manera épica o con momentos excesivamente emocionantes que apelan al espectador sino con calma mucha calma. Donde nada es negro o blanco. Ni heroico. Sino todo tremendamente humano con luces y sombras pero sin mucho ruido. Y es esa ambigüedad que mantiene durante todo el metraje lo que da tensión a una historia donde como dice James Stewart a una testigo las personas no son ni totalmente buenas ni totalmente malas… son. (El blog de Hildy Johnson)

Excelente melodrama judicial que adaptó una novela de Robert Traver. Inscrito en la mejor tradición de su director, destaca el rigor casi matemático de su composición, en la que no se evidencia ninguna fisura. También sorprende la mezcla de ironía y escepticismo que preside su desarrollo, encerrando una aguda reflexión sobre la Justicia. No menos notable es la banda sonora de Duke Ellington, que tiene una breve aparición. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 19 de junio de 1961.

Título español: Anatomía de un asesinato.

Reparto: James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O'Connell, Georce C. Scott, Eve Arden, Kathryn Grant, Joseph N. Welch, Duke Ellington.





viernes, 14 de julio de 2017

Angel Face (1952). Otto Preminger


Frank Jessup es un enfermero de urgencias que acude a una mansión para atender a la señora Tremayne que, según parece, ha intentado suicidarse. Sin embargo él sospecha que en realidad alguien ha intentado asesinarla. Allí conoce también a Diane, la hijastra de la señora Tremayne, una joven delicada, sensual y un tanto inestable, ante la que cae rendido inmediatamente.

La película recibe sobre todo revisiones positivas hoy. Dave Kehr, del Chicago Reader, escribe: "Este intenso melodrama freudiano de Otto Preminger es una de las obras maestras olvidadas del cine negro. La película es una investigación inquietantemente racional de los terrores de la sexualidad. Los decorados, los personajes y la acción son extremadamente estilizados, aunque los movimientos de cámara de Preminger les dan una unidad y fluidez aterradoras, trazando un línea recta y clara hasta el borde del precipicio en uno de los finales más audaces en la historia del cine."

El crítico de cine Paul Brenner escribió: "Preminger transforma una trama de segunda fila a lo James M. Cain, reordenando esta historia de pasión y asesinato como un estribillo obsesionante. Los clichés de la línea argumental son alejados y llevados a un nivel elemental - no hay una escena desperdiciada en la película - y la familiaridad de la historia crea un retrogusto de inevitabilidad y fatalidad. La naturaleza alucinógena de los procedimientos se acentúa con la dirección de Preminger y el trabajo de la cámara, con los actores derivando del primer plano al fondo o mateniendo la cámara en un fluido y sofocante primer plano. Preminger, siempre hipnótico, teje su estilo en una neblina semi-soñada de pesadilla. "
También fue elegida por el crítico Robin Wood como una de sus diez mejores películas, poco antes de su muerte.
En 1963, Jean-Luc Godard la eligió como la octava mejor película americana del cine sonoro.

Otto Preminger realizó con esta película uno de sus mejores y más personales trabajos. En la cinta se puede apreciar su estilo inconfundible: con un movimiento de cámara siempre directo, hacia los actores; con una profusión de planos secuencia y una perfecta planificación en su ejecución (nunca reconocida por el propio Preminger); y, por supuesto, con una perfecta dirección de actores, uno de sus fuertes. (AlohaCriticón)

Cara de Ángel es una película que llegó un poco tarde al género negro y que tiene ciertas similitudes con la gran obra de Jacques Tourneur Retorno al Pasado, pero que a pesar de ello no pierde ningún interés para el espectador y no deja de ser uno de los grandes nombres del género por méritos propios. (Encadenados al cine)

La realización de “Cara de Ángel”, pese a ser una película de encargo, cuenta con las habituales señas de identidad del director austriaco lo que la convierten en un producto cinematográfico de primer orden. Una narración sustentada en el encadenado de planos secuencia que se combinan con planos medios y cercanos de la pareja protagonista, sutiles movimientos de cámara y unos zooms tan eficaces como sorprendentemente naturales. Cabe destacar el inteligente uso del tempo narrativo adoptado por Preminger, éste circula en paralelo a las maquinaciones de la protagonista, manteniéndose la mayor parte del tiempo en una calma aparente pero cargándose progresivamente de energía hasta provocar un violento estallido. (Ciclos de cine)

"Título clave en la historia del cine negro. (...) relato cargado de pasión. Mitchum es un conductor de ambulancias que accede a ser el chófer de una acaudalada familia en la que no todo es tan plácido como parece. Una cita ineludible." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

Uno de los films más rigurosos en la obra de Otto Preminger, en el que diseccionaba con calculada frialdad una pasión destructiva llevada hasta sus últimas consecuencias. Jean Simmons componía un personaje impecable, entre la fragilidad y el retorcimiento, en torno al que se articulaba la historia. Se desarrollaba con tanto espíritu analítico como sentido de la pasión. (Fotogramas)

Película estrenada en España por TVE el 25 de febrero de 1975.

Título español: Cara de ángel.

Reparto: Robert Mitchum, Jean Simmons, Mona Freeman, Herbert Marshall, Leon Ames, Barbara O'Neil.