Mostrando entradas con la etiqueta William A. Wellman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta William A. Wellman. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de agosto de 2026

Callejón sangriento (Blood Alley, 1955). William A. Wellman


Blood Alley, estrenada en 1955 bajo la dirección de William A. Wellman, ocupa un lugar curioso en la filmografía tardía de uno de los grandes artesanos del cine clásico de aventuras estadounidense. Producida por Batjac, la compañía recién fundada de John Wayne, y distribuida por Warner Bros., la película se rodó en CinemaScope y Warnercolor, dos tecnologías que Hollywood empleaba entonces para competir con la televisión mediante espectacularidad visual. Lejos de ser un simple vehículo de lucimiento para su estrella, el filme se propone como una fábula de evasión política: la huida de doscientos refugiados chinos desde la China comunista hasta Hong Kong, guiados por un capitán de la marina mercante estadounidense. Esa premisa, aparentemente sencilla, condensa buena parte de las tensiones ideológicas y estéticas del cine de aventuras norteamericano de mediados de los años cincuenta.

La realización de este film data de algunos años, circunstancia que no deja de advertirse con bastantes detalles. Sin embargo, es correcta y, en general, mantiene el clima de tensión que se ha propuesto. (M. Planas en La Vanguardia del 12 de noviembre de 1965)

Se trata de un típico film de propaganda anticomunista, discursivo e ingenuo, premioso en su desarrollo, con lagunas argumentales que no sabemos si obedecen a un "peinado" de la versión original o a un fallo ostensible de guión. (...)Las ingenuidades en el diálogo se complementan con evidentes fallos en la dirección de los intérpretes que llegan a lograr una caricatura de sus personajes. (Martínez Redondo en ABC del 15 de marzo de 1966)

El origen literario de la historia se encuentra en la novela homónima de Albert Sidney Fleischman, autor que basó el relato en su propia experiencia como marino durante la Segunda Guerra Mundial. Wellman, en una decisión poco habitual para la época, permitió que Fleischman escribiera él mismo el guion completo, en lugar de encargar la adaptación a un guionista de estudio. Esta continuidad entre autor literario y autor cinematográfico explica en parte el ritmo pausado y episódico de la película, más cercano a la estructura de capítulos de una novela de aventuras que al montaje trepidante habitual del cine de acción hollywoodense de la época.

La producción estuvo marcada por un reparto accidentado antes de llegar a su forma definitiva. El papel protagónico, el del capitán Tom Wilder, pasó primero por Robert Mitchum, despedido durante el rodaje por conflictos con la producción, y después fue ofrecido a Humphrey Bogart, que pidió un caché considerado excesivo, y a Gregory Peck, que rechazó el proyecto. John Wayne terminó asumiendo el papel él mismo, en lo que constituyó además la primera producción propia de Batjac. Esta cadena de rechazos y sustituciones no es un dato anecdótico menor: revela hasta qué punto Blood Alley era percibida en su momento como un proyecto de riesgo, tanto por su contenido político explícito como por las dificultades logísticas del rodaje.

Wellman resolvió el reto de representar la costa china sin poder filmar en la República Popular recurriendo a localizaciones del norte de California, en particular el río Sacramento, donde una vieja draga fluvial fue rebautizada como el barco protagonista. Esta sustitución geográfica, común en el Hollywood de posguerra, adquiere aquí un valor casi simbólico: la China representada no es un lugar real sino una construcción escénica al servicio de un relato moral trazado en blanco y negro ideológico, donde el régimen comunista aparece como amenaza abstracta y uniforme, sin apenas matices internos.

En el plano interpretativo, la elección de Lauren Bacall como Cathy Grainger, la hija de una misionera médica, resulta especialmente llamativa dado que sus posiciones políticas personales distaban notablemente del anticomunismo militante que impregna el guion. Su presencia aporta al filme un contrapunto de sobriedad frente al tono más declamatorio de Wayne, aunque el personaje femenino queda en buena medida subordinado a la function narrativa de acompañar y validar las decisiones del protagonista. Anita Ekberg, en un papel secundario, y el resto del reparto de apoyo —Paul Fix como el patriarca de la aldea, Mike Mazurki como primer oficial— completan un elenco correcto pero que nunca logra desplazar el centro de gravedad del filme, situado firmemente en la figura heroica de Wayne.

Desde el punto de vista ideológico, Blood Alley no disimula su condición de filme de propaganda anticomunista, con diálogos y situaciones que subrayan de manera explícita la crueldad y el fanatismo del régimen chino frente a la voluntad de libertad de los aldeanos. Esta dimensión de mensaje político directo la sitúa en la estela de otras producciones de Wayne de la misma década, como Big Jim McLain, films concebidos tanto como entretenimiento comercial como como intervención cultural en el clima de la Guerra Fría y el macartismo. La crítica de la costa oeste estadounidense, más receptiva al tono patriótico del filme, lo trató con mayor indulgencia que la de la costa este, y comercialmente la película quedó por debajo de otras producciones bélicas o anticomunistas de Wayne del mismo periodo.

Situada en el tramo final de la carrera de Wellman, Blood Alley comparte con sus últimas películas —como la posterior Good-bye, My Lady— un interés por relatos de escape y redención enmarcados en escenarios exóticos, aunque aquí el tono sentimental cede paso a la urgencia bélica y al suspense fluvial. La colaboración con Fleischman resultó lo bastante satisfactoria como para que Wellman volviera a contar con él en Lafayette Escadrille (1958), su último filme como director, lo que confirma que, más allá de su recepción desigual, la experiencia de Blood Alley dejó una huella profesional duradera en el cineasta.

Blood Alley es, ante todo, un documento de su tiempo antes que una obra de aventuras atemporal. Su mayor virtud reside en el oficio artesanal de Wellman: el manejo del espacio confinado del río, la tensión sostenida del viaje y el uso del CinemaScope para dar amplitud visual a una historia esencialmente claustrofóbica. Sin embargo, esa habilidad técnica no logra compensar la rigidez ideológica del guion, que reduce el conflicto político a una oposición maniquea entre villanos comunistas sin matices y refugiados virtuosos, sacrificando la complejidad humana en favor del mensaje. El resultado es un filme desigual, más interesante como artefacto histórico —testimonio del cine de Guerra Fría producido por y para la estrella más identificada con el patriotismo conservador de Hollywood— que como experiencia narrativa autónoma. Su lugar en la obra de Wellman es, en última instancia, menor: un ejercicio profesional sólido pero anodino, eclipsado por títulos anteriores del director donde la ambigüedad moral y la textura humana de los personajes tenían mayor cabida.

Película estrenada en Barcelona el 11 de noviembre de 1965 en el cine Excelsior; en Madrid, el 14 de marzo de 1966 en los cines Carlos III, Consulado y Roxy A.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Paul Fix, Mike Mazurki, Berry Kroeger, Anita Ekberg, Chester Gan, James Hong.


jueves, 19 de febrero de 2026

Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951). William A. Wellman


A mediados del siglo XIX, un guía de caravanas (Robert Taylor) recibe el encargo de conducir a un grupo de mujeres desde Chicago a California. A partir de Independence (Missouri) tendrán que recorrer cinco mil kilómetros cruzando las montañas de Utah y el desierto californiano, en un viaje lleno de penalidades que constituye una auténtica odisea. El objetivo de la caravana es llegar a un valle habitado por un grupo de solteros solitarios que buscan esposa.

La película es, francamente, mala. Está llena de inútiles reiteraciones, y el ofrecérsenos en blanco y negro podemos también reprochárselo, puesto que ya desde hace tiempo el color es elemento imprescindible en este género de producciones que fían su fortuna a la acción y, muy especialmente, a la espectacularidad de los paisajes, los ambientes y el movimiento de los que intervienen. Si la narración es aburrida, la interpretación no es, a su vez, notable, pese al reparto “de cierto lujo” que exhibe. Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, etcétera, no superan la mediocridad en sus actuaciones. (Donald en ABC del 16 de marzo de 1955)

El cine norteamericano del periodo comprendido entre 1945 y 1959 se desarrolló en un contexto sociopolítico eminentemente masculinizado, marcado por la consolidación del American Way of Life tradicional, la censura del Código Hays y el repliegue ideológico del macartismo. Durante estas décadas, la representación de la mujer solía limitarse a estereotipos como la "chica honrada" (víctima o heroína romántica) o la "vamp" (convertida luego en femme fatale), figuras que servían como objeto del deseo masculino o encarnación de valores familiares subordinados. No obstante, este modelo general dejó espacio para casos aislados y "a contracorriente" donde surgieron personajes femeninos con una notable dosis de empoderamiento.

Para identificar este empoderamiento en el cine clásico, se establecen criterios como la autoconciencia de derechos, el desempeño de profesiones liberales, la ejecución de tareas tradicionalmente masculinas y el ejercicio del liderazgo en grupos de hombres. Aunque parezca paradójico, el Western, considerado el género más "viril" y excluyente de lo femenino, fue el que más ejemplos de este tipo proporcionó durante la posguerra, con dieciocho obras identificadas que desafiaron las convenciones del género. En estos relatos, la mujer dejó de ser un mero complemento para ocupar un lugar central en la acción y la supervivencia.

Dentro de esta tendencia destaca Westward the Women (1951), dirigida por William A. Wellman y basada en una historia de Frank Capra. La película narra el viaje de 140 mujeres desde Chicago hasta un valle en California en 1851, con el fin de casarse con los colonos locales y ayudar a "echar raíces" en la frontera. El relato presenta a estas mujeres no como figuras glamurosas, sino como pioneras realistas y resilientes que deben enfrentar tormentas, incendios, ataques de indios y la falta de agua en una travesía de dos mil millas.

El núcleo dramático de la obra reside en la transformación de estas mujeres en "pioneras endurecidas". Ante la deserción de la mayoría de los hombres contratados, el guía Buck Wyatt decide "convertir a las mujeres en hombres", enseñándoles a disparar, lazar, conducir mulas y reparar carretas. De este modo, cualidades tradicionalmente masculinas como la fuerza física, la puntería y la resistencia son absorbidas por los personajes femeninos, quienes demuestran que pueden sobrevivir y prosperar en un entorno donde se les dijo repetidamente que fracasarían.

La película presenta una galería de personajes diversos que rompen el molde de la estrella de Hollywood de la época: desde la imponente viuda Patience Hawley, de lenguaje náutico y gran fortaleza, hasta Fifi Danon, una antigua corista que busca una nueva vida. Además, la inclusión de personajes como Ito, el cocinero japonés que actúa como confidente de Buck, aporta una perspectiva multicultural y humana inusual para 1951. El reparto funciona como un ensamble donde la "hermandad positiva" y el trabajo en equipo son las claves del éxito frente a la adversidad.

Estéticamente, Wellman optó por un naturalismo crudo para subrayar la dureza del viaje. El uso de cinematografía en blanco y negro con mínimos filtros crea un aspecto "quemado por el sol" y austero, mientras que la ausencia de banda sonora durante gran parte del metraje le otorga un tono casi documental. Wellman solía encuadrar a las mujeres desde ángulos bajos, recortándolas contra el cielo para resaltar su heroísmo y bravura en un paisaje abierto y hostil.

A pesar de su realismo brutal y su enfoque "proto-feminista", el filme concluye con una "euforia matrimonial" donde el orden se restaura a través de la domesticidad y el matrimonio. Al final, las mujeres insisten en lavarse y vestirse con sus mejores galas antes de conocer a sus maridos, simbolizando su supervivencia y exigiendo respeto. Aunque el objetivo final sea integrarse en una estructura tradicional, la película deja claro que la civilización del Oeste fue un logro tanto femenino como masculino, basado en una voluntad inquebrantable.

Westward the Women es una obra profundamente contradictoria que refleja las tensiones de género de su tiempo. Por un lado, es revolucionaria al retratar una hermandad femenina activa y capaz, invalidando visualmente los prejuicios masculinos sobre la supuesta debilidad de la mujer. Por otro lado, la narrativa parece "castigar" o limitar este empoderamiento al final del relato, subordinando la independencia ganada al destino inevitable del matrimonio y la vida doméstica.

Sin embargo, su valor histórico es innegable: al mostrar modelos de mujeres que dominan habilidades "masculinas" y ejercen el liderazgo, la película funcionó como una punta de lanza que comenzó a erosionar los estereotipos de la época. La influencia de este relato trascendió la pantalla, llegando incluso a inspirar en 1985 una "caravana de mujeres" real en un pueblo español para combatir la despoblación. En definitiva, es un tesoro del cine clásico que, a pesar de sus concesiones finales al patriarcado, celebra la dignidad y el espíritu humano de aquellas pioneras que, contra todo pronóstico, conquistaron su propio espacio en la frontera.

Película estrenada en Madrid el 14 de marzo de 1955 en el cine Capitol.

Reparto: Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, John McIntire, Julie Bishop, Lenore Lonergan, Marilyn Erskine, Henry Nakamura.

martes, 16 de noviembre de 2021

Callejón sangriento (Blood Alley, 1955). William A. Wellman

 


El capitán de un barco mercante (John Wayne) ayuda a los habitantes de un poblado de la China comunista a llegar hasta Hong Kong para alcanzar la libertad.

La realización de este film data de algunos años, circunstancia que no deja de advertirse con bastantes detalles. Sin embargo, es correcta y, en general, mantiene el clima de tensión que se ha propuesto. (M. Planas en La Vanguardia del 12 de noviembre de 1965)

Se trata de un típico film de propaganda anticomunista, discursivo e ingenuo, premioso en su desarrollo, con lagunas argumentales que no sabemos si obedecen a un "peinado" de la versión original o a un fallo ostensible de guión. (...)Las ingenuidades en el diálogo se complementan con evidentes fallos en la dirección de los intérpretes que llegan a lograr una caricatura de sus personajes. (Martínez Redondo en ABC del 15 de marzo de 1966)

Un tebeo de aventuras construido a la medida de John Wayne, que se lo pasó en grande masacrando a innumerables chinos (comunistas, naturalmente), en una trepidante huida hacia Hong Kong. Al margen de las consideraciones políticas que pueda suscitar, bastante insignificantes por cierto, cabe destacar el pulso narrativo con que se desarrolla la acción. Es una obra menor pero decididamente simpática. (Fotogramas)

Al menos, cuando comienza verdaderamente la aventura marina, estás caracterizaciones se diluyen en una acción ligera y efectiva, narrada con pulso y gusto por un William A. Wellman alejado de sus mejores obras. Aquí, la limitación de los decorados se suple en parte con una bonita fotografía. (El crítico abúlico)

Un espectador puede tener la incómoda sensación de que el Sr. Wayne ha pasado por este tipo de prueba antes y que "Blood Alley", a pesar de su exótica ambientación oriental, es un melodrama estándar de persecución modelado sobre un plano familiar. Pero nuestro duro héroe, instigado por Lauren Bacall, cuyos fríos y esculturales encantos obviamente no puede ignorar, y el director William A. Wellman, un conocido especialista en películas de acción enérgica, han hecho de "Blood Alley" una animada aventura, aunque no de altos vuelos. (The New York Times del 6 de octubre de 1955)

Blood Alley es un film a veces peculiar y vergonzante, pero bien producido y razonablemente lleno de suspense. (Stuart Galbraith en DVDTalk)

La cámara de Wellman sabe exactamente cómo posicionarse para dar lo mejor de lo que la secuencia tiene para ofrecer, a veces milimetrada (la cara de Lauren Bacall entre dos radios del timón), a veces cómica (Wayne gritando por la tubería de comunicación con las máquinas de la sala, sin que nos demos cuenta nada de lo que dice, ya que estamos afuera). En una secuencia de acción tan original como compleja, William Wellman demuestra el alcance de su talento y hace que sea más fácil de entender para el espectador con códigos visuales nítidos pero no toscos, que contrastan literalmente con la estructura clásica habitual de este tipo de reyertas. Y de hecho es aquí donde está la máxima aportación del director, pues de una película al principio completamente predecible entrega una versión final pulcra, de alta gama, rechazando la mayoría de las facilidades del género y llenando la historia de ideas notables. Blood Alley es simplemente la demostración perfecta del saber hacer del Hollywood de una cierta época en el cine de aventuras y emociones. Sin ningún efecto especial sintético y gracias a una energía salvadora en todos los instantes, este colorido entretenimiento se saborea como un caramelo de varios sabores y que deja un regusto terriblemente agradable. Algunos historiadores del cine dirían "común y corriente", otros dirían "históricamente menor", pero de innegable calidad para el deleite de todos. (Julien Léonard en DVDClassik)

La carga anticomunista, como era de esperar, es un poco pesada. Pero es la aventura humana lo que interesa a Wellman, ofreciendo buenos papeles a sus actores. Para los hombres de todos modos, porque la pobre Lauren Bacall es la sacrificada de la historia, reducida la mayor parte del tiempo a una bonita figuración. Excepto en dos o tres escenas, incluida una hermosa persecución a través de los devastados muelles de un antiguo puerto. Relativamente parca en grandes escenas de acción, la película favorece los momentos de intimidad. Pero cuando estalla la violencia es fulminante: el asesinato del oficial comunista es particularmente violento, y la pelea en la cabina del piloto es igual de brutal, pero sólo se ve a través de la ventana barrida por la lluvia y cubierta por el sonido de la tormenta. Una de las escenas de violencia más grandes del cine de Wellman. (Play It Again, Sam)

Película estrenada en Barcelona el 11 de noviembre de 1965 en el cine Excelsior; en Madrid, el 14 de marzo de 1966 en los cines Carlos III, Consulado y Roxy A.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Paul Fix, Mike Mazurki, Berry Kroeger, Anita Ekberg, Chester Gan, James Hong.


viernes, 11 de marzo de 2016

Westward the Women (1951). William A. Wellman


En 1851, el criador de ganado Roy Whitman, propietario de un rancho en California, decide ir a Chicago a "reclutar" las mujeres que faltan en su propiedad, para sus hombres. Su capataz y guía de caravanas Buck Wyatt (Robert Taylor) lo acompaña. La comitiva femenina coge la larga carretera de vuelta, sembrada de trampas. A partir de Independence (Misuri) tendrán que recorrer 5.000 kilómetros cruzando las montañas de Utah y el desierto californiano, en un viaje lleno de penalidades que constituye una auténtica odisea. El objetivo de la caravana es llegar a un valle habitada por un grupo de solteros solitarios que buscan esposa. Para empezar, los hombres reclutados por Buck en Chicago para traer la comitiva huyen pronto con algunas de las mujeres, obligando a las que quedan a coger las riendas su viaje, a regañadientes del capataz...

El film, narrado con pulso firme, mantiene un ritmo ágil y sostenido, acumula lances de acción muy diversos y se beneficia de una acertada dirección de actores, que según las crónicas Wellman, llamado amigablemente Wild Bill, imponía con su habitual mano de hierro y mal carácter. La película exalta el espíritu aventurero y ofrece una narración saturada de humor, ironía, batallas de sexos y amor a la vida. Los papeles cómicos corresponden a Patience y al cocinero Ito. Son escenas destacadas la elevación colectiva de la carreta averiada, el rescate de Laurie durante la lluvia torrencial, la huida a caballo de Denon, la aceptación por Roy de Denon y Laurie como expedicionarias tras constatar que sus propósitos de cambio son firmes, etc. (Miquel en Film Affinity)

Puede que el mayor defecto de ‘Caravana de mujeres’ sea su continuidad, al estilo de las pantallas o niveles de los videojuegos. Desde que se inicia el camino, las diligencias se enfrentan en cada escena a un peligro diferente, rigurosamente ordenado y con conexiones muy puntuales que no terminan de funcionar. Me falta algo más de imaginación, de mezcla, de transiciones menos abruptas; hablamos de más de tres meses de viaje, y me da la sensación de que todo ocurre en una sola semana. Y eso que la historia original, que prometía, era de Frank Capra… (El Criticón)

La puesta en imágenes tiene lugar, tal y como nos hace advertir un rótulo al inicio del relato, justo un siglo después de que acontecieran –o hayan sido situados- los hechos. Destaca especialmente la estampa de aquellas mujeres que contemplan el desierto que tienen por delante. Una imagen que podemos considerar épica por parte del realizador, que las filma a través de un simbólico contrapicado. (Baúl del Castillo)

A diferencia de Cruze y Ford, Wellman prefiere mantener su cámara a media distancia de sus personajes y de los hechos que presenta, lo importante es el trayecto que será fuente de toda clase de transformaciones, desde revalorar la condición femenina hasta devolver al varón su dimensión más allá de la violencia y el dominio; para ello nos transporta a través de un paisaje rocoso y medio árido, irá puliendo el filo de esas mujeres rudamente limado en las rocas y las arenas, le tocara a Taylor/Wyatt organizar ese aprendizaje, hacerles comprender que su feminidad también puede con el medio y que la fuerza no es exclusiva de los varones, aunque para ello tiene la ayuda inapreciable de la enorme Patience (Hope Emerson) cuyas enormes posaderas son la burla de las demás y sus espaldas el apoyo de más de una que flaquea o muere. (Cineforever)

Con un arranque más que prometedor, Wellman construyó un western vigoroso, aunque malograra parte de las posibilidades de su planteamiento. De hecho, al film le falta una elaboración más sutil, así como la malicia suficiente para introducir un mayor grado de erotismo subliminal. Pese a estas limitaciones, sus virtudes narrativas tienen el suficiente peso específico en su resultado. (Fotogramas)

Película estrenada en España en marzo de 1955.

Título español: Caravana de mujeres.

Reparto: Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, John McIntire, Julie Bishop, Lenore Lonergan, Henry Nakamura, Marilyn Erskine, Beverly Dennis, Renata Vanni, Pat Conway.


viernes, 14 de agosto de 2015

Nothing Sacred (1937). William A. Wellman


El reportero Wallace Cook propone a su periódico publicar una serie de historias sobre Hazel Flagg, una chica que asegura está mortalmente intoxicada por exposición al radio, lo cual es falso. A pesar de ello, acepta viajar con Cook a Nueva York, donde se enamoran, pero la situación se complica, pues un médico alemán descubre que ella finge su enfermedad.

La primera comedia de enredo filmada en color, Nothing Sacred también representa el primer uso en un film en color de efectos de proceso, montaje y proyecciones con luneta trasera. Los fondos para las proyecciones traseras fueron filmados en las calles de Nueva York. Paramount Pictures y otros estudios refinaron esta técnica en posteriores películas en color.
Ben Hecht figura como guionista. Se dice que escribió el guión en dos semanas adaptando el relato "Letter to the Editor" de James H. Street que habia sido publicado en Heart's International-Cosmopolitan. Hecht escribió un papel en la película para su amigo John Barrymore, pero el productor David O. Selznick rechazó contratar a Barrymore ya que se había convertido en un alcohólico incurable. Esto causó una discusión entre Hecht y Selznick y el primero abandonó la película. Budd Schulberg y Dorothy Parker fueron llamados para escribir las escenas finales y muchos otros escritores contribuyeron en el guión: el propio Selznick, William Wellman, Sidney Howard, Moss Hart, George S. Kaufman y Robert Carson.
Una de las razones por las que el film está considerado entre las más celebradas comedias de enredo de todos los tiempos es que por debajo del humor se incorporan temas ásperamente cínicos de corrupción y deshonestidad. Este film, juntamente con The Front Page (1931) también escrito por Hecht y su remake de 1940 His Girl Friday con Cary Grant, caricaturiza las triquiñuelas a las que recurrían algunos periódicos para obtener un reportaje de impacto.

La reina de Nueva York cumple con todos los requisitos de las buenas comedias de la época. Partiendo de un guión ingenioso e impecable el director William A. Wellman nos ofrece un enredo dinámico y muy entretenido. Fredric March es un periodista en horas bajas. Carole Lombard es una mujer a la que erróneamente le diagnostican una enfermedad mortal. El primero intentará impulsar su carrera con la desgracia de la segunda. Contado así podría tratarse de un dramón de primera. Pero no, ya que estamos ante una comedía de enredo con tintes ácidos que funciona muy bien desde la primera y divertida secuencia. (Ernesto en Film Affinity)
  
Lo sorprendente es observar cómo hace setenta años, el periodismo adolecía de los mismos problemas que ahora sufre en sus entrañas. Así, lo que parece tan novedoso o a lo mejor cotidiano es más bien un hábito ya sembado y enraizado en tan largo tiempo. Eso es lo que nos muestra La reina de Nueva York (Nothing Sacred, 1937), unos periodistas corrompidos por la sed de éxito periodístico a costa de explotar las historias más crueles; unos protagonistas de la noticia que buscan la fama cueste lo que cueste; y por último (y mal que nos pese), un público interesado por el lado más vomitivo de la naturaleza humana. (Las noches americanas)

Inteligente sátira de costumbres que se sustenta en un agudo guión y en una construcción tan robusta como incisiva. La campaña periodística creada en torno a una mujer que supuestamente debe morir por haber estado expuesta a unas radiaciones letales, da pie a una serie de situaciones realmente felices. En 1954, Dean Martin y Jerry Lewis tomarían los papeles de March y Lombard en una nueva versión dirigida por Norman Taurog: "Viviendo su vida". (Fotogramas)

Desde 1965 el film es de dominio público en Estados Unidos.

Película estrenada en España en noviembre de 1946.

Título español: La reina de Nueva York.

Reparto: Carole Lombard, Fredric March, Charles Winninger, Walter Connolly.


sábado, 14 de abril de 2012

A Star is Born (1937). William A. Wellman


Esther Blodgett, una ambiciosa chica de pueblo con mucho talento, llega a Hollywood. En una fiesta en la que trabaja como camarera conoce a Norman Maine, un famoso actor en decadencia. Para sorpresa de Esther, Norman le ofrece un papel en una película y, tras realizar una prueba, el productor queda impresionado y decide convertirla en una estrella. Norman y Esther se casan, pero la felicidad se ve empañada por el declive de Norman y el rápido ascenso al estrellato de Esther.

Inspirado en "Hollywood al desnudo", realizado por George Cukor cinco años antes, este film plantea el conflicto que supone para un actor en decadencia la fulgurante ascensión de su esposa. Supone una de las visiones más incisivas que Hollywood ha ofrecido de sí mismo, realizada con finura y hasta con cierto sentido del humor. Conocería dos nuevas versiones: del mismo Cukor (1954) y Frank Pierson (1976). (Fotogramas)

Reparto: Janet Gayno, Fredric March, Lionel Stander, Adolphe Menjou, Andy Devine.
Título español: Ha nacido una estrella.

martes, 27 de marzo de 2012

Story of G.I. Joe (1945). William A. Wellman

La trama se basa en los artículos periodísticos de un corresponsal de guerra, que siguió la andanzas de un pequeño grupo de infantería desde el norte de África hasta Italia. Mientras marchan a través de una devastada ciudad italiana, uno de los soldados expresa la opinión general sobre la guerra: "Cuando acabe esta guerra, voy a comprarme un mapa y averiguar dónde he estado". Estrenada apenas tres meses después de la rendición de Alemania, "The Story of G.I. Joe" es un descarnado retrato de la guerra.

Reparto: Robert Mitchum, Burgess Meredith, Freddie Steele.
Título español: También somos seres humanos.