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lunes, 27 de octubre de 2025

Winchester 73 (1950). Anthony Mann


Dos jinetes llegan a Dodge City persiguiendo a un hombre. Es el Día de la Independencia, y la gente se arremolina en torno al premio del concurso de tiro, un rifle único: el Winchester 73. Lin McAdam, uno de los forasteros, gana el concurso, pero uno de sus contrincantes se lo roba y huye. El rifle va pasando de mano en mano: de un traficante de armas a un jefe indio y después a un forajido. Mientras tanto, continúa la persecución.

La película no por sabida y archisabida deja de distraer, ya que en ese estilo de producciones la maestría del cine de Hollywood logra interesar siempre, a fuerza de dinamisme y de excelente ambientación, por repetida que se nos brinde. (Donald en ABC del 7 de noviembre de 1950)

Cuando pensamos en el western clásico, a menudo evocamos imágenes de héroes íntegros, villanos despreciables y una clara división entre el bien y el mal. Son historias de la frontera, de leyendas forjadas a base de pólvora y coraje. Sin embargo, en 1950, una película dirigida por Anthony Mann llegó para dinamitar esas convenciones. Bajo la apariencia de una tradicional historia del Oeste, Winchester 73 no solo fue una obra clave en la revitalización del género, sino que transformó para siempre la carrera de su estrella, James Stewart, y alteró las reglas del juego en la industria de Hollywood. Es una de esas películas que, al mirarla de cerca, revela las grietas que anunciaban una nueva era para el cine.

1. No era el típico héroe: el nacimiento del James Stewart vengativo.
Hasta 1950, James Stewart era el arquetipo del "americano medio". Ya fuera en las comedias que marcaron su carrera o en sus icónicas colaboraciones con Frank Capra, Stewart proyectaba la imagen de un hombre bueno, recto, idealista y, en ocasiones, ingenuo. Era el vecino amable, el ciudadano ejemplar que lucha por sus principios.
Winchester 73 y su posterior colaboración con Anthony Mann demolieron esa imagen. En sus westerns, Stewart dio vida a personajes marcados por un pasado dudoso, hombres que llevaban la violencia en el instinto. Su protagonista, Lin McAdam, no es un héroe de una pieza. Es un hombre obsesivo, de carácter violento y consumido por una sed de venganza que lo empuja a través del salvaje Oeste. Lejos de la bonhomía de sus papeles anteriores, este Stewart es un hombre atormentado, capaz de una furia implacable. Para entender esta metamorfosis, hay que verlo buscando por instinto el revólver que ha olvidado que no lleva al encontrarse con el odiado hombre al que sigue desde hace demasiado tiempo. Esta ambigüedad y estas sombras le vistieron de una humanidad más profunda y compleja, sentando las bases de una nueva y fascinante etapa en su carrera, una donde el héroe podía tener demonios internos tan peligrosos como los forajidos a los que perseguía.

2. El protagonista no es humano: la odisea de un rifle legendario.
"Esta es la historia del rifle modelo Winchester de 1873, ‘el rifle que conquistó el Oeste’. Para el vaquero, el forajido, el agente de la ley o el soldado, el Winchester 73 era un preciado tesoro. Un indio vendería su alma por poseer uno."
Con esta narración arranca la película, dejando claro desde el principio que el verdadero protagonista no es un hombre, sino un objeto. La estructura narrativa de Winchester 73 es una de sus mayores innovaciones. En lugar de seguir únicamente a Lin McAdam en su búsqueda, la película sigue el trayecto del propio rifle, que pasa de mano en mano.
Este recurso, conocido como "argumento itinerante", permite a la trama desarrollarse en meandros, entrelazando múltiples historias individuales con la persecución principal. El rifle se convierte en un símbolo de poder, codicia y ambición. Parece contener una maldición, pues su posesión a menudo acarrea la muerte o la desgracia a sus dueños temporales. Esta construcción narrativa, circular y perfecta, culmina cuando el arma regresa a las manos de su legítimo dueño, dotando a la película de un dinamismo y una clausura impecables que la convierten en el retrato de toda una frontera a través de la odisea de un arma.

3. Más que tiros y sombreros: la invención del western psicológico.
Winchester 73 fue una obra clave en la evolución del western hacia un terreno más adulto y complejo. La película marcó un hito al introducir una hondura psicológica y una complejidad narrativa que sentaron las bases del western moderno. Se alejó de los estereotipos y de los límites claros entre el bien y el mal para explorar los conflictos internos de sus personajes con la misma intensidad que los tiroteos.
El salto de Anthony Mann al western no fue casual; permitió que su sentido de la tragedia, ya cultivado en su influyente etapa en el cine negro, floreciera en los vastos paisajes de la frontera. El propio director explicó por qué se sentía atraído por este género, que le ofrecía un lienzo perfecto para sus exploraciones de la naturaleza humana:
“Creo que el western es el género más popular y da más libertad que otros para representar pasiones y acciones violentas [...] y además, libera todo lo que los personajes tienen en lo más profundo de sí mismos”.
En esencia, Mann veía el western como el género que otorgaba mayor libertad para escenificar pasiones y acciones violentas, y que, en última instancia, permitía "liberar todo lo que los personajes tienen en el fondo de sí mismos". Mann entendía los paisajes del Oeste no solo como un escenario, sino como un crisol que obligaba a individuos complejos a confrontar las pasiones contradictorias y los vicios que llevaban dentro.

4. Una tragedia bíblica con revólveres: la sombra de Caín en el Oeste.
La obsesiva persecución de Lin McAdam (Stewart) contra Dutch Henry Brown (Stephen McNally) es mucho más que la simple recuperación de un rifle robado. A medida que avanza la trama, descubrimos la verdadera naturaleza de su conflicto: Lin y Dutch son hermanos, y Dutch asesinó al padre de ambos.
Este giro argumental transforma un relato de venganza en una historia de fratricidio. Diversos analistas han identificado esta trama como una transfiguración del mito bíblico de Caín y Abel, lo que dota a la historia de una resonancia universal y una dimensión trágica. El académico José Félix González Sánchez, de hecho, utiliza Winchester 73 como el ejemplo perfecto que aglutina dos "tramas maestras" recurrentes: "La sombra de Caín" y "Viajar o morir". La estructura itinerante del rifle se convierte así en la expresión cinematográfica perfecta de esa segunda trama, fusionando la forma narrativa con el fondo mítico. Esta base eleva la película por encima de un simple relato de acción y la convierte en una exploración atemporal de la traición, la familia y la imposible redención.

5. Un contrato que hizo historia: cómo Stewart desafió al sistema de Estudios.
Más allá de su impacto artístico, Winchester 73 fue revolucionaria en el plano comercial. En un movimiento sin precedentes para la época, James Stewart no recibió un salario fijo por protagonizar la película. En su lugar, su agente negoció un contrato que le otorgaba un elevado tanto por ciento de los beneficios que generara el film.
La película fue un éxito de taquilla, y el acuerdo resultó ser inmensamente lucrativo para Stewart. Pero su importancia fue mucho mayor: este contrato demostró el creciente poder que las grandes estrellas estaban adquiriendo frente a los estudios. Fue un presagio de la transformación del modelo de negocio de Hollywood y de la eventual caída del sistema de estudios tradicional, donde los actores eran poco más que empleados atados por contratos férreos. El éxito de Winchester 73 validó este nuevo modelo, abriendo el camino para que otros actores siguieran sus pasos y tomaran un mayor control sobre sus carreras y sus ganancias.

Conclusión: un legado que perdura.
Winchester 73 es mucho más que un clásico del western. Es un punto de inflexión que demostró que las historias del Oeste podían ser complejas, oscuras y psicológicamente profundas. Transformó la imagen de una de las mayores estrellas de Hollywood, sentó las bases para una nueva forma de hacer negocios en la industria y nos regaló una estructura narrativa tan perfecta como el rifle que le da nombre. La película demostró que la frontera más fascinante del western no era el paisaje, sino el alma fracturada de su héroe.

Reparto: James Stewart, Shelley Winters, Dan Duryea, Stephen McNally, Millard Mitchell, Charles Drake, John McIntire, Will Geer, Jay C. Flippen, Rock Hudson. 

Película estrenada en Madrid el 6 de noviembre de 1950 en el cine Capitol. 


jueves, 8 de marzo de 2018

El Cid (1961). Anthony Mann


En la segunda mitad del siglo XI, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, se hizo célebre por sus victoriosas campañas contra los musulmanes (conquista del Reino de Valencia). Acusado injustamente de traición, Rodrigo mata en duelo al padre de Jimena, que lo rechaza y se encierra en un convento. Este es el punto de partida de numerosas peripecias: las intrigas del conde García Ordóñez, el desafío del rey Ramiro de Aragón y su enfrentamiento con Alfonso VI (Jura de Santa Gadea), que lo desterró de Castilla.

Aunque en todo su extenso metraje se aprecia el pulso narrativo de su destacado director, sobresale el tacto mostrado en las escenas de acción (el duelo por la ciudad de Calahorra resulta admirable), en las que Anthony Mann estuvo ayudado por el famoso director de segunda unidad Yakima Canutt.
Lujosa producción de Samuel Bronston, espectacular empleo de los escenarios por parte de Mann (con brillante fotografía de Robert Krasker), épica partitura de Miklos Rozsa y buenas actuaciones en general (Sophia Loren en todo su esplendor físico incorporando a Jimena y Charlton Heston de nuevo bordando un papel homérico) para este recorrido sobre la vida y obra de Rodrigo Díaz de Vivar en el que se abordan temas como la lealtad, la ambición, el amor, la codicia o la honestidad. (AlohaCriticón)

Aceptándolo como tal, la película es una sublime muestra de cine épico con una realización brillante de Anthony Mann, apoyado por Yakima Canutt como director de la segunda unidad y los gloriosos ayudantes de dirección españoles José López Rodero y  José María Ochoa (quién trabajó conmigo en La grieta, su última película), además del italiano Luciano Sacripanti quienes hicieron una espléndida labor. (Salvador Sáinz)

"Aunque falsea la historia a su antojo y está llena de anacronismos, mantiene buena parte de su esplendor y fascinación, recreando la historia medieval con un estilo que adopta ciertos códigos del western." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

Una de las grandes películas épicas del Hollywood de las grandes producciones, con Samuel Bronston al frente. Dirigida con maestría por Anthony Mann, famoso por sus brillante lista de westerns. Destacan Tierras lejanas (1954), El hombre de Laramie (1955) y El hombre del oeste (1958). El Cid la rodó en España, al igual que La caída del imperio romano (1963). Tiene una gran fuerza narrativa que contagia enseguida al espectador. Las escenas de batallas son espectaculares, con un enorme despliegue de medios. Para disfrutar verdaderamente con el cine. (Decine21)

El director Anthony Mann creó un bello espectáculo sin perder el elemento humano. Aunque El Cid cuenta con secuencias épicas de batalla, enfatiza las caracterizaciones sobre la acción. A pesar de que, según los informes, no se gustaban mutuamente fuera de la pantalla, Heston y Loren tenían una química notable. (Britannica.com)

Con un guión errático y plagado de errores, poco definido y elaborado a retazos, rehecho una y otra vez con la intervención de varios escritores y guionistas, Anthony Mann comenzó el rodaje de 'El Cid' obsesionado por resolver las grandiosas escenografías y por lograr transmitir emoción en las escenas dramáticas; para la primera cuestión bastó con la maestría del director y con los grandiosos decorados construidos al efecto, y la segunda se solventó con la fuerza interpretativa de Heston y la cautivadora presencia ante la cámara de la Loren. (José Luis Corral)

Película estrenada en España el 27 de diciembre de 1961.

Reparto: Charlton Heston, Sophia Loren, Raf Vallone, Geneviève Page, John Fraser, Gary Raymond, Michael Hordern, Andrew Cruickshank, Douglas Wilmer, Ralph Truman, Christopher Rhodes, Gérard Tichy.


lunes, 25 de septiembre de 2017

The Man from Laramie (1955). Anthony Mann


Un capitán del ejército de los Estados Unidos se hace pasar por comerciante y va a Nuevo México para averiguar quién le vendió rifles a los apaches que asesinaron a su hermano. Entre los sospechosos se encuentran un arrogante hacendado, su despiadado hijo y el capataz de su rancho.

El estilo desarrollado por Mann para el western se apoya en bajar un poco la cámara y contrapicar ligeramente los planos con el fin de abarcar más cielo. Así, los fabulosos escenarios, que dejan a la naturaleza expresar su fuerza en imponentes panorámicas, incluyen cielos complejos, donde brillan nubes variadas. En medio de una tónica general de gran esfuerzo físico, los personajes escalan a caballo por zonas increíblemente escarpadas. A su vez, los interiores tienen minuciosidad y delicadeza de pintura flamenca; ropa, muebles, cortinas y maderas están armonizadas en las gamas rojizas y ocres de la tierra y las llanuras. (Archilupo en Film Affinity)

Mann, emplea con maestría el scope (en su primer film rodado en este formato) y demuestra su habilidad para rodar enérgicas escenas de acción, conformando un satisfactorio western psicológico, manejado de manera tensa y perturbadora, que contiene elementos prestados del “Rey Lear” de William Shakespeare. (AlohaCriticón)

Con guión de Philip Yordan y espectacular cinemascope, que realza la belleza del paisaje, Mann sigue fiel a la violencia seca típica de sus westerns, y al héroe solitario que trata de hacer justicia por su cuenta. Pero además recoge una galería de personajes muy bien retratados, donde destacan el inútil y malvado hijo del patriarca ranchero, y el capataz que sí tiene las cualidades que un padre desearía en su retoño. También están bien definidos los intereses amorosos de los personajes. Entre las impactantes escenas de El hombre de Laramie destaca la de Donald Crisp cabalgando locamente para vengar la muerte de su hijo, al modo de un Príamo clamando por su querido hijo Héctor. (Decine21)

Cito al crítico de cine André Bazin con respecto al uso del cinemascope en esta película: “En la mayor parte de los westerns, e incluso en los de John Ford, por ejemplo, el paisaje es un marco expresionista en el cual se inscriben las trayectorias humanas. En los filmes de Mann es un ambiente. El aire mismo se separa de la tierra y el agua. Como Cézanne, que lo quería pintar, Anthony Mann nos quiere hacer sentir el espacio aéreo, no como un contenedor geométrico, un vacío de horizontes y horizontes, sino como una cualidad concreta del espacio. Su cámara cuando filma una panorámica, respira. De aquí el uso tan remarcable del cinemascope, que nunca es utilizado como un nuevo marco. Simplemente, como el pez en un acuario más grande el cowboy está más a sus anchas en la pantalla grande. Si atraviesa el campo nuestro placer es doble, porque lo vemos dos veces más lejos”.
(Ciclos de cine)
 
La película puso fin a la brillante colaboración entre Mann y Stewart, un ciclo que modernizó radicalmente el western tanto desde el punto de vista temático como estético, y fue fundamental para su desarrollo y evolución durante la década siguiente, incluidos los filmes del oeste filmados en Europa. A través del mismo, Mann introdujo en este género un nuevo tipo de héroe, o quizás deberíamos llamarlo antihéroe, caracterizado por su ambigüedad moral y supo integrar como pocos el paisaje en el desarrollo de las historias que contaba, convirtiéndose éste en algunos momentos en el verdadero protagonista de las cintas. (The Wild Bunch)

Película estrenada en España el 30 de enero de 1956.

Título español: El hombre de Laramie.

Reparto: James Stewart, Arthur Kennedy, Donald Crisp, Cathy O'Donnell, Alex Nicol, Aline MacMahon, Wallace Ford, Jack Elam.

viernes, 18 de marzo de 2016

Men in War (1957). Anthony Mann


Durante la Guerra de Corea (1950-1953), el teniente Benson (Robert Ryan) curtido en cien batallas intenta reunir a los supervivientes de su batallón y llevarlos al cuartel general. Por otra parte, el hostil y poco respetuoso sargento Montana (Aldo Ray), pertenecienet a otra compañía quiere conducir a su coronel, agotado por el combate, a un sitio seguro.

Intensísima cinta antibélica, de pulso electrizante y magnífico reparto, que ahonda en los aspectos más duros de la guerra. El vibrante blanco y negro y la inolvidable relación entre un subordinado y su superior catatónico son sólo algunos de los contundentes argumentos de una película de la que pueden rastrearse huellas en el más reciente cine bélico, como "Salvar al soldado Ryan" o "La delgada línea roja". (Daniel Andreas)

La película es un drama bélico, de aires documentalistas, apoyado en un relato crudo y desgarrador. La acción evita artificiosidades, adornos y concesiones. Hace uso de una estética realista, que presta atención a los momentos de temor, miedo, terror y pánico de los soldados, sus reacciones naturales, su fatiga y extenuación, la camaradería y el coraje que demuestran, sus momentos de aturdimiento, desconcierto y descontrol, la muerte que les amenaza, la tensión que provoca un enemigo sanguinario, sigiloso, invisible y próximo. El teniente se irrita por la precipitación con la que el sargento Montana mata a presuntos enemigos, sin las debidas cautelas. En repetidas ocasiones ha de recordarle que los enemigos, también, son personas humanas. No se habla de ideales, no se justifica ni condena la guerra y no se enardecen los ánimos con patrioterismos. La jornada transcurre como un retazo de la vida de unos protagonistas, movidos sólo por el instinto de supervivencia, al límite de la resistencia física y emocional. El brillante realismo convierte la obra en antecedente de "Platoon", "La delgada linea roja", "Salvar al soldado Ryan", etc. (Miquel en Film Affinity)

“Contarme la historia de un soldado raso y os contaré la historia de todas las guerras”. Esta frase, justo a continuación de los créditos, sirve de arranque para “La Colina de los diablos de acero”. Anthony Mann nos avisa con este desbarre que la película que vamos a presenciar no va a ser “una de guerra” convencional como las que se estilaban en los años precedentes. Con “Men in war”, el género se hace mayor, más real y humano como lo demuestran distintas secuencias donde los personajes recogen fotos de las familias de los enemigos que acaban de matar. Pero también se hace más crítico. Robert Ryan llega a decir “El batallón no existe, el regimiento no existe, Estados Unidos no existe, somos los únicos que seguimos luchando en esta guerra”. Este claro alegato antibelicista de Mann, refleja lo que la guerra de Corea significaba para los americanos en comparación con la recién acabada Segunda Guerra Mundial. Y es que el film es un claro precedente de las cintas bélicas que comenzaron a rodarse sobre la guerra del Vietnam en décadas posteriores. (AlohaCriticón)

Por otro lado, sorprende que un film con un mensaje tan marcadamente antibélico pudiera realizarse en plenos años 50. Aunque la (terrible, realmente terrible) canción heroica que se oye al final en los créditos intenta darle algo de epicidad a lo que hemos visto, difícilmente puede engañarnos: Mann nos ha mostrado a hombres muriendo por algo abstracto e intangible, no tenemos la sensación de que estén haciendo algo por su país ni de que crean en lo que hacen. La misión suicida final parece haberse llevado a cabo más por inercia y porque no les quedaba otra alternativa que por convicción. El único de todos ellos que parece tener una clara motivación es Montana, y ésta era huir de la guerra con el Coronel. (El gabinete del doctor Mabuse)

Uno de los innumerables films que generó la guerra de Corea, y uno de los mejores. Su argumento resume casi todas las convenciones del género, en un extracto realmente hábil. Sin embargo, su principal valor reside en el vigor de la acción, que Mann condujo con singular talento. Alterna sagazmente los momentos muertos, donde se crea una progresiva tensión, con los estallidos de violencia. (Fotogramas)

Título español: La colina de los diablos de acero.

Reparto: Robert Ryan, Aldo Ray, Robert Keith, Vic Morrow, James Edwards, L.Q. Jones, Philip Pine, Scott Marlowe, Nehemiah Persoff.

Secuencia de la película en: 

https://www.youtube.com/watch?v=Hcj0LnTlosI

jueves, 10 de diciembre de 2015

Thunder Bay (1953). Anthony Mann


Año 1946. Convencidos de la existencia de petróleo en el fondo de una bahía, un emprendedor ingeniero y su socio llegan al norte de Louisiana para construir una gran plataforma petrolífera. Allí, entre otros problemas, deberán enfrentarse a la oposición de los pescadores, que ven peligrar su único medio de vida.

Combina los recursos propios de "western" y del thriller para obtener un resultado singular. Los buscadores de petróleo hacen las veces de los antiguos ganaderos enfrentados a los granjeros, base argumental de muchos "westerns". Unos simbolizan el progreso y los otros la tradición, las viejas costumbres, el apego a las rutinas del pasado y a las dimensiones de un mundo organizado a escala humana, pero con problemas de competitividad. Mann imprime al relato un nivel sostenido de tensión, que cautiva la atención del espectador y le proporciona un grato entretenimiento. Se sirve de elementos naturales (tormenta), intentos de sabotaje, limitaciones de tiempo, insuficiencia de efectivo, prejuicios, oportunismos, malentendidos, celos, deseos de venganza, ambiciones, rivalidades, idealismo y otros, para dotar a la obra de una densa y variada riqueza narrativa. Los efectos especiales se presentan muy elaborados y provistos del encanto propio de su factura artesanal. El espíritu aventurero de los protagonistas, especialmente de Steve Martin, está desarrollado con convicción y habilidad. Las escenas de acción están rodadas y montadas con fervor. (Miquel en Film Affinity)

Este título no es una de las asociaciones más sobresalientes entre Mann y Stewart pero su pujante mirada a la ambición, ilusión, tesón y sueño personal, demuestra de nuevo la interconexión emocional utilizada por el director entre los personajes retratados y su entorno físico. Espléndido Gilbert Roland en su vitalista actuación, bellísima Joanne Dru como principal intérprete femenina y destacable intervención de un añoso Antonio Moreno, ex latin lover del cine mudo nacido en Madrid que se recicló en el sonoro como buen actor de reparto (visto en películas como “Encadenados”, “Capitán de Castilla” o “Centauros del desierto”). (AlohaCriticón)

Título menor de aventuras de Mann, anterior a Gigante a la hora de abordar las ambiciones que se mueven en torno al petróleo, con uno de sus protagonistas habituales, James Stewart. Hay un importante despliegue de producción para mostrar los campos de producción petrolífera, y la impactante escena de la tormenta está muy elaborada. (Decine21)

"De nuevo Mann y Stewart juntos. Es decir, calidad garantizada. Las secuencias de acción están rodadas con una pasión desbordante, y los personajes, siempre ambiguos, como es habitual en el cineasta, rebosan espíritu aventurero." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)
 
Considerado por uno de sus exegetas como el "Virgilio del cine" -definición tan pintoresca como desmesurada- Anthony Mann fue un realizador capaz aunque no siempre inspirado. En este film, una de sus obras decididamente menores, abordó con convicción pero poca imaginación un relato de aventuras que enfrentaba a buscadores de petróleo con pescadores en el golfo de México. (Fotogramas)
 
Película estrenada en España el 18 de abril de 1954.
 
Título español: Bahía negra.
 
Reparto: James Stewart, Joanne Dru, Gilbert Roland, Dan Duryea, Marcia Henderson, Robert Monet, Jay C. Flippen, Fortunio Bonanova.


viernes, 23 de octubre de 2015

The far country (1954). Anthony Mann


En el año 1896, el vaquero Jeff Webster (James Stewart), llega a la ciudad de Seattle justo a tiempo de coger el barco hacia Dawson, Alaska. Webster viene de conducir su rebaño a través del país y es perseguido por la justicia; se le acusa de matar a otros dos vaqueros que quisieron darse a la fuga con parte del rebaño con que viajaban. En compañía de su lugarteniente Tatum (Walter Brennan), consigue subir a bordo del barco con su rebaño antes de ser atrapado.
Una vez en Alaska, Webster y Tatum se verán persuadidos por el panorama de la fiebre del oro, por las mujeres del lugar (Ronda Castle y Renée Vallon, interpretadas por Ruth Roman y Corinne Calvet, respectivamente), al mismo tiempo que se verán obligados a esconderse del shérif Gannon (John McIntire), que no descansará hasta llevar a Webster ante la justicia.

La película, cuya historia trata acerca de la fiebre del oro, es de los pocos western de la época, junto con The spoilers y Alaska, tierra de oro, que desarrollan su acción en Alaska (si bien The far country está rodada en Canadá).

Como western finisecular incorpora cambios de escenario: buques a vapor, puertos de mar, aguas del Pacífico, tierras frías de Alaska, territorios de Canadá, etc. Como western fronterizo focaliza la atención en espacios donde todavía no se ha producido el desarrollo institucional necesario para garantizar el orden social y el imperio de la ley. El paisaje deviene un personaje con vida propia, que se integra en la narración, aportando elementos expresivos propios (aspereza, peligrosidad, rudeza, inaccesibilidad...). Hacia el final, en un ambiente oscuro, inhóspito y sucio (húmero, enfangado y frío), el realizador construye un climax de gran tensión dramática, no exento de apuntes trágicos. (Miquel en Film Affinity)

Tierras lejanas, al igual que Horizontes lejanos, deslumbra por su fluidez narrativa, por el tránsito de escenarios, por la espléndida galería de personajes secundarios, por la importancia para la atmósfera del cambio de estaciones. (...) Ambas, en el fondo, comparten el mismo planteamiento: la tensión entre el individualismo y el comunitarismo, el contraste entre los clásicos westerners que marcan su propia senda al margen de todos y la atracción de las pequeñas comunidades de pioneros que van haciendo que el mundo de la frontera cada vez sea más pequeño y, por tanto, más civilizado. (La mano del extranjero)

"Cine con mayúscula. (...) Mann aporta su inmensa capacidad para sublimar la épica del género y para hacer del paisaje un personaje más de la función. Un clásico." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

Otro de los excelentes westerns que dirigió Anthony Mann durante los 50, casi todos realizados con el mismo equipo. La espectacularidad del ganado atravesando interminables espacios abiertos sirve de fondo y contrapunto a una historia convencional pero narrada con un poder de convicción poco común. Demuestra como la simplicidad deviene pura creatividad. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 22 de enero de 1955.

Título español: Tierras lejanas.

Reparto: James Stewart, Ruth Roman, Corinne Calvet, Walter Brennan, John McIntire, Jay C. Flippen.

viernes, 18 de septiembre de 2015

The Great Flamarion (1945). Anthony Mann


Flamarion es la gran atracción de un espectáculo de Music Hall. Su bella ayudante es una mujer casada, que se enamora de un acróbata, pero intenta seducir a El Gran Flamarion para que mate a su marido y poder huir con el acróbata. Cuando El Gran Flamarion descubre el engaño, la busca para acabar con ella.

Los personajes del film son seres atormentados, que se mueven por celos, engaño, fraude, manipulación, deslealtad y traición. De modo sutil, pero intenso, el ambiente de la obra está saturado de sensualidad, erotismo, adulterios, deseos reprimidos, amores despechados, sexo en solitario y sexo con animales (Cleo). La protagonista, Connie, mantiene relaciones amorosas con el marido, Flamarion y Eddie, en una versión de ninfa maligna, que desea la eliminación de uno y la desparición de otro. No sólo la pasión y los instintos impulsan el comportamiento de Connie, también la mala fe, la maldad, el chantaje, la extorsión y la inducción al asesinato. Flamarion hace las veces de narrador en flashback, que con un flash sobre el final, hecho de dos disparos y un grito de mujer fuera de plano, suscita el interés del público desde el primer momento. (Miquel en Film Affinity)

Sin ser el film más memorable de Anthony Mann, el cineasta entrega algunos pasajes memorables, exprimiendo el talento de Erich von Stroheim como intérprete de personajes decadentes, en la escena de la espera interminable de su amada. (Decine21)

Esta pequeña gran película está muy subestimada dentro de la filmografía de Anthony Mann, como casi toda su etapa negra, minorada al lado de sus monumentales obras en Cinemascope o de su serie de westerns con James Stewart como protagonista. Sin embargo, en esta cinta explora ya la naturaleza obsesiva y traumatizada de los antihéroes de su cine, esos hombres que encuentran en la violencia y en la venganza el objetivo, la finalidad que da sentido a sus vidas, y cuyo cumplimiento hace que ya no importe ni el cuándo ni el dónde de su final. (39 escalones)

Lejos de su espectacular forma de rodar, por la que se haría famoso, Mann se encierra en decorados claustrofóbicos y utiliza las luces y las sombras de forma sorprendente. Algunos ejemplos: cuando nos presenta a los personajes del drama, el número de tiro resulta ser un mal presagio de lo que iba a suceder en realidad; o mientras Connie habla con Flamarion –al que engaña-, podemos ver, detrás de ellos, las sombras de la actuación de un equilibrista encima de su monociclo, un equilibrista que acaba de formar parte de la colección de Connie. (Ethan en Muchocine)

Adaptación de una novela de Vicki Baum, en la que se plantea un melodrama pasional ambientado en el mundo del espectáculo. Toda su acción se centra en torno al torvo personaje que encarna Erich von Stroheim, cuya esforzada interpretación cae ocasionalmente en el exceso. Pese a sus influencias germánicas, la realización es esencialmente funcional. Film inédito en España. (Fotogramas)

La película es de dominio público.

Película estrenada en España por TVE el 18 de septiembre de 1990.

Título español: El gran Flamarion.

Reparto: Erich von Stroheim, Mary Beth Hughes, Dan Duryea, Steve Barclay, Lester Allen.



viernes, 27 de marzo de 2015

The Glenn Miller Story (1953). Anthony Mann


Glenn Miller (1904-1944) fue uno de los más famosos músicos de jazz de la "era del swing". En 1925 empezó a tocar el trombón en una pequeña banda de provincias y, después de una gira por pueblos y ciudades, se instaló en Nueva York. Hasta allí llegó su novia para casarse. La boda fue una histórica sesión musical dirigida por el gran Louis Armstrong. A partir de entonces la carrera de Glenn Miller estuvo llena de éxitos.

En “Música y lágrimas”, Anthony Mann se mostró interesado, según sus propias palabras, en dramatizar un sonido, el de los arreglos de Miller para los instrumentos de viento. La película sobre la vida de Glenn Miller está planteada de forma muy coherente. Los colores apastelados, por ejemplo, son más acordes con la sofisticación melódica del músico que con la época en que se desarrolla el relato.(...) Mann consigue filmar ese sonido, como Bergman, Bresson y Duras filmaron el silencio. Adhiere la sonoridad a cada uno de los planos de la película, sea cual sea su valoración dramática. Los entonces innovadores arreglos de Miller, consistentes en adaptar la partitura a cada instrumento por separado, se convierten en el elemento que hace avanzar el relato. Es lo que le importaba a Mann, más allá incluso de la definición de una época y el dibujo biográfico característico de este tipo de productos. Ahí reside el interés de ‘Música y lágrimas’, film que cuenta también con espléndidas soluciones visuales que contrarrestan sus evidentes convenciones. (Quim Casas en Dirigido por)

¡Qué gran película!. La vida de Glen Miller interpretada por un sensacional actor clásico: James Stewart. June Allyson está maravillosamente bien. Una película de disfrute, de gozo de buen cine. Es algo sensacional visionar cine de enorme calidad fílmica, deleite hasta decir basta. Las canciones son sensacionales. Para un servidor, una Obra Maestra de Anthony Mann. Disfrútenla con su pareja a su lado, no se arrepentirá. (Javier García en Film Affinity)

Partiendo de la biografía del famoso músico, Mann construyó un film ejemplar, que utiliza las convenciones del género con singular talento. Su mérito fundamental reside en articular una historia prácticamente inexistente, consiguiendo que resulte tan convincente como absorbente. Es un film redondo dentro de su tono menor. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 16 de septiembre de 1954.

Título español: Música y lágrimas.

Reparto: James Stewart, June Allyson, Charles Drake, George Tobias, Henry Morgan, Frances Langford, Louis Armstrong, Gene Krupa, Ben Pollack, The Modernaires.


martes, 25 de junio de 2013

Winchester 73 (1950). Anthony Mann



Dos jinetes llegan a Dodge City persiguiendo a un hombre. Es el Día de la Independencia, y la gente se arremolina en torno al premio del concurso de tiro, un rifle único: el Winchester 73. Lin McAdam, uno de los forasteros, gana el concurso y consigue el rifle, pero su contrincante Dutch Henry Brown se lo roba y huye. El rifle pasa a manos de un traficante de armas, luego a un jefe indio y más tarde a un forajido. Mientras tanto, continúa la persecución.

El film desarrolla un relato de odio, persecución y venganza, más bien propio del cine negro. Largometraje nº 19 de Mann, es el tercer western de su ciclo de 11. La narración se estructura en forma de itinerario circular y se apoya en dos hilos conductores: el seguimiento de un rifle Winchester 73 que cambia de manos sucesivamente y la persecución implacable del pistolero Brown por el obsesivo McAdam. La variedad de episodios confiere a la obra un aire de grata complejidad y atractiva densidad. La narración es fluida, está dotada de buen ritmo y se beneficia de la eficacia expositiva de Mann. Los episodios incorporan motivos característicos del género: competición de tiro, ataque indio, intervención de la Caballería, etc. Se dedican referencias a iconos del Oeste: Dodge City, general Custer, Wyatt Earp, Caballo Loco, etc. (Miquel en Film Affinity).

Un encargo algo cogido por los pelos -la réplica a un producto Warner de aquel mismo año: "Colt 45"- donde Mann demostró ampliamente su talento, enriqueciendo una historia bastante plana hasta límites importantes. Es uno de estos films que conjugan la solidez narrativa y la inspiración casi lírica. Entre los actores secundarios aparecen Rock Hudson y Tony Curtis. (Fotogramas)

Reparto: James Stewart, Shelley Winters, Dan Duryea, Stephen McNally.