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martes, 13 de enero de 2026

La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955). Charles Laughton


Tras realizar un atraco en el que han muerto dos personas, Ben Harper regresa a su casa y esconde el botín confiando el secreto a sus hijos. En la cárcel, antes de ser ejecutado, comparte celda con Harry Powell y en sueños habla del dinero. Tras ser puesto en libertad, Powell, obsesionado por apoderarse del botín, va al pueblo de Harper, enamora a su viuda y se casa con ella.

La noche del cazador (1955), la única película dirigida por el aclamado actor Charles Laughton, es considerada hoy una obra maestra solitaria que fusiona el terror con elementos de los cuentos de hadas y el gótico sureño. Basada en la exitosa novela de Davis Grubb, la trama presenta a Harry Powell, un asesino en serie que se hace pasar por predicador para perseguir a dos niños que conocen la ubicación de 10,000 dólares robados. Esta producción se alejó del realismo convencional de la época de Eisenhower, optando por una atmósfera onírica y distorsionada que Laughton describió como un "cuento de Mamá Oca de pesadilla". La película representa una lucha alegórica entre el bien y el mal, capturando una visión inquietante de la vida durante la Gran Depresión.

El proyecto fue impulsado por el productor Paul Gregory, quien buscaba un guion adecuado para el debut como director de Laughton. Para el papel principal, se eligió a Robert Mitchum después de que Gary Cooper rechazara el rol por temor a que afectara negativamente su carrera. Laughton seleccionó a Shelley Winters para interpretar a la vulnerable Willa Harper por su capacidad de actuar de forma reservada y pensativa. Además, la inclusión de la estrella del cine mudo Lillian Gish fue un homenaje deliberado a las técnicas de D.W. Griffith, buscando restaurar el poder visual de la era silente en el cine sonoro.

La estética visual de la película es uno de sus pilares más distintivos, lograda gracias a la colaboración entre Laughton y el cinematógrafo Stanley Cortez. Cortez utilizó película Kodak Tri-X en secuencias específicas para obtener negros profundos y una iluminación "fosforescente" que realzaba el estilo expresionista alemán de la obra. Debido a limitaciones presupuestarias, muchas escenas exteriores se rodaron en sets de sonido, lo que irónicamente creó una atmósfera "extraña" y artificial que funciona perfectamente desde la perspectiva de los niños. El diseño de producción de Hilyard Brown empleó decorados minimalistas y perspectivas forzadas para subrayar la sensación de irrealidad y amenaza.

A pesar de su actual estatus de culto, el filme fue un rotundo fracaso comercial y crítico tras su estreno original. La distribuidora United Artists tuvo dificultades para promocionarla debido a que no encajaba en los géneros típicos de la época, resultando en un tráiler que la hacía parecer un thriller genérico y mediocre. Sumado a esto, diversas organizaciones religiosas criticaron la película por su representación negativa de un "hombre de fe" atormentando a niños con un cuchillo. Laughton se sintió tan devastado por el rechazo de la crítica y el público que nunca volvió a dirigir otra película.

Un análisis profundo del filme revela una audaz subversión de la cristiandad patriarcal predominante en la década de 1950. A través del personaje de Rachel Cooper, la película otorga poder a la voz femenina para enfrentar y derrotar la corrupción masculina encarnada por el falso predicador. Mientras que personajes como Willa Harper sucumben trágicamente a las estructuras de poder patriarcal, Miz Cooper trasciende estas normas al tomar el control de la narrativa y del espacio visual. Esta crítica a la hipocresía y a la violencia de ciertos sectores religiosos fue un factor clave en la hostilidad de los sectores conservadores de su tiempo.

El desarrollo del guion ha estado rodeado de mitos, sugiriendo durante décadas que Laughton tuvo que reescribir completamente el trabajo original de James Agee. No obstante, investigaciones recientes en los archivos de Agee demostraron que su borrador inicial de 293 páginas era un trabajo profesional y fiel a la novela. Aunque Laughton realizó recortes y ediciones significativas para el rodaje, la relación entre ambos fue una colaboración armoniosa. Laughton insistió en que Agee recibiera el crédito total como guionista, reconociendo su habilidad para capturar el lenguaje y la dureza de la vida sureña.

Uno de los legados más potentes y reconocibles de la película es el tatuaje de "LOVE" y "HATE" en los nudillos de Harry Powell. Este motivo, inspirado en la tradición marítima donde los marineros se tatuaban "HOLD" y "FAST", sirve como una metáfora visual del conflicto eterno entre la luz y la oscuridad. La escena en la que Powell explica el significado de sus manos se ha convertido en un momento icónico de la historia del cine. Esta imagen ha sido homenajeada por cineastas como Spike Lee en Do the Right Thing y Martin Scorsese en su versión de Cape Fear, consolidando su lugar en la cultura popular.

La resurrección crítica de la película comenzó a gestarse décadas después de su estreno, impulsada por figuras como Pauline Kael y Roger Ebert. La difusión en televisión nocturna y la llegada del formato de video doméstico permitieron que nuevas generaciones descubrieran su audacia estética y temática. En 1992, fue seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por su significado cultural e histórico. Hoy, la película es celebrada no solo por su belleza visual, sino como una pieza única que logró superar su fracaso inicial para ser reconocida como uno de los mayores logros del cine estadounidense.

Película estrenada en España por TVE el 5 de agosto de 1970.

Reparto: Robert Mitchum, Shelley Winters, Lillian Gish, James Gleason, Evelyn Warden, Peter Graves, Billy Chapin, Sally Ann Bruce.

lunes, 27 de octubre de 2025

Winchester 73 (1950). Anthony Mann


Dos jinetes llegan a Dodge City persiguiendo a un hombre. Es el Día de la Independencia, y la gente se arremolina en torno al premio del concurso de tiro, un rifle único: el Winchester 73. Lin McAdam, uno de los forasteros, gana el concurso, pero uno de sus contrincantes se lo roba y huye. El rifle va pasando de mano en mano: de un traficante de armas a un jefe indio y después a un forajido. Mientras tanto, continúa la persecución.

La película no por sabida y archisabida deja de distraer, ya que en ese estilo de producciones la maestría del cine de Hollywood logra interesar siempre, a fuerza de dinamisme y de excelente ambientación, por repetida que se nos brinde. (Donald en ABC del 7 de noviembre de 1950)

Cuando pensamos en el western clásico, a menudo evocamos imágenes de héroes íntegros, villanos despreciables y una clara división entre el bien y el mal. Son historias de la frontera, de leyendas forjadas a base de pólvora y coraje. Sin embargo, en 1950, una película dirigida por Anthony Mann llegó para dinamitar esas convenciones. Bajo la apariencia de una tradicional historia del Oeste, Winchester 73 no solo fue una obra clave en la revitalización del género, sino que transformó para siempre la carrera de su estrella, James Stewart, y alteró las reglas del juego en la industria de Hollywood. Es una de esas películas que, al mirarla de cerca, revela las grietas que anunciaban una nueva era para el cine.

1. No era el típico héroe: el nacimiento del James Stewart vengativo.
Hasta 1950, James Stewart era el arquetipo del "americano medio". Ya fuera en las comedias que marcaron su carrera o en sus icónicas colaboraciones con Frank Capra, Stewart proyectaba la imagen de un hombre bueno, recto, idealista y, en ocasiones, ingenuo. Era el vecino amable, el ciudadano ejemplar que lucha por sus principios.
Winchester 73 y su posterior colaboración con Anthony Mann demolieron esa imagen. En sus westerns, Stewart dio vida a personajes marcados por un pasado dudoso, hombres que llevaban la violencia en el instinto. Su protagonista, Lin McAdam, no es un héroe de una pieza. Es un hombre obsesivo, de carácter violento y consumido por una sed de venganza que lo empuja a través del salvaje Oeste. Lejos de la bonhomía de sus papeles anteriores, este Stewart es un hombre atormentado, capaz de una furia implacable. Para entender esta metamorfosis, hay que verlo buscando por instinto el revólver que ha olvidado que no lleva al encontrarse con el odiado hombre al que sigue desde hace demasiado tiempo. Esta ambigüedad y estas sombras le vistieron de una humanidad más profunda y compleja, sentando las bases de una nueva y fascinante etapa en su carrera, una donde el héroe podía tener demonios internos tan peligrosos como los forajidos a los que perseguía.

2. El protagonista no es humano: la odisea de un rifle legendario.
"Esta es la historia del rifle modelo Winchester de 1873, ‘el rifle que conquistó el Oeste’. Para el vaquero, el forajido, el agente de la ley o el soldado, el Winchester 73 era un preciado tesoro. Un indio vendería su alma por poseer uno."
Con esta narración arranca la película, dejando claro desde el principio que el verdadero protagonista no es un hombre, sino un objeto. La estructura narrativa de Winchester 73 es una de sus mayores innovaciones. En lugar de seguir únicamente a Lin McAdam en su búsqueda, la película sigue el trayecto del propio rifle, que pasa de mano en mano.
Este recurso, conocido como "argumento itinerante", permite a la trama desarrollarse en meandros, entrelazando múltiples historias individuales con la persecución principal. El rifle se convierte en un símbolo de poder, codicia y ambición. Parece contener una maldición, pues su posesión a menudo acarrea la muerte o la desgracia a sus dueños temporales. Esta construcción narrativa, circular y perfecta, culmina cuando el arma regresa a las manos de su legítimo dueño, dotando a la película de un dinamismo y una clausura impecables que la convierten en el retrato de toda una frontera a través de la odisea de un arma.

3. Más que tiros y sombreros: la invención del western psicológico.
Winchester 73 fue una obra clave en la evolución del western hacia un terreno más adulto y complejo. La película marcó un hito al introducir una hondura psicológica y una complejidad narrativa que sentaron las bases del western moderno. Se alejó de los estereotipos y de los límites claros entre el bien y el mal para explorar los conflictos internos de sus personajes con la misma intensidad que los tiroteos.
El salto de Anthony Mann al western no fue casual; permitió que su sentido de la tragedia, ya cultivado en su influyente etapa en el cine negro, floreciera en los vastos paisajes de la frontera. El propio director explicó por qué se sentía atraído por este género, que le ofrecía un lienzo perfecto para sus exploraciones de la naturaleza humana:
“Creo que el western es el género más popular y da más libertad que otros para representar pasiones y acciones violentas [...] y además, libera todo lo que los personajes tienen en lo más profundo de sí mismos”.
En esencia, Mann veía el western como el género que otorgaba mayor libertad para escenificar pasiones y acciones violentas, y que, en última instancia, permitía "liberar todo lo que los personajes tienen en el fondo de sí mismos". Mann entendía los paisajes del Oeste no solo como un escenario, sino como un crisol que obligaba a individuos complejos a confrontar las pasiones contradictorias y los vicios que llevaban dentro.

4. Una tragedia bíblica con revólveres: la sombra de Caín en el Oeste.
La obsesiva persecución de Lin McAdam (Stewart) contra Dutch Henry Brown (Stephen McNally) es mucho más que la simple recuperación de un rifle robado. A medida que avanza la trama, descubrimos la verdadera naturaleza de su conflicto: Lin y Dutch son hermanos, y Dutch asesinó al padre de ambos.
Este giro argumental transforma un relato de venganza en una historia de fratricidio. Diversos analistas han identificado esta trama como una transfiguración del mito bíblico de Caín y Abel, lo que dota a la historia de una resonancia universal y una dimensión trágica. El académico José Félix González Sánchez, de hecho, utiliza Winchester 73 como el ejemplo perfecto que aglutina dos "tramas maestras" recurrentes: "La sombra de Caín" y "Viajar o morir". La estructura itinerante del rifle se convierte así en la expresión cinematográfica perfecta de esa segunda trama, fusionando la forma narrativa con el fondo mítico. Esta base eleva la película por encima de un simple relato de acción y la convierte en una exploración atemporal de la traición, la familia y la imposible redención.

5. Un contrato que hizo historia: cómo Stewart desafió al sistema de Estudios.
Más allá de su impacto artístico, Winchester 73 fue revolucionaria en el plano comercial. En un movimiento sin precedentes para la época, James Stewart no recibió un salario fijo por protagonizar la película. En su lugar, su agente negoció un contrato que le otorgaba un elevado tanto por ciento de los beneficios que generara el film.
La película fue un éxito de taquilla, y el acuerdo resultó ser inmensamente lucrativo para Stewart. Pero su importancia fue mucho mayor: este contrato demostró el creciente poder que las grandes estrellas estaban adquiriendo frente a los estudios. Fue un presagio de la transformación del modelo de negocio de Hollywood y de la eventual caída del sistema de estudios tradicional, donde los actores eran poco más que empleados atados por contratos férreos. El éxito de Winchester 73 validó este nuevo modelo, abriendo el camino para que otros actores siguieran sus pasos y tomaran un mayor control sobre sus carreras y sus ganancias.

Conclusión: un legado que perdura.
Winchester 73 es mucho más que un clásico del western. Es un punto de inflexión que demostró que las historias del Oeste podían ser complejas, oscuras y psicológicamente profundas. Transformó la imagen de una de las mayores estrellas de Hollywood, sentó las bases para una nueva forma de hacer negocios en la industria y nos regaló una estructura narrativa tan perfecta como el rifle que le da nombre. La película demostró que la frontera más fascinante del western no era el paisaje, sino el alma fracturada de su héroe.

Reparto: James Stewart, Shelley Winters, Dan Duryea, Stephen McNally, Millard Mitchell, Charles Drake, John McIntire, Will Geer, Jay C. Flippen, Rock Hudson. 

Película estrenada en Madrid el 6 de noviembre de 1950 en el cine Capitol.