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jueves, 2 de abril de 2026

La dama de Shanghai (The Lady From Shanghai, 1947). Orson Welles

Michael O'Hara (Orson Welles), un marinero irlandés, entra a trabajar en un yate a las órdenes de un inválido casado con una mujer fatal (Rita Hayworth) y queda atrapado en una maraña de intrigas y asesinatos. 

La película, admirable, sólo cuenta un error: Rita. La feminidad -ahora rubia- de la actriz, apenas cubre su falta de genio. Bellísimas las fotografías, maestra la dirección, interesante el guión, hábilmente arrancado de una novela, y Welles como galán feo, justo. Los baches narrativos fueron bien salvados y las escenas finales en culminación de interés y de picardía cinematográfica. (L. de A. en ABC del 2 de octubre de 1948)

The Lady from Shanghai (1948), dirigida por Orson Welles, es considerada hoy una de las obras más brillantes y surrealistas del cine negro estadounidense. El filme no es solo una historia de crímenes, sino una visión estéticamente compleja que fusiona convenciones de cuentos de hadas, pesadillas y mitos, donde la mayor parte de la acción ocurre cerca del agua, reflejando una cualidad hipnótica y de espejismo. A pesar de ser un proyecto "maldecido" por desastres en el rodaje y recortes masivos, su brillantez reside precisamente en esa lógica perversa de su creación.

La producción estuvo marcada por una lucha de poder constante entre el autor y el sistema de estudios, personificado en el tiránico jefe de Columbia, Harry Cohn. Cohn financió el filme como pago de una deuda de Welles, pero se enfureció ante decisiones creativas como el corte de pelo rubio y corto de Rita Hayworth, que desafiaba su imagen de estrella establecida. El conflicto resultó en que el estudio eliminara aproximadamente 60 minutos del metraje original, dejando una narrativa fragmentada y en ocasiones confusa que, irónicamente, acentúa su atmósfera onírica.

Visualmente, la película es un "campo de entrenamiento" para la cámara, destacando la labor del cinematógrafo Charles Lawton Jr.. Se empleó una iluminación claroscuro para crear un ambiente siniestro y grotesco, complementado con ángulos oblicuos. Welles rompió con la técnica convencional al usar lentes de gran angular en primeros planos extremos, provocando una distorsión que refleja la psicología de paranoia e intención irracional de los personajes.

Los símbolos y motivos visuales enriquecen el subtexto de la obra. La famosa escena en el Acuario Steinhart utiliza proyecciones de tiburones y anguilas detrás de los protagonistas para simbolizar la depredación y la fragilidad de la existencia. Además, estudios recientes sugieren que elementos cotidianos como los cigarrillos de Elsa no son simples accesorios, sino que evolucionan para encarnar su poder y agencia frente a los hombres que intentan controlarla.

El rodaje en exteriores en Acapulco y San Francisco aportó un nivel de realismo que obsesionaba a Welles. Gran parte de la filmación ocurrió en el yate Zaca, propiedad de Errol Flynn, quien capitaneaba el barco en un estado de fiesta perpetua mientras la tripulación sufría picaduras de insectos exóticos y desastres logísticos. Estos entornos exóticos funcionan como una trampa para el protagonista, Michael O'Hara, quien pierde su libertad a medida que se adentra en el mundo de los Bannister.

Los personajes habitan un universo de hipérbole y fatalismo. Rita Hayworth ofrece una interpretación convincente como una mujer que anhela liberarse de hombres que actúan como sus captores. Por su parte, Michael O'Hara es el "love chump" o ingenuo marinero irlandés cuya alma "negra" y melancólica lo arrastra hacia un destino inevitable. La tensión real del divorcio inminente entre Welles y Hayworth durante el rodaje añade una capa de veracidad a su destructiva relación en pantalla.

El clímax en la Sala de los Espejos permanece como uno de los momentos más impactantes del cine de Hollywood. Con más de 2,900 pies cuadrados de espejos, Welles crea una desorientación total donde los personajes disparan a sus propias reflexiones, simbolizando la destrucción de sus identidades y legados. Un detalle técnico revelador es el uso de máscaras en el encuadre para simular una relación de aspecto panorámica (widescreen), una técnica inusual en 1947 empleada para intensificar visualmente la sensación de confinamiento de los personajes antes del desenlace.

The Lady from Shanghai es una obra maestra de la imperfección. Aunque su trama pueda parecer críptica o mal conectada debido a las interferencias del estudio, esos mismos "fallos" son los que fuerzan al espectador a sumergirse en su subtexto simbólico y onírico. La película trasciende el género negro para convertirse en un estudio sobre la fragilidad de la realidad y el poder de la imagen cinematográfica. Al final, el genio de Welles brilla no a pesar de las restricciones, sino a través de ellas, dejando un testamento de originalidad que sigue desafiando las convenciones narrativas décadas después.

Película estrenada en Madrid el 1 de octubre de 1948 en el cine Avenida.

Reparto: Rita Hayworth, Orson Welles, Everett Sloane, Glenn Anders, Ted de Corsia, Erskine Sanford, Gus Schilling.

lunes, 2 de julio de 2018

The Lady from Shanghai (1947). Orson Welles


Michael O'Hara (Orson Welles), un marinero irlandés, entra a trabajar en un yate a las órdenes de un inválido casado con una mujer fatal (Rita Hayworth) y queda atrapado en una maraña de intrigas y asesinatos.

Realizada en 1947 por el gran Orson Welles en su época de mayor esplendor creativo, fue tratada muchas veces cómo una obra menor en su filmografía. Nada más lejos de la realidad, porque esta película es una auténtica muestra del buen hacer de este genio del cine. Y al igual que el personaje de Welles se sentía atraído por la fascinación de Rita Hayworth, el espectador queda atrapado desde el primer minuto al último, por el enorme poder de fascinación que la película posee en absolutamente todos sus aspectos. Y es que uno de los mayores logros de Welles, fue el de saber combinar todos los elementos de los que disponía para acabar realizando un film casi inclasificable. Su guión, enormemente conciso, lleno de giros, y cargado de diálogos sublimes dignos de ser enmarcados. Atención a la conversación final entre Welles y Hayworth, absolutamente impagable. Su narración, con una fuerza pocas veces vista, y un enorme gusto por lo extraño, por decirlo de alguna manera. Ya el inicio es extraño, con una situación aparentemente forzada, pero que engancha rápidamente al espectador, gracias al poder de sugestión que poseen las imágenes de Welles. (Alberto Abuín en Espinof)

 La dama de Shanghai es, para bien y para mal, la película de un genio. Welles pone en marcha una película cuyo argumento es intricado y laberíntico, de ahí que no tenga más remedio que acabar en esa especie de laberinto de espejos que ejemplifica a la perfección varias ideas de la película: el reflejo deformante de la realidad o las apariencias, la diversidad o multiplicidad de miradas hacia las cosas y lo enrevesado no solo de los pensamientos e intenciones de los personajes, sino también de la propia película. Esto no quiere decir que sea confusa, que no se pueda seguir con facilidad. Todo lo contrario. Uno puede introducirse sin problema en su maraña narrativa, porque en el fondo es bastante simple. Pero Welles parece querer, ya sea como trabajo de reescritura o como irónica mirada hacia el género, realizar un noir en el que todos sus elementos constitutivos quedan expresados en todo su esquematismo, evidenciando estos de tal manera que La dama de Shanghai parece casi un pastiche del género con su femme fatale, su honrado y moral protagonista, sus codiciosos y cínicos villanos, su mirada a un mundo de lujo por fura pero podrido por dentro, su trabajo lumínico de claroscuros… (Israel Paredes en El Plural)

Orson Welles consigue en La dama de Shanghai una atmósfera de amenaza tanto más asfixiante cuanto más indeterminada es en su origen y en su despliegue. El espectador tiene pronto la convicción de que está asistiendo a la representación de un destino funesto, si bien ignora las causas profundas que hacen inevitable la tragedia. Es cierto que el remolino está infectado de tiburones sedientos de poder y de sangre, y que la ambición desborda nítidamente los cauces del cinismo, pero al mismo tiempo esos tiburones, que se arrancan la carne a dentelladas unos a otros, aparecen tan frágiles y desesperados que el espectador llega a tener fácilmente piedad de los depredadores. (Rafael Argullol en El Cultural)

Con estos preliminares, parece evidente que el resultado no podía ser otro que el de una obra irregular y muy lejos de la perfección, pero seguramente es justamente esta imperfección (unida al genio de su director, condenado a partir del fulgurante éxito de Ciudadano Kane a levantar sus proyectos en las condiciones más adversas, en uno de los más trágicos ejemplos que se han dado en la historia del cine de cómo la peor de las maldiciones puede suceder a la mayor de las glorias en el firmamento hollywoodiense) la que confiere el sentimiento de extrañeza y, a la postre, de fascinación que provoca cada nuevo visionado del film. (Cinema esencial)

El lenguaje barroco de Welles es de una belleza y de una riqueza insuperables. Abundan los claroscuros, los escenarios complejos de filmar (el acuario) y los grandes angulares que desencajan los rostros para producirnos desasosiego. También los personajes que comparten plano fijo cuando dialogan sin comunicarse y sin mirarse, con la vista fija en un horizonte sin límites o en la frontera que marca un forzado picado. (Cinetario)

Para un hombre que tiene tanto talento con una cámara como Orson Welles y cuyos poderes de invención pictórica son tan fluidos y tan fuertes como los suyos, ciertamente tiene una forma extraña de estropear sus películas con descuido. (Bosley Crowther)
La gran película más extraña jamás hecha. (Dave Kehr)

Cada elemento de la película se impregna del desorden de los personajes como si sus estados de alma estuvieran borrando todo lo que los rodea. Welles hunde así a su héroe, Michael O'Hara (él mismo), en las profundidades del alma humana. (Critikat.com)

Destinado a ser una obra maestra, este film -como tantos otros de su autor- se vio perjudicado por las injerencias de unos productores, que limitaron sus resultados sin llegar a malograrlos. Basándose en una discreta novela de Sherwood King, Welles supo reconvertir una tradicional intriga criminal en un ìinquietante ejercicio que oscila entre la fascinación y el malestar. La fascinación emanada por una espléndida y ambivalente Rita Hayworth, y el malestar de una conseguida atmósfera malsana. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 1 de octubre de 1948.

Título español: La dama de Shanghai.

Reparto: Rita Hayworth, Orson Welles, Everett Sloane, Glenn Anders, Ted De Corsia, Erskine Sanford.


martes, 15 de mayo de 2018

The Magnificent Ambersons (1942). Orson Welles


A finales del siglo XIX, la mansión Amberson es la más fastuosa de Indianápolis. Cuando su dueña, la bellísima Isabel, es humillada públicamente, aunque de forma involuntaria por su pretendiente Eugene Morgan, lo abandona y se casa con el torpe Wilbur Minafer. Su único hijo, el consentido George, crece lleno de arrogancia y prepotencia. Años más tarde, Eugene regresa a la ciudad con su hija Lucy, y George se enamora de ella.

"Maravillosa película, en la que Orson Welles no fue el responsable del montaje final, manipulado por la productora RKO con cortes y añadidos no previstos por el autor. Las imágenes de Welles son tan fascinantes que, aún así, quedó intacta la magia de esta reflexión acerca de la decadencia de la aristocracia, la aparición del progreso en una sociedad anquilosada y la ascensión de una nueva estructura social." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

Así describe Welles su impresión al ver la versión final de su obra, reducida a los 88 minutos de su metraje definitivo: "Fue muy desagradable. Hubiera sido más feliz sabiendo de oídas sin conocer personalmente lo que habían hecho con ella. Durante cinco o seis rollos las cosas no fueron tan malas. ‘Bien -pensé-, la cosa no está tan mal. No han hecho demasiados estropicios, sólo unos pocos pequeños cortes estúpidos.’ Y entonces se abrió el infierno..." (Ciudadano Welles, Peter Bogdanovich, citado por David Vericat en Cinema esencial)

Una de las ideas en que Welles insistía más en el guión y que se eliminaron del montaje final era el progreso tecnológico que acaba destruyendo y contaminando el entorno. Nadie quería mensajes tecnófobos en los años 40. También se eliminaron detalles sobre las causas exactas que arruinan la familia, de modo que esta subtrama aparece de forma algo precipitada. Peor aún, destruyeron la evolución en el tono de la película que Welles había perfilado con sumo cuidado: esa melancolía inicial en forma de amable nostalgia que se acababa volviendo más amarga hasta oscurecerse, de ese bonito recuerdo de los tiempos pasados al presente oscuro caracterizado por la decadencia de los Amberson y la invasión del automóvil. (El gabinete del doctor Mabuse)

Los Amberson trata de oportunidades perdidas, de lo que pudo ser. Todo está cambiando y cada cambio es señal de que el mundo se aleja irremediablemente de lo que fuimos porque lo que fuimos está fijo en el tiempo. Eugene dice en el baile: “Los viejos tiempos no existen. El pasado está muerto. ¡Sólo hay tiempos nuevos!”, pero ni el resto de los protagonistas –salvo acaso su hija– ni la película misma parecen compartir esa visión optimista. (Alonso Ruvalcaba en Letras libres)

La penetrante, agridulce historia decimonónica de amores imposibles, intensos vínculos familiares (con una hipnótica relación entre tía y sobrino), abolengo y decadencia aristocrática, cambios de época y actitudes, progreso humano y emocional… a la que Welles otorga su abigarrada mirada cinematográfica, está dotada de una complejidad en la composición de escenas, un soberbio uso de la profundidad de campo, un extraordinario manejo narrativo del espacio, una revolucionaria utilización del sonido, una fascinante y expresionista disposición atmosférica, un poderío formal en sus encuadres, un arrebatador dibujo de personajes, una perfecta dirección de actores…. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

Incluso en su forma truncada es increíble y memorable. (Pauline Kael)

Al contar esta historia, vacilante y torpemente, la película va de gravosa a pesada y de aburrida a mala. Tartamudea y tropieza cuando Welles sumerge la historia de Tarkington en un desastre de radio y técnica escénica. (Manny Farber)

El sentido emocional de América a fines del siglo XIX y principios del XX es tan palpable que puedes saborearlo. (Jonathan Rosenbaum)

Debo decir que la prefiero a Citizen Kane (1941). Entonces ya podéis demandarme. (Andrew Sarris)

Incluso con tantos cortes que reducen el tercio final a una mezcla frustrante de segmentos inconexos, retiene su poder ocasional para hipnotizar y sorprender. (James Berardinelli)

Pese a que Welles renegó de un montaje en el que no se le permitió intervenir, este film constituye una apasionante adaptación de la novela de Booth Tarkington. La decadencia económica de la vieja aristocracia americana, suplantada por los nuevos industriales, es el pretexto de un fresco social lleno de significaciones. Su autor adopta una postura ambivalente pero generosa, saludando los nuevos tiempos al mismo tiempo que mira los viejos con nostalgia. (Fotogramas)

Película estrenada en España en octubre de 1944.

Título español: El cuarto mandamiento.

Reparto: Joseph Cotten, Dolores Costello, Anne Baxter, Tim Holt, Agnes Moorehead, Ray Collins, Erskine Sanford, Richard Bennett.




viernes, 11 de septiembre de 2015

The Stranger (1946). Orson Welles


Wilson, un agente de la comisión de crímenes de guerra, está buscando a Franz Kindler, uno de los cerebros de los campos de exterminio nazis, que ha conseguido huir sin dejar huellas. Siguiendo la pista de Meinike, un antiguo camarada de Kindler, llega hasta Harper (Connecticut), donde Meinike es asesinado antes de poder identificar al fugitivo. La única pista que le queda a Wilson es la fascinación del criminal nazi por los relojes antiguos.

Apoyado principalmente en un imponente reparto y en las espléndidas cualidades del director, el film se desarrolla de una manera vertiginosa y sin descanso. Todo funciona a la perfección: el carisma de Robinson, el simbolismo y la fuerza visual de Welles y sus planos “imposibles”, la convicción de su discurso moral, los personajes que completan el cuadro artístico…todo se ensambla perfectamente para conseguir no la película perfecta, pero sí un ejemplo de pasión y de convencimiento personal haciendo cine. Y esto es lo más importante de “El Extranjero”. La seguridad de Welles en su trabajo se hace patente plano a plano, en la tremenda puesta en escena y en el excepcional montaje que salva sin ninguna dificultad cualquier atisbo de problema proveniente principalmente del guión.(El caballero Teutón en Film Affinity)

Según el propio Welles no había nada suyo en esa mala película, y sin lugar a dudas la consideraba su peor film. Incluso se desentendió del guión, que aunque en los créditos aparece a cargo de Victor Trivas, finalmente se encargó de él John Houston, por lo menos según Welles. Por esta misma razón, toda la película está rodada con una sobriedad completamente inusual en el director, nada de planos oblicuos ni extraños ángulos de cámara, lo más discreto posible, y ni siquiera se encargó del montaje. En definitiva, nada que denotase un estilo. (Miradas de cine)

Orson Welles nos vuelve a impresio-nar con un uso tremendamente imaginativo de los posicionamientos de cámara, con picados, contrapicados y tomas oblicuas que nunca son gratuitos –siempre al servicio de la intencionalidad narrativa–. Si a eso se une un trabajo de iluminación y fotografía excepcionales, con claroscuros tenebristas que crean esa atmósfera inquietante en la que se desenvuelve toda la historia, y una generación de sombras que consigue que éstas se conviertan en un personaje más, no cabe más que extasiarse ante tamaña exhibición de alardes técnicos, corroborados y rubricados con un montaje final soberbio.
Y eso no es todo; quizá, con ser tan brillante, ni siquiera es lo más destacable. Aún deslumbra más el manejo de los recursos más estrictamente narrativos, reflejado en multitud de pequeños detalles que terminan conformando, por mera acumulación, una exhibición majestuosa. (Manuel Márquez en La butaca)

"Amores en pleno corazón del nazismo para una historia perfectamente narrada, muy bien interpretada por su atractivo reparto y con un final de los que causan admiración". (Fernando Morales: Diario El País)
Habitualmente reputado como un film menor, por el hecho de ser un encargo algo impersonal, no es en absoluto una obra despreciable. Aunque Welles no participó en la elaboración de la historia, puso su particular mirada en la misma al ponerla en imágenes. Aparentemente, es una intriga más o menos convencional, pero el barroquismo de su construcción llega a extremos de gran riqueza visual. (Fotogramas)

Actualmente la película es de dominio público. Posiblemente fue estrenada en España por TVE el 30 de noviembre de 1983 dentro de un ciclo dedicado al cine negro.

Título español: El extraño.

Reparto: Edward G. Robinson, Loretta Young, Orson Welles, Philip Merivale, Richard Long, Billy House.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Centenario de Orson Welles (1915-2015)


George Orson Welles (Kenosha, Wisconsin, 6 de mayo de 1915 - Hollywood, California, 10 de octubre de 1985) fue un actor, director, guionista y productor de cine estadounidense.
Es considerado uno de los artistas más versátiles del siglo XX en el campo del teatro, la radio y el cine, en los que tuvo excelentes resultados. Alcanzó el éxito a los veintitrés años gracias a la obra radiofónica The War of the Worlds, que causó conmoción en los Estados Unidos cuando muchos oyentes del programa pensaron que se trataba de una retransmisión verdadera de una invasión extraterrestre. Este sensacional debut le valió un contrato para tres películas con el estudio cinematográfico RKO, que le otorgó libertad absoluta en sus realizaciones. A pesar de estos beneficios, sólo uno de sus proyectos previstos pudo ver la luz: Citizen Kane (1941), su película más exitosa.
En 1946, bajo la sospecha de ser comunista, su carrera en Hollywood se estancó y se vio obligado a trasladarse a Europa, donde trabajó como actor para financiar sus producciones. Este suceso fue muy común a lo largo del periodo conocido como Maccarthismo durante el cual numerosos personajes de la vida pública fueron acusados de pertenecer a esta corriente ideológica y, con ello, ser enemigos de los Estados Unidos.
Esta acusación nunca fue verificada, aunque el mismo Welles hizo declaraciones como la que sigue: «Lo malo de la izquierda estadounidense es que traicionó para salvar sus piscinas. Y no hubo unas derechas estadounidenses en mi generación. No existían intelectualmente. Sólo había izquierdas y estas se traicionaron. Porque las izquierdas no fueron destruidas por Mac Carthy; fueron ellas mismas las que se demolieron dando paso a una nueva generación de nihilistas». Pese a su persecución y debido a su triunfo en Europa, en 1958 Welles pudo volver a Hollywood para el rodaje de su película Touch of Evil entre otros títulos de capital relevancia en su carrera.
Entre sus otros muchos proyectos destaca la producción y dirección de películas como Macbeth (1948), Otelo (1952), El proceso (1962) y F for Fake (1975), entre otros. Su última aparición fue en televisión, haciendo un cameo en la teleserie Luz de luna, muriendo cinco días antes de la emisión del capítulo. Su fama creció tras su muerte en 1985 y ahora se le considera uno de los más grandes directores de cine y teatro del siglo XX. En 2002 fue elegido por el British Film Institute como el mejor director de la Historia del cine.

lunes, 30 de junio de 2014

Macbeth (1948). Orson Welles


Inglaterra, Edad Media. Macbeth es un noble caballero escocés. Un día, después de una batalla en la que se gana el favor del monarca, encuentra a tres brujas que le profetizan que algún día llegará a ser Rey. Después del cumplimiento de otras dos profecías formuladas por las brujas, inevitablemente Macbeth se pregunta cómo podrá cumplirse la tercera, ya que el Rey Duncan todavía esta vivo y, además, tiene dos hijos que pueden heredar el trono. En realidad, en cuanto Macbeth escuchó la profecía, la idea del asesinato de Duncan no dejó de rondar por su mente, aunque, al principio la rechazó. Sin embargo, su mujer, cuya ambición y voluntad de poder es más fuerte que la suya, intentará incitarlo a cometer el crimen.

En 1947, Orson Welles comenzó a promover la idea de llevar un drama de Shakespeare a la pantalla cinematográfica. Al principio se trató de despertar el interés de los inversores de una adaptación de Otelo, pero fue incapaz de conseguir apoyo para el proyecto. Trabajando en equipo con el productor Charles K. Feldman, Welles logró convencer a Herbert Yates, el fundador y presidente de Republic Pictures, de la perspectiva de crear una versión cinematográfica de Macbeth. Yates estaba tratando de elevar el nivel de su estudio, que producía westerns de Roy Rogers y otras características de bajo presupuesto, en un estudio de prestigio. Republic ya había intentado presentar films de excéntricas características, entre ellas Celos de Gustav Machatý (1945) y el Espectro de la Rosa de Ben Hecht (1946), así que tener un artista creativo de la estatura de Welles fue considerado como un golpe de efecto artístico.

La escenificación no vacila ante los efectos grandilocuentes y fantásticos, en una decoración de castillo medieval de cartón piedra sobre un plató de estudio. El mismo Welles abre los ojos desmesuradamente y las profundidades de campo para dar a las escenas de locura un expresionismo mudo que parece una respuesta a Iván el Terrible de Serguei Eisenstein.  Estas decoraciones rugosas, salvajes y expresionistas, así como estos efectos cinemtográficos grandiosos (picado, contrapicado y profundidad de campo), evitan a la  película caer en el academicismo de las lecturas habituales de Shakespeare, sobre todo las de Laurence Olivier. Las escenas de locura, gracias a la interpretación de Jeanette Nolan (Lady Macbeth) -entre las cuales la escena de la mano- están particularmente conseguidas así como la escena final del bosque en marcha.

En el estreno americano, Republic probó la película en varios cines. La reacción crítica fue abrumadoramente negativa, con quejas sobre la decisión de Welles de hacer hablar a sus actores con acento escocés y por su decisión de meter el texto de Shakespeare comprimido en un film de 107 minutos. Después de su estreno inicial, Republic hizo que Welles cortara dos rollos del film y le ordenó que gran parte de la banda sonora fuese grabada de nuevo con los actores hablando con sus voces normales y no imitando el acento escocés que Welles pedía inicialmente. La nueva versión fue reestrenada por Republic en 1950. Aunque la reacción crítica aún no apoyó la película, ésta le proporcionó unos pequeños beneficios al estudio.
La versión mutilada de Macbeht estuvo en circulación  hasta 1980, cuando la versión original sin cortes con acento escocés en los diálogos fue restaurada por el Archivo del Cine y la Televisión de la UCLA y la Folger Shakespeare Library . La opinión crítica sobre la película había mejorado drásticamente desde su lejano estreno y muchos consideraban el film como uno de los más notables de Orson Welles.

Primera adaptación cinematográfica de un texto de Shakespeare por parte del genio Welles -tras haber realizado varios montajes teatrales de las obras del escritor inglés. Rodada en apenas un mes y con reducido presupuesto, fue en su día un fracaso de crítica y público. (Film Affinity)

"Obra maestra que da cuerpo a las palabras del autor con una apabullante sensación de realidad. Un Macbeth atormentado y espectral: nunca su tragedia tuvo en el cine tanto rigor, tanta fuerza física y visual. Tampoco fue nunca tan radicalmente amarga" (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

La siempre enriquecedora combinación de los talentos de Shakespeare y Welles dio como fruto una versión donde la economía -tanto de medios como de recursos expresivos- se convierte en baza fundamental. A partir de esta simplificación logra sacarse a la superficie toda la complejidad de la obra adaptada, con una potencia que no siempre ha sido comprendida. (Fotogramas)

Reparto: Orson Welles, Jeanette Nolan, Dan O'Herlihy, Roddy McDowall, Edgar Barrier, Alan Napier.



viernes, 19 de julio de 2013

Touch of Evil (1958). Orson Welles


Un agente de la policía de narcóticos (Heston) llega a la frontera mexicana con su esposa justo en el momento en que explota una bomba. Inmediatamente se hace cargo de la investigación contando con la colaboración de Quinlan (Welles), el jefe de la policía local, muy conocido en la zona por sus métodos expeditivos y poco ortodoxos. Una lucha feroz se desata entre los dos hombres, pues cada uno de ellos tiene pruebas contra el otro.

Obra maestra de Welles de deslumbrante reparto y compleja historia sobre el poder y la corrupción. Atención a su escena de apertura, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena, y sin duda uno de los mejores comienzos de la historia del cine. (Pablo Kurt en Film Affinity)

"Sobresaliente filme (...) la magnífica dirección de Orson Welles eleva a la categoría de clásico esta intriga policiaca (...) ejercicio de estilo inigualable". (Fernando Morales: Diario El País)

Como en "La dama de Shanghai", Welles se basó en una discreta novela negra, de Whit Masterson, para desarrollar una compleja historia cuyos ejes vertebradores son la Justicia, la Corrupción y el Poder. Film de desarrollo tan impecable como brillante, sus cinco primeros minutos son ya una verdadera lección de narración alambicada pero tremendamente clarificadora. El resto sigue la misma tónica. (Fotogramas)

Título español: Sed de mal.
Reparto: Charlton Heston, Orson Welles, Janet Leigh, Akim Tamiroff, Marlene Dietrich, Joseph Calleia.


miércoles, 20 de junio de 2012

Citizen Kane (1941). Orson Welles


Un importante financiero estadounidense, Charles Foster Kane, dueño de una importante cadena de periódicos, de una red de emisoras, de dos sindicatos y de una inimaginable colección de obras de arte, muere en Xanadú, su fabuloso castillo de estilo oriental. La última palabra que pronuncia antes de expirar, ”Rosebud”, cuyo significado es un enigma, despierta una enorme curiosidad tanto en la prensa como entre la población. Así las cosas, un grupo de periodistas emprende una investigación para desentrañar el misterio.
Plena guerra en Europa, los japonenes a punto de atacar Pearl Harbor... y mientras tanto un primerizo llamado Orson Welles revoluciona el cine con una descomunal exhibicion de talento. Sentenciada como la película que marca un antes y un después en la historia del séptimo arte, la "number one" en todas las listas de los críticos de las últimas décadas, "Citizen Kane" es una obra de arte de un poder insultante, una película magistral realizada por un joven prodigio de sólo 26 años de edad, que inventa con insólita personalidad -y de golpe- varios conceptos cinematográficos de primer orden. Insistiendo en que hoy está indiscutiblemente considerada como la mejor película de todos los tiempos, el caso es que en su día ni obtuvo un gran éxito de público ni se llevó los premios que, quizá, la juventud y poca modestia de su director le privaron de conseguir (el film obtuvo 1 Oscar al guión de 9 nominaciones), aunque bien es cierto que ese año compitió con directores consagrados de la talla de John Ford, Howard Hawks o William Wyler, nada menos. Sin duda alguna, palabras mayores del firmamento del cine (Pablo Kurt).
Esta es la opera prima más atípica de la historia del cine, tal es su madurez expresiva. La biografía encubierta del magnate de la prensa William Randolph Hearst fue el pretexto que utilizó Welles para realizar la radiografía moral no sólo de un personaje sino también de una sociedad y una época. Su profunda complejidad y la perfección de su alambicada composición formal la convierten en una indiscutible obra maestra.

Reparto: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane.
Título español: Ciudadano Kane.