jueves, 12 de febrero de 2026

La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). Rob Reiner

La princesa prometida (1987), dirigida por Rob Reiner, es una obra que ha trascendido su modesto éxito inicial en taquilla para convertirse en un clásico de culto fundamental del cine de los ochenta. Basada en la novela homónima de William Goldman de 1973, quien también escribió el guion, la película narra una aventura épica que combina de forma magistral la fantasía, la comedia y el romance. Aunque su recepción en salas fue discreta, su posterior disponibilidad en formato doméstico y constantes reposiciones televisivas permitieron que el público descubriera su carisma y encanto particular a lo largo de las décadas.

El resultado –gracias a Rob Reiner, realizador además de productor- es una película sumamente divertida que juega en la cuerda floja del humor trenzado con la acción, sin caer en ningún momento en las procelosas simas de lo cursi o lo ridículo y sin aburrir, por supuesto. (Pedro Crespo en ABC del 31 de diciembre de 1987)

La estructura narrativa de la cinta se apoya en un recurso metaficcional donde un abuelo visita a su nieto enfermo para leerle un libro que ha pasado por generaciones en su familia. Este marco narrativo simplifica los complejos niveles de ficción de la novela original, donde Goldman utilizaba narradores ficticios como S. Morgenstern para crear un "Frankenstein narrativo". En el filme, la interacción entre el abuelo y el niño permite al espectador participar en la historia mientras se omiten las "partes aburridas" para centrarse en la emoción pura y la aventura.

El núcleo de la trama es el "amor verdadero" entre la bella Buttercup y el mozo de caballerizas Westley. Tras la supuesta muerte de Westley a manos del temible pirata Roberts, Buttercup se ve obligada a comprometerse con el malvado príncipe Humperdinck. La historia se complica con el secuestro de la joven por un trío de proscritos —el estratega Vizzini, el espadachín Íñigo Montoya y el gigante Fezzik—, lo que desencadena una serie de duelos de ingenio y esgrima que han quedado grabados en la memoria colectiva.

Una de las mayores virtudes de la dirección de Rob Reiner es el equilibrio casi perfecto entre la parodia de los tropos de caballería y la seriedad de los conflictos emocionales. La película funciona como una sátira amorosa de los clásicos de capa y espada de la época dorada de Hollywood, pero mantiene siempre unos intereses reales que evitan que la historia se vuelva ridícula o vacía. Este tono distintivo, que mezcla la dulzura con una pizca de dureza satírica, se convirtió en el sello distintivo de Reiner.

La banda sonora compuesta por Mark Knopfler es otro pilar esencial que aporta calidad y una atmósfera de cuento de hadas inconfundible. Reiner contrató al líder de Dire Straits convencido de que era el único capaz de capturar la peculiaridad romántica del relato. Temas como "Once Upon a Time… Storybook Love", nominado al Óscar, no solo acompañan la acción, sino que visten de gala a la película, haciendo que las escenas parezcan incluso más hermosas de lo que ya son.

El rodaje estuvo marcado por anécdotas que reflejan la entrega del reparto, como el entrenamiento de meses de Cary Elwes y Mandy Patinkin para un duelo de esgrima tan veloz que tuvo que ser ampliado porque la coreografía original duraba demasiado poco. Asimismo, destaca la brillante improvisación de Billy Crystal como el Milagroso Max, cuya actuación fue tan cómica que el director y el protagonista tuvieron que ser expulsados del set por no poder contener la risa. Las localizaciones reales en el Reino Unido e Irlanda, como los Acantilados de Moher, otorgaron a la producción una autenticidad visual que el CGI no podría replicar.

Desde una perspectiva de psicología analítica, la película ha sido analizada como una representación del "viaje del héroe" o monomito. Westley encarna al héroe que debe enfrentarse a su sombra (representada por Humperdinck) y superar diversas pruebas de iniciación para alcanzar la plenitud y la unión con su ánima, Buttercup. Esta carga simbólica y arquetípica es, posiblemente, lo que genera esa fascinación profunda y duradera en espectadores de todas las edades.

En conclusión, La princesa prometida es mucho más que una simple película de aventuras para niños; es una brillante reflexión sobre el arte de contar historias y la persistencia de los mitos en la cultura moderna. Su éxito reside en una honestidad inusual que permite al espectador reírse de los clichés mientras se emociona con ellos. Como señala el propio William Goldman, es una obra excepcional que simplemente "funcionó" gracias a una alineación única de talento, guion y dirección, consolidándose como un fenómeno cultural que, como el amor verdadero, nunca pasa de moda.

Película estrenada en Madrid el 18 de diciembre de 1987 en los cines Roxy B, Azul, Narváez y La Vaguada.

Reparto: Cary Elwes, Robin Wright, Mandy Patinkin, Chris Sarandon, Christopher Guest, Wallace Shawn, André The Giant, Peter Falk, Billy Crystal.

lunes, 9 de febrero de 2026

El mundo en sus manos (The World in His Arms, 1952). Raoul Walsh

El mundo en sus manos (1952), dirigida por el veterano Raoul Walsh, es una de las películas de aventuras marítimas más vibrantes y representativas de la era dorada de Hollywood. La cinta, basada en una novela de Rex Beach, sitúa su acción en el año 1850 y destaca por una puesta en escena llena de energía y ganas de vivir. El reparto principal está encabezado por Gregory Peck, quien interpreta al intrépido Capitán Jonathan Clark, acompañado por Ann Blyth como la condesa rusa Marina Selanova y Anthony Quinn en el papel del carismático rival apodado "El Portugués". La producción, a cargo de Aaron Rosenberg para Universal, contó con un sólido guion de Borden Chase y diálogos adicionales de Horace McCoy.

Si el espectador se libra de prejuicios, mejor de sedimentos, intelectuales y estéticos, en cuanto a cargazón de efectos literarios y de tonalidades, y algun que otro anacronismo, puede entretenerse con la cinta, que tiene una movida peripecia y que termina con la boda del valiente marino y la condesa, y, naturalmente, con el negocio de Alaska a favor, por fortuna –y esto es un hecho cierto del pasado y no producto de la imaginación- de los americanos. (Donald en ABC del 27 de diciembre de 1952)

La trama se desarrolla inicialmente en el San Francisco de mediados del siglo XIX, donde el capitán Clark, conocido como el "Hombre de Boston", planea la ambiciosa compra de Alaska a los rusos. Su destino cambia al conocer a la condesa Marina, quien huye de un matrimonio concertado con el cruel príncipe Semyon y busca protección en Sitka. Tras una noche de romance por la ciudad, Clark se enamora perdidamente, pero la condesa es capturada por Semyon y llevada de vuelta a territorio ruso. Creyendo erróneamente que ha sido traicionado, el capitán se embarca en una carrera de goletas contra su rival, "El Portugués", apostando su propia embarcación en un viaje desesperado hacia el norte.

La rivalidad entre Clark y "El Portugués" constituye uno de los ejes motores del filme, presentando un duelo vitalista entre dos hombres de acción. Mientras que el personaje de Peck combina nobleza y brusquedad, el de Anthony Quinn es descrito como un pícaro adorable que sobreactúa de forma tumultuosa y efectiva. Ambos capitanes terminan uniendo fuerzas contra el despotismo imperial ruso tras ser capturados y llevados encadenados a Sitka. El rescate final de la condesa y el duelo a espada contra Semyon culminan en una de las imágenes más románticas de la historia del cine: Clark abrazando a su amada mientras maneja el timón de su goleta bajo un cielo estrellado.

Un aspecto técnico fundamental fue el rodaje de las escenas marítimas en la costa de Lunenburg, Nueva Escocia, debido a que el puerto contaba con el tipo de naves necesarias para representar embarcaciones del siglo XIX. Se utilizaron goletas reales como la "Margaret B. Tanner" y la "Shirley C", las cuales fueron remodeladas y equipadas con velas nuevas que debieron ser envejecidas artificialmente con aserrín y negro de humo. Aunque los actores principales no estuvieron presentes en el rodaje en alta mar debido a restricciones presupuestarias, el director de la segunda unidad, James Havens, capturó durante 50 días algunas de las mejores secuencias de navegación jamás filmadas. Estas tomas reales se intercalaron posteriormente con primeros planos de los protagonistas grabados en estudio.

La dirección de Raoul Walsh se caracteriza por un sentido del movimiento incesante que define la psicología de sus personajes. A diferencia de otros directores clásicos, Walsh solía "atropellar" el guion, acelerando el ritmo y triturando las elipsis para otorgar una sensación de frescura y naturalidad a la aventura. La cámara acompaña constantemente el avance seguro de Jonathan Clark, utilizando travellings y panorámicas que refuerzan su carácter de hombre de acción. Además, el uso de la belleza y grandeza del paisaje sirve como recurso visual para expresar el enamoramiento de los protagonistas.

El filme también incorpora un sorprendente matiz pro-ecologista, adelantado a su tiempo, a través de la profesión del protagonista. Jonathan Clark es presentado como un cazador de focas que practica una explotación responsable, capturando solo machos para asegurar la reproducción y supervivencia de la especie. Esto contrasta directamente con los cazadores rusos, quienes son retratados realizando carnicerías que amenazan con la extinción de las focas. Esta faceta refuerza la imagen de Clark como el espíritu del éxito estadounidense basado en el respeto al equilibrio natural, frente a la crueldad del sistema imperial.

En conclusión, "El mundo en sus manos" es una obra maestra del género que destaca por su ritmo vibrante y su lirismo romántico, evitando los tiempos muertos habituales en otras cintas de la época. Su influencia es palpable en superproducciones posteriores como Indiana Jones o Master and Commander, consolidándose como un espejo del mejor cine de aventuras clásico. Aunque algunos críticos la consideran un "espectáculo de Hollywood" poco convencional, la crítica general alaba su autenticidad y la capacidad redentora de sus imágenes en movimiento. Es, en definitiva, un ejercicio de creatividad espontánea donde Walsh demuestra su mayor momento de inspiración pictórica y narrativa.

Película estrenada en Madrid el 26 de diciembre de 1952 en los cines Carlos III y Roxy B.

Reparto: Gregory Peck, Ann Blyth, Anthony Quinn, John McIntire, Andrea King, Carl Esmond, Sig Ruman, Bill Radovich.

jueves, 5 de febrero de 2026

Brubaker (1980). Stuart Rosenberg

Lanzada en 1980 y dirigida por Stuart Rosenberg, la película Brubaker es considerada una de las obras más destacadas en la carrera de su director, situándose junto a La leyenda del indomable (Cool Hand Luke) como un pilar del cine de prisiones. El filme está protagonizado por Robert Redford, quien interpreta a Henry Brubaker, un nuevo alcaide que asume el reto de reformar un sistema penal corrupto y violento en una granja penal de Arkansas. A diferencia de otros vehículos de lucimiento para estrellas de la época, esta cinta adopta una postura política contundente, alineándose con una visión liberal que desprecia el compromiso político cuando este se vuelve contraproducente para una sociedad justa.

“Brubaker”, en definitiva, es una película humanista y, si se quiere, un tanto maniquea, porques su protagonista no cuestiona la “injustícia” del sistema que hipócritamente considera a Wakefield como un establecimiento de “utilidad pública”, con tal de que resulte “rentable” a la comunidad, en lugar de ser “gravoso”. Pero, junto a una nueva visión –hasta cierto punto emparentada con las numerosísimas incursions del cine americano en el mundo carcelario- de la prisión, es también y fundamentalmente una narración que interesa por su bien dosificado dramatismo y por la excelente interpretación de Robert Redford... (Pedro Crespo en ABC del 7 de febrero de 1981)

La trama utiliza un recurso narrativo ingenioso: Brubaker entra en la prisión de Wakefield de incógnito, disfrazado como un recluso recién llegado. Durante sus primeros días, es testigo presencial de abusos sistémicos, que incluyen torturas, asaltos sexuales, comida infestada de gusanos y un sistema de fraude generalizado donde los negocios locales utilizan a los presos como mano de obra esclava. Tras revelar su verdadera identidad durante un tenso enfrentamiento, Brubaker asume su cargo oficialmente, provocando el asombro tanto de los guardias corruptos como de los prisioneros deshumanizados.

Una vez en el poder, el protagonista inicia una cruzada personal de reforma centrada en la rehabilitación y los derechos humanos. Esto lo lleva a un conflicto directo con la junta de prisiones del estado, descrita en las fuentes como una manifestación de las maquinaciones corporativas capitalistas que se benefician del statu quo. Brubaker despide a personal corrupto, detiene el uso de prisioneros como esclavos y forma un consejo de reclusos para que puedan autogobernarse, desafiando a las estructuras de poder que han lucrado con el sistema durante décadas.

El filme posee una base histórica sólida, pues se inspira libremente en el libro de no ficción de 1969 Accomplices to the Crime: The Arkansas Prison Scandal, escrito por Tom Murton y Joe Hyams. Murton fue un alcaide real contratado a finales de los 60 para modernizar las granjas penales de Arkansas, pero fue despedido en menos de un año tras generar publicidad negativa para el estado al descubrir fosas comunes de prisioneros asesinados. Esta conexión con eventos reales otorga a la narrativa una autenticidad cruda que resalta temas de reforma judicial todavía vigentes hoy en día.

Desde una perspectiva técnica, Rosenberg adopta un enfoque quasi neorrealista, donde la acción física se complementa con conversaciones políticas reveladoras, fruto del guion de W. D. Richter, que fue nominado al Oscar. El director utiliza primeros planos íntimos para orquestar momentos de gran catarsis emocional, como la escena final en la que los prisioneros aplauden en unidad mientras Brubaker es obligado a abandonar las instalaciones tras negarse a encubrir el escándalo de las tumbas. El reparto de apoyo es excepcional, incluyendo a un joven Morgan Freeman y a Yaphet Kotto como Dickie Coombes.

En el ámbito comercial y crítico, Brubaker fue un éxito rotundo. Producida con un presupuesto de entre 9 y 13 millones de dólares, la película recaudó más de 37 millones de dólares en Norteamérica, convirtiéndose en la decimonovena película más taquillera de 1980. Además de su nominación al Premio de la Academia por su guion, la cinta obtuvo el Golden Reel Award a la mejor edición de sonido, consolidando su estatus como un drama potente y bien ejecutado que capturó la atención nacional sobre los abusos en los sistemas penitenciarios.

El legado de la película se extiende a través de su impacto en el género de dramas carcelarios, influyendo en obras posteriores como The Last Castle (2001). Al final de la cinta, un texto informa que dos años después del despido de Brubaker, una demanda liderada por los reclusos logró que los tribunales declararan inconstitucional el trato en Wakefield, ordenando su reforma o cierre. De este modo, la película trasciende el mero entretenimiento para actuar como un llamado a la acción contra la complacencia ante la injusticia institucional.

A pesar de su éxito, Brubaker no está exenta de críticas. El célebre crítico Roger Ebert señaló que la película a veces sacrifica la dimensión humana de sus personajes en favor de sus posiciones ideológicas, presentando roles arquetípicos como el "reformador idealista" o el "político pragmático" de forma demasiado rígida. Asimismo, desde el análisis del realismo carcelario, se puede argumentar que el filme refuerza la idea de la prisión como una necesidad inevitable, enfocándose en reformar el sistema para hacerlo más humano en lugar de cuestionar su existencia misma. No obstante, su postura izquierdista totalizadora y su negativa a aceptar el compromiso político la mantienen como una obra valiente y necesaria dentro del cine político de Hollywood.

Película estrenada en Madrid el 4 de febrero de 1981 en los cines Real Cinema, Richmond, Luchana y Torre de Madrid. 

Reparto: Robert Redford, Yaphet Kotto, Jane Alexander, Murray Hamilton, David Keith, Tim McIntire, Morgan Freeman.


lunes, 2 de febrero de 2026

Los profesionales (The Professionals, 1966). Richard Brooks


Los Profesionales (1966)
, escrita, producida y dirigida por Richard Brooks, se erige como un pilar del western revisionista que desafió las convenciones del género en su época. La película es una adaptación de la novela A Mule for the Marquesa de Frank O’Rourke, aunque Brooks cambió el título para atraer a una audiencia más amplia y enfatizar las habilidades de sus protagonistas. Con un presupuesto que aumentó de 3.5 a más de 5 millones de dólares debido al perfeccionismo del director, el filme terminó siendo un rotundo éxito comercial, recaudando casi 20 millones de dólares y obteniendo tres nominaciones al Óscar.

Brooks no suele hacer films de encargo y éste lo demuestra en el deseo de ir más allá de lo habitual en el género. Aparte de un par de fallos en la mecánica narrativa (...), esta producción posee calidad suficiente para no desmerecer de otras obras de Brooks. La atractiva psicología de los tipos y la habilidad con que está planteada la historia, aparte de una dirección siempre correcta, logran mantener en tensión al espectador. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 24 de diciembre de 1967)

La trama se sitúa en 1917, durante los estertores de la Revolución Mexicana, donde el magnate ferroviario J.W. Grant contrata a cuatro especialistas para rescatar a su esposa, Maria, supuestamente secuestrada por el líder revolucionario Jesús Raza. Este contexto histórico permite que la película explore la transición de la era del caballo y el revólver hacia la modernidad de las ametralladoras y los automóviles. Sin embargo, la misión revela una verdad más compleja: Maria no es una víctima, sino una mujer que ha regresado voluntariamente con Raza, su verdadero amor y antiguo compañero de lucha.

El reparto estelar es uno de los puntos más fuertes de la cinta, encabezado por Burt Lancaster como Bill Dolworth, un experto en explosivos, y Lee Marvin como Rico Fardan, un estratega táctico. Junto a ellos, Robert Ryan interpreta a un sensible arreador de caballos y Woody Strode a un experto rastreador y arquero, cuyo papel fue ampliado por Brooks tras quedar impresionado por su presencia en pantalla. La autenticidad de sus interpretaciones se vio reforzada por el hecho de que Lancaster, Marvin, Ryan y Strode poseían experiencia militar real, habiendo servido en la Segunda Guerra Mundial.

La producción fue un auténtico desafío de supervivencia en locaciones extremas como el Valle de la Muerte y el Valley of Fire, donde el equipo enfrentó temperaturas de más de 48°C e inundaciones repentinas. El rodaje estuvo marcado por la tragedia cuando el especialista Keith Peacock falleció en un accidente ecuestre, un evento que ensombreció el set. Además, la tensión entre los protagonistas era constante: Lancaster, un profesional disciplinado, chocaba frecuentemente con un Marvin que a menudo llegaba ebrio al rodaje, llegando incluso a amenazar con lanzarlo desde una montaña durante una escena difícil.

Desde el punto de vista técnico, la cinematografía de Conrad L. Hall fue innovadora, utilizando luz natural y complejas técnicas de "día por noche" para capturar la belleza letal del desierto. Las escenas ferroviarias se rodaron en el Eagle Mountain Railroad de California, utilizando una locomotora vintage restaurada y efectos prácticos que daban un realismo imposible de replicar con tecnología moderna. Brooks insistió tanto en la autenticidad que las explosiones reales en el set llegaron a dejar a Burt Lancaster temporalmente sordo.

La película no solo ofrece aventura, sino que sirve como una metáfora de la Guerra de Vietnam, reflejando el desencanto con la violencia y la ambigüedad moral de las intervenciones extranjeras. A través de diálogos afilados y cínicos, Brooks cuestiona quiénes son realmente los "buenos", sugiriendo que la ideología a menudo es una máscara para el interés propio. Asimismo, el filme rompió barreras sociales al presentar el primer desnudo en un western comercial y al tratar el personaje afroamericano de Woody Strode con una dignidad poco común para la época.

Finalmente, los personajes femeninos, Maria (Claudia Cardinale) y Chiquita (Marie Gomez), desafían los arquetipos tradicionales del western al no ser simples damiselas en apuros o figuras decorativas, sino mujeres con autonomía política y sexual. Maria, en particular, es el motor que transforma una misión de rescate en un profundo dilema moral sobre la libertad y la lealtad. Al final, los mercenarios eligen el honor y la causa revolucionaria por encima del dinero del capitalista Grant, consolidando su identidad como verdaderos profesionales de su oficio.

Los Profesionales es mucho más que un simple espectáculo de acción; es una obra que redefine el heroísmo a través de la lente del cinismo y el profesionalismo. Su legado perdura gracias a un guion magistralmente escrito por Brooks, que equilibra el espectáculo visual con una profunda reflexión sobre la futilidad de la guerra y la corrupción del poder. La película logra que la audiencia empatice con mercenarios que, a pesar de sus rostros curtidos y su aparente amoralidad, poseen una integridad que supera a la de su adinerado empleador. Es un testamento de una era cinematográfica donde la destreza técnica de artesanos como Conrad Hall y la presencia magnética de estrellas como Lancaster y Marvin se combinaron para elevar un género tradicional a una sofisticada crítica social. En última instancia, nos enseña que, en un mundo lleno de caos y traición, lo único que queda es hacer lo necesario con la mayor pericia posible.

Película estrenada en Madrid el 22 de diciembre de 1967 en el cine Amaya.

Reparto: Burt Lancaster, Lee Marvin, Robert Ryan, Jack Palance, Ralph Bellamy, Claudia Cardinale, Woody Strode.

jueves, 29 de enero de 2026

La guerra de papá (1977). Antonio Mercero

La guerra de papáestrenada en 1977 bajo la dirección de Antonio Mercero, es una de las adaptaciones cinematográficas más exitosas de la obra de Miguel Delibes, basada específicamente en su novela de 1973, El príncipe destronado. La película se sitúa en la España de la década de los sesenta y utiliza el entorno de una familia de clase media-alta para ofrecer una mirada aparentemente sencilla, pero con un mensaje profundo sobre la sociedad de la época. Su estreno coincidió con la Transición española, convirtiéndose en un fenómeno de taquilla que recaudó más de 361 millones de pesetas, a pesar de ser catalogada inicialmente como un "filme blanco" o familiar.

“La guerra de papá” es una sensible y cuidada traslación cinematogràfica de la novela “El príncipe destronado”, de Miguel Delibes. (...) Horacio Valcárcel y el propio Antonio Mercero –que también ha sido coguionista- han acentuado el leve sustrato político que alentaba en la novela elevándolo de tono y llevándolo al titulo absolutamente significativo: “La guerra de papà” (...) Pero la película no se resiente por ello; quizá la carga de humanidad y verosimilitud que contienen los personajes y el ambiente permanece y se asienta en las imágenes. Mercero, por su parte, como responsable de las mismas, ha efectuado un correcto trabajo de planificación y una magnífica labor como director de actores. (Pedro Crespo en ABC del 14 de septiembre de 1977)

El eje central de la trama es Quico, un niño de casi cuatro años interpretado por Lolo García, quien sufre el síndrome del "príncipe destronado" tras el nacimiento de su hermana menor, Cristina. La historia transcurre a lo largo de un solo día en el que Quico, sintiéndose relegado a un segundo plano, intenta recuperar la atención de los adultos mediante travesuras y un vocabulario que incluye palabras como "mierda" o "cagao". La interpretación de Lolo García, con su carismática apariencia de rizos rubios y ojos azules, se convirtió en el corazón del filme y le valió un gran reconocimiento popular.

La película funciona como un retrato costumbrista de 1964, capturando la esencia de una época donde la infancia convivía con Chupa Chups y tabaco Ducados. Mercero logra recrear una atmósfera doméstica opresiva y cerrada, ya que casi toda la acción ocurre dentro del piso familiar en Madrid, con breves excepciones como las visitas al médico. A través de los ojos de Quico, el espectador observa detalles de la vida cotidiana de aquel entonces, como las inyecciones intramusculares, el uso de "Calcio 20" y el hecho de que se fumara habitualmente en presencia de niños y médicos.

El reparto es un pilar fundamental de la obra, destacando a Héctor Alterio como el padre autoritario y belicoso, y a Teresa Gimpera como la madre subyugada que intenta mediar en las tensiones familiares. También sobresale Verónica Forqué en el papel de Vito, la asistenta por la que Quico siente un gran cariño, y Rosario García Ortega como la Domi, la niñera que prefiere a la hermana pequeña. Estos personajes secundarios ayudan a construir el microcosmos de la España de la posguerra, donde las jerarquías sociales entre la burguesía y el servicio estaban muy marcadas.

Una diferencia clave respecto a la novela es el cambio de título, que desplaza el interés desde la psicología infantil hacia el conflicto sociopolítico. Mientras que Delibes se centraba en el complejo del niño, Mercero utiliza el concepto de "la guerra de papá" para aludir a las secuelas de la Guerra Civil y la ideología del régimen franquista que el padre intenta perpetuar. En una escena clave durante la comida familiar, el padre define la guerra con crudeza: "matar y que no te maten", revelando cómo la violencia del pasado sigue presente en el hogar a través de los juegos de los niños con armas.

La película también explora el machismo imperante y el conflicto generacional incipiente. El padre representa los valores rígidos y llega a negar la capacidad de pensamiento de las mujeres, mientras que su hijo mayor, Pablo, ya muestra reticencias ante las imposiciones ideológicas de su progenitor, prefigurando el espíritu pacifista de los años posteriores. Quico, en su inocencia, absorbe este entorno y cuestiona si él también deberá ir a la guerra, lo que subraya cómo las estructuras de poder influyen en la formación de la personalidad desde la infancia.

Finalmente, La guerra de papá es recordada como un ejemplo del cine de la "Tercera Vía", una tendencia que buscaba un punto medio entre el cine de autor intelectual y la comedia comercial de consumo masivo. Aunque la crítica de la época a veces la consideró una obra menor frente al cine político más explícito, su capacidad para combinar ternura y sátira social ha permitido que sea revalorizada con los años. La película termina dejando un mensaje agridulce sobre la dificultad de romper con las dinámicas heredadas de una historia de confrontación.

La guerra de papá trasciende la etiqueta de comedia infantil para convertirse en una denuncia sobre la persistencia de los conflictos bélicos en la vida cotidiana. Su mayor acierto reside en utilizar la mirada limpia de un niño para desnudar las hipocresías y la rigidez de un mundo adulto marcado por el trauma y el autoritarismo. El final, donde la madre expresa su deseo de que la guerra termine definitivamente, resuena como un anhelo de paz que, según los análisis, sigue teniendo validez décadas después. En última instancia, la obra nos recuerda que cualquier guerra, incluso la que se hereda de los padres, termina siendo la guerra de todos.

Película estrenada en Madrid el 19 de septiembre de 1977 en el Albéniz Cinema.

Reparto: Lolo García, Teresa Gimpera, Verónica Forqué, Queta Claver, Héctor Alterio, Rosario García Ortega, Vicente Parra.