jueves, 26 de febrero de 2026

Cita en Hong Kong (Soldier of Fortune, 1955). Edward Dmytryk

Soldier of Fortune (1955) es una producción de aventura y drama romántico de la 20th Century Fox, dirigida por Edward Dmytryk, un cineasta cuya carrera estuvo marcada por su inclusión en los "Diez de Hollywood" y su posterior regreso a los grandes estudios. La película, ambientada en el exótico Hong Kong de la posguerra, está protagonizada por Clark Gable y Susan Hayward. Filmada en CinemaScope y DeLuxe Color, la cinta buscaba aprovechar el atractivo visual de las localizaciones asiáticas, un recurso novedoso para el público de la época.

El ambiente exótico y la acción llena de lances trepidantes, aunque convencionales, hacen que la película que presenta el Palacio de la Música,  “Cita en Hong Kong”, entretenga a los espectadores. (...) Naturalmente que con la trama llena de movimiento, a menudo llena de violencia –abundan las peleas a puñetazos y el manejo de las armas de fuego-, aliciente considerable es el exotismo de la ambientación. (Donald en ABC del 29 de marzo de 1959)

La trama sigue a Jane Hoyt (Hayward), quien llega a Hong Kong en busca de su esposo, un fotoperiodista encarcelado en la China comunista bajo sospecha de espionaje. Al encontrar poca ayuda en los canales oficiales, Jane recurre a Hank Lee (Gable), un expatriado estadounidense que ha hecho fortuna mediante el contrabando y otras actividades turbias. El núcleo de la historia reside en el rescate del esposo y en el inevitable romance que surge entre la protagonista y el carismático Lee.

El guion fue obra de Ernest K. Gann, quien adaptó su propia novela publicada en 1954. Gann conocía bien el entorno, ya que había vivido en Hong Kong durante su juventud. Aunque actores como John Wayne mostraron interés inicial en la propiedad, el proyecto se consolidó como un vehículo para el lucimiento de Gable, quien pidió específicamente que el estudio comprara los derechos para él. La dirección de Dmytryk se centró en la profesionalidad técnica y en el manejo de estrellas de gran calibre.

Un aspecto singular de la producción es que Susan Hayward nunca viajó a Hong Kong para el rodaje. Debido a una complicada batalla legal por la custodia de sus hijos, la actriz tuvo que filmar todas sus escenas en los estudios de Hollywood. Para mantener la ilusión de su presencia en Asia, el equipo utilizó dobles de espalda en lugares emblemáticos como el edificio del HSBC y el puerto de Aberdeen, intercalando estas tomas con decorados interiores construidos en California.

La música, compuesta por Hugo Friedhofer, es otro de los pilares del filme, destacando por un tema de amor melancólico y el uso de texturas asiáticas que refuerzan la atmósfera exótica. Lamentablemente, parte de la partitura original sufrió daños severos por almacenamiento durante décadas, aunque los fragmentos rescatados siguen siendo valorados por su sofisticación armónica. A nivel técnico, la película también es recordada por el uso expansivo del CinemaScope, aunque algunos críticos señalaron que la puesta en escena a veces dejaba vacíos innecesarios en la pantalla.

En cuanto a la dirección de actores, Dmytryk, conocido por ser un "director de actores", permitió que Gable operara en un "modo de crucero", confiando en su carisma natural más que en un esfuerzo dramático extenuante. Por su parte, Hayward interpretó a una mujer intrigada por el primer hombre maduro que conocía, en contraste con el carácter más juvenil de su esposo en la ficción. No obstante, algunos críticos contemporáneos consideraron que el ritmo de la película era lento y que la atracción de Hayward por el contrabandista estadounidense no resultaba del todo convincente.

El valor de Soldier of Fortune ha crecido con los años como documento histórico visual de un Hong Kong desaparecido. La película captura escenas del Peak Tram, el antiguo cuartel de la Policía Marina y la vida en el puerto de Aberdeen antes de las transformaciones urbanas modernas. Aunque fue recibida con frialdad por críticos influyentes como Bosley Crowther, quien la tildó de ficción implausible, su factura técnica y su reparto estelar la mantienen como un ejemplo representativo del cine de aventuras de la Edad de Oro.

En última instancia, Soldier of Fortune se sostiene más como un ejercicio de profesionalidad técnica y carisma estelar que como una obra maestra del género. Si bien la química entre Gable y Hayward es innegable, el guion a menudo cae en convencionalismos que la alejan de la profundidad de otras obras de Dmytryk, como The Caine Mutiny. Su mayor mérito reside en su capacidad para transportar al espectador a una época y lugar específicos, funcionando como una sofisticada cápsula del tiempo que, a pesar de sus debilidades narrativas, ofrece un entretenimiento sólido y visualmente estimulante.

Película estrenada en Madrid el 27 de marzo de 1959 en el cine Palacio de la Música.

Reparto: Clark Gable, Susan Hayward, Michael Rennie, Gene Barry, Tom Tully, Alexander D'Arcy, Anna Sten, Russell Collins.

lunes, 23 de febrero de 2026

Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass, 1961). Elia Kazan

Estrenada en 1961, Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass) representa una pieza fundamental en la filmografía de Elia Kazan, cerrando una década de obras maestras que exploraron la marginación y la psique estadounidense. Escrita por William Inge, la película se sitúa en Kansas a finales de la década de 1920, pero funciona como una crítica mordaz a la moralidad puritana y la hipocresía social de mediados del siglo XX. La trama sigue a dos adolescentes, Deanie Loomis y Bud Stamper, cuyo amor romántico se ve asfixiado por las restricciones sexuales impuestas por su entorno, lo que conduce a una tragedia personal marcada por la represión.

Es película valiente y de peligrosos matices por la misma dificultad que plantea la llegada de la pubertat. Y cuando, como en este caso, se trata de exponer tan grave problema de una manera dramàtica y concreta, sólo la mano maestra de Elia Kazan es capaz de sortear el espinoso camino con realismo y con limpieza, sin hurtar ninguna dificultad, pero tocándolas todas con finísimo tacto. (...) “Esplendor en la yerba” es una película importante, obra legítima de un veterano maestro y buena para el recuerdo y hasta para la meditación. Película con amarga y mansa moraleja. (Gabriel García Espina en ABC del 29 de enero de 1963)

Los protagonistas, interpretados por Natalie Wood y Warren Beatty, encarnan la lucha entre el deseo natural y las normas de conducta "adecuadas". Mientras Bud lidia con la presión de su padre y su propia frustración física, Deanie es bombardeada por las advertencias de su madre sobre la castidad, bajo la premisa de que las "chicas buenas" no deben tener sentimientos sexuales. Esta tensión constante entre el instinto y la represión se convierte en el motor destructivo de su relación, llevando a los personajes al borde del colapso mental y moral.

El conflicto generacional es un tema central, donde los padres actúan como los "asesinos" del amor romántico en nombre de virtudes caducas. Ace Stamper, un millonario hecho a sí mismo, y la Sra. Loomis, una mujer dominante, imponen a sus hijos una visión del éxito y la respetabilidad que ignora la salud emocional. Kazan utiliza este escenario para denunciar cómo las ambiciones materiales y el puritanismo distorsionado de la generación anterior sacrifican la felicidad de los jóvenes por el estatus y la apariencia.

Kazan utiliza magistralmente la puesta en escena y la cultura material para comunicar el mundo interior de los personajes. Los objetos en el hogar de los Loomis y los Stamper no son decorativos, sino extensiones de sus luchas; por ejemplo, Deanie crea un "santuario" con fotos de Bud para canalizar su deseo reprimido, mientras que Ace utiliza su mansión para proyectar un poder basado únicamente en el consumo. Esta técnica del "Método" permite que los objetos hablen por los actores, revelando la complejidad moral y emocional que las palabras no pueden expresar.

Desde el punto de vista técnico, la película destaca por el uso simbólico del agua y el color. Kazan y el director de fotografía Boris Kaufman evitaron los colores brillantes típicos de la época para lograr una estética monocromática y fría, huyendo de una apariencia de "fruta de cera" en los actores. Asimismo, la imagen recurrente de la cascada funciona como un trasfondo de la fuerza incontenible del deseo sexual, contrastando con la rigidez de los espacios interiores donde los jóvenes se sienten atrapados.

El desenlace de la película es una exploración sobre la pérdida de la inocencia y la sabiduría que surge de la experiencia. Años después de su separación, Deanie y Bud se reencuentran como adultos ajustados a la realidad, habiendo perdido su vigor juvenil pero ganando una comprensión filosófica de la vida. Este final, considerado por Kazan como uno de los más satisfactorios de su carrera, se apoya en el poema de William Wordsworth, que sugiere que, aunque el esplendor inicial se haya ido, se debe encontrar fortaleza en lo que queda atrás.

Finalmente, la película cierra con una visión de supervivencia frente a la caída del sueño americano materialista. Bud termina viviendo una vida modesta como agricultor, lejos de la opulencia corrupta de su padre, quien se suicidó tras el colapso financiero de 1929. A través de esta resolución, Kazan propone que la verdadera "buena vida" no reside en el consumo excesivo o el estatus, sino en la integridad moral y la capacidad de aceptar la realidad con resiliencia, transformando el dolor en una forma de entendimiento profundo.

Esplendor en la hierba constituye una de las acusaciones más feroces contra el materialismo y la represión social en el cine clásico. La genialidad de Kazan reside en su capacidad para demostrar que la rigidez de los valores morales y económicos —a menudo presentados como la "buena vida"— es en realidad una fuerza destructiva que fragmenta la identidad humana. Al situar la historia en el pasado, Kazan ofrece una perspectiva objetiva que permite al espectador de cualquier época reconocer la falsedad de la máscara de respetabilidad. La película nos recuerda que la verdadera madurez no consiste en la conformidad, sino en la fortaleza espiritual necesaria para sobrevivir a la pérdida y encontrar un nuevo significado en los fragmentos de la juventud.

Película estrenada en Madrid el 28 de enero de 1963 en el cine Rialto. 

Reparto: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Zohra Lampert, Sandy Dennis, Phyllis Dieller, Gary Lockwood.

jueves, 19 de febrero de 2026

Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951). William A. Wellman


A mediados del siglo XIX, un guía de caravanas (Robert Taylor) recibe el encargo de conducir a un grupo de mujeres desde Chicago a California. A partir de Independence (Missouri) tendrán que recorrer cinco mil kilómetros cruzando las montañas de Utah y el desierto californiano, en un viaje lleno de penalidades que constituye una auténtica odisea. El objetivo de la caravana es llegar a un valle habitado por un grupo de solteros solitarios que buscan esposa.

La película es, francamente, mala. Está llena de inútiles reiteraciones, y el ofrecérsenos en blanco y negro podemos también reprochárselo, puesto que ya desde hace tiempo el color es elemento imprescindible en este género de producciones que fían su fortuna a la acción y, muy especialmente, a la espectacularidad de los paisajes, los ambientes y el movimiento de los que intervienen. Si la narración es aburrida, la interpretación no es, a su vez, notable, pese al reparto “de cierto lujo” que exhibe. Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, etcétera, no superan la mediocridad en sus actuaciones. (Donald en ABC del 16 de marzo de 1955)

El cine norteamericano del periodo comprendido entre 1945 y 1959 se desarrolló en un contexto sociopolítico eminentemente masculinizado, marcado por la consolidación del American Way of Life tradicional, la censura del Código Hays y el repliegue ideológico del macartismo. Durante estas décadas, la representación de la mujer solía limitarse a estereotipos como la "chica honrada" (víctima o heroína romántica) o la "vamp" (convertida luego en femme fatale), figuras que servían como objeto del deseo masculino o encarnación de valores familiares subordinados. No obstante, este modelo general dejó espacio para casos aislados y "a contracorriente" donde surgieron personajes femeninos con una notable dosis de empoderamiento.

Para identificar este empoderamiento en el cine clásico, se establecen criterios como la autoconciencia de derechos, el desempeño de profesiones liberales, la ejecución de tareas tradicionalmente masculinas y el ejercicio del liderazgo en grupos de hombres. Aunque parezca paradójico, el Western, considerado el género más "viril" y excluyente de lo femenino, fue el que más ejemplos de este tipo proporcionó durante la posguerra, con dieciocho obras identificadas que desafiaron las convenciones del género. En estos relatos, la mujer dejó de ser un mero complemento para ocupar un lugar central en la acción y la supervivencia.

Dentro de esta tendencia destaca Westward the Women (1951), dirigida por William A. Wellman y basada en una historia de Frank Capra. La película narra el viaje de 140 mujeres desde Chicago hasta un valle en California en 1851, con el fin de casarse con los colonos locales y ayudar a "echar raíces" en la frontera. El relato presenta a estas mujeres no como figuras glamurosas, sino como pioneras realistas y resilientes que deben enfrentar tormentas, incendios, ataques de indios y la falta de agua en una travesía de dos mil millas.

El núcleo dramático de la obra reside en la transformación de estas mujeres en "pioneras endurecidas". Ante la deserción de la mayoría de los hombres contratados, el guía Buck Wyatt decide "convertir a las mujeres en hombres", enseñándoles a disparar, lazar, conducir mulas y reparar carretas. De este modo, cualidades tradicionalmente masculinas como la fuerza física, la puntería y la resistencia son absorbidas por los personajes femeninos, quienes demuestran que pueden sobrevivir y prosperar en un entorno donde se les dijo repetidamente que fracasarían.

La película presenta una galería de personajes diversos que rompen el molde de la estrella de Hollywood de la época: desde la imponente viuda Patience Hawley, de lenguaje náutico y gran fortaleza, hasta Fifi Danon, una antigua corista que busca una nueva vida. Además, la inclusión de personajes como Ito, el cocinero japonés que actúa como confidente de Buck, aporta una perspectiva multicultural y humana inusual para 1951. El reparto funciona como un ensamble donde la "hermandad positiva" y el trabajo en equipo son las claves del éxito frente a la adversidad.

Estéticamente, Wellman optó por un naturalismo crudo para subrayar la dureza del viaje. El uso de cinematografía en blanco y negro con mínimos filtros crea un aspecto "quemado por el sol" y austero, mientras que la ausencia de banda sonora durante gran parte del metraje le otorga un tono casi documental. Wellman solía encuadrar a las mujeres desde ángulos bajos, recortándolas contra el cielo para resaltar su heroísmo y bravura en un paisaje abierto y hostil.

A pesar de su realismo brutal y su enfoque "proto-feminista", el filme concluye con una "euforia matrimonial" donde el orden se restaura a través de la domesticidad y el matrimonio. Al final, las mujeres insisten en lavarse y vestirse con sus mejores galas antes de conocer a sus maridos, simbolizando su supervivencia y exigiendo respeto. Aunque el objetivo final sea integrarse en una estructura tradicional, la película deja claro que la civilización del Oeste fue un logro tanto femenino como masculino, basado en una voluntad inquebrantable.

Westward the Women es una obra profundamente contradictoria que refleja las tensiones de género de su tiempo. Por un lado, es revolucionaria al retratar una hermandad femenina activa y capaz, invalidando visualmente los prejuicios masculinos sobre la supuesta debilidad de la mujer. Por otro lado, la narrativa parece "castigar" o limitar este empoderamiento al final del relato, subordinando la independencia ganada al destino inevitable del matrimonio y la vida doméstica.

Sin embargo, su valor histórico es innegable: al mostrar modelos de mujeres que dominan habilidades "masculinas" y ejercen el liderazgo, la película funcionó como una punta de lanza que comenzó a erosionar los estereotipos de la época. La influencia de este relato trascendió la pantalla, llegando incluso a inspirar en 1985 una "caravana de mujeres" real en un pueblo español para combatir la despoblación. En definitiva, es un tesoro del cine clásico que, a pesar de sus concesiones finales al patriarcado, celebra la dignidad y el espíritu humano de aquellas pioneras que, contra todo pronóstico, conquistaron su propio espacio en la frontera.

Película estrenada en Madrid el 14 de marzo de 1955 en el cine Capitol.

Reparto: Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, John McIntire, Julie Bishop, Lenore Lonergan, Marilyn Erskine, Henry Nakamura.

lunes, 16 de febrero de 2026

Kartum (Khartoum, 1966). Basil Dearden

Khartoum (1966) es un drama bélico épico que narra el asedio de la ciudad sudanesa de Jartum entre 1884 y 1885. Escrita por Robert Ardrey y dirigida por Basil Dearden, la película se centra en la resistencia del General británico Charles Gordon frente a las fuerzas del líder sudanés Muhammad Ahmed, conocido como el Mahdi. La obra destaca por ser un "espectáculo para el hombre pensador", donde el conflicto no solo se libra en el campo de batalla, sino a través de un duelo dialéctico y de personalidades entre dos figuras místicas y carismáticas.

“Kartum” es un ejemplo típico de la nueva tendencia “cinerama”, una mezcla de las fórmulas tradicionales –estamos hablando siempre de la cáscara del cine- con los hallazgos espectaculares de la gran pantalla. Naturalmente, lo más positivo de esta película –dirigida por el eficiente y gris Basil Dearden- entra en este apartado último. Bella fotografía en color, que cumple con su misión de hacer soñar con viajes maravillosos desde la butaca, grandes despliegues de masas, apabullantes artificios sonoros (...) Versión desangelada de un mito británico, despersonalizada película en un momento de transición del sistema técnico utilizado. (Martínez Redondo en ABC del 23 de noviembre de 1966)

El desarrollo de la película estuvo marcado por cambios significativos. Originalmente, se planeó que Burt Lancaster protagonizara la cinta bajo la dirección de Lewis Gilbert y la fotografía de Freddie Young. Sin embargo, disturbios civiles en Sudán obligaron a cancelar el rodaje en las localizaciones originales, trasladando la producción a Egipto y a los estudios Pinewood. Este retraso provocó que el equipo original asumiera otros compromisos, lo que llevó a la contratación de Charlton Heston y Basil Dearden. A pesar de los desafíos logísticos y el incremento del presupuesto a unos 6-8 millones de dólares, la producción logró una escala monumental.

Desde el punto de vista técnico, Khartoum representa la culminación de la era de los grandes formatos. Fue filmada por el director de fotografía Edward Scaife en Ultra Panavision 70 y Technicolor, siendo la última película en usar este formato hasta The Hateful Eight en 2015. Esta elección tecnológica permitió capturar la inmensidad del desierto y las elaboradas escenas de batalla con una claridad asombrosa, compitiendo visualmente con otras producciones de la época como Lawrence of Arabia. La película se inserta en una década donde la cinematografía británica experimentaba una transición hacia el color y el uso consciente del espectáculo visual.

Charlton Heston ofreció una de las actuaciones más matizadas de su carrera interpretando al General Gordon. Para el papel, Heston trabajó con un entrenador de voz para lograr un acento inglés impecable y la entrega recortada propia de un oficial del ejército victoriano. El actor consideró que el guion de Ardrey era uno de los mejores que había leído, destacando que el personaje de Gordon era una mezcla compleja de héroe militar, místico y egocéntrico. La crítica elogió su capacidad para dar vida a un hombre de "carne y hueso" en lugar de una figura de cartón.

Laurence Olivier interpretó al Mahdi, aportando una presencia imponente a pesar de tener un tiempo en pantalla relativamente limitado. Sin embargo, su actuación no estuvo exenta de críticas. Algunos especialistas contemporáneos han señalado negativamente el uso de maquillaje para oscurecer su piel (blackface) y su acento poco realista. Además, varios críticos de la época compararon su interpretación con su reciente papel en Othello, sugiriendo que utilizaba gestos y maquillajes similares. A pesar de esto, el enfrentamiento verbal entre su personaje y el de Heston es considerado uno de los puntos álgidos del filme, aunque dichas reuniones nunca ocurrieron en la realidad histórica.

El guion de Robert Ardrey, nominado al Oscar, eleva la película por encima de una simple aventura de acción al profundizar en el trasfondo político de la Inglaterra del siglo XIX. La narrativa presenta a Gordon como un peón en las maniobras del Primer Ministro William Gladstone, interpretado por Ralph Richardson, quien buscaba evitar la intervención en Egipto por conveniencia política. Esta dimensión de "conspiración política frente a nobleza personal" añade una capa de sobriedad y realismo que distingue a Khartoum de otros espectáculos de la época más orientados a la acción pura.

Tras su estreno, Khartoum fue un éxito comercial y crítico en el Reino Unido, aunque tuvo una recepción más tibia en Estados Unidos, donde el público general estaba menos familiarizado con la historia colonial británica. Inevitablemente, se la comparó con Lawrence of Arabia por compartir el escenario del desierto y héroes enigmáticos. Si bien algunos críticos sintieron que intentaba imitar demasiado el éxito de la obra de David Lean, otros valoraron que Khartoum ofrecía un guion más literario, una duración más asequible y un enfoque más profundo en la caracterización de los personajes.

En conclusión, Khartoum se erige como un testimonio de la ambición técnica y narrativa del cine británico de los años 60. Aunque presenta inexactitudes históricas deliberadas —como los encuentros cara a cara entre Gordon y el Mahdi o la forma idealizada de la muerte del general inspirada en pinturas patrióticas—, la película triunfa como un estudio de personajes contrapuestos. Su verdadera fuerza reside en el equilibrio entre el espectáculo visual de gran formato y el debate moral sobre el fanatismo religioso y la conveniencia política. A pesar de las críticas modernas sobre el casting de Olivier, la película sigue siendo valorada como una obra de arte cinematográfico de una era donde la grandiosidad no sacrificaba la inteligencia del guion.

Película estrenada en Madrid el 21 de noviembre de 1966 en el cine Albéniz.

Reparto: Charlton Heston, Laurence Olivier, Richard Johnson, Ralph Richardson, Alexander Knox, Johnny Sekka, Michael Hordern, Nigel Green.

jueves, 12 de febrero de 2026

La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). Rob Reiner

La princesa prometida (1987), dirigida por Rob Reiner, es una obra que ha trascendido su modesto éxito inicial en taquilla para convertirse en un clásico de culto fundamental del cine de los ochenta. Basada en la novela homónima de William Goldman de 1973, quien también escribió el guion, la película narra una aventura épica que combina de forma magistral la fantasía, la comedia y el romance. Aunque su recepción en salas fue discreta, su posterior disponibilidad en formato doméstico y constantes reposiciones televisivas permitieron que el público descubriera su carisma y encanto particular a lo largo de las décadas.

El resultado –gracias a Rob Reiner, realizador además de productor- es una película sumamente divertida que juega en la cuerda floja del humor trenzado con la acción, sin caer en ningún momento en las procelosas simas de lo cursi o lo ridículo y sin aburrir, por supuesto. (Pedro Crespo en ABC del 31 de diciembre de 1987)

La estructura narrativa de la cinta se apoya en un recurso metaficcional donde un abuelo visita a su nieto enfermo para leerle un libro que ha pasado por generaciones en su familia. Este marco narrativo simplifica los complejos niveles de ficción de la novela original, donde Goldman utilizaba narradores ficticios como S. Morgenstern para crear un "Frankenstein narrativo". En el filme, la interacción entre el abuelo y el niño permite al espectador participar en la historia mientras se omiten las "partes aburridas" para centrarse en la emoción pura y la aventura.

El núcleo de la trama es el "amor verdadero" entre la bella Buttercup y el mozo de caballerizas Westley. Tras la supuesta muerte de Westley a manos del temible pirata Roberts, Buttercup se ve obligada a comprometerse con el malvado príncipe Humperdinck. La historia se complica con el secuestro de la joven por un trío de proscritos —el estratega Vizzini, el espadachín Íñigo Montoya y el gigante Fezzik—, lo que desencadena una serie de duelos de ingenio y esgrima que han quedado grabados en la memoria colectiva.

Una de las mayores virtudes de la dirección de Rob Reiner es el equilibrio casi perfecto entre la parodia de los tropos de caballería y la seriedad de los conflictos emocionales. La película funciona como una sátira amorosa de los clásicos de capa y espada de la época dorada de Hollywood, pero mantiene siempre unos intereses reales que evitan que la historia se vuelva ridícula o vacía. Este tono distintivo, que mezcla la dulzura con una pizca de dureza satírica, se convirtió en el sello distintivo de Reiner.

La banda sonora compuesta por Mark Knopfler es otro pilar esencial que aporta calidad y una atmósfera de cuento de hadas inconfundible. Reiner contrató al líder de Dire Straits convencido de que era el único capaz de capturar la peculiaridad romántica del relato. Temas como "Once Upon a Time… Storybook Love", nominado al Óscar, no solo acompañan la acción, sino que visten de gala a la película, haciendo que las escenas parezcan incluso más hermosas de lo que ya son.

El rodaje estuvo marcado por anécdotas que reflejan la entrega del reparto, como el entrenamiento de meses de Cary Elwes y Mandy Patinkin para un duelo de esgrima tan veloz que tuvo que ser ampliado porque la coreografía original duraba demasiado poco. Asimismo, destaca la brillante improvisación de Billy Crystal como el Milagroso Max, cuya actuación fue tan cómica que el director y el protagonista tuvieron que ser expulsados del set por no poder contener la risa. Las localizaciones reales en el Reino Unido e Irlanda, como los Acantilados de Moher, otorgaron a la producción una autenticidad visual que el CGI no podría replicar.

Desde una perspectiva de psicología analítica, la película ha sido analizada como una representación del "viaje del héroe" o monomito. Westley encarna al héroe que debe enfrentarse a su sombra (representada por Humperdinck) y superar diversas pruebas de iniciación para alcanzar la plenitud y la unión con su ánima, Buttercup. Esta carga simbólica y arquetípica es, posiblemente, lo que genera esa fascinación profunda y duradera en espectadores de todas las edades.

En conclusión, La princesa prometida es mucho más que una simple película de aventuras para niños; es una brillante reflexión sobre el arte de contar historias y la persistencia de los mitos en la cultura moderna. Su éxito reside en una honestidad inusual que permite al espectador reírse de los clichés mientras se emociona con ellos. Como señala el propio William Goldman, es una obra excepcional que simplemente "funcionó" gracias a una alineación única de talento, guion y dirección, consolidándose como un fenómeno cultural que, como el amor verdadero, nunca pasa de moda.

Película estrenada en Madrid el 18 de diciembre de 1987 en los cines Roxy B, Azul, Narváez y La Vaguada.

Reparto: Cary Elwes, Robin Wright, Mandy Patinkin, Chris Sarandon, Christopher Guest, Wallace Shawn, André The Giant, Peter Falk, Billy Crystal.