Valerio Zurlini fue un cineasta de una vocación esencialmente literaria y un "maldito aristócrata" del cine italiano que siempre conservó un estilo refinado y culto. Su obra más importante e intensa, La prima notte di quiete (1972), se sitúa en el panorama de los años setenta relatando el sentido del fin de una época y una melancolía que no abandona al individuo. La película ofrece una visión social nihilista y pacificada, alejándose de los extremismos políticos para centrarse en la desilusión existencial de su protagonista.
Hay una fuerte impregnación de romanticismo en el relato que
hace Zurlini con bella caligrafía apoyada en tristes y hermosos paisajes de
Rímini, en viejos, destartalados, conmovedores Palacios y caserones, y
sostenida por una ambientación musical de primer orden, con solistas que
subrayan casi con criterios operísticos, aunque sin sugerirnos el recuerdo de
la ópera, pues están en línea mucho más moderna, el drama de los personajes (...)
Quizá el verdadero objetivo de la película quede un poco alejado del crítico.
No sabe ya a qué atribuir estas cosas. (Lorenzo López Sancho en ABC del 6 de
febrero de 1974)
El escenario de la obra es una Rímini invernal, envuelta en una niebla opaca y anti-felliniana que participa de la condición interior de los personajes. Esta ciudad, descrita como "tierra de nadie", sirve de imán para memorias dispersas y saca a relucir la decadencia de la provincia italiana. El Grand Hotel Rimini, construido en estilo Liberty y declarado monumento nacional, añade un toque de elegancia y refinamiento a la atmósfera fúnebre y espectral del relato.
Alain Delon encarna magistralmente a Daniele Dominici, un profesor de literatura desaliñado y autodestructivo de linaje aristocrático. Daniele se enamora de Vanina (Sonia Petrova), una alumna con un pasado turbio y una melancolía que espeja el drama interior del docente. Esta pasión constituye una bocanada de oxígeno vital frente a una relación conyugal sórdida y un entorno poblado por "vitelloni" envejecidos y corruptos.
El estilo visual de Zurlini está profundamente influenciado por la pintura de Giorgio de Chirico y Giorgio Morandi, reflejando una búsqueda de la verdad humana a través de la estética. El director utiliza planos secuencia desiertos y primeros planos intensos para resaltar el malestar interior de los actores. Además, el filme está saturado de referencias culturales, desde versos de Petrarca y Goethe hasta la contemplación de la Madonna del Parto de Piero della Francesca.
Un aspecto icónico del filme es el abrigo de camello que luce Delon, idéntico al que Marlon Brando utilizó en El último tango en París ese mismo año. Ambas películas, dirigidas por directores muy distintos, coinciden en explorar el problema central de la relación con el otro sexo como una búsqueda de satisfacción profunda frente a la muerte. Dominici, al igual que el Paul de Bertolucci, es un hombre a la deriva que ha roto sus vínculos con la sociedad organizada.
La crítica contemporánea ha destacado el papel de Spider (Giancarlo Giannini), el único personaje que comprende el sufrimiento de Daniele. Se ha propuesto una lectura del filme como un melodrama "queer", donde la intimidad entre Spider y el profesor se describe como una conexión profunda que excluye a las mujeres del relato. Esta complicidad masculina permanece suspendida como un amor idealizado, contrastando con las relaciones de explotación que caracterizan al resto de la provincia.
El título de la película evoca un verso de Goethe que define la muerte como la primera noche de quietud, pues finalmente se duerme sin sueños. El destino de Daniele Dominici es una preparación para ese final liberador, tras un calvario en un universo dominado por la grosería y la violencia. Su fallecimiento en un accidente automovilístico cierra un itinerario de zozobra donde la muerte se presenta como el único punto de llegada para el viajero solitario.
La prima notte di quiete se consolida como una pieza magistral del desencanto existencial, aunque en su momento recibió críticas negativas que la tildaban de esteticista o poco militante. Sin embargo, la capacidad de Zurlini para fundir el paisaje urbano con la psicología del "spleen" demuestra una sensibilidad superior que trasciende las modas de su época. La película no es solo un drama romántico, sino un estudio despiadado de la burguesía y una confesión delicada sobre la imposibilidad de la inocencia en un mundo degradado. Al final, el legado de Zurlini reside en esa mirada desolada que, a pesar de su amargura, encuentra en el arte y la belleza el único remedio contra la desolación íntima.
Película estrenada en Madrid el 4 de febrero de 1974 en el cine Palafox.
Reparto: Alain Delon, Giancarlo Giannini, Sonia Petrova, Renato Salvatori, Alida Valli, Adalberto Maria Merli, Salvo Randone, Lea Massari.




