En 1936, Samuel Goldwyn, el productor que mejor entendía el prestigio como mercancía, estrenó Beloved Enemy, una película que intentaba algo arriesgado para el cine estadounidense de la época: convertir la guerra de independencia irlandesa y las negociaciones del tratado anglo-irlandés en materia de melodrama romántico. La dirigió H. C. Potter, un hombre de teatro que se estrenaba tras las cámaras y que más tarde se haría conocido por comedias como Mr. Blandings Builds His Dream House. El resultado es una obra curiosa, elegante y, en última instancia, prisionera de sus propias cautelas.
Una trama interesante, que culmina en algunos momentos de
tensión patética, constituye la esencia de esta película. La primera mitad del “film”
tiene gran fuerza dramática, y luego la acción se diluye un poco para culminar al
fin en un aspecto de plausible nobleza. El realizador, H.C. Potter, conduce hábilmente
la trama, graduando perfectamente las escenas amorosas y las de tono patético. (Miguel
Ródenas en ABC del 15 de marzo de 1940)
El contexto histórico es el eje que sostiene la historia. La trama se sitúa hacia 1921, cuando el conflicto entre el nacionalismo irlandés y el gobierno británico llevó a ambas partes a una mesa de negociación en Londres. Para el espectador de 1936, el tema tenía actualidad: Irlanda había conquistado su autonomía hacía apenas década y media, y la comunidad irlandesa en Estados Unidos era un público enorme y sensible. Goldwyn eligió un terreno de enorme potencial dramático, pero lo trató con la prudencia de quien no quiere ofender a nadie.
El argumento enfrenta a dos mundos a través de una historia de amor. Dennis Riordan, un líder revolucionario irlandés inspirado de manera evidente, aunque libre, en figuras como Michael Collins, llega a Londres como parte de la delegación que debe negociar la paz. Allí conoce a Helen Drummond, hija de un alto representante británico, lord Athleigh. Lo que comienza como un encuentro entre adversarios se convierte en una relación sentimental que amenaza con cruzar las líneas del deber político de ambos. La premisa, la del amor entre enemigos, es tan antigua como el teatro, y la película la explota con oficio, aunque sin sorpresa.
El reparto es el mayor activo del film. Brian Aherne compone a un Riordan magnético, carismático y con un punto de gravedad trágica, mientras que Merle Oberon aporta a Helen la mezcla de distinción y vulnerabilidad que la convirtió en una de las estrellas preferidas de Goldwyn. Henry Stephenson da solidez al personaje del veterano estadista británico, y entre los secundarios aparece un joven David Niven, todavía lejos del estrellato. La química entre los protagonistas es correcta y hermosa de ver, pero el guion les pide más declamación de principios que verdadera fricción entre dos personas.
En lo visual, la película exhibe el lustre característico de la factoría Goldwyn: interiores cuidados, iluminación pulida y una puesta en escena que subraya el contraste entre los salones londinenses y la tensión de las calles irlandesas. Potter, formado en el escenario, dirige con claridad y sentido del ritmo dramático, y se nota su preferencia por las escenas de diálogo y por el trabajo con los actores. La música de Alfred Newman añade el acompañamiento sentimental que el género exigía. Todo es de una corrección técnica notable, pero también de una cierta frialdad de estudio, como si la historia nunca se ensuciara las manos.
Temáticamente, la película propone que la reconciliación política es posible si antes se produce una reconciliación personal. Es una idea noble, pero también cómoda: reduce un conflicto de siglos, con sus agravios, su violencia y sus heridas sociales, a la voluntad de dos individuos excepcionales. El cine clásico de Hollywood, sometido además a la autocensura del Código Hays y a la necesidad de no alienar a mercados importantes como el británico, tendía a preferir el sentimiento a la causa. Beloved Enemy es un ejemplo cristalino de esa tendencia: toma partido por la paz en abstracto y evita pronunciarse sobre las razones concretas de cada bando.
En la historia del cine, la película ocupa un lugar modesto. Quedó eclipsada por obras que abordaron Irlanda con más rudeza, como The Informer de John Ford, estrenada un año antes, y mucho después por Michael Collins (1996), que trataría el mismo período con una crudeza política que el film de Potter ni intenta. Aun así, merece ser rescatada como documento de su tiempo: muestra cómo veía Hollywood los conflictos europeos, cómo los envolvía en terciopelo romántico y qué límites se imponía a sí mismo cuando un tema histórico incomodaba.
Beloved Enemy es una película bien hecha y desigualmente valiente. Sus virtudes son evidentes: un reparto elegante, una dirección limpia y el atractivo de un tema que pocas producciones de su época se atrevieron a tocar. Pero su defecto de fondo es también claro: renuncia a la tensión histórica para refugiarse en el melodrama, y con ello desactiva justamente aquello que la hacía interesante. El espectador recibe una historia de amor honrada y agradable donde esperaba una reflexión sobre el precio de la paz. Vista hoy, vale más como testimonio del Hollywood de los años treinta, de sus mecanismos de prudencia comercial y de su manera de domesticar la política, que como gran película. Un trabajo respetable, bellamente envuelto, pero que nunca arriesga lo suficiente para dejar huella.
Película estrenada el 27 de noviembre de 1939 en Barcelona y el 11 de marzo de 1940 en Madrid en el cine Fígaro.
Reparto: Merle Oberon, Brian Aherne, Karen Morley, Henry Stephenson, David Niven, Jerome Cowan.




