Roger Borniche (Alain Delon) es un policía distinto a los demás: no lleva armas e incluso los gángsters le escriben para agradecerle su humanidad. Emile Buisson es, en cambio, un criminal que no duda en matar a sus propios cómplices. Los dos acabarán enfrentándose en un fantástico duelo.
Deray, en resumen, ha conseguido un producto muy vendible,
que va a gustar a un gran público que gusta de este tipo de relatos, en los
que, una vez más, el cine francés demuestra saber alcanzar un nivel muy aceptable.
(...) “Flic story” es, en fin, una película policíaca dignamente realizada,
bien interpretada, que se ve con agrado e interés. (Miguel Angel Flores en ABC
del 4 de junio de 1976)
El relato resulta escueto, directo, vigoroso. No se extravía
Deray —como pudo muy bien haber ocurrido— en detalles accesorios o menudos
sucesos anecdóticos. Todo es lineal, conciso, duro, como en una vieja novela de
Francis Carco, el especialista de los bajos fondos parisienses de hace cuarenta
años. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 10 de junio de 1976)
Película realizada correctamente, con un buen trabajo interpretativo del trío protagonista, Alain Delon, Jean-Louis Trintignan, entre los que se crea un auténtico duelo actoral, mostrándose ambos sobrios y muy ajustados a sus respectivos personajes, y Claudine Auger en el papel de Catherine. El film interesa por todo lo que tiene de reconstrucción y convence por el toque y sello personal que se le ha dado dejando traslucir muchas de las virtudes que posee en todos sus aspectos. (Paco Casado en Cineymax)
Retomando de a poco algunos latiguillos formales y conceptuales del cine de Melville, como por ejemplo la melancolía narrativa, la desidealización del submundo delictivo y la presencia de antihéroes marcados por un esteticismo tan elegante como mortífero y un código de honor y responsabilidad individual muy férreo, Historia de un Policía apoya de manera muy disimulada la pena de muerte -al fin y al cabo todo el desarrollo del film nos conduce hacia ese desenlace, un acto que se homologa a sacrificar a un perro imparable y rabioso- y analiza con astucia tópicos variopintos como las internas dentro del Estado, la burocracia que lo enturbia todo, el miedo a las repercusiones políticas y mediáticas de cada acción, el paso de las clásicas palizas a la fetichización de los datos y de la investigación científica y finalmente la misma complementariedad entre el hampa y los esbirros de la ley. (Emiliano Fernández en Metacultura)
El film, que se inscribe en la tradición del "polar" francés, es de un seco realismo que recuerda al Don Siegel de Código del hampa, aunque también a títulos como El padrino y French Connection. No hay una glorificación de la violencia, y el uso de la música se limita a lo indispensable, cara a acentuar el carácter casi documental de esta verosímil crónica. A destacar el fantástico duelo actoral entre Alain Delon y Jean-Louis Trintignant, y ello aunque apenas comparten escenas, una de ellas el magnífico clímax del albergue, de una tensión indescriptible, y el epílogo de la cinta. (Decine21)
Flic Story es cine negro riguroso, con un saber hacer incontestable y una solidez inquebrantable, acompañado de un reparto de platino, un magnífico tema musical de Claude Bolling y una magnífica fotografía de Jean-Jacques Tarbès, ambos fieles colaboradores de un cineasta que probablemente firma aquí su obra maestra. El público no se equivocará, convirtiéndolo en un triunfo con casi dos millones de espectadores. Lo que sí recordaremos es, sobre todo, la lucha a distancia entre dos personajes "más grandes que la vida" y sus dos intérpretes, que encuentran aquí unos de sus mejores papeles a pesar de las impresionantes filmografías respectivas y sus grandes actuaciones. (Erick Maurel en DVD Classik)
El escenario de finales de los años 40 está bien recreado, no hay problema. La película tiene bastante ritmo, hay bastantes tiroteos y muertes, y ciertos momentos de psicología, está bien equilibrada. Pero le falta ese detalle, ese encanto para que sea una película excelente. Dicho esto, no te aburrirás. (Le monde des avengers)
Jacques Deray muestra meticulosamente la propia intriga criminal y permite que una época vuelva a la vida sin abusar de lo “retro”, a diferencia de lo que había hecho en Borsalino. Sin menospreciar las cualidades del cineasta, podemos evocar el estilo que Jean-Pierre Melville supo dar a los temas de sus películas negras. Se observa notablemente el comportamiento de los personajes, los métodos de los gángsters y los de la policía. La puesta en escena no abusa de secuencias de acción espectaculares. Es deliberadamente seca, como una observación. Y luego, buenas interpretaciones de Alain Delon, verdadera fuerza de la ley en movimiento, y Jean-Louis Trintignant, bandido megalómano. No se puede hacer mejor. (Jacques Siclier en Télérama)
A veces parece que Jean-Pierre Melville y Henri-Georges Clouzot se llevan toda la atención y los elogios que se pueden hacer al cine policial francés que no pertenece a la Nouvelle vague, lo que significa que Jacques Deray (a quien recuerdo sobre todo por su película de gángsters Borsalino, que tenía a Delon y Belmondo y una melodía pegadiza) rara vez es citado como maestro en algo. Sin embargo, en caso de necesidad, creo que esta película de gángsters y policías basada en hechos reales es una obra más profunda e interesante que Heat de Michael Mann, que le roba una gran parte de su estructura. Sin duda, cambiaría el encuentro culminante en el restaurante de una gasolinera en medio de la nada entre el policía y el delincuente por el tan alabado enfrentamiento en la cafetería entre Pacino y DeNiro. (Kim Newman)
Desde el punto de vista artístico se han hecho mejores policíacas que 'Flic Story'. La película parece hecha principalmente como vehículo del extremadamente popular Alain Delon. Sin embargo, el valor lúdico de este verdadero drama criminal de Jacques Deray, con quien Delon rodaría nada menos que nueve películas en total, es muy alto. Casi todos actúan bien, la trama es fascinante y la realización está bien organizada. A quien le guste una película policíaca apasionante le encantará 'Flic Story'. Si también eres fan de Alain Delon, no te equivocarás con esta película policíaca tan entretenida, genuina y esencialmente francesa. (Patricia Smagge en Cinemagazine)
En la tradición de las películas policiales de Melville, Deray se abstiene casi estoicamente de extrapolar emocionalmente los acontecimientos y las personas involucradas y, en cambio, procede de una manera estrictamente basada en hechos y con rigor documental. (Frank Stegemann en In meinem herzen haben viele Filme Platz)
Película estrenada en Madrid el 24 de mayo de 1976 en el cine Capitol; en Barcelona, el 7 de junio de 1976 en los cines Tívoli y Palacio Balañá.
Reparto: Alain Delon, Jean-Louis Trintignant, Claudine Auger, Renato Salvatori, Maurice Biraud, André Pousse, Mario David, Paul Crauchet.
Jean-Louis, un ingeniero católico de treinta años, descubre un día a la salida de misa a Françoise, una mujer rubia, y presiente que algún día se casará con ella, pero la pierde entre la multitud. Por otra parte, su viejo amigo Vidal, marxista convencido, lo lleva a casa de Maud, una bella divorciada.
Aún tratándose de una obra equilibrada, interesante y de un
asunto audaz, cae en un cerebralismo excesivamente intelectualista y de una
verbosidad exuberante. En la mayor parte de su proyección, es teatro filmado,
aun cuando alcance, como tal teatro, una estimable calidad. En su exuberancia dialéctica
y didáctica, los personajes hablan por los codos con un verdadero
desbordamiento logomáquico. (...) A partir de este instante en que cesa el verbalismo
y comienza la acción, es cuando la película cobra interés humano y fuerza emocional.
(A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 29 de marzo de 1970)
Eric Rohmer pone entre la pantalla y el espectador, barreras
de pedantería, de pretensiones, de lecturas mal digeridas, de
trascendentalismos deliberados y se le observa cansado de tanto ponerse de
puntillas para parecer intelectual. Y es lástima, porque técnica,
fotográficamente, su experiencia y estilo merecen mejor tema, sobre todo algo
más claro, porque los personajes principales: un católico practicante, un
ingeniero, un marxista –y por tanto sin creencias religiosas- y una muchacha agnóstica
(ahora se emplea este termino para muchas actitudes, cuando el agnosticismo es,
concretamente, la filosofía que no admite el conocimiento de lo absoluto, ni el
de las causas primeras) se arman un gran lío entre tan complicadas cuestiones,
y el público no sabe por dónde va a tirar el director, pues deja que cada cual
siga su camino sin resolver nada, por lo que hay una desproporción entre el
argumento, la acción –el desenvolvimiento del suceso, según las reglas del arte
cinematográfico- y los problemas religiosos que se plantean que quedan sin
solución, aunque en el caso de Jean-Louis son tan nobles y decididos, y en el
de Vidal, tan rotundos y concretos, con figuras un tanto misteriosas y vulgares
como Maud y Françoise. (Antonio de Obregón en ABC del 31 de marzo de 1970)
Este "cuento moral" es el que posee mayor profundidad filosófica. Basándose en Pascal, Rohmer planteó las contradicciones de un intelectual católico a través de su relación dialéctica con una atractiva librepensadora. Estructurado a partir de una serie de brillantes diálogos, se apoya en un estilo sobrio y un ritmo reposado pero impecable. Resulta un ejercicio apasionante pese a su fría apariencia. (Fotogramas)
No es lo mismo pasar una noche con Maud que pasarla en casa de Maud, y es que la traducción española del título conduce a la confusión, parece más cercana e íntima de lo que en realidad es esa noche. Las interpretaciones mayoritarias de la película hablan de la prueba de fuego que para Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant) supone superar la noche con Maud sin aprovechar la aventura sexual que se le propone, reafirmando así una especie de combate moral en el que habría salido vencedor pues su castidad no habría sucumbido en aras de mantener una vida cristiana. Personalmente creo que lo que la película retrata es al arquetipo del hipócrita revestido de falso moralista. (Miguel Martín en Cinema esencial)
"Mi noche con Maud", de Eric Rohmer, trata sobre el amor, la fe católica, el lenguaje corporal y los juegos a los que juega la gente. Es, sin duda, la mejor película que he visto sobre esos cuatro temas. También es una película inteligente y refrescante: no es que sea ideológica ni académica (ni mucho menos), sino que es reflexiva y revela un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Por favor, no la veas una noche en la que simplemente quieras desconectarte: espera a que estés bastante sereno y estés a punto de hablar de ello después. Se merece esa atención y la recompensa. (Roger Ebert)
Pocos directores son tan hábiles como Rohmer a la hora de captar la desordenada moralidad de la vida, lo que da un toque especial a los debates filosóficos que disfrutan sus personajes, largas charlas que (como en la vida real) paradójicamente camuflan e iluminan los motivos y deseos de cada persona. Minoche con Maud probablemente no sea el mejor lugar para iniciarse en el cine de Rohmer, pero los espectadores experimentados apreciarán sus embriagadores placeres. (Matt Brunson en Film Frenzy)
Cualquiera que sea la forma en que la leamos, Mi noche con Maud sigue una rica tradición de la literatura francesa (pensemos en Pascal, Marivaux o Stendhal) en la que un personaje central amante de la libertad soporta un conflicto entre el deseo y la moral social. Y ésta es una película muy literaria: Rohmer la publicó como un cuento en 1974. Es un gran director en su estilo literario, pero echo de menos las imágenes, el ingenioso trabajo de cámara y el montaje de otros grandes directores. Supongo que es una herejía decirlo, pero muchos críticos lo hacen: Rohmer no es muy cinematográfico, a pesar de su excelente director de fotografía, Néstor Almendros. Rohmer evita las tácticas habituales del cine para dejarnos centrados en el argumento moral y en un retrato realista del mundo actual en el que debemos tomar decisiones morales. (Norman Holland en A Sharper Focus)
¿Deberíamos decirlo? No nos aburrimos ni un momento a lo largo de estos 115 minutos que son tanto un crudo “retazo de vida” como una extraña mezcla de cine “independiente” y “popular”, yendo tanto en contra del cine underground y experimental como del cine comercial de la época. Rohmer persistió y firmó así su enfoque neorrealista y neoexperimental de la teología. (Francis Moury en Stalker)
Sin música, austera y en un bello blanco y negro que resalta tanto el interior burgués de Maud como las calles nevadas de Clermont-Ferrand, la película se compone de varios diálogos largos. Los más importantes son el que sostiene Jean-Louis con Vidal en un café, luego con este último y Maud, y finalmente entre Jean-Louis y Françoise (Marie-Christine Barrault), en el coche y luego en una residencia de estudiantes. Rohmer describe un entorno que conoce bien, el de los intelectuales, académicos o escritores de provincias, a los que todavía no se les llamaba bohemios burgueses. Con Vidal y Maud, Jean-Louis analiza la apuesta de Pascal, la gracia, el cálculo de probabilidades, las convicciones religiosas... Rohmer es el único cineasta que sabe cómo escribir y filmar diálogos de este tipo sin resultar aburrido ni pesado ni un solo momento. La inteligencia del guión y el humor de las situaciones contribuyen en gran medida al éxito de una historia sin concesiones ni adornos. Como suele ocurrir con Rohmer, los valores de los personajes se contradicen con sus acciones. (Gérard Crespo en À voir, à lire)
El minuto veintiséis de Mi noche con Maud da origen a uno de esos placeres para el espectador que permiten ver grandes películas sin pensarlo dos veces. Y, puesto que se trata del cine de Eric Rohmer, para disipar muchos malentendidos. Es a Jean-Louis Trintignant a quien debemos este momento de gracia. A Maud, que le pregunta si es "católico practicante", insistiendo, asombrada e incisiva, en el segundo término de la expresión, el joven responde con un "Bueno, sí" acompañado de una sonrisa fugaz y vacilante donde podemos leer vergüenza, orgullo, humildad, codicia y triunfo, todo a la vez. Sutileza infinita de un actor consumado, al servicio de una obra que no lo es menos. (Thierry Méranger en Le Monde del 12 de enero de 2010)
Película estrenada en España el circuito de arte y ensayo. En Barcelona el 28 de marzo de 1970 en el cine Balmes; en Madrid, el 29 de marzo de 1970 en el cine Alexandra.
Reparto: Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault, Antoine Vitez.