Mostrando entradas con la etiqueta Robert Mitchum. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Robert Mitchum. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de enero de 2026

La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955). Charles Laughton


Tras realizar un atraco en el que han muerto dos personas, Ben Harper regresa a su casa y esconde el botín confiando el secreto a sus hijos. En la cárcel, antes de ser ejecutado, comparte celda con Harry Powell y en sueños habla del dinero. Tras ser puesto en libertad, Powell, obsesionado por apoderarse del botín, va al pueblo de Harper, enamora a su viuda y se casa con ella.

La noche del cazador (1955), la única película dirigida por el aclamado actor Charles Laughton, es considerada hoy una obra maestra solitaria que fusiona el terror con elementos de los cuentos de hadas y el gótico sureño. Basada en la exitosa novela de Davis Grubb, la trama presenta a Harry Powell, un asesino en serie que se hace pasar por predicador para perseguir a dos niños que conocen la ubicación de 10,000 dólares robados. Esta producción se alejó del realismo convencional de la época de Eisenhower, optando por una atmósfera onírica y distorsionada que Laughton describió como un "cuento de Mamá Oca de pesadilla". La película representa una lucha alegórica entre el bien y el mal, capturando una visión inquietante de la vida durante la Gran Depresión.

El proyecto fue impulsado por el productor Paul Gregory, quien buscaba un guion adecuado para el debut como director de Laughton. Para el papel principal, se eligió a Robert Mitchum después de que Gary Cooper rechazara el rol por temor a que afectara negativamente su carrera. Laughton seleccionó a Shelley Winters para interpretar a la vulnerable Willa Harper por su capacidad de actuar de forma reservada y pensativa. Además, la inclusión de la estrella del cine mudo Lillian Gish fue un homenaje deliberado a las técnicas de D.W. Griffith, buscando restaurar el poder visual de la era silente en el cine sonoro.

La estética visual de la película es uno de sus pilares más distintivos, lograda gracias a la colaboración entre Laughton y el cinematógrafo Stanley Cortez. Cortez utilizó película Kodak Tri-X en secuencias específicas para obtener negros profundos y una iluminación "fosforescente" que realzaba el estilo expresionista alemán de la obra. Debido a limitaciones presupuestarias, muchas escenas exteriores se rodaron en sets de sonido, lo que irónicamente creó una atmósfera "extraña" y artificial que funciona perfectamente desde la perspectiva de los niños. El diseño de producción de Hilyard Brown empleó decorados minimalistas y perspectivas forzadas para subrayar la sensación de irrealidad y amenaza.

A pesar de su actual estatus de culto, el filme fue un rotundo fracaso comercial y crítico tras su estreno original. La distribuidora United Artists tuvo dificultades para promocionarla debido a que no encajaba en los géneros típicos de la época, resultando en un tráiler que la hacía parecer un thriller genérico y mediocre. Sumado a esto, diversas organizaciones religiosas criticaron la película por su representación negativa de un "hombre de fe" atormentando a niños con un cuchillo. Laughton se sintió tan devastado por el rechazo de la crítica y el público que nunca volvió a dirigir otra película.

Un análisis profundo del filme revela una audaz subversión de la cristiandad patriarcal predominante en la década de 1950. A través del personaje de Rachel Cooper, la película otorga poder a la voz femenina para enfrentar y derrotar la corrupción masculina encarnada por el falso predicador. Mientras que personajes como Willa Harper sucumben trágicamente a las estructuras de poder patriarcal, Miz Cooper trasciende estas normas al tomar el control de la narrativa y del espacio visual. Esta crítica a la hipocresía y a la violencia de ciertos sectores religiosos fue un factor clave en la hostilidad de los sectores conservadores de su tiempo.

El desarrollo del guion ha estado rodeado de mitos, sugiriendo durante décadas que Laughton tuvo que reescribir completamente el trabajo original de James Agee. No obstante, investigaciones recientes en los archivos de Agee demostraron que su borrador inicial de 293 páginas era un trabajo profesional y fiel a la novela. Aunque Laughton realizó recortes y ediciones significativas para el rodaje, la relación entre ambos fue una colaboración armoniosa. Laughton insistió en que Agee recibiera el crédito total como guionista, reconociendo su habilidad para capturar el lenguaje y la dureza de la vida sureña.

Uno de los legados más potentes y reconocibles de la película es el tatuaje de "LOVE" y "HATE" en los nudillos de Harry Powell. Este motivo, inspirado en la tradición marítima donde los marineros se tatuaban "HOLD" y "FAST", sirve como una metáfora visual del conflicto eterno entre la luz y la oscuridad. La escena en la que Powell explica el significado de sus manos se ha convertido en un momento icónico de la historia del cine. Esta imagen ha sido homenajeada por cineastas como Spike Lee en Do the Right Thing y Martin Scorsese en su versión de Cape Fear, consolidando su lugar en la cultura popular.

La resurrección crítica de la película comenzó a gestarse décadas después de su estreno, impulsada por figuras como Pauline Kael y Roger Ebert. La difusión en televisión nocturna y la llegada del formato de video doméstico permitieron que nuevas generaciones descubrieran su audacia estética y temática. En 1992, fue seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por su significado cultural e histórico. Hoy, la película es celebrada no solo por su belleza visual, sino como una pieza única que logró superar su fracaso inicial para ser reconocida como uno de los mayores logros del cine estadounidense.

Película estrenada en España por TVE el 5 de agosto de 1970.

Reparto: Robert Mitchum, Shelley Winters, Lillian Gish, James Gleason, Evelyn Warden, Peter Graves, Billy Chapin, Sally Ann Bruce.

martes, 19 de noviembre de 2024

El día más largo (The Longest Day, 1962). Ken Annakin, Andrew Marton, Bernhard Wicki


Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Minucioso relato del desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía el 6 de junio de 1944, día que señaló el comienzo del fin de la dominación nazi sobre Europa. En este ataque participaron 3.000.000 de hombres, 11.000 aviones y 4.000 barcos.

La película es un soberbio documental que sigue con la fidelidad posible, a través de una minuciosa pesquisa en el estudio de la gran batalla, todos los accidentes que precedieron a la fabulosa operación bélica y a su puesta en pràctica después. No puede tener, ni tiene, una redondez argumental concreta, ni un comienzo, ni un fin. Es el retrato sobrecogedor de un pedazo de historia contemporània que no empieza ni acaba... Estas tres horas de guerra portentosamente simulada que compendian las veinticuatro de “aquel día” apesadumbran a veces demasiado con su pavorosa monotonia. (Gabriel García Espina en ABC del 18 de diciembre de 1962)

Más que una película, «El día más largo» es una grandiosa y complicada obra cinematográfica, que participa de las condiciones del documental y del relato novelesco y en la que intervienen, en desusada proporción, los elementos más variados: la técnica, la plástica, la música, las artes militares, la literatura, la psicología. (...) La película recoge la visión de esa jornada dramática y terrible, de una grandeza impresionante y sobrecogedora. Técnicamente no puede aspirarse a nada mejor ni más concienzudamente realizado. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 18 de diciembre de 1962)

Espectacular adaptación del libro de Cornelius Ryan, en el que se reconstruía el episodio más emblemático de la Segunda Guerra Mundial: el desembarco aliado en Normandía. Utilizando un estilo semidocumental, reforzado por una ingente generosidad de medios y un reparto inacabable, sus resultados no dejan de ser estimables, aunque evidencian una excesiva tendencia a la dispersión. (Fotogramas)

Película de factura colectiva, adolece por tanto de una enorme falta de personalidad y se acoge al poder de lo narrado, apela continuamente a la épica y busca constantemente la trascendencia de frases de guión y encuadres superlativos, como forma de contrarrestar la frialdad y la distancia de una historia demasiado grande incluso para tres horas de metraje, pero que no puede ser contada de otra forma. (39 escalones)

"El día más largo" es un auténtico "quién es quién" de los actores más importantes de la época, y se mantiene a la altura de su espectacularidad, su reparto y su amplia narración. Francamente, dudo que volvamos a ver una película tan "grande" como "El día más largo"; aunque sin duda ha sido superada por otras películas en términos de realismo y autenticidad, su lugar en la historia del cine no está en debate y su valor de entretenimiento disminuye poco o nada. (Nick Harte en DVD Talk)

Inteligentemente, la película ha sido fotografiada en blanco y negro para dar una autenticidad virtual de noticiero a las escenas de batalla vívidas y realistas. Y el aspecto ilusorio de la realidad se ha logrado en otros aspectos, notablemente en el uso de sus propios idiomas por parte de los alemanes y los franceses, con subtítulos en inglés adjuntos para traducir lo que dicen. El efecto total de la película es el de un gran reportaje documental, adornado y coloreado por detalles personales que son emocionantes, divertidos, irónicos, tristes. No hace ninguna observación concluyente, aparte de la obvia de que la guerra es el infierno y que el Día D fue un triunfo valiente y costoso para las fuerzas aliadas, no para un hombre en particular. Es difícil pensar en una película dirigida y construida como fue ésta, que haga más o mejor o que deje a uno sintiéndose más expuesto al horror de la guerra que ésta. (Bosley Crowther en The New York Times del 5 de octubre de 1962)

Tres directores principales (además de Darryl Zanuck y Gerd Oswald), cinco guionistas (entre ellos Romain Gary y James Jones), una novela de Cornelius Ryan que fue un éxito de ventas y uno de los elencos estelares más grandes de todos los tiempos (muchos de ellos con muchísimo por hacer aún) hacen de esta una de las últimas epopeyas bélicas auténticas. Con mucho ruido, espectáculo y heroísmo mientras los aliados invaden Normandía; en general buenas interpretaciones y buen humor, pero aún así demasiado larga y cargada de los estereotipos nacionales habituales. (Geoff Andrew en Time Out)

Si dejamos de lado el aspecto desmesurado de la empresa y el desfile de estrellas, The Longest Day (1962) destaca como una magnífica reconstrucción histórica, bastante fiel a pesar de algunos elementos más novelescos. La Operación Overlord se transcribe con todo detalle dentro de los diferentes cuarteles generales, pero también en las diferentes áreas de acción. A pesar de la complejidad del dispositivo, el espectador, gracias a la presencia de rostros familiares, nunca se pierde. (Virgile Dumez en Ciné Dweller)

Si se toma algunas libertades históricas aquí y allá, El día más largo sigue siendo un monumento impresionante, además en este hermoso blanco y negro (¡huid de la versión coloreada como de la peste!) terriblemente creíble. Por supuesto, esto no es siempre así, pensamos en sus escenas de estudio ultra anticuadas filmadas con imágenes de fondo. Pero las escenas de batalla con miles de extras son magistrales, ¡cuesta imaginar el trabajo de puesta en escena! Hay que tener en cuenta que en aquella época se pusieron a disposición de las superproducciones enormes recursos para restaurar el gusto del público por el cine en las salas ante la aparición de la televisión: esto no funcionó realmente, pero ¡qué época de magníficas películas! (Guillaume Dumazer en Chroniques DVD)

El punto fuerte de El día más largo es esa capacidad de narrar con un increíble sentido del detalle los más mínimos acontecimientos y gestos que tuvieron lugar durante aquel famoso 6 de junio de 1944. La película nos invita a cerrar nuestros viejos libros escolares para descubrir en directo qué sucedió ese día. Para ello, el productor Darryl F. Zanuck no escatimó en logística. Filmaciones en los propios lugares de aterrizaje, miles de extras, todo el equipo y armas de combate necesarios, asesoramiento histórico y técnico de 23 militares de diversas nacionalidades. No se dejó nada al azar. (Laurent Pécha en Écran large)

Película estrenada en Madrid el 16 de diciembre de 1962 en el cine Palacio de la Música;  en Barcelona, el 17 de diciembre de 1962 en el cine Kursaal.

Reparto: John Wayne, Robert Mitchum, Henry Fonda, Richard Burton, Sean Connery, Curd Jurgens, Rod Steiger, Robert Ryan, Eddie Albert, Peter Lawford, Gert Fröbe, Robert Wagner, Sal Mineo, Richard Beymer, Mel Ferrer, Richard Todd, Bourvil, Red Buttons, Irina Demick, Steve Forrest, Leo Genn, Jeffrey Hunter.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Más allá de Río Grande (The Wonderful Country, 1959). Robert Parrish

 


Después de matar al hombre que había asesinado a su padre, Martin Brady huye de Estados Unidos y se establece en México, donde trabaja como pistolero al servicio del político Cipriano Castro. Su patrón le encomienda la misión de cruzar el Río Grande hasta Puerto (Tejas) para comprar armas, pero se fractura una pierna, al caerse del caballo, lo que le impide regresar con la mercancía. Durante su convalecencia se le presenta la oportunidad de empezar una nueva vida en su país natal.

La preocupación del realizador por dotar al film de cierta novedad llega a embarazarle e incluso a desviarle de lo que es esencial. Sucede, en efecto, que a fuerza de querer cuidar la ambientación, que es verdaderamente original, fuerte y de una expresividad plástica y estética de primer orden, se volatiliza un poco la fuerza emotiva del conflicto argumental, de la trama, que resulta confusa y un poco desvaída Y de igual modo, queriendo dar perfil y contorno humanos a las figuras, que son impresionantes, se deshilvana bastante la unidad narrativa, dando ocasión a que la fuerza dramática del film no alcance del todo las altas expresiones que debiera. El realizador del film, Robert Parrish, ha hecho pesar su principal preocupación, según ya hemos dicho, sobre estos valores. La película sugiere la impresión de que éste se ha interesado mucho menos por la narración en si misma que por el ambiente y los personajes que se mueven en él. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 15 de junio de 1960)

La película, -situándola, naturalmente, insistimos, en el amplio campo de los que llamaremos "westerns" - está bien construida, con los convencionalismos, claro está, y las ingenuidades que quienes las conciben y realizan nunca suelen desdeñar. (Donald en ABC del 29 de julio de 1960)

En Más allá de Rio Grande, con producción del actor principal Robert Mitchum (excelente, como siempre), se encuentran algunos momentos que muestran el saber que existía en Parrish a la hora de dirigir. Sin ser una maravilla hay momentos destacados y excelentes dados tanto por el montaje (con primeros planos sabiamente colocados) como por la forma de encuadrar en una relación de escenarios-personajes. (Adolfo Bellido en Encadenados)

Esta es una película superior e inteligente en casi todos los aspectos.(...) Prácticamente cada "toma" llama la atención en matices y detalles. Algunas de las tomas (aldeas de adobe que se asoman silenciosamente, un festival callejero nocturno y un ataque frenético de jinetes apaches) son escalofriantes. Con un tema que parece básicamente bastante familiar ("El pistolero" era mejor), la película tiene empaque, contención y verdadera grandeza pictórica.(...)Pero el inquietante lienzo que es Más allá de Río Grande debería tener más corazón. O golpear al espectador. Mejor aún, ambas cosas. (Howard Thompson en The New York Times del 5 de noviembre de 1959)

Hay algo que decir sobre dejar que un proyecto se salga de control cuando el resultado es tan simpático como éste. Rebosante de personajes, subtramas, temas, símbolos, la película se centra en Mitchum, un gringo pistolero que opera al sur de la frontera. Al cruzar el río (una imagen recurrente) en una misión de tráfico de armas, redescubre dolorosamente los beneficios y las cargas del hogar y la pertenencia. Un inmigrante alemán, una esposa infeliz del ejército y una tropa de caballería negra reflejan diferentes aspectos de su situación. La fotografía y la música son un placer continuo, aunque tener al héroe montando un caballo llamado Lágrimas - Tears - fue llevar demasiado lejos la pretensión. (BBA en Time Out)

Más allá de Río Grande presenta una serie de ideas interesantes y las presenta de manera inusual, pero la película nunca parece llegar a ninguna parte. Es corta en acción y larga en cavilaciones, a veces una introspección demasiado simbólica. (También tiene este problema Más rápido que el viento (1958) del mismo director). (Stuart Galbraith en DVD Talk)

El director Parrish mantiene la historia elegíaca en movimiento a un ritmo lento y deliberado, con mucho tiempo para que el público disfrute de las magníficas vistas y la sorprendente y hermosa fotografía en tecnicolor de las localizaciones, realizada por el ganador del premio de la Academia Floyd Crosby y el mexicano Alex Phillips. Crosby y Phillips enfatizan la inmensidad de los lugares mexicanos y cuán pequeños son los humanos en relación con la naturaleza. Pensativo y temperamental, Más allá de Río Grande es corta en violencia y emoción, pero larga en caracterización e intensidad. Sin embargo, hay escenas culminantes de tiroteos y acción a caballo cerca de su conclusión, cuando Mitchum se encuentra con los apaches y en sus momentos finales. (Joe Marchese en The Digital Bits)

Un western maravillosamente rico que cubre ambiciosamente muchos temas familiares y hace un buen trabajo en el desarrollo del personaje principal y su complicada personalidad. Está basada en una historia del artista Tom Lea, que tiene un cameo como barbero. Robert Parrish dirige impecablemente las escenas de acción y hace un buen trabajo poniendo en escena el tenso ambiente. También muestra buen ojo para hacer hincapié en el vestuario (especialmente con los sombreros mexicanos). (Dennis Schwartz)

Más allá de Río Grande es posiblemente la mejor película del director y ofrece a Robert Mitchum un papel magnífico. Es un western elegíaco e íntimo que se interesa más por el destino de su héroe, y las cuestiones filosóficas que plantea su existencia, que por los giros y escenas de acción habituales inherentes al género. (...) Parrish y Mitchum capturan perfectamente el dilema moral y existencial de Brady en la pantalla. Más allá de Río Grande es un western atípico que podría pasar por ser el eslabón perdido entre las películas de Anthony Mann con James Stewart (con un héroe ambiguo y degradado, verdadero paria) y las de Sam Peckinpah que nunca ocultó su amor por México, el "país maravilloso" del título. La película de Parrish sorprende desde el principio, con Brady rompiéndose una pierna al caer de un caballo, obligado a permanecer inmovilizado y postrado en el primer tercio de la historia, privilegiando el diálogo sobre la acción. (Olivier Père)

Más allá de Río Grande demuestra ser un gran logro, fuera de lo común, realzado por una descripción muy digna y sin folclore del pueblo mexicano (prefigurando la que vendrá en las películas de Sam Peckinpah), una suntuosa fotografía del dúo Floyd Crosby y Alex Phillips Jr., una formidable partitura de Alex North que pasa de la dulzura melancólica al poder de evocar tensiones debidas al suspenso (su modernidad explota durante las secuencias de acción finales en las que sólo se utiliza la percusión), también por una puesta en escena muy bella y curiosa con sus numerosos encuadres en primer plano bastante inusuales para la época. Un western de ritmo relativamente lento y apacible, que culmina bellamente en la imagen tan simbólica del aventurero llorando sobre su montura muerta, colocando la pistola a su lado para poder cruzar el río que lo hará renacer dándole una nueva paz interior y la recuperación de su dignidad humana. Una especie de versión triste e introspectiva de los westerns de Richard Bartlett, un western impregnado de humanidad y diferente a cualquier otro. (Erick Maurel en DVDClassik)

Película estrenada en Barcelona el 13 de junio de 1960, en los cines Astoria y Cristina; en Madrid, el 28 de julio de 1960 en los cines Rialto y Paz.

Reparto: Robert Mitchum, Julie London, Gary Merrill, Pedro Armendáriz, Albert Dekker, Charles McGraw, Jack Oakie.


jueves, 30 de septiembre de 2021

El último magnate (The Last Tycoon, 1976). Elia Kazan

 

Adaptación de la novela inacabada de F. Scott Fitzgerald. Monroe Stahr (Robert De Niro) es un legendario productor de Hollywood reconocido como un "niño prodigio" durante el sistema de estudios de Hollywood de la década de 1930. Stahr se enfrenta hábilmente con estrellas neuróticas (Tony Curtis, Jeanne Moreau), un organizador sindical (Jack Nicholson), un productor adversario (Robert Mitchum), un escritor difícil (Donald Pleasence) y su misteriosa novia (Ingrid Boulting), pero su implacable microgestión puede ser su perdición.

Adaptación cinematográfica de la última e inacabada novela de Francis Scott Fitzgerald. La acción se desarrolla en los años treinta, la época dorada de los estudios de Hollywood, y trata sobre la desmedida ambición y falta de escrúpulos de los que están dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para conquistar la gloria: aspirantes a actores, escritores y productores cinematográficos.

El gran realizador se ha recreado excesivamente en detalles anecdóticos o accesorios, ha impuesto a la película un ritmo lánguido, y también la ha casi reducido a un recital de Robert de Niro, actor que permanece en la pantalla desde el principio al fin, en una resplandeciente actuación personal, pero que limita así la panoràmica social, que uno preveía más amplia. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 20 de abril de 1977)

Esta falta de adecuación entre el espíritu y el ritmo del filme y el interés del público ajeno al libro, puede que sean la causa de cierta sensación de narración sin terminar, que acaba donde la mayoría empieza, a pesar de su reparto espectacular no sólo en lo que se refiere a nombres sino también en su trabajo sabiamente dirigido por Kazan en una de sus historias más cuidadas. Ni la excelente interpretación de Robert de Niro, ni la inclusión de escenas con filmes que anuncian títulos famosos posteriores, los apuntes escénicos, la ambientación y la música de Jarre, acaban de rematar esta obra, ni de poner en pie unos años y un medio que el mismo escritor definía como una fuga hacia un pasado prodigioso y romántico que quizá no vuelva a repetir en esta época nuestra. (Jesús Fernández Santos en El País del 5 de mayo de 1977)

Es, todo a la vez, el cine visto por el propio cine, el testamento inconcluso de un escritor que intuyó la fuerza sorprendente de las imágenes y el testimonio acabado que de su profesión hace uno de los realizadores más importantes dentro de la «élite» norteamericana. (...) En definitiva, una  película  valiosa,  sin disonancias,  acaso un poco  fría  porque Kazan  ha  evitado  efectismos  y notas  agudas, que  entra  por méritos  indudables  en la galería  de  obras  importantes  hechas  por el cine  sobre  su propia  estructura  y su propio mundo. (Pedro Crespo en ABC del 7 de mayo de 1977)

El último magnate es, por un lado, una película que explica qué es el cine, cómo se hace y para qué sirve; por otro, es un  crudo retrato del mundo hollywoodense en su época dorada, de sus miserias, de su hipocresía moral, de la corrupta ambición de los arribistas sin otro dios que el dinero. Pero, sobre todo, es una historia sobre el dolor, la soledad y la frustración de un personaje: el protagonista interpretado por Robert de Niro, el productor Monroe Stahr. Como un Robinson en su isla, rodeado por hombres pequeños y mezquinos, defiende su concepción del cine como arte, al tiempo que su tesón contrasta con los intereses espurios de los otros, cuyos actos van incrementando la suciedad acumulada bajo la alfombra roja. (Gloria Benito en Encadenados)

La austeridad y clasicismo del filme, extraños en una época de rupturas y manierismos propulsada por genios como Coppola o Scorsese; su extraño simbolismo; secuencias como la que muestra a Monroe Stahr explicando a un novelista metido en tareas de guionización cómo "hacer cine", o aquella en la que el joven productor mantiene un duelo dialéctico y físico con el personaje de Jack Nicholson, son otras razones de peso para reivindicar este filme. Sin duda, muy alejado de la obra maestra, pero la mejor adaptación que yo haya visto de una historia de Scott Fitzgerald. Y una estupenda despedida del cine de ese tipo tan curioso, Elia Kazan. (Gabriel Doménech en La soledad del tipo del fondo)

Ninguno de los cambios que el Sr. Pinter ha hecho en la novela me parece que dañe el estilo o el estado de ánimo del libro. Más que cualquier otra adaptación cinematográfica de una obra de Fitzgerald, con la excepción de la excelente adaptación de Joan Micklin Silver del cuento "Bernice menea su pelo", "El último magnate" conserva el sentimiento y la inteligencia originales. La película está llena de ecos. Lo vemos como si estuviera muy lejos de lo que está sucediendo, pero eso también es apropiado: Fitzgerald estaba escribiendo la historia tal como sucedió. (Vincent Canby en The New York Times del 18 de noviembre de 1976)

The Last Tycoon es una película hermosa y letárgica, basada en la novela inacabada sobre el Hollywood de los años 30 de F. Scott Fitzgerald, adaptada por Harold Pinter. La contribución del productor Sam Spiegel es admirable, pero la dirección de Elia Kazan sobre el guión de Pinter parece desenfocada aunque artesanal. La interpretación de Robert De Niro como el inescrutable chico maravilla de la industria del cine es suavemente intrigante. (Variety)

Otro episodio de la tardía historia de amor de Hollywood con Scott Fitzgerald. Esta vez se adapta su novela inacabada sobre la industria del cine en los años 30 y se apuesta por la calidad a riesgo de suprimir la vida de la imagen. A menudo el film es bastante pesado, a pesar de un guión de Pinter, especialmente la relación central entre el productor De Niro, excéntrico e intenso, y una tímida desconocida (Ingrid Boulting). Pero De Niro demuestra una vez más lo bien que puede interpretar un papel, y es particularmente bueno en las escenas que tratan del día a día en la realización de películas. Por una vez, un elenco de estrellas recurre a su peso fílmico; cuando todo lo demás falla, al menos siguen siendo interesantes, principalmente porque la dirección de Kazán favorece a los actores a expensas de cualquier otra cosa. Aunque desigual, el resultado sigue siendo mucho mejor que el último vistazo de Hollywood a sí mismo (Como plaga de langosta, 1975) y su última porción de Fitzgerald (El gran Gatsby, 1974). (Time Out)

Elia Kazan admite ahora que dirigió esta adaptación, su última película de Hollywood, por dinero. Desafortunadamente, así parece ser. (Jonathan Rosenbaum)

Al adaptar una novela inacabada de Fitzgerald, Elia Kazan entregó una de esas "grandes películas enfermas" que Truffaut amaba, imperfecta y magnífica. (...) Cuando terminó el rodaje de El último magnate, Elia Kazan tomó una decisión irrevocable: “Nunca volveré a hacer una película". El último plano que rodó es también el último plano de la película: De Niro camina solo, en el estudio desierto. Entra en una gran estructura oscura, que alberga un plató de filmación. La oscuridad lo envuelve, desaparece. Un momento enigmático y, por supuesto, metafórico según un proceso de mise en abyme querido por Harold Pinter: “Traté de mostrar que la frontera entre cine y realidad no es sólida; también intenté demostrar que estábamos haciendo una película ”, le escribió el dramaturgo a Sam Spiegel para explicar la escena. Pero con toda su genialidad, Pinter no había previsto que esta sería la despedida de uno de los más grandes cineastas del siglo a su arte. Vista a través de este prisma, la escena no es solo poética o simbólica. Es profundamente conmovedora, como una película que merece ser redescubierta más que nunca. (Forence Colombani en Le Point)

“De este mundo de Hollywood y sus laberintos, del mágico lugar que es un estudio, de esta extraña alquimia, de esta conjunción de intereses económicos y ambiciones artísticas que despierta la realización de una película, Elia Kazan, que también es un hijo de este mundo, da una imagen mítica y realista, de rara precisión". (Jean de Baroncelli en Le Monde)

 Película estrenada en Barcelona el 19 de abril de 1977 en los cines Fémina y Palacio Balañá; en Madrid el 4 de mayo de 1977 en el cine Conde Duque.

Reparto: Robert De Niro, Tony Curtis, Robert Mitchum, Jeanne Moreau, Jack Nicholson, Donald Pleasence, Ray Milland, Dana Andrews, Ingrid Boulting, Theresa Russell.