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lunes, 3 de agosto de 2026

Río salvaje (Wild River, 1960). Elia Kazan

Río Salvaje (1960) representa uno de los proyectos más personales y profundos en la carrera de Elia Kazan, nacido de su propia experiencia en 1937 como asistente de dirección en un documental en Tennessee. Originalmente concebida como un homenaje al espíritu de Franklin D. Roosevelt y su "Nuevo Trato" (New Deal), la película explora la compleja relación entre las agencias gubernamentales y las personas de "carne y hueso" que se ven afectadas por sus políticas de progreso. Kazan buscó retratar el esfuerzo por modernizar una región duramente golpeada por la Gran Depresión, enfocándose en la labor de la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA).

Parece impossible que Elia Kazan, el genial director de “Viva Zapata”, “La ley del silencio” y “Un tranvía llamado Deseo”, haya realizado ahora una película tan confusa y deslavazada como “Río salvaje”. Sobre todo si se tiene en cuenta que disponía de un tema de indudables posibilidades y que tantas esperanzas hace concebir en su arranque... (G. Bolín en ABC del 9 de septiembre de 1962)

La trama se sitúa en 1937 y sigue a Chuck Glover (Montgomery Clift), un funcionario de la TVA encargado de supervisar la expropiación de tierras que serán inundadas por la construcción de una nueva represa hidroeléctrica. El núcleo del relato es el duelo de voluntades entre Glover y la familia Garth, liderada por la indomable matriarca Ella Garth (Jo Van Fleet), quien se niega tajantemente a abandonar su isla y la tierra que sus antepasados cultivaron. Lo que comienza como una misión burocrática para traer electricidad y control de inundaciones a la región se transforma en un azaroso desarrollo que afecta emocionalmente a todos los involucrados.

El guion, escrito por Paul Osborn, es una amalgama de dos novelas: Dunbar's Cove de Borden Deal y Mud on the Stars de William Bradford Huie. Para garantizar la máxima autenticidad, la producción se trasladó íntegramente a Tennessee, filmando en localidades como Charleston y Cleveland, y utilizando el río Hiwassee como escenario. Esta fue la primera gran película de Hollywood rodada totalmente en dicho estado, y Kazan reforzó el realismo empleando a residentes locales para cubrir el 80% de los papeles con diálogo.

A pesar de tener solo 44 o 45 años en ese momento, Jo Van Fleet ofrece una actuación magistral como la octogenaria Ella Garth, recurriendo a un maquillaje naturalista y un dominio físico asombroso. Kazan, que inicialmente pretendía que su protagonista fuera el héroe del progreso, confesó en sus memorias que sus simpatías terminaron desplazándose hacia la "anciana obstinada" que defendía su dignidad individual frente a la maquinaria estatal. Ella Garth no es simplemente una figura reaccionaria; representa un vínculo irracional y vital con la tierra que el funcionario no logra comprender al principio.

Las interpretaciones principales dotan al filme de una tensión inusual, especialmente por la química entre Montgomery Clift y Lee Remick, quien interpreta a Carol, la nieta viuda de Ella. Clift, quien arrastraba secuelas físicas y emocionales de un grave accidente automovilístico, proyecta una masculinidad ambivalente y vulnerable que contrasta con la energía apasionada y expresiva de Remick. El romance que surge entre ambos está marcado por la incertidumbre y el dolor, alejándose de los cánones tradicionales de Hollywood para mostrar a dos seres que se reconocen en su soledad y necesidad de cambio.

El filme también aborda con valentía el conflicto racial de la época, mostrando cómo la insistencia de Glover en pagar salarios equitativos a los trabajadores afroamericanos desata la furia de la población blanca local. Mientras que en el pueblo impera la segregación y el prejuicio, irónicamente en la isla de Ella Garth se observa una convivencia armoniosa y progresista entre la matriarca y sus trabajadores negros, como el fiel Sam Johnson. Esta dualidad subraya que el progreso técnico no siempre camina de la mano con el progreso moral o social.

Visualmente, Río Salvaje es una obra de un lirismo excepcional, capturada en CinemaScope por el director de fotografía Ellsworth Fredericks. La cámara logra envolver a la isla de Garthville en una niebla melancólica y otoñal, reforzando el tono elegíaco de una forma de vida que está a punto de desaparecer bajo las aguas. El uso del espacio, los gestos íntimos de los personajes y la música con aires folclóricos de Kenyon Hopkins contribuyen a crear una atmósfera que algunos críticos han comparado con la sensibilidad de Chéjov o John Ford.

En conclusión, aunque fue un fracaso comercial en su estreno, Río Salvaje ha sido revalorizada como una de las obras más profundas y honestas de Elia Kazan. Es una meditación conmovedora sobre cómo el pasado puede inhibir y enriquecer el presente, planteando que cada avance hacia el bien común conlleva una pérdida humana equivalente. Al equilibrar la necesidad del progreso social con el respeto a la dignidad individual, el filme se consagra como un documento imprescindible del espíritu americano, razón por la cual fue seleccionado para su preservación en el Registro Nacional de Cine en 2002.

Película estrenada en Madrid el 6 de septiembre de 1962 en los cines Consulado, Carlos III y Roxy B.

Reparto: Montgomery Clift, Lee Remick, Jo Van Fleet, Albert Salmi, Jay C. Flippen, James Westerfield, Bruce Dern, Barbara Loden.



lunes, 23 de febrero de 2026

Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass, 1961). Elia Kazan

Estrenada en 1961, Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass) representa una pieza fundamental en la filmografía de Elia Kazan, cerrando una década de obras maestras que exploraron la marginación y la psique estadounidense. Escrita por William Inge, la película se sitúa en Kansas a finales de la década de 1920, pero funciona como una crítica mordaz a la moralidad puritana y la hipocresía social de mediados del siglo XX. La trama sigue a dos adolescentes, Deanie Loomis y Bud Stamper, cuyo amor romántico se ve asfixiado por las restricciones sexuales impuestas por su entorno, lo que conduce a una tragedia personal marcada por la represión.

Es película valiente y de peligrosos matices por la misma dificultad que plantea la llegada de la pubertat. Y cuando, como en este caso, se trata de exponer tan grave problema de una manera dramàtica y concreta, sólo la mano maestra de Elia Kazan es capaz de sortear el espinoso camino con realismo y con limpieza, sin hurtar ninguna dificultad, pero tocándolas todas con finísimo tacto. (...) “Esplendor en la yerba” es una película importante, obra legítima de un veterano maestro y buena para el recuerdo y hasta para la meditación. Película con amarga y mansa moraleja. (Gabriel García Espina en ABC del 29 de enero de 1963)

Los protagonistas, interpretados por Natalie Wood y Warren Beatty, encarnan la lucha entre el deseo natural y las normas de conducta "adecuadas". Mientras Bud lidia con la presión de su padre y su propia frustración física, Deanie es bombardeada por las advertencias de su madre sobre la castidad, bajo la premisa de que las "chicas buenas" no deben tener sentimientos sexuales. Esta tensión constante entre el instinto y la represión se convierte en el motor destructivo de su relación, llevando a los personajes al borde del colapso mental y moral.

El conflicto generacional es un tema central, donde los padres actúan como los "asesinos" del amor romántico en nombre de virtudes caducas. Ace Stamper, un millonario hecho a sí mismo, y la Sra. Loomis, una mujer dominante, imponen a sus hijos una visión del éxito y la respetabilidad que ignora la salud emocional. Kazan utiliza este escenario para denunciar cómo las ambiciones materiales y el puritanismo distorsionado de la generación anterior sacrifican la felicidad de los jóvenes por el estatus y la apariencia.

Kazan utiliza magistralmente la puesta en escena y la cultura material para comunicar el mundo interior de los personajes. Los objetos en el hogar de los Loomis y los Stamper no son decorativos, sino extensiones de sus luchas; por ejemplo, Deanie crea un "santuario" con fotos de Bud para canalizar su deseo reprimido, mientras que Ace utiliza su mansión para proyectar un poder basado únicamente en el consumo. Esta técnica del "Método" permite que los objetos hablen por los actores, revelando la complejidad moral y emocional que las palabras no pueden expresar.

Desde el punto de vista técnico, la película destaca por el uso simbólico del agua y el color. Kazan y el director de fotografía Boris Kaufman evitaron los colores brillantes típicos de la época para lograr una estética monocromática y fría, huyendo de una apariencia de "fruta de cera" en los actores. Asimismo, la imagen recurrente de la cascada funciona como un trasfondo de la fuerza incontenible del deseo sexual, contrastando con la rigidez de los espacios interiores donde los jóvenes se sienten atrapados.

El desenlace de la película es una exploración sobre la pérdida de la inocencia y la sabiduría que surge de la experiencia. Años después de su separación, Deanie y Bud se reencuentran como adultos ajustados a la realidad, habiendo perdido su vigor juvenil pero ganando una comprensión filosófica de la vida. Este final, considerado por Kazan como uno de los más satisfactorios de su carrera, se apoya en el poema de William Wordsworth, que sugiere que, aunque el esplendor inicial se haya ido, se debe encontrar fortaleza en lo que queda atrás.

Finalmente, la película cierra con una visión de supervivencia frente a la caída del sueño americano materialista. Bud termina viviendo una vida modesta como agricultor, lejos de la opulencia corrupta de su padre, quien se suicidó tras el colapso financiero de 1929. A través de esta resolución, Kazan propone que la verdadera "buena vida" no reside en el consumo excesivo o el estatus, sino en la integridad moral y la capacidad de aceptar la realidad con resiliencia, transformando el dolor en una forma de entendimiento profundo.

Esplendor en la hierba constituye una de las acusaciones más feroces contra el materialismo y la represión social en el cine clásico. La genialidad de Kazan reside en su capacidad para demostrar que la rigidez de los valores morales y económicos —a menudo presentados como la "buena vida"— es en realidad una fuerza destructiva que fragmenta la identidad humana. Al situar la historia en el pasado, Kazan ofrece una perspectiva objetiva que permite al espectador de cualquier época reconocer la falsedad de la máscara de respetabilidad. La película nos recuerda que la verdadera madurez no consiste en la conformidad, sino en la fortaleza espiritual necesaria para sobrevivir a la pérdida y encontrar un nuevo significado en los fragmentos de la juventud.

Película estrenada en Madrid el 28 de enero de 1963 en el cine Rialto. 

Reparto: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Zohra Lampert, Sandy Dennis, Phyllis Dieller, Gary Lockwood.

jueves, 30 de septiembre de 2021

El último magnate (The Last Tycoon, 1976). Elia Kazan

 

Adaptación de la novela inacabada de F. Scott Fitzgerald. Monroe Stahr (Robert De Niro) es un legendario productor de Hollywood reconocido como un "niño prodigio" durante el sistema de estudios de Hollywood de la década de 1930. Stahr se enfrenta hábilmente con estrellas neuróticas (Tony Curtis, Jeanne Moreau), un organizador sindical (Jack Nicholson), un productor adversario (Robert Mitchum), un escritor difícil (Donald Pleasence) y su misteriosa novia (Ingrid Boulting), pero su implacable microgestión puede ser su perdición.

Adaptación cinematográfica de la última e inacabada novela de Francis Scott Fitzgerald. La acción se desarrolla en los años treinta, la época dorada de los estudios de Hollywood, y trata sobre la desmedida ambición y falta de escrúpulos de los que están dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para conquistar la gloria: aspirantes a actores, escritores y productores cinematográficos.

El gran realizador se ha recreado excesivamente en detalles anecdóticos o accesorios, ha impuesto a la película un ritmo lánguido, y también la ha casi reducido a un recital de Robert de Niro, actor que permanece en la pantalla desde el principio al fin, en una resplandeciente actuación personal, pero que limita así la panoràmica social, que uno preveía más amplia. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 20 de abril de 1977)

Esta falta de adecuación entre el espíritu y el ritmo del filme y el interés del público ajeno al libro, puede que sean la causa de cierta sensación de narración sin terminar, que acaba donde la mayoría empieza, a pesar de su reparto espectacular no sólo en lo que se refiere a nombres sino también en su trabajo sabiamente dirigido por Kazan en una de sus historias más cuidadas. Ni la excelente interpretación de Robert de Niro, ni la inclusión de escenas con filmes que anuncian títulos famosos posteriores, los apuntes escénicos, la ambientación y la música de Jarre, acaban de rematar esta obra, ni de poner en pie unos años y un medio que el mismo escritor definía como una fuga hacia un pasado prodigioso y romántico que quizá no vuelva a repetir en esta época nuestra. (Jesús Fernández Santos en El País del 5 de mayo de 1977)

Es, todo a la vez, el cine visto por el propio cine, el testamento inconcluso de un escritor que intuyó la fuerza sorprendente de las imágenes y el testimonio acabado que de su profesión hace uno de los realizadores más importantes dentro de la «élite» norteamericana. (...) En definitiva, una  película  valiosa,  sin disonancias,  acaso un poco  fría  porque Kazan  ha  evitado  efectismos  y notas  agudas, que  entra  por méritos  indudables  en la galería  de  obras  importantes  hechas  por el cine  sobre  su propia  estructura  y su propio mundo. (Pedro Crespo en ABC del 7 de mayo de 1977)

El último magnate es, por un lado, una película que explica qué es el cine, cómo se hace y para qué sirve; por otro, es un  crudo retrato del mundo hollywoodense en su época dorada, de sus miserias, de su hipocresía moral, de la corrupta ambición de los arribistas sin otro dios que el dinero. Pero, sobre todo, es una historia sobre el dolor, la soledad y la frustración de un personaje: el protagonista interpretado por Robert de Niro, el productor Monroe Stahr. Como un Robinson en su isla, rodeado por hombres pequeños y mezquinos, defiende su concepción del cine como arte, al tiempo que su tesón contrasta con los intereses espurios de los otros, cuyos actos van incrementando la suciedad acumulada bajo la alfombra roja. (Gloria Benito en Encadenados)

La austeridad y clasicismo del filme, extraños en una época de rupturas y manierismos propulsada por genios como Coppola o Scorsese; su extraño simbolismo; secuencias como la que muestra a Monroe Stahr explicando a un novelista metido en tareas de guionización cómo "hacer cine", o aquella en la que el joven productor mantiene un duelo dialéctico y físico con el personaje de Jack Nicholson, son otras razones de peso para reivindicar este filme. Sin duda, muy alejado de la obra maestra, pero la mejor adaptación que yo haya visto de una historia de Scott Fitzgerald. Y una estupenda despedida del cine de ese tipo tan curioso, Elia Kazan. (Gabriel Doménech en La soledad del tipo del fondo)

Ninguno de los cambios que el Sr. Pinter ha hecho en la novela me parece que dañe el estilo o el estado de ánimo del libro. Más que cualquier otra adaptación cinematográfica de una obra de Fitzgerald, con la excepción de la excelente adaptación de Joan Micklin Silver del cuento "Bernice menea su pelo", "El último magnate" conserva el sentimiento y la inteligencia originales. La película está llena de ecos. Lo vemos como si estuviera muy lejos de lo que está sucediendo, pero eso también es apropiado: Fitzgerald estaba escribiendo la historia tal como sucedió. (Vincent Canby en The New York Times del 18 de noviembre de 1976)

The Last Tycoon es una película hermosa y letárgica, basada en la novela inacabada sobre el Hollywood de los años 30 de F. Scott Fitzgerald, adaptada por Harold Pinter. La contribución del productor Sam Spiegel es admirable, pero la dirección de Elia Kazan sobre el guión de Pinter parece desenfocada aunque artesanal. La interpretación de Robert De Niro como el inescrutable chico maravilla de la industria del cine es suavemente intrigante. (Variety)

Otro episodio de la tardía historia de amor de Hollywood con Scott Fitzgerald. Esta vez se adapta su novela inacabada sobre la industria del cine en los años 30 y se apuesta por la calidad a riesgo de suprimir la vida de la imagen. A menudo el film es bastante pesado, a pesar de un guión de Pinter, especialmente la relación central entre el productor De Niro, excéntrico e intenso, y una tímida desconocida (Ingrid Boulting). Pero De Niro demuestra una vez más lo bien que puede interpretar un papel, y es particularmente bueno en las escenas que tratan del día a día en la realización de películas. Por una vez, un elenco de estrellas recurre a su peso fílmico; cuando todo lo demás falla, al menos siguen siendo interesantes, principalmente porque la dirección de Kazán favorece a los actores a expensas de cualquier otra cosa. Aunque desigual, el resultado sigue siendo mucho mejor que el último vistazo de Hollywood a sí mismo (Como plaga de langosta, 1975) y su última porción de Fitzgerald (El gran Gatsby, 1974). (Time Out)

Elia Kazan admite ahora que dirigió esta adaptación, su última película de Hollywood, por dinero. Desafortunadamente, así parece ser. (Jonathan Rosenbaum)

Al adaptar una novela inacabada de Fitzgerald, Elia Kazan entregó una de esas "grandes películas enfermas" que Truffaut amaba, imperfecta y magnífica. (...) Cuando terminó el rodaje de El último magnate, Elia Kazan tomó una decisión irrevocable: “Nunca volveré a hacer una película". El último plano que rodó es también el último plano de la película: De Niro camina solo, en el estudio desierto. Entra en una gran estructura oscura, que alberga un plató de filmación. La oscuridad lo envuelve, desaparece. Un momento enigmático y, por supuesto, metafórico según un proceso de mise en abyme querido por Harold Pinter: “Traté de mostrar que la frontera entre cine y realidad no es sólida; también intenté demostrar que estábamos haciendo una película ”, le escribió el dramaturgo a Sam Spiegel para explicar la escena. Pero con toda su genialidad, Pinter no había previsto que esta sería la despedida de uno de los más grandes cineastas del siglo a su arte. Vista a través de este prisma, la escena no es solo poética o simbólica. Es profundamente conmovedora, como una película que merece ser redescubierta más que nunca. (Forence Colombani en Le Point)

“De este mundo de Hollywood y sus laberintos, del mágico lugar que es un estudio, de esta extraña alquimia, de esta conjunción de intereses económicos y ambiciones artísticas que despierta la realización de una película, Elia Kazan, que también es un hijo de este mundo, da una imagen mítica y realista, de rara precisión". (Jean de Baroncelli en Le Monde)

 Película estrenada en Barcelona el 19 de abril de 1977 en los cines Fémina y Palacio Balañá; en Madrid el 4 de mayo de 1977 en el cine Conde Duque.

Reparto: Robert De Niro, Tony Curtis, Robert Mitchum, Jeanne Moreau, Jack Nicholson, Donald Pleasence, Ray Milland, Dana Andrews, Ingrid Boulting, Theresa Russell.