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viernes, 21 de agosto de 2026

Callejón sangriento (Blood Alley, 1955). William A. Wellman


Blood Alley, estrenada en 1955 bajo la dirección de William A. Wellman, ocupa un lugar curioso en la filmografía tardía de uno de los grandes artesanos del cine clásico de aventuras estadounidense. Producida por Batjac, la compañía recién fundada de John Wayne, y distribuida por Warner Bros., la película se rodó en CinemaScope y Warnercolor, dos tecnologías que Hollywood empleaba entonces para competir con la televisión mediante espectacularidad visual. Lejos de ser un simple vehículo de lucimiento para su estrella, el filme se propone como una fábula de evasión política: la huida de doscientos refugiados chinos desde la China comunista hasta Hong Kong, guiados por un capitán de la marina mercante estadounidense. Esa premisa, aparentemente sencilla, condensa buena parte de las tensiones ideológicas y estéticas del cine de aventuras norteamericano de mediados de los años cincuenta.

La realización de este film data de algunos años, circunstancia que no deja de advertirse con bastantes detalles. Sin embargo, es correcta y, en general, mantiene el clima de tensión que se ha propuesto. (M. Planas en La Vanguardia del 12 de noviembre de 1965)

Se trata de un típico film de propaganda anticomunista, discursivo e ingenuo, premioso en su desarrollo, con lagunas argumentales que no sabemos si obedecen a un "peinado" de la versión original o a un fallo ostensible de guión. (...)Las ingenuidades en el diálogo se complementan con evidentes fallos en la dirección de los intérpretes que llegan a lograr una caricatura de sus personajes. (Martínez Redondo en ABC del 15 de marzo de 1966)

El origen literario de la historia se encuentra en la novela homónima de Albert Sidney Fleischman, autor que basó el relato en su propia experiencia como marino durante la Segunda Guerra Mundial. Wellman, en una decisión poco habitual para la época, permitió que Fleischman escribiera él mismo el guion completo, en lugar de encargar la adaptación a un guionista de estudio. Esta continuidad entre autor literario y autor cinematográfico explica en parte el ritmo pausado y episódico de la película, más cercano a la estructura de capítulos de una novela de aventuras que al montaje trepidante habitual del cine de acción hollywoodense de la época.

La producción estuvo marcada por un reparto accidentado antes de llegar a su forma definitiva. El papel protagónico, el del capitán Tom Wilder, pasó primero por Robert Mitchum, despedido durante el rodaje por conflictos con la producción, y después fue ofrecido a Humphrey Bogart, que pidió un caché considerado excesivo, y a Gregory Peck, que rechazó el proyecto. John Wayne terminó asumiendo el papel él mismo, en lo que constituyó además la primera producción propia de Batjac. Esta cadena de rechazos y sustituciones no es un dato anecdótico menor: revela hasta qué punto Blood Alley era percibida en su momento como un proyecto de riesgo, tanto por su contenido político explícito como por las dificultades logísticas del rodaje.

Wellman resolvió el reto de representar la costa china sin poder filmar en la República Popular recurriendo a localizaciones del norte de California, en particular el río Sacramento, donde una vieja draga fluvial fue rebautizada como el barco protagonista. Esta sustitución geográfica, común en el Hollywood de posguerra, adquiere aquí un valor casi simbólico: la China representada no es un lugar real sino una construcción escénica al servicio de un relato moral trazado en blanco y negro ideológico, donde el régimen comunista aparece como amenaza abstracta y uniforme, sin apenas matices internos.

En el plano interpretativo, la elección de Lauren Bacall como Cathy Grainger, la hija de una misionera médica, resulta especialmente llamativa dado que sus posiciones políticas personales distaban notablemente del anticomunismo militante que impregna el guion. Su presencia aporta al filme un contrapunto de sobriedad frente al tono más declamatorio de Wayne, aunque el personaje femenino queda en buena medida subordinado a la function narrativa de acompañar y validar las decisiones del protagonista. Anita Ekberg, en un papel secundario, y el resto del reparto de apoyo —Paul Fix como el patriarca de la aldea, Mike Mazurki como primer oficial— completan un elenco correcto pero que nunca logra desplazar el centro de gravedad del filme, situado firmemente en la figura heroica de Wayne.

Desde el punto de vista ideológico, Blood Alley no disimula su condición de filme de propaganda anticomunista, con diálogos y situaciones que subrayan de manera explícita la crueldad y el fanatismo del régimen chino frente a la voluntad de libertad de los aldeanos. Esta dimensión de mensaje político directo la sitúa en la estela de otras producciones de Wayne de la misma década, como Big Jim McLain, films concebidos tanto como entretenimiento comercial como como intervención cultural en el clima de la Guerra Fría y el macartismo. La crítica de la costa oeste estadounidense, más receptiva al tono patriótico del filme, lo trató con mayor indulgencia que la de la costa este, y comercialmente la película quedó por debajo de otras producciones bélicas o anticomunistas de Wayne del mismo periodo.

Situada en el tramo final de la carrera de Wellman, Blood Alley comparte con sus últimas películas —como la posterior Good-bye, My Lady— un interés por relatos de escape y redención enmarcados en escenarios exóticos, aunque aquí el tono sentimental cede paso a la urgencia bélica y al suspense fluvial. La colaboración con Fleischman resultó lo bastante satisfactoria como para que Wellman volviera a contar con él en Lafayette Escadrille (1958), su último filme como director, lo que confirma que, más allá de su recepción desigual, la experiencia de Blood Alley dejó una huella profesional duradera en el cineasta.

Blood Alley es, ante todo, un documento de su tiempo antes que una obra de aventuras atemporal. Su mayor virtud reside en el oficio artesanal de Wellman: el manejo del espacio confinado del río, la tensión sostenida del viaje y el uso del CinemaScope para dar amplitud visual a una historia esencialmente claustrofóbica. Sin embargo, esa habilidad técnica no logra compensar la rigidez ideológica del guion, que reduce el conflicto político a una oposición maniquea entre villanos comunistas sin matices y refugiados virtuosos, sacrificando la complejidad humana en favor del mensaje. El resultado es un filme desigual, más interesante como artefacto histórico —testimonio del cine de Guerra Fría producido por y para la estrella más identificada con el patriotismo conservador de Hollywood— que como experiencia narrativa autónoma. Su lugar en la obra de Wellman es, en última instancia, menor: un ejercicio profesional sólido pero anodino, eclipsado por títulos anteriores del director donde la ambigüedad moral y la textura humana de los personajes tenían mayor cabida.

Película estrenada en Barcelona el 11 de noviembre de 1965 en el cine Excelsior; en Madrid, el 14 de marzo de 1966 en los cines Carlos III, Consulado y Roxy A.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Paul Fix, Mike Mazurki, Berry Kroeger, Anita Ekberg, Chester Gan, James Hong.


viernes, 14 de noviembre de 2025

El sueño eterno (The Big Sleep, 1946). Howard Hawks

Un general millonario y excéntrico tiene dos hijas que están involucradas en asuntos más bien turbios. Decide entonces llamar al detective privado Philip Marlowe para que resuelva sus problemas familiares. Cuando Marlowe empieza a investigar, descubre muy pronto que las diversas ramificaciones del asunto lo convierten en una auténtica maraña.

The Big Sleep (1946), dirigida por Howard Hawks, es una obra maestra ampliamente reconocida del género film noir. La película se centra en el detective privado Philip Marlowe (Humphrey Bogart), quien es contratado para investigar un chantaje, lo que lo introduce en una red compleja de mentiras, drogas, pornografía y asesinato que involucra a las dos hijas de su adinerado cliente. Si bien la película es celebrada por su atmósfera oscura y sus diálogos ágiles, la trama es famosa por ser notoriamente confusa, un laberinto narrativo que algunos consideran "bizantino".

La película se basa en la novela negra de Raymond Chandler publicada en 1939. La adaptación se distingue de la fuente literaria, la cual presentaba los rasgos típicos de la novela hard-boiled como un detective solitario, un descenso a los infiernos y un tono ácido y existencialista. Los cambios narrativos proceden principalmente de la decisión de Hawks de introducir una elaborada trama romántica, una cuestión tan esencial que diluye la clasificación de la película dentro del género puramente negro. La Warner Bros., que poseía los derechos de la novela desde 1944, quería capitalizar la gran química en pantalla de Humphrey Bogart y Lauren Bacall, la pareja de moda tras su éxito en Tener y no tener (1944).

El corte original del director, finalizado por Hawks en marzo de 1945, fue archivado. Tras las malas críticas recibidas por la actriz en Confidential Agent (1945), el agente de Bacall, Charles K. Feldman, temió un final prematuro para la prometedora carrera de Lauren Bacall. Feldman persuadió al jefe del estudio, Jack Warner, para remodelar The Big Sleep inspirándose en el tono "insolente y provocativo" de Tener y no tener. Esto resultó en 16 minutos de nuevas tomas ordenadas por Warners para realzar la calidad estelar de Bacall. El metraje adicional, que sumó 18 minutos en total, reemplazó 20 minutos del corte original de 1945, dando lugar a la versión final de 1946 que hoy se conoce.

El énfasis en la relación Marlowe-Vivian Sternwood transformó la estructura de la película. El guionista Jules Furthman, contratado después de un borrador inicial de William Faulkner y Leigh Brackett, hizo crecer el romance por encima de la trama centrada en Carmen Sternwood, que era más seria en la novela. La historia cinematográfica relega la investigación detectivesca a una trama de contexto, mientras que la trama romántica se convierte en la sustancia narrativa dominante. El detective Marlowe se reconvierte de un héroe solitario y cínico que mantiene su código de honor frente a la corrupción a un galán "principesco y juguetón" que busca la felicidad personal.

Esta nueva dinámica romántica es evidente en el diálogo, reconocido por ser impecablemente ágil. Un ejemplo clave es la escena añadida de las "carreras de caballos", donde Lauren Bacall le dice a Humphrey Bogart: "Diría que no le gusta que le clasifiquen, le encanta arrancar fuerte, abrirse camino, tomarse un respiro en la segunda vuelta y volver relajado a casa". Esta conversación, llena de insinuaciones sobre la pareja, sirvió para establecer una fuerza opositora entre Marlowe y Vivian. Los diálogos chispeantes y la igualdad entre los sexos en la agudeza verbal asocian la película con la comedia alocada (screwball) que Hawks también cultivaba.

A pesar de su estética visual que cumple con muchas características del cine negro (como el uso del claroscuro, la ambientación nocturna y la presencia de femmes fatales), el romance creado por el estudio alteró el tono temático. El guion de Hawks toma una distancia narrativa de la novela de Chandler, cambiando el fatalismo y la desesperanza inherentes al género negro por una "apertura optimista hacia la felicidad individual". La película se acerca más a la filmografía "vitalista" de Hawks, integrando la historia dentro de su particular estilo que celebra el espíritu humano y la relación de pareja.

Finalmente, la complejidad de la trama de The Big Sleep es una parte inseparable de su mito. La historia es tan intrincada que incluso el propio Raymond Chandler supuestamente no pudo responder a una pregunta clave cuando los cineastas lo llamaron: "¿Quién mató al chófer?". Howard Hawks se hizo famoso por su indiferencia ante la lógica del argumento. Él mismo confesó no haber entendido nunca lo que sucedía, concluyendo que "solo iba a probar a hacer buenas escenas", adhiriéndose a la filosofía, compartida por Chandler, de que "la escena superaba a la trama". La trama enredada se convirtió en una excusa para el brillo atmosférico.

Película no estrenada comercialmente en España. Se vio por primera vez cuando TVE la emitió el 4 de abril de 1972 dentro del ciclo "Su nombre es Bogart".

Reparto: Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Martha Vickers, Charles Waldron, Charles D. Brown, John Ridgely, Dorothy Malone, Elisha Cook Jr.

martes, 16 de noviembre de 2021

Callejón sangriento (Blood Alley, 1955). William A. Wellman

 


El capitán de un barco mercante (John Wayne) ayuda a los habitantes de un poblado de la China comunista a llegar hasta Hong Kong para alcanzar la libertad.

La realización de este film data de algunos años, circunstancia que no deja de advertirse con bastantes detalles. Sin embargo, es correcta y, en general, mantiene el clima de tensión que se ha propuesto. (M. Planas en La Vanguardia del 12 de noviembre de 1965)

Se trata de un típico film de propaganda anticomunista, discursivo e ingenuo, premioso en su desarrollo, con lagunas argumentales que no sabemos si obedecen a un "peinado" de la versión original o a un fallo ostensible de guión. (...)Las ingenuidades en el diálogo se complementan con evidentes fallos en la dirección de los intérpretes que llegan a lograr una caricatura de sus personajes. (Martínez Redondo en ABC del 15 de marzo de 1966)

Un tebeo de aventuras construido a la medida de John Wayne, que se lo pasó en grande masacrando a innumerables chinos (comunistas, naturalmente), en una trepidante huida hacia Hong Kong. Al margen de las consideraciones políticas que pueda suscitar, bastante insignificantes por cierto, cabe destacar el pulso narrativo con que se desarrolla la acción. Es una obra menor pero decididamente simpática. (Fotogramas)

Al menos, cuando comienza verdaderamente la aventura marina, estás caracterizaciones se diluyen en una acción ligera y efectiva, narrada con pulso y gusto por un William A. Wellman alejado de sus mejores obras. Aquí, la limitación de los decorados se suple en parte con una bonita fotografía. (El crítico abúlico)

Un espectador puede tener la incómoda sensación de que el Sr. Wayne ha pasado por este tipo de prueba antes y que "Blood Alley", a pesar de su exótica ambientación oriental, es un melodrama estándar de persecución modelado sobre un plano familiar. Pero nuestro duro héroe, instigado por Lauren Bacall, cuyos fríos y esculturales encantos obviamente no puede ignorar, y el director William A. Wellman, un conocido especialista en películas de acción enérgica, han hecho de "Blood Alley" una animada aventura, aunque no de altos vuelos. (The New York Times del 6 de octubre de 1955)

Blood Alley es un film a veces peculiar y vergonzante, pero bien producido y razonablemente lleno de suspense. (Stuart Galbraith en DVDTalk)

La cámara de Wellman sabe exactamente cómo posicionarse para dar lo mejor de lo que la secuencia tiene para ofrecer, a veces milimetrada (la cara de Lauren Bacall entre dos radios del timón), a veces cómica (Wayne gritando por la tubería de comunicación con las máquinas de la sala, sin que nos demos cuenta nada de lo que dice, ya que estamos afuera). En una secuencia de acción tan original como compleja, William Wellman demuestra el alcance de su talento y hace que sea más fácil de entender para el espectador con códigos visuales nítidos pero no toscos, que contrastan literalmente con la estructura clásica habitual de este tipo de reyertas. Y de hecho es aquí donde está la máxima aportación del director, pues de una película al principio completamente predecible entrega una versión final pulcra, de alta gama, rechazando la mayoría de las facilidades del género y llenando la historia de ideas notables. Blood Alley es simplemente la demostración perfecta del saber hacer del Hollywood de una cierta época en el cine de aventuras y emociones. Sin ningún efecto especial sintético y gracias a una energía salvadora en todos los instantes, este colorido entretenimiento se saborea como un caramelo de varios sabores y que deja un regusto terriblemente agradable. Algunos historiadores del cine dirían "común y corriente", otros dirían "históricamente menor", pero de innegable calidad para el deleite de todos. (Julien Léonard en DVDClassik)

La carga anticomunista, como era de esperar, es un poco pesada. Pero es la aventura humana lo que interesa a Wellman, ofreciendo buenos papeles a sus actores. Para los hombres de todos modos, porque la pobre Lauren Bacall es la sacrificada de la historia, reducida la mayor parte del tiempo a una bonita figuración. Excepto en dos o tres escenas, incluida una hermosa persecución a través de los devastados muelles de un antiguo puerto. Relativamente parca en grandes escenas de acción, la película favorece los momentos de intimidad. Pero cuando estalla la violencia es fulminante: el asesinato del oficial comunista es particularmente violento, y la pelea en la cabina del piloto es igual de brutal, pero sólo se ve a través de la ventana barrida por la lluvia y cubierta por el sonido de la tormenta. Una de las escenas de violencia más grandes del cine de Wellman. (Play It Again, Sam)

Película estrenada en Barcelona el 11 de noviembre de 1965 en el cine Excelsior; en Madrid, el 14 de marzo de 1966 en los cines Carlos III, Consulado y Roxy A.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Paul Fix, Mike Mazurki, Berry Kroeger, Anita Ekberg, Chester Gan, James Hong.


lunes, 22 de febrero de 2021

El último pistolero (The Shootist, 1976). Don Siegel

 

John Bernard Books, un legendario pistolero que consiguió capturar a forajidos muy escurridizos, decide regresar a su ciudad natal para vivir en paz lo que le quede de vida. Sin embargo, no tendrá más remedio que saldar una cuenta pendiente con tres bandidos.

Siegel utiliza para narrar la última historia de Books un ritmo lento, que al final resulta ser el apropiado, sin evitar la moraleja final de rechazo de la violencia. Y el resultado tiene empaque, calidad y volumen, aunque no sea un hito en la historia del cine. Se trata, en suma, de un «western» a la medida de los amantes del género y en especial de los admiradores de John Wayne, que quizá interpreta aquí su último papel. (Pedro Crespo en ABC del 20 de abril de 1978)

El western de Siegel canta desde el principio la personalidad del héroe engarzando fragmentos de filmes en los que John Wayne actúa como defensor de la ley y que suponen el pasado de Books. La trayectoria de la película se desarrolla como una exégesís del propio contenido de las cintas del Oeste, pero desafiando a sus normas y glosando su fin como género. La tarea que ha emprendido Siegel en El último pistolero» ha sido soñada—incluso los mejores autores del «western» han sentido tentaciones de hacer un testamento en esta dirección— y a veces apuntada por otros realizadores. Don Siegel se ha atrevido a hacerla y ha logrado buenos resultados. (Ángeles Masó en La Vanguardia del 28 de junio de 1978)

El último film de John Wayne fue un western crepuscular con el que Siegel se despidió del género con una mirada entre nostálgica e irónica. La decadencia de los antiguos héroes y, por extensión, del género que representan es un pretexto, al mismo tiempo que la constatación de que la nueva época comporta una nueva moral. (Fotogramas)

Más allá del homenaje y del respeto a Wayne como figura –consciente o no, ya que el actor moriría apenas tres años después del estreno, pero parece ser que no estaba enfermo durante este rodaje del cáncer de pulmón que acabaría con su vida en 1979- “The Shootist” no es una película demasiado interesante. Parece que Siegel era consciente de ello, ya que a su habitual estilo invisible en la dirección, se añade en esta ocasión cierta dejadez en la puesta en escena (a través de zooms, generalmente empleados como focal variable, con renuncia al formato panorámico anamórfico), sin buscar la menor complicación ni escenas con complicadas coreografías en cuanto a movimientos de cámara y actores. Incluso gran parte del film, cuando no muestra exteriores en localización, tiene cierto aroma a cine de estudio que tampoco le favorece demasiado. Por todo ello, los resultados, más allá del homenaje al actor, no son demasiado interesantes, excepto por apreciar si acaso como Bruce Surtees, el director de fotografía, debía acomodarse y se acomodó a las exigencias de su actor principal (y seguramente, de paso, a las de Lauren Bacall). (Harmonica Cinema)

Simple en la historia pero sofisticada en la textura, The Shootist es un canto del cisne apropiadamente elegíaco para una de las estrellas más icónicas de Hollywood. (Rotten Tomatoes)

A menos que ya hayas descubierto que John Wayne es un actor además de una estrella de cine, te sorprenderán las dimensiones que proporciona a J.B. Books. (Roger Ebert)

Simplemente hermosa y hermosamente simple. (Variety)

Un sutil y conmovedor tributo de despedida tanto a Wayne como al western en general. (Derek Adams en Time Out)

Esto no quiere decir que “The Shootist” sea una mala película. A menudo es divertida. A veces es reveladora. Y John Wayne, James Stewart y Lauren Bacall poseen ese particular misterio en la actuación que les permite tocarnos incluso cuando son ridículos. Pero la falta de forma y fidelidad de Siegel a su propia historia significa que a medida que avanza la película, incluso aquellas cosas que son encantadoras se convierten en plomizas. (Richard Eder en The New York Times del 12 de agosto de 1976)

Película estrenada en Madrid el 14 de abril de 1978 en los cines Benlliure y Cartago; en Barcelona el 26 de junio de 1978 en el cine Petit Pelayo.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Ron Howard, James Stewart, Richard Boone, John Carradine, Scatman Crothers, Sheree North, Hugh O'Brian.