jueves, 19 de febrero de 2026

Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951). William A. Wellman


A mediados del siglo XIX, un guía de caravanas (Robert Taylor) recibe el encargo de conducir a un grupo de mujeres desde Chicago a California. A partir de Independence (Missouri) tendrán que recorrer cinco mil kilómetros cruzando las montañas de Utah y el desierto californiano, en un viaje lleno de penalidades que constituye una auténtica odisea. El objetivo de la caravana es llegar a un valle habitado por un grupo de solteros solitarios que buscan esposa.

La película es, francamente, mala. Está llena de inútiles reiteraciones, y el ofrecérsenos en blanco y negro podemos también reprochárselo, puesto que ya desde hace tiempo el color es elemento imprescindible en este género de producciones que fían su fortuna a la acción y, muy especialmente, a la espectacularidad de los paisajes, los ambientes y el movimiento de los que intervienen. Si la narración es aburrida, la interpretación no es, a su vez, notable, pese al reparto “de cierto lujo” que exhibe. Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, etcétera, no superan la mediocridad en sus actuaciones. (Donald en ABC del 16 de marzo de 1955)

El cine norteamericano del periodo comprendido entre 1945 y 1959 se desarrolló en un contexto sociopolítico eminentemente masculinizado, marcado por la consolidación del American Way of Life tradicional, la censura del Código Hays y el repliegue ideológico del macartismo. Durante estas décadas, la representación de la mujer solía limitarse a estereotipos como la "chica honrada" (víctima o heroína romántica) o la "vamp" (convertida luego en femme fatale), figuras que servían como objeto del deseo masculino o encarnación de valores familiares subordinados. No obstante, este modelo general dejó espacio para casos aislados y "a contracorriente" donde surgieron personajes femeninos con una notable dosis de empoderamiento.

Para identificar este empoderamiento en el cine clásico, se establecen criterios como la autoconciencia de derechos, el desempeño de profesiones liberales, la ejecución de tareas tradicionalmente masculinas y el ejercicio del liderazgo en grupos de hombres. Aunque parezca paradójico, el Western, considerado el género más "viril" y excluyente de lo femenino, fue el que más ejemplos de este tipo proporcionó durante la posguerra, con dieciocho obras identificadas que desafiaron las convenciones del género. En estos relatos, la mujer dejó de ser un mero complemento para ocupar un lugar central en la acción y la supervivencia.

Dentro de esta tendencia destaca Westward the Women (1951), dirigida por William A. Wellman y basada en una historia de Frank Capra. La película narra el viaje de 140 mujeres desde Chicago hasta un valle en California en 1851, con el fin de casarse con los colonos locales y ayudar a "echar raíces" en la frontera. El relato presenta a estas mujeres no como figuras glamurosas, sino como pioneras realistas y resilientes que deben enfrentar tormentas, incendios, ataques de indios y la falta de agua en una travesía de dos mil millas.

El núcleo dramático de la obra reside en la transformación de estas mujeres en "pioneras endurecidas". Ante la deserción de la mayoría de los hombres contratados, el guía Buck Wyatt decide "convertir a las mujeres en hombres", enseñándoles a disparar, lazar, conducir mulas y reparar carretas. De este modo, cualidades tradicionalmente masculinas como la fuerza física, la puntería y la resistencia son absorbidas por los personajes femeninos, quienes demuestran que pueden sobrevivir y prosperar en un entorno donde se les dijo repetidamente que fracasarían.

La película presenta una galería de personajes diversos que rompen el molde de la estrella de Hollywood de la época: desde la imponente viuda Patience Hawley, de lenguaje náutico y gran fortaleza, hasta Fifi Danon, una antigua corista que busca una nueva vida. Además, la inclusión de personajes como Ito, el cocinero japonés que actúa como confidente de Buck, aporta una perspectiva multicultural y humana inusual para 1951. El reparto funciona como un ensamble donde la "hermandad positiva" y el trabajo en equipo son las claves del éxito frente a la adversidad.

Estéticamente, Wellman optó por un naturalismo crudo para subrayar la dureza del viaje. El uso de cinematografía en blanco y negro con mínimos filtros crea un aspecto "quemado por el sol" y austero, mientras que la ausencia de banda sonora durante gran parte del metraje le otorga un tono casi documental. Wellman solía encuadrar a las mujeres desde ángulos bajos, recortándolas contra el cielo para resaltar su heroísmo y bravura en un paisaje abierto y hostil.

A pesar de su realismo brutal y su enfoque "proto-feminista", el filme concluye con una "euforia matrimonial" donde el orden se restaura a través de la domesticidad y el matrimonio. Al final, las mujeres insisten en lavarse y vestirse con sus mejores galas antes de conocer a sus maridos, simbolizando su supervivencia y exigiendo respeto. Aunque el objetivo final sea integrarse en una estructura tradicional, la película deja claro que la civilización del Oeste fue un logro tanto femenino como masculino, basado en una voluntad inquebrantable.

Westward the Women es una obra profundamente contradictoria que refleja las tensiones de género de su tiempo. Por un lado, es revolucionaria al retratar una hermandad femenina activa y capaz, invalidando visualmente los prejuicios masculinos sobre la supuesta debilidad de la mujer. Por otro lado, la narrativa parece "castigar" o limitar este empoderamiento al final del relato, subordinando la independencia ganada al destino inevitable del matrimonio y la vida doméstica.

Sin embargo, su valor histórico es innegable: al mostrar modelos de mujeres que dominan habilidades "masculinas" y ejercen el liderazgo, la película funcionó como una punta de lanza que comenzó a erosionar los estereotipos de la época. La influencia de este relato trascendió la pantalla, llegando incluso a inspirar en 1985 una "caravana de mujeres" real en un pueblo español para combatir la despoblación. En definitiva, es un tesoro del cine clásico que, a pesar de sus concesiones finales al patriarcado, celebra la dignidad y el espíritu humano de aquellas pioneras que, contra todo pronóstico, conquistaron su propio espacio en la frontera.

Película estrenada en Madrid el 14 de marzo de 1955 en el cine Capitol.

Reparto: Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, John McIntire, Julie Bishop, Lenore Lonergan, Marilyn Erskine, Henry Nakamura.

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