jueves, 5 de febrero de 2026

Brubaker (1980). Stuart Rosenberg

Lanzada en 1980 y dirigida por Stuart Rosenberg, la película Brubaker es considerada una de las obras más destacadas en la carrera de su director, situándose junto a La leyenda del indomable (Cool Hand Luke) como un pilar del cine de prisiones. El filme está protagonizado por Robert Redford, quien interpreta a Henry Brubaker, un nuevo alcaide que asume el reto de reformar un sistema penal corrupto y violento en una granja penal de Arkansas. A diferencia de otros vehículos de lucimiento para estrellas de la época, esta cinta adopta una postura política contundente, alineándose con una visión liberal que desprecia el compromiso político cuando este se vuelve contraproducente para una sociedad justa.

“Brubaker”, en definitiva, es una película humanista y, si se quiere, un tanto maniquea, porques su protagonista no cuestiona la “injustícia” del sistema que hipócritamente considera a Wakefield como un establecimiento de “utilidad pública”, con tal de que resulte “rentable” a la comunidad, en lugar de ser “gravoso”. Pero, junto a una nueva visión –hasta cierto punto emparentada con las numerosísimas incursions del cine americano en el mundo carcelario- de la prisión, es también y fundamentalmente una narración que interesa por su bien dosificado dramatismo y por la excelente interpretación de Robert Redford... (Pedro Crespo en ABC del 7 de febrero de 1981)

La trama utiliza un recurso narrativo ingenioso: Brubaker entra en la prisión de Wakefield de incógnito, disfrazado como un recluso recién llegado. Durante sus primeros días, es testigo presencial de abusos sistémicos, que incluyen torturas, asaltos sexuales, comida infestada de gusanos y un sistema de fraude generalizado donde los negocios locales utilizan a los presos como mano de obra esclava. Tras revelar su verdadera identidad durante un tenso enfrentamiento, Brubaker asume su cargo oficialmente, provocando el asombro tanto de los guardias corruptos como de los prisioneros deshumanizados.

Una vez en el poder, el protagonista inicia una cruzada personal de reforma centrada en la rehabilitación y los derechos humanos. Esto lo lleva a un conflicto directo con la junta de prisiones del estado, descrita en las fuentes como una manifestación de las maquinaciones corporativas capitalistas que se benefician del statu quo. Brubaker despide a personal corrupto, detiene el uso de prisioneros como esclavos y forma un consejo de reclusos para que puedan autogobernarse, desafiando a las estructuras de poder que han lucrado con el sistema durante décadas.

El filme posee una base histórica sólida, pues se inspira libremente en el libro de no ficción de 1969 Accomplices to the Crime: The Arkansas Prison Scandal, escrito por Tom Murton y Joe Hyams. Murton fue un alcaide real contratado a finales de los 60 para modernizar las granjas penales de Arkansas, pero fue despedido en menos de un año tras generar publicidad negativa para el estado al descubrir fosas comunes de prisioneros asesinados. Esta conexión con eventos reales otorga a la narrativa una autenticidad cruda que resalta temas de reforma judicial todavía vigentes hoy en día.

Desde una perspectiva técnica, Rosenberg adopta un enfoque quasi neorrealista, donde la acción física se complementa con conversaciones políticas reveladoras, fruto del guion de W. D. Richter, que fue nominado al Oscar. El director utiliza primeros planos íntimos para orquestar momentos de gran catarsis emocional, como la escena final en la que los prisioneros aplauden en unidad mientras Brubaker es obligado a abandonar las instalaciones tras negarse a encubrir el escándalo de las tumbas. El reparto de apoyo es excepcional, incluyendo a un joven Morgan Freeman y a Yaphet Kotto como Dickie Coombes.

En el ámbito comercial y crítico, Brubaker fue un éxito rotundo. Producida con un presupuesto de entre 9 y 13 millones de dólares, la película recaudó más de 37 millones de dólares en Norteamérica, convirtiéndose en la decimonovena película más taquillera de 1980. Además de su nominación al Premio de la Academia por su guion, la cinta obtuvo el Golden Reel Award a la mejor edición de sonido, consolidando su estatus como un drama potente y bien ejecutado que capturó la atención nacional sobre los abusos en los sistemas penitenciarios.

El legado de la película se extiende a través de su impacto en el género de dramas carcelarios, influyendo en obras posteriores como The Last Castle (2001). Al final de la cinta, un texto informa que dos años después del despido de Brubaker, una demanda liderada por los reclusos logró que los tribunales declararan inconstitucional el trato en Wakefield, ordenando su reforma o cierre. De este modo, la película trasciende el mero entretenimiento para actuar como un llamado a la acción contra la complacencia ante la injusticia institucional.

A pesar de su éxito, Brubaker no está exenta de críticas. El célebre crítico Roger Ebert señaló que la película a veces sacrifica la dimensión humana de sus personajes en favor de sus posiciones ideológicas, presentando roles arquetípicos como el "reformador idealista" o el "político pragmático" de forma demasiado rígida. Asimismo, desde el análisis del realismo carcelario, se puede argumentar que el filme refuerza la idea de la prisión como una necesidad inevitable, enfocándose en reformar el sistema para hacerlo más humano en lugar de cuestionar su existencia misma. No obstante, su postura izquierdista totalizadora y su negativa a aceptar el compromiso político la mantienen como una obra valiente y necesaria dentro del cine político de Hollywood.

Película estrenada en Madrid el 4 de febrero de 1981 en los cines Real Cinema, Richmond, Luchana y Torre de Madrid. 

Reparto: Robert Redford, Yaphet Kotto, Jane Alexander, Murray Hamilton, David Keith, Tim McIntire, Morgan Freeman.


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