Khartoum (1966) es un drama bélico épico que narra el asedio de la ciudad sudanesa de Jartum entre 1884 y 1885. Escrita por Robert Ardrey y dirigida por Basil Dearden, la película se centra en la resistencia del General británico Charles Gordon frente a las fuerzas del líder sudanés Muhammad Ahmed, conocido como el Mahdi. La obra destaca por ser un "espectáculo para el hombre pensador", donde el conflicto no solo se libra en el campo de batalla, sino a través de un duelo dialéctico y de personalidades entre dos figuras místicas y carismáticas.
“Kartum” es un ejemplo típico de la nueva tendencia “cinerama”,
una mezcla de las fórmulas tradicionales –estamos hablando siempre de la
cáscara del cine- con los hallazgos espectaculares de la gran pantalla.
Naturalmente, lo más positivo de esta película –dirigida por el eficiente y
gris Basil Dearden- entra en este apartado último. Bella fotografía en color,
que cumple con su misión de hacer soñar con viajes maravillosos desde la butaca,
grandes despliegues de masas, apabullantes artificios sonoros (...) Versión
desangelada de un mito británico, despersonalizada película en un momento de
transición del sistema técnico utilizado. (Martínez Redondo en ABC del 23 de
noviembre de 1966)
El desarrollo de la película estuvo marcado por cambios significativos. Originalmente, se planeó que Burt Lancaster protagonizara la cinta bajo la dirección de Lewis Gilbert y la fotografía de Freddie Young. Sin embargo, disturbios civiles en Sudán obligaron a cancelar el rodaje en las localizaciones originales, trasladando la producción a Egipto y a los estudios Pinewood. Este retraso provocó que el equipo original asumiera otros compromisos, lo que llevó a la contratación de Charlton Heston y Basil Dearden. A pesar de los desafíos logísticos y el incremento del presupuesto a unos 6-8 millones de dólares, la producción logró una escala monumental.
Desde el punto de vista técnico, Khartoum representa la culminación de la era de los grandes formatos. Fue filmada por el director de fotografía Edward Scaife en Ultra Panavision 70 y Technicolor, siendo la última película en usar este formato hasta The Hateful Eight en 2015. Esta elección tecnológica permitió capturar la inmensidad del desierto y las elaboradas escenas de batalla con una claridad asombrosa, compitiendo visualmente con otras producciones de la época como Lawrence of Arabia. La película se inserta en una década donde la cinematografía británica experimentaba una transición hacia el color y el uso consciente del espectáculo visual.
Charlton Heston ofreció una de las actuaciones más matizadas de su carrera interpretando al General Gordon. Para el papel, Heston trabajó con un entrenador de voz para lograr un acento inglés impecable y la entrega recortada propia de un oficial del ejército victoriano. El actor consideró que el guion de Ardrey era uno de los mejores que había leído, destacando que el personaje de Gordon era una mezcla compleja de héroe militar, místico y egocéntrico. La crítica elogió su capacidad para dar vida a un hombre de "carne y hueso" en lugar de una figura de cartón.
Laurence Olivier interpretó al Mahdi, aportando una presencia imponente a pesar de tener un tiempo en pantalla relativamente limitado. Sin embargo, su actuación no estuvo exenta de críticas. Algunos especialistas contemporáneos han señalado negativamente el uso de maquillaje para oscurecer su piel (blackface) y su acento poco realista. Además, varios críticos de la época compararon su interpretación con su reciente papel en Othello, sugiriendo que utilizaba gestos y maquillajes similares. A pesar de esto, el enfrentamiento verbal entre su personaje y el de Heston es considerado uno de los puntos álgidos del filme, aunque dichas reuniones nunca ocurrieron en la realidad histórica.
El guion de Robert Ardrey, nominado al Oscar, eleva la película por encima de una simple aventura de acción al profundizar en el trasfondo político de la Inglaterra del siglo XIX. La narrativa presenta a Gordon como un peón en las maniobras del Primer Ministro William Gladstone, interpretado por Ralph Richardson, quien buscaba evitar la intervención en Egipto por conveniencia política. Esta dimensión de "conspiración política frente a nobleza personal" añade una capa de sobriedad y realismo que distingue a Khartoum de otros espectáculos de la época más orientados a la acción pura.
Tras su estreno, Khartoum fue un éxito comercial y crítico en el Reino Unido, aunque tuvo una recepción más tibia en Estados Unidos, donde el público general estaba menos familiarizado con la historia colonial británica. Inevitablemente, se la comparó con Lawrence of Arabia por compartir el escenario del desierto y héroes enigmáticos. Si bien algunos críticos sintieron que intentaba imitar demasiado el éxito de la obra de David Lean, otros valoraron que Khartoum ofrecía un guion más literario, una duración más asequible y un enfoque más profundo en la caracterización de los personajes.
En conclusión, Khartoum se erige como un testimonio de la ambición técnica y narrativa del cine británico de los años 60. Aunque presenta inexactitudes históricas deliberadas —como los encuentros cara a cara entre Gordon y el Mahdi o la forma idealizada de la muerte del general inspirada en pinturas patrióticas—, la película triunfa como un estudio de personajes contrapuestos. Su verdadera fuerza reside en el equilibrio entre el espectáculo visual de gran formato y el debate moral sobre el fanatismo religioso y la conveniencia política. A pesar de las críticas modernas sobre el casting de Olivier, la película sigue siendo valorada como una obra de arte cinematográfico de una era donde la grandiosidad no sacrificaba la inteligencia del guion.
Película estrenada en Madrid el 21 de noviembre de 1966 en el cine Albéniz.
Reparto: Charlton Heston, Laurence Olivier, Richard Johnson, Ralph Richardson, Alexander Knox, Johnny Sekka, Michael Hordern, Nigel Green.

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