jueves, 5 de marzo de 2026

Todos los hombres del presidente (All the President's Men, 1976). Alan J. Pakula

Todos los hombres del presidente (1976), dirigida por Alan J. Pakula, es considerada una de las películas más precisas y trascendentales sobre el periodismo de investigación en la historia del cine. Basada en el libro homónimo de Carl Bernstein y Bob Woodward, la trama se centra en los primeros siete meses del escándalo Watergate, desde el allanamiento en el complejo de oficinas hasta la segunda investidura de Richard Nixon. El filme narra cómo dos reporteros del Washington Post, inicialmente asignados a una noticia aparentemente menor, logran desentrañar una red de sabotaje y encubrimiento que involucraba a las más altas esferas del poder estadounidense.

La producción fue impulsada por Robert Redford, quien compró los derechos del libro en 1974 y participó activamente en el desarrollo del guion junto a Pakula. Aunque el guionista William Goldman recibió el crédito oficial y ganó un Oscar por su trabajo, el proceso creativo estuvo marcado por tensiones, incluyendo borradores alternativos escritos por el propio Bernstein y su entonces pareja Nora Ephron. Finalmente, el enfoque se mantuvo en el dogged reporting (periodismo tenaz) de los protagonistas, eliminando la segunda mitad del libro para concentrar la tensión dramática en la investigación.

El éxito de la cinta reside en gran medida en la química y el contraste entre sus protagonistas: un reservado y analítico Bob Woodward (Redford) y un más impetuoso Carl Bernstein (Dustin Hoffman). Ambos actores pasaron meses en la redacción del Washington Post realizando investigaciones para sus papeles, logrando una interpretación que ha sido calificada como el "estándar de oro" para el cine sobre periodismo. Junto a ellos, Jason Robards brindó una actuación icónica como el editor Ben Bradlee, lo que le valió el Premio de la Academia al Mejor Actor de Reparto.

Visualmente, el filme destaca por la maestría de Gordon Willis, quien utilizó una iluminación fluorescente y composiciones gráficas para capturar la atmósfera de la redacción. Uno de los momentos más memorables es el plano cenital en la Biblioteca del Congreso, donde la cámara se aleja verticalmente hasta mostrar a los protagonistas como figuras diminutas en un mar de registros, simbolizando la magnitud de su tarea. Willis evitó el uso de colores vulgares y se apoyó en lentes divididas (split diopters) para mantener el foco tanto en el primer plano como en el fondo, integrando el entorno en la narrativa.

El diseño de sonido refuerza el realismo de la obra al prescindir casi totalmente de música incidental, permitiendo que el ruido ambiental de las máquinas de escribir y las conversaciones de oficina generen la tensión. Pakula buscaba una atmósfera naturalista donde los actores tuvieran que alzar la voz sobre sonidos cotidianos, como el estruendo de aviones, para intensificar la sensación de estar en una Washington real y laberíntica. El sonido metálico de las teclas golpeando el papel se ha convertido, con el tiempo, en un icono de la libertad de prensa.

La autenticidad fue una obsesión para el equipo, llegando a reconstruir minuciosamente la redacción del Post en un estudio de Burbank tras no recibir permiso para filmar en las oficinas reales. El diseño de producción incluyó réplicas exactas de escritorios, directorios telefónicos antiguos e incluso cajas de basura auténtica traída de la redacción original para asegurar que cada detalle fuera fiel a la época de 1972. Esta dedicación al detalle ayudó a transformar un proceso burocrático y tedioso, como es la comprobación de fuentes, en un thriller de suspense electrizante.

Temáticamente, la película se inserta en la "Trilogía de la Paranoia" de Pakula, explorando las zonas oscuras del poder y la gestión del secreto. A través de los encuentros clandestinos con la fuente anónima "Garganta Profunda" en garajes oscuros, el filme popularizó la frase "follow the money" (sigue el rastro del dinero), un concepto que no aparecía en el libro original pero que definió la lógica de la investigación. La obra concluye no con el triunfo personal de los reporteros, sino con un montaje de teletipos que anuncian la dimisión de Nixon, subrayando que el periodismo es el verdadero protagonista.

Todos los hombres del presidente trasciende el género biográfico para convertirse en una oda a la ética profesional y a la transparencia gubernamental. Su valor radica en no ceder a la tentación de "hollywoodizar" la historia con escenas de acción innecesarias, confiando en que la búsqueda de la verdad es suficientemente fascinante por sí misma. Al retratar las frustraciones, las pistas falsas y el riesgo personal de los periodistas, Pakula logró que el público interiorizara el estrés de una democracia bajo amenaza. Es una obra que permanece vigente en un mundo que aún lucha con la integridad de los medios y la rendición de cuentas del poder político.

Película estrenada en Madrid el 21 de octubre de 1976 en los cines Rialto y Fantasio.

Reparto: Robert Redford, Dustin Hoffman, Jack Warden, Martin Balsam, Hal Holbrook, Jason Robards, Jane Alexander, Ned Beatty, Stephen Collins, Lindsay Crouse.

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