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lunes, 16 de febrero de 2026

Kartum (Khartoum, 1966). Basil Dearden

Khartoum (1966) es un drama bélico épico que narra el asedio de la ciudad sudanesa de Jartum entre 1884 y 1885. Escrita por Robert Ardrey y dirigida por Basil Dearden, la película se centra en la resistencia del General británico Charles Gordon frente a las fuerzas del líder sudanés Muhammad Ahmed, conocido como el Mahdi. La obra destaca por ser un "espectáculo para el hombre pensador", donde el conflicto no solo se libra en el campo de batalla, sino a través de un duelo dialéctico y de personalidades entre dos figuras místicas y carismáticas.

“Kartum” es un ejemplo típico de la nueva tendencia “cinerama”, una mezcla de las fórmulas tradicionales –estamos hablando siempre de la cáscara del cine- con los hallazgos espectaculares de la gran pantalla. Naturalmente, lo más positivo de esta película –dirigida por el eficiente y gris Basil Dearden- entra en este apartado último. Bella fotografía en color, que cumple con su misión de hacer soñar con viajes maravillosos desde la butaca, grandes despliegues de masas, apabullantes artificios sonoros (...) Versión desangelada de un mito británico, despersonalizada película en un momento de transición del sistema técnico utilizado. (Martínez Redondo en ABC del 23 de noviembre de 1966)

El desarrollo de la película estuvo marcado por cambios significativos. Originalmente, se planeó que Burt Lancaster protagonizara la cinta bajo la dirección de Lewis Gilbert y la fotografía de Freddie Young. Sin embargo, disturbios civiles en Sudán obligaron a cancelar el rodaje en las localizaciones originales, trasladando la producción a Egipto y a los estudios Pinewood. Este retraso provocó que el equipo original asumiera otros compromisos, lo que llevó a la contratación de Charlton Heston y Basil Dearden. A pesar de los desafíos logísticos y el incremento del presupuesto a unos 6-8 millones de dólares, la producción logró una escala monumental.

Desde el punto de vista técnico, Khartoum representa la culminación de la era de los grandes formatos. Fue filmada por el director de fotografía Edward Scaife en Ultra Panavision 70 y Technicolor, siendo la última película en usar este formato hasta The Hateful Eight en 2015. Esta elección tecnológica permitió capturar la inmensidad del desierto y las elaboradas escenas de batalla con una claridad asombrosa, compitiendo visualmente con otras producciones de la época como Lawrence of Arabia. La película se inserta en una década donde la cinematografía británica experimentaba una transición hacia el color y el uso consciente del espectáculo visual.

Charlton Heston ofreció una de las actuaciones más matizadas de su carrera interpretando al General Gordon. Para el papel, Heston trabajó con un entrenador de voz para lograr un acento inglés impecable y la entrega recortada propia de un oficial del ejército victoriano. El actor consideró que el guion de Ardrey era uno de los mejores que había leído, destacando que el personaje de Gordon era una mezcla compleja de héroe militar, místico y egocéntrico. La crítica elogió su capacidad para dar vida a un hombre de "carne y hueso" en lugar de una figura de cartón.

Laurence Olivier interpretó al Mahdi, aportando una presencia imponente a pesar de tener un tiempo en pantalla relativamente limitado. Sin embargo, su actuación no estuvo exenta de críticas. Algunos especialistas contemporáneos han señalado negativamente el uso de maquillaje para oscurecer su piel (blackface) y su acento poco realista. Además, varios críticos de la época compararon su interpretación con su reciente papel en Othello, sugiriendo que utilizaba gestos y maquillajes similares. A pesar de esto, el enfrentamiento verbal entre su personaje y el de Heston es considerado uno de los puntos álgidos del filme, aunque dichas reuniones nunca ocurrieron en la realidad histórica.

El guion de Robert Ardrey, nominado al Oscar, eleva la película por encima de una simple aventura de acción al profundizar en el trasfondo político de la Inglaterra del siglo XIX. La narrativa presenta a Gordon como un peón en las maniobras del Primer Ministro William Gladstone, interpretado por Ralph Richardson, quien buscaba evitar la intervención en Egipto por conveniencia política. Esta dimensión de "conspiración política frente a nobleza personal" añade una capa de sobriedad y realismo que distingue a Khartoum de otros espectáculos de la época más orientados a la acción pura.

Tras su estreno, Khartoum fue un éxito comercial y crítico en el Reino Unido, aunque tuvo una recepción más tibia en Estados Unidos, donde el público general estaba menos familiarizado con la historia colonial británica. Inevitablemente, se la comparó con Lawrence of Arabia por compartir el escenario del desierto y héroes enigmáticos. Si bien algunos críticos sintieron que intentaba imitar demasiado el éxito de la obra de David Lean, otros valoraron que Khartoum ofrecía un guion más literario, una duración más asequible y un enfoque más profundo en la caracterización de los personajes.

En conclusión, Khartoum se erige como un testimonio de la ambición técnica y narrativa del cine británico de los años 60. Aunque presenta inexactitudes históricas deliberadas —como los encuentros cara a cara entre Gordon y el Mahdi o la forma idealizada de la muerte del general inspirada en pinturas patrióticas—, la película triunfa como un estudio de personajes contrapuestos. Su verdadera fuerza reside en el equilibrio entre el espectáculo visual de gran formato y el debate moral sobre el fanatismo religioso y la conveniencia política. A pesar de las críticas modernas sobre el casting de Olivier, la película sigue siendo valorada como una obra de arte cinematográfico de una era donde la grandiosidad no sacrificaba la inteligencia del guion.

Película estrenada en Madrid el 21 de noviembre de 1966 en el cine Albéniz.

Reparto: Charlton Heston, Laurence Olivier, Richard Johnson, Ralph Richardson, Alexander Knox, Johnny Sekka, Michael Hordern, Nigel Green.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Más fuerte que el orgullo (Pride and Prejudice, 1940). Robert Z. Leonard


Elizabeth (Greer Garson) es una de las 5 hermanas Bennet, que están deseando casarse. Darcy (Lawrence Olivier) es un joven apuesto que se instala en una finca cercana y hace latir los corazones de todas las chicas. De todas menos en el caso de Elizabeth, con la que desde el primer encuentro se lleva fatal. Este será el inicio de una historia basada en la lucha discreta y elegante de orgullo y prejuicio, de percepción y realidad, de perdón y de amor. Adaptación de una novela de Jane Austen publicada en 1813.

“Más fuerte que el orgullo” no es una película más, sino una obra maestra de la cinematografía, en la que se hallan condensades las más altes y variadas calidades. Si el asunto es interesante, ese interés corre parejas con la agilidad de las situacions, su gracia y una admirable técnica de que hace alarde a cada momento el realizador Robert Z. Leonard. Bien es verdad que los diálogos son de un gran aticismo y fluidez y el “cameraman” y fotógrafo han captado planos y paisajes de una gran belleza. (Miguel Ródenas en ABC del 30 de septiembre de 1944)

Con frecuencia un buen reparto basta, casi por sí solo, para conseguir salvar una cinta pues lo intrascendente del argumento se ve compensado por una buena interpretación. Con ello no intentamos afirmar que «Más fuerte que el orgullo» sea una película carente, en general, de valores; pero sí que el mayor de ellos es el interpretativo. (...) La divertida anécdota de la película —las cinco muchachas a quienes su madre busca por todos los medios acomodo matrimonial—está narrada con gran habilidad, sobre todo en la primera mitad del film, pues después decae levemente con la repetición de situaciones similares para finalizar con un desenlace de bastante inconsistencia (...), adoleciendo de un exceso de diálogo, a pesar de estar salpicado de agudezas e ironías. (Horacio Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 1 de noviembre de 1944)

La primera adaptación notable de 'Orgullo y prejuicio' se hizo en Hollywood de la mano de Robert Z. Leonard y bajo el paraguas de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Con el venerado Laurence Olivier como el señor Darcy y la carismática Greer Garson como Elizabeth Bennet, 'Más fuerte que el orgullo' adaptó la historia de la inglesa a un formato hollywoodiense con numerosos cambios en la historia, aunque aun así conservó el romance que reconocemos y adoramos. (Mireia Mullor en Fotogramas)

Emplea variantes de la novela, lo que molestará a los seguidores de la autora británica, y caricaturiza a no pocos personajes, aportando cinismo e ironía en ágiles diálogos, pero maleando particularidades psicológicas de algunos de sus caracteres. Tan afectada como superficial, la historia adultera su raíz literaria sin compactar sus bases cómicas ni intensificar sus ligazones dramático-románticas. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

La dirección de Robert Z. Leonard es la piedra de toque. Las películas con vestuario de época suelen tener un aire artificial. Pero por el puro encanto y diversión romántica, por una vida burbujeante y saludable, recomendamos de todo corazón esta exquisita comedia sobre el joven elegante y orgulloso y la hermosa joven llena de prejuicios. Ambos son tan reales como dos jóvenes que puedas conocer hoy. (Bosley Crowther en The New York Times del 9 de agosto de 1940)

Producto de prestigio de Metro Goldwyn Mayer típicamente sobrecargado (1940), pero que salió sorprendentemente bien, con un mínimo de inglés literario y cierta elegancia de diseño. (Dave Kehr en Chicago Reader)

Las sutiles ironías de la autora han desaparecido, la época de Austen se actualiza ligeramente y la trama se simplifica considerablemente. Pero queda un brillante destello literario, por lo que debemos agradecer mucho a la mano del gigante de la literatura inglesa Aldous Huxley en el guión, escrito con Jane Murfin y basado en la versión teatral de Helen Jerome de la novela de Austen. (Derek Winnert)

La puesta en escena parece inexistente, la cámara está demasiado ocupada multiplicando planos generales de los protagonistas y contraplanos para resaltar las discusiones y los rostros de las estrellas sin ninguna audacia formal. Al final, el cineasta nunca consigue romper con las convenciones del estudio y hacer de la novela inicial un producto algo original y verdaderamente cinematográfico. Hay que verla por la interpretación de los actores, todos excelentes, en primer lugar los padres de las chicas Bennet, y por el guión de Aldous Huxley. (Nicolas Thys en EcranLarge)

En cuanto al vestuario y los decorados, sirven bien para apoyar la acción (o la comedia...) pero no son realmente fieles, sino todo lo contrario. Además, todo fue filmado en estudio, por lo que habrá que revisar la opinión sobre la belleza de los hogares ingleses. Los vestidos dan más de una vez la impresión de tratarse de una bandada de pavos y no de (al menos) jóvenes distinguidas y no respetan en absoluto la época. En realidad, la película pretende ser una comedia romántica al estilo americano. (...) Es, con diferencia, la adaptación menos fiel de esta novela, pero tiene el mérito de resultar muy entretenida una vez la tomas como tal. (Un visiteur en Allociné)

Esta versión es muy libre, cambiando el carácter de ciertos personajes y eliminando casi por completo el lado dramático de la novela para mantener solo el cómico e incluso añadiendo a este nivel ciertas secuencias incluyendo un final feliz verdaderamente feliz. Déjese sorprender por los trajes que recuerdan más a los Estados Unidos en el período previo a la Guerra Civil que a la Inglaterra de Jorge III. Pero podemos quedarnos atrapados fácilmente en el juego porque la puesta en escena está cuidada, algunos diálogos son muy divertidos y la interpretación es muy convincente en su conjunto. (Plume231 en Allociné)

Película estrenada en Madrid el 29 de septiembre de 1944 en el cine Coliseum; en Barcelona, el 31 de octubre de 1944 en el cine Kursaal. 

Reparto: Greer Garson, Laurence Olivier, Mary Boland, Edna May Oliver, Maureen O'Sullivan, Ann Rutherford, Frieda Inescort, Edmund Gwenn, Bruce Lester, Melville Cooper.

viernes, 6 de agosto de 2021

El rapto de Bunny Lake (Bunny Lake Is Missing, 1965). Otto Preminger

 

Recién instalada en Londres, Ann Lake lleva a su hija a la escuela el primer día de clase; pero, cuando vuelve a recogerla, la niña ha desaparecido. Ann denuncia el caso a la policía, pero las investigaciones de los agentes no conducen a ninguna parte, es como si se la hubiera tragado la tierra. Poco a poco, en comisaría empiezan a preguntarse si no se tratará de una fantasía de Ann. 

"El rapto de Bunny Lake" nos da las dos caras de Preminger: por un lado, su capacidad para definir los personajes, para obtener lo mejor de ellos, a través de un tratamiento con la cámara de mucha eficacia visual, y que, por tanto, llega al espectador provocándole. Por otro, su desdén a cualquier solución realista que pueda ofrecerle el tema. De ahí ese final que es como una gran traca, donde se dan la mano la fantasía, la locura, el mundo mágico e irreal de los juegos secretos infantiles. Preminger compone un cuadro de indiscutibles atractivos, sirviendo a un guión en el que hábilmente se dosificant las situaciones de misterio. Es una película con trampes —los tipos que encarnan Noel Coward y Marthita Hunt son en este sentido reveladores—; pero, tan bien engar-zadas en la idea central del argumento, que cuando aparece la palabra "fin" en la pantalla nadie ha tenido tiempo de descubrirlas. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 21 de septiembre de 1966) 

Otto Preminger ha realizado la película con una precisión narrativa que es pura maravilla. Todo se desenvuelve con el justo ritmo y en los límites de unes dimensiones de gran exactitud. Puede decirse que no hay nada en el relato que sobre ni que falte. El clima de «suspense», iniciado a partir de los primeros momentos, se mantiene siempre con la misma tensión. En las secuencias finales, sobre todo, se viven momentos anhelantes, de una trémula y angustiada inquietud. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 8 de noviembre de 1966)

Adaptación de una novela de Evelyn Piper, en la que Preminger desarrolló una trama de suspense con técnica impecable, aunque con excesiva tendencia al recurso fácil. De esta manera, su artificio se pone de manifiesto con excesiva facilidad. Pese a ello, la sólida realización y el excelente reparto aseguran la probidad de sus resultados. (Fotogramas)

El rapto de Bunny Lake es un incómodo, oscuro y fascinante thriller psicológico con el que Otto Preminger consigue que nos planteemos, sin efectos especiales, recursos fantásticos o parafernalias digitales, si estamos viviendo la terrible realidad o una pesadilla terriblemente real. De obligado visionado. (Juan Luis Caviaro en Espinof)

Lo más flojo de la película es su resolución. Excesivamente largo el clímax, redundante, forzado e incoherente en su ánimo freudiano con actitudes y motivos previos. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

La forma de contar, es decir, de mostrar la acción de Preminger tiende precisamente a lo contrario: a la síntesis y la simultaneidad; frente a toda forma de fragmentación, tanto espacial como temporal. Preminger aspiró siempre al plano secuencia único, al travelling continuo, capaz de captar y reproducir la vida como flujo constante surcado por una consciencia despierta y aguda, por una mirada atenta y en permanente vigilia, por un cerebro capaz de comprender con la velocidad del rayo cuanto sucede, aliando las fuerzas del razonamiento deductivo y las del inductivo. (Miguel Marías)

La apelación primaria a la Razón hecha por cada película de Preminger reconoce así, en un segundo momento, su propia procedencia en lo irracional al que, en un tercero, regresa. La razón es una ficción que se construye para explicar los eventos inexplicables de la narrativa (Bunny Lake Is Missing es la máxima demostración de este proceso).(Chris Fujiwara en Senses of Cinema)

La película se va deshaciendo paulatinamente de sus envoltorios -los del cine policiaco, del thriller, del cine psiquiátrico, incluso del cine de atmósfera fantástica- para revelar en su centro, en su núcleo, algo que a falta de otro nombre llamaremos poesía. (Jacques Lourcelles)

En cierto sentido, Bunny Lake es el destino final de la racha de "fantasía" de Preminger: nunca se hizo más alarde de los misterios, las dudas, las visiones oníricas, las personalidades dobles o triples; pero también lo es de su admisión del fracaso: de hecho, nunca se utilizaron patrones más crudos y medios más pomposos para una causa tan sutil y común. Podemos rastrear visiblemente --paralizados en el fracaso-- la dialéctica entre sugestión y exceso, entre alusión y redundancia, entre lo efectivo y lo superfluo, entre lo bifronte y lo monolítico, la lucha entre el misterio y el sistema, entre la sombra y la luz (escena profética de Tempestad sobre Washington) que, perpetuándose de película en película y dejando su huella más o menos evidente en cada una, acabó con la pérdida de valor de la figura central de la pieza, que era al mismo tiempo su símbolo y su secreto. (Jean-Louis Comolli en Cahiers du Cinéma nº 178 de mayo de 1966)

Por lo demás, el mismo hombre que hace algunos años declaraba “dirigir es saber contar una historia” es el que ahora firma Bunny Lake Is Missing, filme en que el deseo de espectacularizar una trama intimista lo lleva a crear falsas pistas, una galería de sospechosos demasiado evidentes, con lo que estropea las cualidades del filme, esas enigmáticas relaciones entre Carol Lynley y Keir Dullea, el personaje de Laurence Olivier y, sobre todo, esa prodigiosa manera de “apoderarse” de un ambiente, de situarlo, de “captar e, incluso, comprometer a un personaje en su ambiente”, según expresión de Jacques Lourcelles. Es casi seguro que si ese proyecto se hubiera rodado después de Anatomy of a Murder, como, en principio, quería, su forma de hacer hubiera sido menos alambicada, más cercana a los filmes de la Fox de los años cincuenta. (Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon en 50 años de cine norteamericano)

Sumergida durante toda su segunda hora en la oscuridad de una noche de angustia, y habitada por figuras periféricas espectrales, insólitas o inquietantes (la maestra jubilada que colecciona las pesadillas de los niños; el casero y poeta lujurioso encarnado por Noël Coward; el reparador de muñecas ... ), El rapto de Bunny Lake poco a poco se convierte en una película con el encanto del insomnio, una especie de ensueño, una deriva poética hacia los límites de la sinrazón. Los adultos son, en última instancia, sólo niños enmascarados, y debajo de sus camas todavía acechan las formas oscuras y monstruosas de sus neurosis. (Antoine Royer en DVDclassik)

Al entrar en contacto con una guitarra eléctrica, Otto Preminger, nacido en 1906, sufrió una conmoción, que transmite en este thriller psicológico de 1965, ambientado en el swinging London. (...) La verdadera carga de la película está en otra parte: en la visión de Preminger de una era del rock and roll agitada y desorientada. El caos mental de la época se refleja en el comportamiento de los excéntricos personajes locales (incluido un rijoso cuentista, interpretado por Noël Coward), las imágenes de pesadilla, el telón de fondo de la protesta estudiantil, la crisis política, y la banda sonora frenética, que presenta la música de los Zombies. (Richard Brody en The New Yorker)

Un thriller regular escrito por John y Penelope Mortimer (a partir de la novela de Evelyn Piper) en el que el cansado inspector Olivier recorre un Londres repleto de cameos en busca de la niña extraviada (y posiblemente inexistente) de Carol Lynley. Preminger nos irrita característicamente con ambigüedades en clave menor como si la investigación fuera filosófica más que criminal. Una breve aparición de The Zombies ubica el momento bastante bien, aunque Londres no sigue el ritmo sino que chirría inquietantemente. (PT en Time Out)

Película estrenada en Madrid el 19 de septiembre de 1966 en los cines Capitol e Infante; en Barcelona, el  4 de noviembre 1966 en el cine Fantasio.

Reparto: Laurence Olivier, Carol Lynley, Keir Dullea, Martita Hunt, Noel Coward.