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jueves, 26 de febrero de 2026

Cita en Hong Kong (Soldier of Fortune, 1955). Edward Dmytryk

Soldier of Fortune (1955) es una producción de aventura y drama romántico de la 20th Century Fox, dirigida por Edward Dmytryk, un cineasta cuya carrera estuvo marcada por su inclusión en los "Diez de Hollywood" y su posterior regreso a los grandes estudios. La película, ambientada en el exótico Hong Kong de la posguerra, está protagonizada por Clark Gable y Susan Hayward. Filmada en CinemaScope y DeLuxe Color, la cinta buscaba aprovechar el atractivo visual de las localizaciones asiáticas, un recurso novedoso para el público de la época.

El ambiente exótico y la acción llena de lances trepidantes, aunque convencionales, hacen que la película que presenta el Palacio de la Música,  “Cita en Hong Kong”, entretenga a los espectadores. (...) Naturalmente que con la trama llena de movimiento, a menudo llena de violencia –abundan las peleas a puñetazos y el manejo de las armas de fuego-, aliciente considerable es el exotismo de la ambientación. (Donald en ABC del 29 de marzo de 1959)

La trama sigue a Jane Hoyt (Hayward), quien llega a Hong Kong en busca de su esposo, un fotoperiodista encarcelado en la China comunista bajo sospecha de espionaje. Al encontrar poca ayuda en los canales oficiales, Jane recurre a Hank Lee (Gable), un expatriado estadounidense que ha hecho fortuna mediante el contrabando y otras actividades turbias. El núcleo de la historia reside en el rescate del esposo y en el inevitable romance que surge entre la protagonista y el carismático Lee.

El guion fue obra de Ernest K. Gann, quien adaptó su propia novela publicada en 1954. Gann conocía bien el entorno, ya que había vivido en Hong Kong durante su juventud. Aunque actores como John Wayne mostraron interés inicial en la propiedad, el proyecto se consolidó como un vehículo para el lucimiento de Gable, quien pidió específicamente que el estudio comprara los derechos para él. La dirección de Dmytryk se centró en la profesionalidad técnica y en el manejo de estrellas de gran calibre.

Un aspecto singular de la producción es que Susan Hayward nunca viajó a Hong Kong para el rodaje. Debido a una complicada batalla legal por la custodia de sus hijos, la actriz tuvo que filmar todas sus escenas en los estudios de Hollywood. Para mantener la ilusión de su presencia en Asia, el equipo utilizó dobles de espalda en lugares emblemáticos como el edificio del HSBC y el puerto de Aberdeen, intercalando estas tomas con decorados interiores construidos en California.

La música, compuesta por Hugo Friedhofer, es otro de los pilares del filme, destacando por un tema de amor melancólico y el uso de texturas asiáticas que refuerzan la atmósfera exótica. Lamentablemente, parte de la partitura original sufrió daños severos por almacenamiento durante décadas, aunque los fragmentos rescatados siguen siendo valorados por su sofisticación armónica. A nivel técnico, la película también es recordada por el uso expansivo del CinemaScope, aunque algunos críticos señalaron que la puesta en escena a veces dejaba vacíos innecesarios en la pantalla.

En cuanto a la dirección de actores, Dmytryk, conocido por ser un "director de actores", permitió que Gable operara en un "modo de crucero", confiando en su carisma natural más que en un esfuerzo dramático extenuante. Por su parte, Hayward interpretó a una mujer intrigada por el primer hombre maduro que conocía, en contraste con el carácter más juvenil de su esposo en la ficción. No obstante, algunos críticos contemporáneos consideraron que el ritmo de la película era lento y que la atracción de Hayward por el contrabandista estadounidense no resultaba del todo convincente.

El valor de Soldier of Fortune ha crecido con los años como documento histórico visual de un Hong Kong desaparecido. La película captura escenas del Peak Tram, el antiguo cuartel de la Policía Marina y la vida en el puerto de Aberdeen antes de las transformaciones urbanas modernas. Aunque fue recibida con frialdad por críticos influyentes como Bosley Crowther, quien la tildó de ficción implausible, su factura técnica y su reparto estelar la mantienen como un ejemplo representativo del cine de aventuras de la Edad de Oro.

En última instancia, Soldier of Fortune se sostiene más como un ejercicio de profesionalidad técnica y carisma estelar que como una obra maestra del género. Si bien la química entre Gable y Hayward es innegable, el guion a menudo cae en convencionalismos que la alejan de la profundidad de otras obras de Dmytryk, como The Caine Mutiny. Su mayor mérito reside en su capacidad para transportar al espectador a una época y lugar específicos, funcionando como una sofisticada cápsula del tiempo que, a pesar de sus debilidades narrativas, ofrece un entretenimiento sólido y visualmente estimulante.

Película estrenada en Madrid el 27 de marzo de 1959 en el cine Palacio de la Música.

Reparto: Clark Gable, Susan Hayward, Michael Rennie, Gene Barry, Tom Tully, Alexander D'Arcy, Anna Sten, Russell Collins.

lunes, 19 de enero de 2026

La esclava libre (Band of Angels, 1957). Raoul Walsh

Band of Angels es una película de 1957 dirigida por Raoul Walsh para Warner Bros. que se presenta como una épica de la Guerra Civil estadounidense. Basada en la exitosa novela homónima de Robert Penn Warren de 1955, fue la primera gran producción de Hollywood en retratar la esclavitud y el Viejo Sur desde el estreno de Lo que el viento se llevó en 1939. Aunque a menudo fue comparada desfavorablemente con su predecesora y considerada un fracaso comercial en su época, la película intentó ofrecer una visión más oscura, compleja y ambigua del racismo y el sistema esclavista en los Estados Unidos.

El relato en imágenes es prodigo en lances, en imágenes de luminosos, o sombríos coloridos, según la circunstancia, y en pinceladas enérgicas de situación, y todo ello crea el clima de la cinta, que entretiene con el encadenamiento de sucesos y con su visualidad. (Donald en ABC del 16 de marzo de 1960)

La trama sigue la historia de Amantha Starr, interpretada por Yvonne De Carlo, una joven que vive una vida de privilegios en la plantación de su padre en Kentucky. Tras la muerte de su progenitor, Amantha descubre el impactante secreto de que su madre era una esclava negra, lo que, bajo las leyes de la época, la convierte legalmente en propiedad del patrimonio de su padre para pagar sus deudas. A raíz de esto, es vendida en una subasta de esclavos en Nueva Orleans, marcando el inicio de un viaje traumático donde se enfrenta a la brutalidad de la trata de personas y a intentos de abuso sexual.

En Nueva Orleans, Amantha es comprada por un precio exorbitante por Hamish Bond, interpretado por Clark Gable en un papel que evoca deliberadamente a Rhett Butler. Bond es un plantador rico con un pasado éticamente cuestionable como traficante de esclavos en el Atlántico, una revelación que más tarde horroriza a Amantha. A pesar de ser su dueño, Bond la trata con la cortesía de una dama y no como una esclava, lo que permite el desarrollo de una relación romántica entre ambos que se vuelve el eje central de la narrativa fílmica.

Un elemento crucial en la dinámica de la película es el personaje de Rau-Ru, interpretado por Sidney Poitier, quien es el hombre de confianza de Bond y un esclavo educado que lo desprecia profundamente. Rau-Ru ve la amabilidad y educación que Bond le otorga como un método de control más insidioso que la crueldad física, ya que sigue sin otorgarle la libertad absoluta. La interpretación de Poitier ha sido elogiada como la mejor de la película, retratando a un hombre en conflicto que finalmente se une al ejército de la Unión para luchar contra el sistema que lo oprime.

Desde el punto de vista técnico y artístico, la película destaca por la fotografía vibrante de Lucien Ballard y la partitura musical de Max Steiner, quien también compuso la música de Lo que el viento se llevó. Walsh mezcla los códigos visuales del Western —como paisajes áridos y persecuciones— con los temas del "Southern" o cine de plantaciones, creando una atmósfera de nostalgia por una sociedad en desaparición. El uso de efectos de mickey-mousing en la música y una puesta en escena que enfatiza la elegancia del Viejo Sur contribuyen a una estética romántica que a veces contradice la crudeza del tema de la esclavitud.

La transformación más radical de la obra original de Warren se encuentra en el final de la película, donde se optó por una resolución de redención romántica en lugar de la tragedia del libro. Mientras que en la novela Bond se suicida y Amantha termina en un matrimonio infeliz en Kansas, el filme muestra a Rau-Ru perdonando a Bond después de descubrir que este le salvó la vida en África cuando era un bebé. Este cambio permite que Bond escape con vida y que Amantha se una a él en una huida final hacia el mar, un desenlace que ha sido criticado por ser paternalista y condescendiente en su tratamiento del perdón racial.

A pesar de su recepción inicial negativa, Band of Angels ha ganado un estatus de culto por ser considerada una película "extraña" y adelantada a su tiempo en ciertos aspectos de la representación racial. Su tono "pulp" y provocativo parece anticipar el estilo de películas modernas como Django Unchained, explorando las tensiones sexuales y de poder inherentes al sistema de castas del Sur. Hoy en día, el filme es valorado como un documento fascinante de la transición de Hollywood hacia temas más arriesgados tras el debilitamiento de la censura del Código de Producción.

Película estrenada en Madrid el 14 de marzo de 1960 en los cines Real Cinema y Torre de Madrid.

Reparto: Clark Gable, Yvonne De Carlo, Sidney Poitier, Efrem Zimbalist Jr., Rex Reason, Patric Knowles, Thorin Thatcher, Ray Teal.

lunes, 14 de octubre de 2024

San Francisco (1936). W.S. Van Dyke


La cantante de ópera Mary Blake (Jeanette MacDonald) huye de la miseria y busca cobijo en Blackie Norton (Clark Gable), un empresario de San Francisco que le proporciona trabajo. Inevitablemente, surge una estrecha relación entre ambos que es desaprobada por el padre Mullin (Spencer Tracy). Mientras tanto, nos aproximamos a la fatídica fecha del 18 de abril de 1906, cuando un terremoto arrasó la ciudad y provocó más de 3.000 muertos.

Espectacular y celebrado melodrama que toma como pretexto el terremoto y posterior incendio que destruyó San Francisco en 1906. El tiempo no lo ha tratado excesivamente bien, diluyendo gran parte de su fulgor y resaltando sus aspectos más previsibles. Pese a ello, conserva una evidente solidez y el encanto propio de los productos de la época dorada del "star system". (Fotogramas)

Los efectos visuales del film en todo su tramo final siguen deslumbrando a día de hoy, y fueron un ejemplo a seguir en futuras producciones. Directores como D.W. Griffith y Erich Von Stroheim, uno tras las cámaras, el otro en el guion, aportaron parte de su talento, nunca reconocido, a un film intenso y lleno de fuerza en sus aspectos humanos –la búsqueda desesperada de Blackie mientras observa como varias familias se reúnen en la desgracia− e ilógica en sus connotaciones religiosas. Con todo un disfrute de primer orden. (Alberto Abuín en Espinof)

A partir de la agitada, violenta y catastrófica historia de la Costa Bárbara de San Francisco de principios de siglo, Metro-Goldwin-Mayer ha creado una obra cinematográfica generosa y completamente satisfactoria. "San Francisco" es menos una película individual que una antología. Durante sus dos horas de duración en la pantalla, logra abarcar la mayoría de las virtudes del cine operístico, el romántico, el biográfico, el dramático y el documental. Sorprendentemente, las cumple todas a la perfección, y verdaderamente merece ser elogiada como una ilustración casi perfecta de la capacidad inherente y adquirida del cine para absorber y digerir otras formas de arte y convertirlas en sus propios nervios. (Frank S. Nugent en The New York Times del 27 de junio de 1936)

San Francisco es un ejemplo del tipo de grandes películas que Hollywood podía hacer cuando un estudio quería hacerlas. Si bien no es una película particularmente buena, lo es lo suficiente como para representar un estilo y un tipo puesta en escena que reflejan la época en la que se hizo. (Raymond Benson en Cinema Retro)

San Francisco es un claro ejemplo del viejo dicho "Ya no se hacen películas como las de antes". Es un entretenimiento casi perfecto, con estrellas de cine carismáticas en una historia sugestiva, que además está llena de buena música. ¡Ah, y hay un terremoto! (Laura Grieve en Miscellanous Musings)

Los últimos 20 minutos de San Francisco giran en torno a un Blackie maltratado y ensangrentado que busca a Mary entre los escombros. Gable ofrece el tipo de interpretación que forma leyendas de Hollywood, humilde y sin palabras para describir lo que ha presenciado. Su capacidad para interpretar personajes carismáticos pero engreídos sigue siendo inigualable y, en última instancia, aumenta gran parte de la flacidez de una película que se recuerda por lo que promete más allá de lo que podría haberla elevado al estatus de clásico. (Steve Pulaski)

Aunque la película es conocida como una película de catástrofes avant la lettre, es sobre todo una película sobre una ciudad, a través de algunos personajes típicos. La canción “San Francisco”, cantada por Jeannette McDonald en varios momentos clave de la película, es un ejemplo de ello. Es sorprendente que en su momento se hubiera desarrollado una intriga tan sentimental, política e incluso moral (el sacerdote interpretado por Spencer Tracy), y que sólo se dedicara atención al "punto culminante" de la película, el terremoto y el incendio resultante, que son los últimos 20 minutos. Pero estos 20 minutos son apasionantes, realistas, aterradores y conmovedores. Van Dyke, que hacía películas exóticas al estilo Flaherty, tiene un sentido del montaje muy seguro y eso explica lo llamativo del minuto y medio que dura el terremoto. (Vladimir Potsch en Allociné)

¡Alucinante! El cambio de tono de la comedia al drama, la mezcla de géneros del cine de catástrofes a la comedia musical y al drama amoroso se maneja con un virtuosismo desconcertante. El trabajo de cámara es brillante, particularmente en las escenas de multitudes, y el montaje es increíble. (Allociné)

Con razón considerada una de las primeras grandes películas de catástrofes, "San Francisco" es también durante las primeras cuatro quintas partes una película con una trama dramática y romántica lo suficientemente densa como para lograr captar fácilmente el interés, a pesar de un aspecto de moral cristiana demasiado pesado, ayudado por una hermosa reconstrucción de la ciudad del título y una producción impecable. Una vez más el carisma de Clark Gable explota y tenemos el gran placer de seguirlo, Jeannette MacDonald tiene talentos inigualables como actriz y cantante y Spencer Tracy logra la hazaña de hacer simpático a un personaje que tenía todo para ser molesto. La escena del terremoto, que es, por supuesto, el punto culminante del espectáculo, está realizada de manera espectacular y con impresionantes efectos especiales, especialmente cuando sabemos la época de la película, y no ha perdido absolutamente nada de su impacto realista. Un hermoso logro de la Edad de Oro de Hollywood. (Plume231 en Allociné)

Película estrenada en Barcelona el 25 de febrero de 1941 en el cine Kursaal; en Madrid, el 7 de marzo de 1941 en el cine Capitol. 

Reparto: Clark Gable, Jeanette MacDonald, Spencer Tracy, Jack Holt, Ted Healy, Jessie Ralph, Harold Huber, Shirley Ross, Dennis O'Keefe


lunes, 2 de septiembre de 2024

Mares de China (China Seas, 1935). Tay Garnett


Alan Gaskell (Clark Gable) es el capitán de un barco experto en cruzar los mares de China. Es un hombre experimentado, fuerte y aguerrido, al parecer de vuelta de todo. En cierta ocasión, el barco debe transportar un importante cargamento de oro desde Hong Kong hasta Singapur. Gaskell teme algo más peligroso que un tifón; el ataque, frecuente en la zona, de los piratas para hacerse con el botín.

La cinta es —insistimos—una de las más notables de cuantas nos han sido presentadas esta temporada. Estos mares lejanos, cuajados de piratas y de bandidos, en los que la aventura es siempre un riesgo y un riesgo peligroso, han sido reflejados con toda la belleza de sus juncos y el abigarramiento de sus marinerías. La parte puramente sentimental de la cinta ha sido tratada con un acierto innegable, porque no llega a imponerse nunca por si sola y, en cambio siempre aparece estrechamente relacionada con la acción. La actriz es Jean Harlow. y no tenemos inconveniente alguno en reconocer que su labor, en esta cinta, es de lo mejor de su carrera. (Alberto Gracián en La Vanguardia del 14 de marzo de 1936)

Mares de China pudo ser una gran película, pero se ha quedado en intento por la poca habilidad de los escenaristas; Furthman y McGuiness, atentos sólo al interés de episodio y a la velocidad, han dejado sin resolver muchos de los problemas que se plantean en un escenario que quiere conseguir el ritmo a justificar la continuidad. Con todo, Tay Garnett logra bellos fotogramas cuando depende exclusivamente de él la conducción de la cámara, (…) Pero cuando el escenario vuelve a imponerse y dicta el camino a seguir Tay Garnett no es más que un realizador discreto. Dentro del mismo tono de discreción que envuelve casi continuamente a la película, salvo en los momentos señalados, por parte del animador, o en los que se deben a la iniciativa personal de los magníficos intérpretes. (Antonio Barbero en ABC del 12 de abril de 1936)

En su afán por complacer, la película incluye todo lo que hay en el repertorio en su descripción del viaje del carguero desde Hong Kong a Singapur. Se puede recomendar como un espectáculo ruidoso y alborotador, que convierte en una distracción pasable temas bastante familiares. (...) Pero "China Seas" contiene tal abundancia de comedia y melodrama que sigue siendo entretenida incluso después de haber señalado sus defectos. (André Sennwald en The New York Times del 10 de agosto de 1935)

Todos parecen estar disfrutando enormemente haciendo esta película llena de diálogos chispeantes y acción ingeniosa, gracias al ágil guión de Jules Furthman y James Kevin McGuinness (basado en la novela de Crosbie Garstin) y la habitual producción de MGM de los años treinta. El productor Irving Thalberg quería una película que generara dinero y ésta lo era. (Derek Winnert)

Las escenas de acción abundan, incluido el obligatorio tifón que se precipita sobre el barco y envía olas que se estrellan contra la cubierta, lo que permite episodios de heroísmo y cobardía. Los piratas atacan y disparan y buscan el oro en la caja fuerte mientras Wallace Beery juega sutilmente con ambos bandos. Y estos efectos, debo admitirlo, me recuerdan cuánto prefiero el viento y la lluvia artificiales al viento y la lluvia creados por el ordenador. El material generado por el ordenador parece real. El material creado por el hombre se siente real. No es que importe tanto, ya que los efectos son meramente relleno entre las bromas de Harlow, Gable y Beery, que, como sabemos, triunfan sobre cualquier tempestad. (Nick Prigge en Cinema romántico)

Si bien esta película en su conjunto sigue siendo menor, tiene especialmente el mérito de confrontar a tres figuras clave del Hollywood de los años 30: Clark Gable, un exigente capitán con un corazón de oro; Wallace Beery, una cara increíble para hacer de embaucador; y Jean Harlow, cuya carrera fue demasiado corta, que aparece como descarada, buena chica y siempre vestida con atuendos increíbles. (À voir, à lire)

Fue en 1935, tras regresar de un viaje de dos años alrededor del mundo en su barco, cuando Tay Garnett firmó China Seas. Mezclando hábilmente romance y aventura, comedia y melodrama, se lanza a esta increíble historia de piratas en el Mar de China, interpretada por magníficos actores, Clark Gable, Jean Harlow y Wallace Beery. Aquí encontramos felizmente al mismo cineasta que filmó para la televisión a principios de los 70 de forma subrepticia, casi de contrabando, algunos capítulos maravillosos de Los Intocables, Caravana o Bonanza. (Louis Skorecki en Libération)

Esta es una de las últimas películas de Jean Harlow: la Rubia Platino interpreta a China Doll, una aventurera que se enamora de Clark Gable, mientras viaja en un barco cargado de oro. La película es bonita, el exotismo perfectamente falso y la dirección de Tay Garnett es cuidada. Pero es evidentemente Jean Harlow quien llama la atención. (François Forestier en Le Nouvel Obs)

Esta exótica aventura en el Mar de China es divertida, dramática y bastante improbable. Jean Harlow, la chica celosa y mal educada y Clark Gable, el capitán gruñón, son los pilares de la película. El barco lleva una apisonadora que espera a caer por la borda durante una tormenta y también un cargamento de oro. Vivimos un tifón y la nave es secuestrado por piratas malayos. Los papeles secundarios están esbozados con humor. Encontramos al eterno borracho que no se da cuenta de nada y las posturas afectadas de las mujeres de la alta sociedad. En definitiva, una buena peli para disfrutar en paz. (L'Oeil sur l'Ecran)

Estrenada en Barcelona el 13 de marzo de 1936 en el cine Fémina; en Madrid, el 11 de abril de 1936 en el cine Callao. 

Reparto: Clark Gable, Jean Harlow, Wallace Beery, Lewis Stone, Rosalind Russell, Cecil Aubrey Smith, Robert Benchley, Dudley Digges.



miércoles, 31 de enero de 2024

Indianápolis (To Please A Lady, 1950). Clarence Brown


Mike Brannan (Clark Gable) es un arrogante corredor de coches que despierta el odio o la admiración del público. Su mala reputación se la ganó tras ser acusado de provocar un accidente fatal durante una carrera. Decidida a comprobar qué hay de cierto en todo ello, la dura columnista Regina Forbes (Barbara Stanwyck) trata de entrevistarlo, pero él se niega.

Todos los pasajes que recogen el aspecto del deporte constituyen un documental de por sí interesante, apasionante incluso para los profanos, aunque, a juicio mío, alguno de estos trozos resulte un tanto largo, o tal vez reiterativo, lo que no aminora la excelencia de las imágenes, ni la fuerza del movimiento de éstas. Lo que en realidad es la comedia también está pergeñado con habilidad; las escenas son ligeras y el diálogo ágil y sencillo (...) Quiero decir que la cinta mantiene prendida a su acción la curiosidad del espectador, y que, por ende, es entretenida. (Donald en ABC del 28 de noviembre de 1952)

La anécdota (...) sigue una ruta total y absolutamente convencional, aunque nos llegue sobredorada de suntuosas decoraciones, cuando conviene, y de episodios “periodísticos” estupefacientes. (...) Pero hay en la película algo que arrumba todo aquello y estremece literalmente al espectador en su butaca: estamos hablando de las carreras de automóviles que se interpolan en el curso del asunto (...) Clarence Brown es el cuarto nombre ilustre de la película y a fe que si en muchas ocasiones su dirección sólo apunta destellos en que se le puede reconocer, en otras muchas demuestra que sigue siendo un gran realizador, dueño de los mejores secretos de la cámara y de su lenguaje. (Horacio Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 11 de marzo de 1953)

Lo cierto es que las películas de automovilismo han resultado casi siempre algo plomizas como demuestran Grand Prix (1966), 500 millas (1969) y Un instante, una vida (1977). Indianápolis tampoco fue una excepción, a pesar de estar dirigida por un maestro como Clarence Brown (1890-1987), que comenzó en el cine mudo y tuvo sus mayores éxitos en los años 30 (Ana Karenina (1935)), retirándose completamente de la profesión en 1952. (Decine21)

El poder estelar de estos dos grandes actores, quizás apenas pasado su mejor momento, sigue siendo la razón para ver esta película humilde, llena de clichés pero entretenida. (...) El aire de cansancio y bajo presupuesto ciertamente daña al film, pero Stanwyck y Gable aún generan mucho respeto, atención y admiración, por supuesto. Aquí son una pareja simpática y formidable, que comparten una química atractiva en la pantalla, y la película puede ser rutinaria, pero sigue siendo atrayente. Para darle un poco de realismo, el clímax de la carrera se filmó en el Indianapolis Motor Speedway. (Derek Winnert)

El director Clarence Brown (“Intruder in the Dust”/”The White Cliffs of Dover”/”Idiot's Delight”) mantiene el rumbo de esta nadería que gira en torno a las carreras de bólidos, mientras que los guionistas Marge Decker y Barre Lyndon dejan que las escenas de acción en la pista hablen más que las palabras. No vale mucho como melodrama, pero las secuencias de acción son muy entretenidas. (...) A pesar de las excelentes imágenes de las carreras (la escena culminante se rodó en el circuito de Indianápolis), las atractivas actuaciones de las estrellas y la historia confeccionada para agradar al público, la película no fue un éxito de taquilla. El estudio lo atribuyó a la nueva popularidad de la televisión. (Dennis Schwartz)

Lo que se desarrolla a partir de ese odio a primera vista está plagado de clichés de la escuela cinematográfica del falso glamour, y los actores parecen encontrarlo tan vergonzoso como lo encontraría un público adulto. (Moira Walsh en America Magazine)

Excepto por algunas buenas escenas de carreras, hay poca emoción en esta historia del duro piloto y la columnista. Todo esto se ha hecho demasiadas veces antes. (Bob Thomas en Associated Press)

Gable y Stanwyck hicieron otra película juntos al comienzo del cine sonoro. Se llamaba Night Nurse y Barbara era la protagonista y Gable era un actor secundario prometedor. Una generación después, ambos eran leyendas de la pantalla. Hubiera esperado que MGM les hubiera dado algo mejor. No es que sea una mala película, las secuencias de carreras son bastante buenas y emocionantes. Pero To Please A Lady es definitivamente una película de serie B. Tengo la teoría de que Gable quería hacer este film por puro placer. Después de la Segunda Guerra Mundial, Gable y el marido de Stanwyck, Robert Taylor, se dedicaron a las carreras: motos, automóviles, lo que sea. MGM puso fin a esto, ya que no quería que dos de sus propiedades más caras arriesgaran su cuello por diversión. (Bkoganbing en IMDB)

Stanwyck interpreta a una mujer fría, altiva y desalmada, Gable interpreta a un lobo solitario, poco apreciado por el público, que tiene un carácter fuerte. Los dos juntos podrían echar chispas; pero esta pareja no funciona. Falta calidez entre ellos, las escenas tiernas, que podrían llevarnos por el camino de la simpatía, son rápidamente interrumpidas por una discusión y no se hace nada para que sean siquiera aceptables para nosotros. Una película seria, sin un toque de humor para aportar un segundo grado que pueda ser beneficioso para el conjunto. Gable congelado en una sonrisa que pretende ser encantadora, y Stanwyck, sin verdadero encanto, busca seducir... así se resume la película. (Mistermyster en Allociné)

El título inglés, un tanto estúpido, sugiere que se trata de una película romántica. De ninguna manera. Los personajes interpretados por Gable, macho arrogante, y Stanwyck, empresaria y líder, son indefectiblemente cínicos y su romance tiene algo de desesperado. Ahora bien, el interés principal de la película proviene de las carreras de autos de principios de la década de 1950, presentadas de manera espectacular. (Traversay1 en Allociné)

¿Qué se puede decir realmente de esta historia de amor en un contexto de periodismo sensacionalista y, especialmente, de carreras de coches? Bueno, lo que más recordamos son las escenas de carreras de autos, bastante exitosas, y el encanto de la pareja Clark Gable-Barbara Stanwyck. De lo contrario, no resulta muy memorable. Nótese, sin embargo, la escena encantadora y original de la conversación telefónica frente a un espejo. Es un film fácil de ver y eso no es tan malo. (Plume231 en Allociné)

Película estrenada en Madrid el 27 de noviembre de 1952 en el cine Rex; en Barcelona, el 9 de marzo de 1953 en el cine Fantasio.

Reparto: Clark Gable, Barbara Stanwyck, Adolphe Menjou, Will Geer, Roland Winters.


miércoles, 13 de abril de 2022

Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939). Victor Fleming

 

Georgia, 1861. En la elegante mansión sureña de Tara, vive Scarlett O'Hara (Vivien Leigh), la joven más bella, caprichosa y egoísta de la región. Ella suspira por el amor de Ashley (Leslie Howard), pero él está prometido con su prima, la dulce y bondadosa Melanie (Olivia de Havilland). En la última fiesta antes del estallido de la Guerra de Secesión (1861-1865), Scarlett conoce al cínico y apuesto Rhett Butler (Clark Gable), un vividor arrogante y aventurero, que sólo piensa en sí mismo y que no tiene ninguna intención de participar en la contienda. Lo único que él desea es hacerse rico y conquistar el corazón de la hermosa Scarlett. 

La principal   virtud  de "Lo que el  viento  se llevó",  estrenada  anoche en  el  Palacio  de la Música,  y ofrecida aquí privadamente hace  años, es la de su fuerza  de  permanencia  y  el no  desmerecer,  sino  sobrepasar las producciones   de   última    hora    reputadas magistrales.  De este  modo  cabe afirmar  que la  cinta  de Víctor  Fleming  marca  un instante   trascendente  en la Historia fílmica universal. (Donald en ABC del 18 de novembre de 1950)

 Lo que el viento se llevó da lo que prometía, pero también cosas no esperadas, cosas que uno podia lícitamente suponer arrinconadas y envejecidas por el tiempo transcurrido. Da, en pocas palabras, una técnica realizadora rigurosamente actual, que en su tiempo marco un ápice y que hoy continúa en legítima primera línea, aun no superada en su clasicismo y en sus innovaciones por el propio cine americano. (H. Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 18 de noviembre de 1950)

Una de las películas más famosas y mitificadas de la historia, en cuya azarosa gestación participaron guionistas como Ben Hecht, Jo Swerling y Francis Scott Fitzgerald, y directores como George Cukor, Sam Wood y William Cameron Menzies, cuyo diseño de producción marcó las pautas de la realización. Su mito supera a su propia entidad, pero posee una notable factura y una auténtica garra melodramática. (Fotogramas)

A pesar de resultar bastante maniqueo abordando asuntos impregnados de las peculiariades y valores del territorio sureño estadounidense: el honor, el orgullo, la familia, la tierra, la propiedad, sin eludir el tema de la esclavitud… “Lo Que El Viento Se Llevó” siempre permanecerá con su valor incólume, incrustando en el subconsciente cinéfilo memorables escenas y diálogos. (Aloha Criticón)

La grandeza épica y el encanto romántico de Lo que el viento se llevó encapsulan una era del cine de Hollywood, pero eso no puede excusar una perspectiva ciega que se encuentra en el lado equivocado de la historia. (Rotten Tomatoes)

La subestimación también tiene sus usos, por lo que la crítica de esta mañana sobre el evento de anoche comenzará con la anotación casual de que fue un gran espectáculo. Funcionó, y seguirá funcionando, durante unas 3 horas y 45 minutos, que todavía son unos días y horas menos que lo que dura el tiempo de lectura de la novela y es un período en el que la columna vertebral puede quejarse antes que el ojo o el oído. Es pura narrativa, como lo fue la novela, antes que un gran drama, como no lo fue la novela. Con esto queremos decir que  dejarás el film, no con la sensación de haber vivido una profunda experiencia emocional, sino con el cálido y agradecido recuerdo de una interesante historia bellamente narrada. ¿Es la mejor película jamás realizada? Probablemente no, aunque es el mural en movimiento más grandioso que hemos visto y la aventura cinematográfica más ambiciosa en la espectacular historia de Hollywood. (Frank S. Nugent en The New York Times del 20 de diciembre de 1939)

Su estereotipo de esclavos felices y amos amables induce más que nunca a una mueca de dolor (los escritores afortunadamente eliminaron las referencias pro-Ku Klux Klan de la novela). Pero nadie ve 'Lo que el viento se llevó' por su precisión histórica. Lo que nos mantiene sentados en la butaca son cuatro horas de romance épico en hermoso Technicolor. La esclavitud, la Guerra Civil, el incendio de Atlanta, una calle llena de soldados muertos: todo es sólo un telón de fondo para el evento principal, Scarlett y Rhett. El jurado feminista todavía está deliberando sobre la belleza sureña Scarlett O'Hara (Vivien Leigh). ¿No es nada más que un ladrona de maridos en serie? ¿O una mujer moderna resistente que hace lo que puede para sobrevivir? Tú decides. Rhett (Clark Gable) es el playboy bebedor que, cuando mira a una mujer, ve a través de sus enaguas. Scarlett: 'Alimaña de corazón negro' (guarde esa expresión para usarla en el futuro). Rhett: "Nunca significarás nada más que miseria para un hombre". Francamente, tendrías que tener el corazón negro como Rhett para que todo eso no te importe un carajo. (Cath Clarke en Time Out)

Lo menos que se puede decir es que la película es indulgente con la Confederación (sus oficiales son llamados repetidamente "caballeros") y también, de paso, con la idea de la imposición de los derechos conyugales de un caballero. El texto del principio se refiere con franqueza a la "civilización" perdida basada en "el Amo y el Esclavo", como si estuviéramos hablando de los antiguos egipcios, en lugar de algo que existe en la memoria viva. Retratar a los esclavos como seres dóciles y felices parece grotesco ahora, aunque podría decirse que no es más insidioso que la producción actual de Hollywood, y no se puede negar la pura fuerza que vertebra la narración de la película. En la pantalla grande, los enormes exteriores y los horizontes en llamas tienen una calidad expresionista de ensueño. Es un film extraño, loco y operístico. (Peter Bradshaw en The Guardian)

"Lo que el viento se llevó" presenta una visión sentimental de la Guerra Civil, en la que el "Viejo Sur" toma el lugar de Camelot y la guerra se libra no tanto para derrotar a la Confederación y liberar a los esclavos como para dar su merecido a la señorita Scarlett O'Hara. Pero eso lo hemos sabido durante años; la nostalgia contaminada viene añadida. Sin embargo, a medida que "Lo que el viento se llevó" se acerca a su 60 aniversario, sigue siendo un hito imponente como película, simplemente porque cuenta una buena historia, y la cuenta maravillosamente bien. (Roger Ebert)

Una película a prueba de críticas, si alguna vez hubo una: no es tan buena, pero de alguna manera es genial. La primera parte, en la que la graciosa cámara en movimiento de George Cukor (que pronto será reemplazado) establece el ordenado mundo de Tara en elegantes términos visuales, es realmente muy buena. Pero la última mitad es un desenlace lento e inconexo, y la muerte de la niña es el truco más sucio de un guionista. Nadie que yo sepa ha resuelto aún el secreto del atractivo aparentemente atemporal de esta película de 1939, aunque supongo que tiene algo que ver con los elaborados mecanismos del destino, la historia y el sexo soportados por Scarlett, cuya arrogante líbido debe ser castigada tan magníficamente como ha sido celebrada. Las superposiciones de colores llamativos, que son la única excentricidad estilística de la película, fueron la contribución de su autor secreto, el diseñador de producción William Cameron Menzies. Víctor Fleming la firmó, aunque hubo muchas, muchas manos en este pastel. (Dave Kehr en Chicago Reader)

Nunca podré explicar a mis estudiantes de cine más serios por qué los árboles retorcidos y las majestuosas mansiones de William Cameron Menzies, la partitura melódica y malhumorada de Max Steiner y la inefable belleza y crueldad de Vivien Leigh pueden ejercer un hechizo tan hipnótico incluso en los cinéfilos que deberían apreciar esto de manera más adecuada. Es mucho, mucho más fácil analizar las profundidades antisépticas de Potemkin y Persona que las banalidades infecciosas de Lo que el viento se llevó. Digamos simplemente que hay algo en la mayoría de nosotros que siempre respetará el talento de Selznick para la narración pasada de moda y con mucho cuerpo, incluso cuando ahora rendimos homenaje a las formas más anémicas del intelectualismo en el cine moderno. Y, en última instancia, está la sonrisa de Vivien Leigh en la pantalla, que es como un rayo de sol que atraviesa el corazón. (Andrew Sarris)

La adaptación de una obra romántica, cuando se hace con el cuidado, la escala, la inteligencia que aportó Victor Fleming a Lo que el viento se llevó (…) es todo cine. (André Lang en France Soir del 6 de agosto de 1955)

Una pintura monumental de un país que oscila entre la prosperidad y el apocalipsis, Lo que el viento se llevó es una de esas obras maestras que te sorprenden por su belleza y densidad. Cautivado por este romance torturado y por la calidad incomparable de este inmenso clásico, solo puedo confirmar su condición de pieza central del séptimo arte. (Quentin Coray en À la rencontre du septième art)

Lo que el viento se llevó se inspira donde menos se esperaba: el expresionismo. Al igual que el movimiento nacido en Alemania en la década de 1920, la película utiliza la geometría y la inmensidad de los decorados para traducir la existencia de espacios que desafían la comprensión humana. En la mítica escena que precede a la "violación" de Scarlett por Rhett, la parte superior de las gigantescas escaleras por las que sube el personaje se sumerge en la oscuridad, marcando así la entrada de los dos héroes en una dimensión desconocida e irracional, que los supera a ambos. Distorsionados por juiciosos juegos de luces, los rostros de los personajes muestran un lado de su personalidad que quisieran ocultar o traducir sentimientos indecibles. Lo que el viento se llevó es una película donde las emociones nacen de las sensaciones en bruto, ligadas directamente al dinamismo de la puesta en escena, enlazando primeros planos y panorámicas con una facilidad y fluidez formidables, donde no se desperdicia ningún metro de película. (Ophélie Weil en Critikat)

Película estrenada en Madrid el 17 de noviembre de 1950 en el cine Palacio de la Música; en Barcelona, el mismo día en el cine Windsor.

Reparto: Vivien Leigh, Clark Gable, Olivia de Havilland, Leslie Howard, Thomas Mitchell, Hattie McDaniel, Butterfly McQueen, Harry Davenport, Jane Darwell, Ona Munson, Laura Hope Crews.


viernes, 11 de diciembre de 2020

Brumas de traición (Betrayed, 1954). Gottfried Reinhardt

 

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la Holanda ocupada por los nazis, el coronel holandés Pieter Deventer, después de llegar a la conclusión de que hay un traidor infiltrado entre sus hombres, se pone de acuerdo con las fuerzas británicas para desenmascararlo. Todo parece indicar que puede ser Carla Van Hoven, una mujer preparada como espía por el propio Pieter y de la que está enamorado.

Una producción hábil e inteligente, donde la fantasía y la realidad, el folletín y la novela, el ingenio y el tópico se alían cordialmente para componer una aventura interesante, sugestiva y, en rigor, planteada según el más ecreditado estilo de las intrigas policiacas: hasta la última secuencia, un minuto antes de concluir, es imposible precisar, ni tan siquiera, por aproximación, quién es el traidor. (...) Cinta realizada en grato colorido, traducida con limpia pluma, muy bien doblada y con un fondo musical que no tardará en ser conocido. (Horacio Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 30 de agosto de 1955)

El director Gottfried Reinhardt ha sabido mantener un ritmo vivaz durante todo el relato en imágenes, si bien en determinados pasajes (...) se fuerza, a juicio nuestro, la verosimilitud de lo que se narra. (...) Ante todo, es "Brumas de traición" una trepidante película de aventuras de guerra con su conflicto amoroso, tal y como hemos consignado, que se sigue con interés. (Donald en ABC del 28 de octubre de 1955)

Discreto melodrama de espionaje que ambienta su acción en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial. Toda la trama se desarralla según unas pautas tan seguras como previsibles, hasta el punto que no consigue inquietar lo más mínimo, descubriéndose siempre el próximo paso que dará la acción. El componente romántico de la historia era otra de sus posibilidades, pero está tratado con gélida indiferencia. (Fotogramas)

Las ciudades holandesas, los molinos de viento y las mansiones de campo son hermosas, impresionantes para la vista. Frente a ellos, la historia falsa y blanda parece mucho más falsa y absurda. Bueno, así es como sucede a veces. Las tres estrellas y un elenco suavemente pulido, bajo la dirección sin rumbo de Gottfried Reinhardt, cancelan todo, incluidos ellos mismos. "Betrayed" es principalmente una traición a una de las historias más dramáticas de la Segunda Guerra Mundial. (Bosley Crowther en The New York Times)

Al final, Brumas de traición se queda en un correcto –aunque algo tópico- thriller de espionaje de buena factura visual. Un título que sin duda podía haber sido mejor de haber contado con un guión más pulido y una dirección más vigorosa, pese a lo cual no carece de todo interés, aunque solo sea por su estelar reparto. (La Segunda Guerra Mundial en el cine)

Película estrenada el 29 de agosto de 1955 en Barcelona en el cine Tívoli y el 27 de octubre de 1955 en Madrid en el cine Coliseum.

Reparto: Clark Gable, Lana Turner, Victor Mature, Louis Calhern, Wilfrid Hyde-White, O.E. Hasse.