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jueves, 16 de abril de 2026

Arabesco (Arabesque, 1966). Stanley Donen

Arabesque (1966), dirigida por Stanley Donen, se presenta como una sofisticada amalgama de suspenso, comedia y romance que buscaba emular el éxito previo de su obra Charade. Descrita frecuentemente como una pieza "hitchcockiana", la película sitúa a un hombre común y corriente en medio de una peligrosa red de espionaje internacional. A pesar de ser una producción estadounidense, la cinta respira la atmósfera de la cultura "Mod" británica de los años sesenta, convirtiéndose en un producto típico de la era de la "Bondmanía".

Siguiendo en su evolución, que le aparta cada vez más del estilo fresco y sencillo de sus comienzos, Stanley Donen nos ofrece ahora una película que se define muy bien en su título. Esto es un dibujo caprichoso, pero perfecto; un ejercicio cinematográfico para obtener un sobresaliente en inventiva, aunque tras el cual descubramos que no hay nada más que imágenes brillantes, montadas con pericia increíble. Fascinar es muy difícil y hay que reconocer en Donen unas cualidades excepcionales para lograrlo. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 13 de octubre de 1966)

La trama sigue al profesor David Pollock, un experto en jeroglíficos de la Universidad de Oxford, quien es reclutado para descifrar un mensaje secreto que involucra a un primer ministro de Oriente Medio. En su camino se cruza con la enigmática Yasmin Azir, interpretada por Sophia Loren, cuya lealtad oscila constantemente, manteniendo al espectador y al protagonista en una duda perpetua. Lo que comienza como un encargo académico pronto deriva en una persecución frenética que incluye sueros de la verdad, dobles agentes y un complot de asesinato.

El aspecto visual es, sin duda, el elemento más sobresaliente del filme, gracias a la cinematografía de Christopher Challis, quien ganó un premio BAFTA por su trabajo. Debido a que el guion sufrió múltiples revisiones y no satisfacía plenamente a Donen, el director decidió que la única esperanza era hacer la película visualmente tan emocionante que el público no tuviera tiempo de cuestionar la lógica de la historia. Esto resultó en el uso experimental de luces tintadas, ángulos de cámara distorsionados y proyecciones, especialmente notables en la escena inicial del asesinato del profesor Ragheeb.

En cuanto al reparto, Gregory Peck asumió el papel protagónico, aunque Donen originalmente deseaba a Cary Grant, para quien se había escrito gran parte del diálogo. Aunque la crítica de la época consideró que Peck estaba algo fuera de su elemento en un papel que requería el carisma ligero de Grant, su interpretación de profesor "estirado" ofrece un contrapunto interesante a la exuberancia visual. Por otro lado, Alan Badel destaca como el villano Beshraavi, aportando una maldad irónica y sofisticada que ha sido comparada con el estilo de Alan Rickman.

El vestuario de Sophia Loren es otro pilar fundamental de la producción, contando con un guardarropa diseñado exclusivamente por la casa Christian Dior. Se estima que el costo de su ropa ascendió a £53,500, incluyendo una solicitud de la actriz de 20 pares de zapatos diferentes, lo que incluso influyó en que se bromeara sobre un supuesto fetiche de pies en el guion. Esta colaboración entre Dior y Hollywood subrayó el estatus de Loren como un ícono de la moda y elevó la estética glamurosa de la cinta.

La maestría técnica se extiende a la partitura musical de Henry Mancini y los títulos de crédito de Maurice Binder. La música de Mancini, nominada a un Grammy, utiliza ritmos de influencia oriental para puntuar la acción y el misterio, complementando perfectamente el tono ligero del filme. Secuencias de acción memorables, como la pelea en el acuario o el clímax donde Pollock utiliza una escalera de acero para derribar un helicóptero, demuestran la inventiva coreográfica de Donen en la dirección.

Finalmente, las localizaciones reales en el Reino Unido, desde los claustros del St John's College en Oxford hasta el viaducto de Crumlin en Gales, aportan una escala épica a la aventura. El rodaje no estuvo exento de dificultades, como la lesión de Peck que le impedía correr a la par de Loren, obligando al director a pedirle a la actriz que redujera su velocidad. A pesar de los desafíos de producción, la película logró ser un éxito de taquilla, consolidándose como un entretenimiento de "primer orden" para su época.

Desde una perspectiva crítica, Arabesque es un triunfo del estilo sobre la sustancia. Si bien funciona como un "caleidoscopio de tics visuales excesivos" que debería estudiarse en las escuelas de cine por su audacia técnica, su narrativa es deliberadamente delgada y confusa. La película no logra alcanzar la profundidad emocional de Charade, ya que el personaje de Peck nunca parece estar en un verdadero dolor emocional, sino solo en peligro físico. Además, vista con ojos contemporáneos, la cinta resulta problemática por su representación estereotipada y trivializada del mundo árabe. Al utilizar el conflicto de Oriente Medio simplemente como un "telón de fondo extranjero conveniente", la obra refuerza prejuicios históricos en lugar de explorar la realidad política de la región. En última instancia, Arabesque permanece como una fascinante reliquia pop: visualmente deslumbrante, musicalmente brillante, pero éticamente simplista.

Película estrenada en Madrid el 12 de octubre de 1966 en los cines Palacio de la Música, Argüelles, Barceló y Benlliure.

Reparto: Sophia Loren, Gregory Peck, Alan Badel, Kieron Moore, Carl Duering, Ernest Clark, George Coulouris.


lunes, 9 de marzo de 2026

El hidalgo de los mares (Captain Horatio Hornblower, 1951). Raoul Walsh

La película Capitán Horatio Hornblower (estrenada en España como El hidalgo de los mares) representa uno de los hitos del cine de aventuras navales de la era clásica de Hollywood. Dirigida por el veterano Raoul Walsh en 1951, la obra captura el espíritu de las guerras napoleónicas a través de la figura de un oficial de la Armada Británica que debe equilibrar el deber militar con sus conflictos personales. Producida por Warner Bros. en un vibrante Technicolor, la cinta se consolidó como una de las producciones más costosas y populares de su año, reafirmando la maestría de Walsh en la narrativa de acción y ritmo constante.

La película es muy espectacular y está realizada con perícia por Walsh, al que no se han escatimado los medios de producción, con el objeto de obtener los apetecidos efectos.(...)Película de aventuras, netamente de aventuras, contadas con clásico estilo cinematográfico y gran lujo visual, dirigida a chicos y grandes, es “El Hidalgo de los mares”, que se adorna con evidente riqueza de acción, y un soplo de ingenuidad que no sienta mal a la peripecia. (Donald en ABC del 14 de septiembre de 1954)

El guion tiene una base literaria sólida, basándose en tres novelas de C. S. Forester: The Happy Return, A Ship of the Line y Flying Colours. El propio Forester participó en la adaptación cinematográfica, trabajando junto a guionistas de Hollywood para condensar la vasta saga en menos de dos horas de metraje. Esta amalgama de textos permitió que la película funcionara tanto como un estudio de carácter del protagonista como un relato épico que abarca desde las costas de Centroamérica hasta el Atlántico Norte.

La elección del reparto generó cierta controversia en su época debido al uso de estrellas estadounidenses para interpretar a personajes profundamente británicos. Gregory Peck obtuvo el papel principal, que originalmente estaba destinado a Errol Flynn, ofreciendo una interpretación que combinaba una severidad formal con una vulnerabilidad interna muy humana. Acompañándolo, Virginia Mayo interpretó a Lady Barbara Wellesley, aportando una naturalidad y simpatía que, según la crítica, resultaron esenciales para que el romance central calara en el espectador.

La trama se sitúa en 1807, cuando Hornblower, al mando de la fragata HMS Lydia, es enviado en una misión secreta para apoyar a un líder rebelde en Centroamérica contra las autoridades españolas. Sin embargo, la política de la guerra cambia abruptamente cuando España se alía con Inglaterra, obligando a Hornblower a enfrentarse al megalómano "El Supremo" y a capturar y posteriormente hundir el navío Natividad. Estas secuencias iniciales establecen la inteligencia táctica del capitán como su principal herramienta de victoria.

El elemento romántico es un pilar fundamental del filme, introducido mediante el personaje de Lady Barbara, quien huye de una epidemia y requiere pasaje a Inglaterra. Durante el viaje, Hornblower la cuida durante un episodio de fiebre amarilla, lo que hace florecer un amor marcado por los obstáculos morales, ya que ambos tienen compromisos previos. Este enfoque en las escenas de amor es característico de la dirección de Walsh, quien consideraba que sus historias siempre debían girar en torno a estos vínculos afectivos.

En cuanto a la producción, el filme destaca por su realismo técnico, utilizando tanto barcos reales como modelos a escala de gran detalle para las escenas de batalla. Se rodó en estudios del Reino Unido y localizaciones en Francia, reutilizando incluso sets de la película La isla del tesoro de Disney para ahorrar costes. El uso de la fotografía de Guy Green y los efectos de explosiones supervisados por Cliff Richardson crearon algunas de las secuencias navales más impresionantes vistas en un estudio británico hasta esa fecha.

El éxito de la película fue rotundo, convirtiéndose en la novena cinta más popular en la taquilla británica de 1951 y obteniendo una excelente acogida por parte de la crítica moderna, que hoy la califica con un 100% de frescura en portales especializados. Aunque algunos críticos contemporáneos señalaron que el diálogo podía resultar rígido, la emoción visual y el colorido compensaron cualquier deficiencia narrativa, consolidando a Hornblower como un héroe cinematográfico eterno.

Desde una perspectiva analítica, El hidalgo de los mares triunfa como una lección de narrativa clásica donde la economía de medios de Walsh permite mantener un equilibrio entre el espectáculo de masas y la intimidad de los personajes. Si bien el guion puede sentirse como una serie de historias "cosidas" por la necesidad de adaptar varios libros, la dirección no permite que el ritmo decaiga, evitando que el espectador perciba las costuras del relato. La interpretación de Peck es fundamental: logra transmitir que Hornblower gana sus batallas más por su agudeza intelectual que por fuerza bruta, lo que eleva el filme por encima de otros swashbucklers convencionales de la época. En definitiva, es una obra que dignifica el cine de género, demostrando que la industria de Hollywood podía producir arte inteligente sin renunciar a su vocación de entretenimiento masivo.

Película estrenada en Madrid el 13 de septiembre de 1954 en los cines Pompeya, Palace y Beatriz.

Reparto: Gregory Peck, Virginia Mayo, Robert Beatty, James Robertson Justice, Terence Morgan, Moultrie Kelsall, Stanley Baker, Richard Johnson.

lunes, 9 de febrero de 2026

El mundo en sus manos (The World in His Arms, 1952). Raoul Walsh

El mundo en sus manos (1952), dirigida por el veterano Raoul Walsh, es una de las películas de aventuras marítimas más vibrantes y representativas de la era dorada de Hollywood. La cinta, basada en una novela de Rex Beach, sitúa su acción en el año 1850 y destaca por una puesta en escena llena de energía y ganas de vivir. El reparto principal está encabezado por Gregory Peck, quien interpreta al intrépido Capitán Jonathan Clark, acompañado por Ann Blyth como la condesa rusa Marina Selanova y Anthony Quinn en el papel del carismático rival apodado "El Portugués". La producción, a cargo de Aaron Rosenberg para Universal, contó con un sólido guion de Borden Chase y diálogos adicionales de Horace McCoy.

Si el espectador se libra de prejuicios, mejor de sedimentos, intelectuales y estéticos, en cuanto a cargazón de efectos literarios y de tonalidades, y algun que otro anacronismo, puede entretenerse con la cinta, que tiene una movida peripecia y que termina con la boda del valiente marino y la condesa, y, naturalmente, con el negocio de Alaska a favor, por fortuna –y esto es un hecho cierto del pasado y no producto de la imaginación- de los americanos. (Donald en ABC del 27 de diciembre de 1952)

La trama se desarrolla inicialmente en el San Francisco de mediados del siglo XIX, donde el capitán Clark, conocido como el "Hombre de Boston", planea la ambiciosa compra de Alaska a los rusos. Su destino cambia al conocer a la condesa Marina, quien huye de un matrimonio concertado con el cruel príncipe Semyon y busca protección en Sitka. Tras una noche de romance por la ciudad, Clark se enamora perdidamente, pero la condesa es capturada por Semyon y llevada de vuelta a territorio ruso. Creyendo erróneamente que ha sido traicionado, el capitán se embarca en una carrera de goletas contra su rival, "El Portugués", apostando su propia embarcación en un viaje desesperado hacia el norte.

La rivalidad entre Clark y "El Portugués" constituye uno de los ejes motores del filme, presentando un duelo vitalista entre dos hombres de acción. Mientras que el personaje de Peck combina nobleza y brusquedad, el de Anthony Quinn es descrito como un pícaro adorable que sobreactúa de forma tumultuosa y efectiva. Ambos capitanes terminan uniendo fuerzas contra el despotismo imperial ruso tras ser capturados y llevados encadenados a Sitka. El rescate final de la condesa y el duelo a espada contra Semyon culminan en una de las imágenes más románticas de la historia del cine: Clark abrazando a su amada mientras maneja el timón de su goleta bajo un cielo estrellado.

Un aspecto técnico fundamental fue el rodaje de las escenas marítimas en la costa de Lunenburg, Nueva Escocia, debido a que el puerto contaba con el tipo de naves necesarias para representar embarcaciones del siglo XIX. Se utilizaron goletas reales como la "Margaret B. Tanner" y la "Shirley C", las cuales fueron remodeladas y equipadas con velas nuevas que debieron ser envejecidas artificialmente con aserrín y negro de humo. Aunque los actores principales no estuvieron presentes en el rodaje en alta mar debido a restricciones presupuestarias, el director de la segunda unidad, James Havens, capturó durante 50 días algunas de las mejores secuencias de navegación jamás filmadas. Estas tomas reales se intercalaron posteriormente con primeros planos de los protagonistas grabados en estudio.

La dirección de Raoul Walsh se caracteriza por un sentido del movimiento incesante que define la psicología de sus personajes. A diferencia de otros directores clásicos, Walsh solía "atropellar" el guion, acelerando el ritmo y triturando las elipsis para otorgar una sensación de frescura y naturalidad a la aventura. La cámara acompaña constantemente el avance seguro de Jonathan Clark, utilizando travellings y panorámicas que refuerzan su carácter de hombre de acción. Además, el uso de la belleza y grandeza del paisaje sirve como recurso visual para expresar el enamoramiento de los protagonistas.

El filme también incorpora un sorprendente matiz pro-ecologista, adelantado a su tiempo, a través de la profesión del protagonista. Jonathan Clark es presentado como un cazador de focas que practica una explotación responsable, capturando solo machos para asegurar la reproducción y supervivencia de la especie. Esto contrasta directamente con los cazadores rusos, quienes son retratados realizando carnicerías que amenazan con la extinción de las focas. Esta faceta refuerza la imagen de Clark como el espíritu del éxito estadounidense basado en el respeto al equilibrio natural, frente a la crueldad del sistema imperial.

En conclusión, "El mundo en sus manos" es una obra maestra del género que destaca por su ritmo vibrante y su lirismo romántico, evitando los tiempos muertos habituales en otras cintas de la época. Su influencia es palpable en superproducciones posteriores como Indiana Jones o Master and Commander, consolidándose como un espejo del mejor cine de aventuras clásico. Aunque algunos críticos la consideran un "espectáculo de Hollywood" poco convencional, la crítica general alaba su autenticidad y la capacidad redentora de sus imágenes en movimiento. Es, en definitiva, un ejercicio de creatividad espontánea donde Walsh demuestra su mayor momento de inspiración pictórica y narrativa.

Película estrenada en Madrid el 26 de diciembre de 1952 en los cines Carlos III y Roxy B.

Reparto: Gregory Peck, Ann Blyth, Anthony Quinn, John McIntire, Andrea King, Carl Esmond, Sig Ruman, Bill Radovich.

lunes, 26 de enero de 2026

El vengador sin piedad (The Bravados, 1958). Henry King

The Bravados (1958), dirigida por Henry King y protagonizada por Gregory Peck, es un destacado ejemplo del "Western psicológico" o "adulto" de finales de la década de 1950. Producida en CinemaScope por 20th Century Fox, la película se basa en una novela de Frank O'Rourke y representa una de las seis colaboraciones entre King y Peck, un dúo que se especializó en deconstruir la imagen del héroe estadounidense tradicional. A diferencia de otros trabajos anteriores de King, en esta obra el director utiliza un estilo visualmente dinámico que abandona la "invisibilidad" clásica para reflejar con mayor fuerza el tormento interno del protagonista.

El realizador Henry King mueve a los personajes de ficción por parajes desolados, gargantas y desfiladeros en los que la muerte parece acechar detrás de cada peñasco, y lleva adelante las peripecias de la trama de manera irreprochable, con la proverbial perfección con que el cine norteamericano realiza las cintas de tipo “western”. (G. Bolín en ABC del 26 de mayo de 1960)

La trama se centra en Jim Douglass (Peck), un ranchero consumido por el odio que ha pasado seis meses rastreando a cuatro fugitivos que está convencido de que violaron y asesinaron a su esposa. La película comienza con una imagen clásica pero oscurecida: Douglass llega a la ciudad de Rio Arriba para presenciar la ejecución de estos hombres —Alfonso Parral, Bill Zachary, Ed Taylor y Lujan—, quienes han sido capturados por otro crimen no relacionado. Peck interpreta a Douglass como un hombre lacónico pero lleno de una rabia contenida que bordea la psicosis, extrayendo una suerte de dignidad oscura de su propio dolor mientras actúa con una convicción ciega.

El apartado visual, a cargo del director de fotografía Leon Shamroy, es fundamental para establecer la atmósfera sombría del relato. Filmada en localizaciones mexicanas como Morelia, la película utiliza paisajes montañosos, desérticos y quebrados para reflejar la mentalidad endurecida de Douglass. El uso de filtros azules para secuencias nocturnas y el color DeLuxe resaltan la crudeza del terreno, transformando el entorno en un elemento narrativo expresionista que subraya la soledad y el peligro de su misión de venganza.

El reparto de apoyo es notable por su profundidad, destacando a los villanos como personajes con matices distintos que logran incomodar al espectador. Stephen Boyd ofrece una interpretación amenazadora como el lujurioso Bill Zachary, mientras que Lee Van Cleef y Henry Silva aportan una energía nerviosa y autoridad a sus roles de fugitivos. Un elemento curioso y poco común es la participación de Joe DeRita (quien se uniría a Los Tres Chiflados ese mismo año) en un papel serio como un verdugo impostor que facilita la fuga de los presos, desencadenando la persecución final.

The Bravados es considerada a menudo un "Western católico" debido a la fuerte carga de moralidad cristiana y simbolismo religioso que atraviesa su metraje. La inmensa iglesia en el centro de Rio Arriba y los servicios religiosos contrastan con la sed de sangre de Douglass, quien intenta "jugar a ser Dios" como juez y verdugo. El padre de la comunidad es el único que conoce la verdadera historia de Douglass, y las escenas de oración sirven como un contrapunto ético que cuestiona si la fe del protagonista ha sido reemplazada por un fanatismo vengativo.

El clímax de la película presenta un giro narrativo devastador que redefine por completo la moralidad del héroe. Tras asesinar metódicamente a tres de los hombres, Douglass confronta al cuarto, Lujan (Henry Silva), quien le revela que ellos nunca estuvieron en su rancho ni conocieron a su esposa. Douglass descubre con horror que el verdadero asesino fue su vecino, Butler, y que su búsqueda de justicia fue en realidad una masacre de hombres inocentes del crimen que él les atribuía. Este giro transforma la historia en una tragedia sobre los peligros del vigilantismo y la falibilidad de la percepción humana.

La influencia de esta obra se extiende hasta el cine de Sergio Leone, observándose paralelismos temáticos y visuales en películas como La muerte tenía un precio. Elementos como el antihéroe taciturno, el uso de un reloj con la foto de un ser querido y la presencia de villanos sádicos sugieren que la visión de King ayudó a pavimentar el camino para el Spaghetti Western. Finalmente, Douglass regresa a la iglesia no como un héroe victorioso, sino como un hombre que busca perdón, cerrando el relato con una nota de redención amarga y profundamente humana.

The Bravados sobresale como una crítica punzante a la justicia por mano propia, demostrando cómo la obsesión puede corromper incluso a un hombre aparentemente noble. Aunque el romance secundario con el personaje de Joan Collins ha sido criticado por parecer innecesario o forzado, la película triunfa gracias a la intensidad interpretativa de Gregory Peck y su valentía al encarnar a un protagonista que termina siendo moralmente cuestionable. Es una obra sorprendentemente oscura para finales de los años 50 que utiliza el paisaje y la religión para explorar la fragilidad de la verdad y las consecuencias espirituales de la violencia irracional.

Película estrenada en Madrid el 23 de mayo de 1960 en el cine Lope de Vega.

Reparto: Gregory Peck, Joan Collins, Stephen Boyd, Albert Salmi, Henry Silva, Andrew Duggan, Lee Van Cleef.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Sólo el valiente (Only the Valiant, 1951). Gordon Douglas


El capitán Richard Lance (Gregory Peck) es injustamente acusado por sus hombres y por su novia de la muerte del apreciado teniente Holloway (Gig Young), que ha sido asesinado por los indios. Con un pequeño grupo de soldados, Lance ha de defender un fuerte abandonado hasta que lleguen refuerzos. El grupo elegido por el capitán lo forma una mezcla de desertores, descontentos, psicópatas, borrachos y cobardes.

Si bien la idiosincrasia de los tipos y sus reacciones en un momento que sirve de rasero para medirlos individualmente, constituye el cuerpo de la película, ésta hace pródigas concesiones en diversas secuencias, y muy especialmente en las finales, al tono general que caracteriza a las produccions de tal género. Ha dirigido la cinta Gordon Douglas, alternando los dos matices expuestos y consiguiendo entre vulgaridad y vulgaridad momentos de buena calidad cinematográfica que se encierran, como los soldados del Ejército Federal, en el Fuerte Invencible. La fotografía, luces y decorados, ambientan bien el escenario de la acción. (J.F. Vila-San Juan en La Vanguardia del 20 de marzo de 1952)

Sobre todo, los primeros rollos de la narración poseen un autentico interés que mantiene la atención de cuantos los presencian. Hacia el desenlace la trama se vuelve más infantil, así como más desordenada, tumultuosa. Gordon Douglas ha conseguido, sin salirse de los habituales moldes establecidos para esta clase de obras cinematográficas, una trepidante relación en imágenes, que no fatiga un solo instante y que entra de lleno en los que han de estimarse excelentes ejemplos de un estilo cuya vigencia, especialmente en lo tocante al gusto de las grandes masas, está muy lejos de finiquitar. (Donald en ABC del 29 de abril de 1952) 

Nadie se acuerda de este western independiente que produjo James Cagney con el presupuesto de un film de clase B, aunque con un elenco de primera. Hacerlo debió ser una experiencia difícil porque tanto el director-todo-terreno Gordon Douglas como el protagonista Gregory Peck decían que era una porquería. Una revisión contemporánea permite comprobar –afortunadamente- que estaban equivocados y que el film está a la altura de los muchos westerns oscuros, violentos y adultos que Hollywood produjo en la década del ’50. (Fundación Malba)

Aquel que contemple Only the Valiant, de antemano tiene que dejar de lado cualquier imagen prefijada de encontrarse ante un relato de caballería, lucha de indios y vaqueros, o cualquier matiz que puede inducirnos a encontrarnos ante una historia más o menos convencional dentro de esos registros temáticos. Por el contrario, y adentrándose hasta límites insospechados en una vertiente absolutamente sombría, el film de Douglas quedará dominado por las tensiones, las amenazas, el terror incluso, hasta el punto que en muchos de sus momentos parece que no encontremos ante un thriller adornado bajo unos tibios ropajes ligados al cine del Oeste. Las secuencias de interiores caracterizadas por su tonalidad incluso lúgubre, las omnipresentes y crecientes cruces que aparecen en las secuencias, recordando las tumbas que van creciendo en su interior, o la fuerza que adquieren esos exteriores rocosos, que se plantean en la pantalla casi como recreaciones irreales, forman un conjunto pesadillesco. (Cinema de perra gorda)

En este western de caballería que se desarrolla en el salvaje territorio apache, se han hecho grandes esfuerzos para proporcionar personajes interesantes. (Variety)

En este relato fronterizo sorprendentemente seco, el motivo fordiano del severo comandante que se gana gradualmente el respeto de una variopinta tropa de caballería (entre ellos el borracho irlandés Bond), casi se desliza a la dinámica antiautoritaria de Doce del patíbulo. (...) Las confrontaciones físicas, a menudo brutales (incluso con una premonición de Grupo salvaje en el violento final), muestran el tipo de película que el prolífico Gordon Douglas podía ofrecer cuando se lo proponía, contando además con un Gregory Peck vigoroso y poco simpático. (TJ en Time Out)

Only The Valiant es una producción inteligente que mezcla hábilmente el trabajo de estudio y un mínimo de filmación cuidadosa en exteriores para dar una impresión de gran escala con un presupuesto más bien reducido. Mire con atención y verá que las imágenes de las escenas al aire libre tanto en el fuerte como en el paso de montaña sitiado se limitan al trabajo de la segunda unidad, mientras que la mayor parte del material con las grandes estrellas se lleva a cabo en condiciones controladas de estudio. El trabajo de cámara en blanco y negro de Lionel Lindon y la inteligente dirección de Gordon Douglas marcan la diferencia. Douglas tenía mucha experiencia en sacar el máximo provecho de pequeños argumentos filmados a bajo costo; después de estas dos producciones de William Cagney, se convirtió en director de Warner durante los siguientes diez años. (Glenn Erickson en DVD Talk)

Gregory Peck consideró a Only the Valiant (1951) como la peor de sus películas. Es una sorpresa teniendo en cuenta que ciertamente hizo películas peores, El oro de MacKenna, por ejemplo) y además porque Only the Valiant es bastante buena, aunque técnicamente descuidada y generalmente poco original. La premisa básica, un pequeño contingente de soldados de caballería estadounidenses amargados y reñidos entre sí, que intentan mantener la disciplina militar mientras son superados en número por los indios apaches sedientos de sangre, es similar a la posterior (y mucho mejor) Zulú (1964). Sin embargo, las buenas cualidades del film superan a las malas y, en general, está muy por encima del promedio. (Stuart Galbraith en DVD Talk)

Además de ofrecer un excelente primer tercio, Gordon Douglas nos demuestra con pocos recursos a su disposición su saber hacer en cuanto a la gestión del espacio, el dominio de la ambientación y el establecimiento de una atmósfera tensa, así como su eficacia cuando se trata de la filmación de escenas de acción. La amenaza inquietante por la proximidad del paso que parece un túnel fantasma está bastante bien captada, ayudada por una magnífica fotografía en blanco y negro bastante "dura" que refuerza el sentimiento de opresión del conjunto. (Erick Maurel en DVDClassik)

Se ha dicho muchas veces que Gordon Douglas era un cineasta cómodo en los llamados géneros, particularmente el cine negro y el western. Pero el interés del cine de Gordon Douglas consiste en demostrar hasta qué punto la noción de género es ineficaz para juzgar el valor de una obra y que esto no constituye más que un peso, una coacción, una limitación. Decir que una película es una buena película de género es decir que es una mala película. Por eso, en las buenas películas de Gordon Douglas, la noción de género es frecuentemente trascendida y superada de alguna manera, ya sea para contaminar sus convenciones con elementos exógenos, bien para considerarlas con una especie de burla manierista, o para abrumarlas con un crecimiento excesivo de la violencia, tres formas típicas del saber hacer de Douglas. Así, en su obra, encontramos una manera inimitable de inyectar, a través de la crueldad de determinadas situaciones, una dimensión fantástica o aterradora en el western. La atroz expectación de los soldados, rodeados por los indios y condenados a una muerte segura, en Sólo el valiente de 1951, o en Chuka de 1967, derriba así la estricta convención del western. (Jean-François Rauger en Cinémathèque Française)
 

Película estrenada en Barcelona el 17 de marzo de 1952 en los cines Capitol y Metropol; en Madrid, el 28 de abril de 1952 en el cine Avenida.

Reparto: Gregory Peck, Barbara Payton, Ward Bond, Gig Young, Lon Chaney Jr., Neville Brand, Jeff Corey.


lunes, 2 de agosto de 2021

Días sin vida (Beloved Infidel, 1959). Henry King

 

Una ex corista inglesa, transformada en brillante columnista de Hollywood, se convierte en el principal apoyo e inspiración de F. Scott Fitzgerald. El escritor se encuentra en el ocaso de su carrera y, además, su situación económica es muy precaria debido a los gastos que generan la estancia de su mujer en un hospital psiquiátrico y el internado de su hija. Para hacer frente a sus deudas, acepta un trabajo como guionista mientras trata de acabar una novela que lo sitúe de nuevo en la élite. Sin embargo, la adicción al alcohol, las riñas y las reconciliaciones son la nota dominante en su relación con la periodista.  

"Días sin vida"—extraño y absurdo titulo castellano para una historia muy vital—fue rodada hace siete años, en la época en que estaba dando los últimos coletazos un modo de hacer ampuloso, que idealizaba los temas más auténticos. Guión denso, diálogo subrayado por una música que pretende sublimar las situaciones y hacer entrar en el relato al espectador, realización cuidada aunque carente de inspiración y un argumento que interesa porque nos está hablando de seres conocidos. El tiempo ha dejado sus huellas, pero no ha invalidado del todo esta obra. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 12 de octubre de 1966)

Henry King, que incidiría de nuevo en Fitzgerald en su último film, Suave es la noche, era un cineasta más que competente, pero aquí no logró atrapar el alma del novelista, ni lo que supuso para él su infidelidad. La imagen que se da de Scott es parcial. (...) Gregory Peck y Deborah Kerr están correctos, pero no se da suficiente cancha a sus respectivos talentos; y se les obliga a una omnipresencia en la pantalla, estirada innecesariamente, en el tramo en que él está escribiendo "El último magnate". (Decine21)

Es sorprendente que un actor como [Gregory Peck] pase por una película tan intensa con una limitación expresiva tan grande, como si viviera de rentas y con la simple “presencia” pudiera pasar ya por interpretación. La película, ignoro si poco o muy vista actualmente, tiene un poder visual muy notable, porque los escenarios naturales rodados en cinemascope permiten encuadres a medio camino entre la panorámica y el plano americano muy efectivos por su amplitud y por el desahogo visual que supone para el espectador (...) Sin ser una película completamente lograda, tiene mucho interés y permite ver en todo su apogeo a una gran actriz como Deborah Kerr en radiante madurez. (Juan Poz en El ojo cosmológico)

El guion es espantoso. Unos diálogos insufribles. Una historia que no entra ni con calzador. Rodada en estudio la mayor parte salvo las escenas de playa. (Marga R. Rocamora en Out of Paradise/Fuera del paraíso: Zelda y Scott Fitzgerald)

Lamentablemente, pero no es algo sorprendente, el mero nombre de F. Scott Fitzgerald no transmite ningún entusiasmo particular al personaje principal de "Beloved Infidel". Y dado que el guión de Sy Bartlett no logra convertir a este personaje en más que un escritor decaído y hosco viviendo a costa de una columnista de Hollywood, la historia del intermitente romance de esta pareja que se desarrolla durante más de dos horas, es generalmente plana y poco interesante. (...) Uno tiene la impresión de que la mujer se siente atraída  por el hombre porque lleva una etiqueta: "Soy el romántico F. Scott Fitzgerald". Todo lo demás —las escenas amorosas a la orilla del mar, la conmoción y la indignación cuando está borracho— es puramente artesanía cinematográfica, bajo la experta dirección de Henry King. (Bosley Crowther en The New Yort Times del 18 de noviembre de 1959)

Esta es principalmente una película sobre una columnista de cine agresiva y aguda que se enamora de un hombre que es superior intelectualmente y que, a través de la asociación con él, alcanza una nueva estatura humana. También es una película en la que la mayoría de los personajes no tienen explicación y esto genera una superficialidad que los priva de simpatía. Es más, la actuación, aunque excelente y persuasiva en algunas partes, es superficial y artificial en otras. (Variety)

Hay muy pocas razones para que alguien se siente a ver Días sin vida. Si no eres fanático de F. Scott Fitzgerald, probablemente el film no tenga atractivo cuando se ve sin tener referencias previas. Henry King es un director competente, pero poco más. Aunque es conocido por La colina del adiós, su filmografía está plagada de adaptaciones chapuceras de lo mejor de la literatura estadounidense. Muestra poca afinidad por los matices del trabajo de Fitzgerald, y mucho menos por el hombre mismo. El film se acerca tímidamente a los aspectos más oscuros de la historia, convirtiendo la verdad en un melodrama pusilánime. (Jamie S. Rich en DVD Talk)

Película estrenada en Madrid el 10 de octubre de 1966 en los cines Palacio de la Prensa, Carlos III, Bilbao, Progreso y Velázquez; en Barcelona, el 10 de febrero de 1968 en el cine Montecarlo. 

Reparto: Gregory Peck, Deborah Kerr, Eddie Albert, Herbert Rudley, Kenner G. Kemp, Ken Scott.


lunes, 31 de agosto de 2020

La noche de los gigantes (The Stalking Moon, 1968). Robert Mulligan


Arizona, año 1881. Sam Varner (Gregory Peck), un veterano explorador del ejército recién retirado, ayuda a una mujer blanca, Sarah Carver (Eva Marie Saint), y a su hijo mestizo a volver a casa, después de haber sido encontrados en un cuartel del ejército entre los prisioneros indios de un campamento apache. En su viaje, se cruzarán con Salvaje, un apache que busca venganza desatando su ira sobre los habitantes de la región.

«Western»  con  todas  las  características y  tópicos  del  género,  pero  con un   asunto  demasiado  minúsculo para  dar  de  sí  toda  la  acción  que  exige una   película  de  dimensión normal. Esto ha  obligado  a  Robert  Mulligan, un realizador  de  variados y  múltiples recursos, a  «estirar»  la  trama  y rellenarla  con  una  serie  de  secuencias que  resultan  demasiado repetidas  para  que puedan  ser  interesantes.(...) La   historia  está  relatada  muy  minuciosamente —tal  vez demasiado—y  ambientada con el  rigor artístico que caracteriza toda la  obra  de Mulligan, verdadero  maestro  del  cine  de  Hollywood, pero  incurre  en  los  recursos más sobados  y  reiterados, sin  que en  ningún  momento veamos  asomar  la  genialidad  de  otras películas de este cineísta. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 16 de agosto de 1969)

Hay "western" de patrones cortados y archivo. Este tiene más autenticidad, sobre todo en la primera parte, donde juega el paisaje y se plantea el asunto con el rango debido. Luego se vive la amenaza permanente y la acción va por cauces ya manidos y habituales. Lo mejor es el paisaje, la fotografía y la interpretación de Gregory Peck y de Eva Marie Saint. (...) Su habilidad cinematográfica es indudable y hay que agradecerle la autenticidad de muchos pasajes. (Antonio de Obregón en ABC del 17 de febrero de 1970)

Aunque La noche de los gigantes es un wéstern insólito —su última media hora de metraje, despojada de progresión narrativa, linda con los códigos del género fantástico—, define como pocos la esencia del cine del Oeste. Su autor, Robert Mulligan, apenas merece una nota a pie de página en las enciclopedias pese a ser el director de maravillas como El otro y Matar a un ruiseñor. Es su mirada la que crea un relato alucinado y espectral en torno a unos personajes movidos por el azar: un guía, la mujer blanca a la que protege, su hijo y un jefe indio. (Miguel Ángel Palomo en El País)

Extraño western que se apoya en la creación de una atmósfera enrarecida y obsesiva. Se estructura en una inacabable persecución cuyo contrapunto son una serie de elementos de estricto suspense. Pese a su interés, la construcción no es demasiado compacta, lo que provoca que ocasionalmente haga aparición el fantasma de la incongruencia, ocasionando innecesarias fisuras en la solidez del conjunto. (Fotogramas)

Un primer intento bien hecho pero cauteloso de un western revisionista que parece más un boceto de una historia más grandiosa y sombría que director y productor no estaban listos para contar. (Christopher Lloyd)

Robert Mulligan fue el único cineasta estadounidense que se adentró en un territorio tan dolorosamente irritante y terriblemente burgués, y salió con una película realmente genial. (Kent Jones)

The Stalking Moon es una película en la que (con disculpas a Aristóteles) la suma de sus partes es mayor que el todo, ya que algunas secuencias notables no son suficientes para rescatar la película en general. (Matt Brunson)

Película estrenada en Barcelona en el cine Comedia el 13 de agosto de 1969 y en Madrid en los cines Rialto y Fantasio el 9 de febrero de 1970.

Reparto: Gregory Peck, Eva Marie Saint, Robert Forster, Noland Clay, Frank Silvera, Henry Beckman.