lunes, 26 de enero de 2026

El vengador sin piedad (The Bravados, 1958). Henry King

The Bravados (1958), dirigida por Henry King y protagonizada por Gregory Peck, es un destacado ejemplo del "Western psicológico" o "adulto" de finales de la década de 1950. Producida en CinemaScope por 20th Century Fox, la película se basa en una novela de Frank O'Rourke y representa una de las seis colaboraciones entre King y Peck, un dúo que se especializó en deconstruir la imagen del héroe estadounidense tradicional. A diferencia de otros trabajos anteriores de King, en esta obra el director utiliza un estilo visualmente dinámico que abandona la "invisibilidad" clásica para reflejar con mayor fuerza el tormento interno del protagonista.

El realizador Henry King mueve a los personajes de ficción por parajes desolados, gargantas y desfiladeros en los que la muerte parece acechar detrás de cada peñasco, y lleva adelante las peripecias de la trama de manera irreprochable, con la proverbial perfección con que el cine norteamericano realiza las cintas de tipo “western”. (G. Bolín en ABC del 26 de mayo de 1960)

La trama se centra en Jim Douglass (Peck), un ranchero consumido por el odio que ha pasado seis meses rastreando a cuatro fugitivos que está convencido de que violaron y asesinaron a su esposa. La película comienza con una imagen clásica pero oscurecida: Douglass llega a la ciudad de Rio Arriba para presenciar la ejecución de estos hombres —Alfonso Parral, Bill Zachary, Ed Taylor y Lujan—, quienes han sido capturados por otro crimen no relacionado. Peck interpreta a Douglass como un hombre lacónico pero lleno de una rabia contenida que bordea la psicosis, extrayendo una suerte de dignidad oscura de su propio dolor mientras actúa con una convicción ciega.

El apartado visual, a cargo del director de fotografía Leon Shamroy, es fundamental para establecer la atmósfera sombría del relato. Filmada en localizaciones mexicanas como Morelia, la película utiliza paisajes montañosos, desérticos y quebrados para reflejar la mentalidad endurecida de Douglass. El uso de filtros azules para secuencias nocturnas y el color DeLuxe resaltan la crudeza del terreno, transformando el entorno en un elemento narrativo expresionista que subraya la soledad y el peligro de su misión de venganza.

El reparto de apoyo es notable por su profundidad, destacando a los villanos como personajes con matices distintos que logran incomodar al espectador. Stephen Boyd ofrece una interpretación amenazadora como el lujurioso Bill Zachary, mientras que Lee Van Cleef y Henry Silva aportan una energía nerviosa y autoridad a sus roles de fugitivos. Un elemento curioso y poco común es la participación de Joe DeRita (quien se uniría a Los Tres Chiflados ese mismo año) en un papel serio como un verdugo impostor que facilita la fuga de los presos, desencadenando la persecución final.

The Bravados es considerada a menudo un "Western católico" debido a la fuerte carga de moralidad cristiana y simbolismo religioso que atraviesa su metraje. La inmensa iglesia en el centro de Rio Arriba y los servicios religiosos contrastan con la sed de sangre de Douglass, quien intenta "jugar a ser Dios" como juez y verdugo. El padre de la comunidad es el único que conoce la verdadera historia de Douglass, y las escenas de oración sirven como un contrapunto ético que cuestiona si la fe del protagonista ha sido reemplazada por un fanatismo vengativo.

El clímax de la película presenta un giro narrativo devastador que redefine por completo la moralidad del héroe. Tras asesinar metódicamente a tres de los hombres, Douglass confronta al cuarto, Lujan (Henry Silva), quien le revela que ellos nunca estuvieron en su rancho ni conocieron a su esposa. Douglass descubre con horror que el verdadero asesino fue su vecino, Butler, y que su búsqueda de justicia fue en realidad una masacre de hombres inocentes del crimen que él les atribuía. Este giro transforma la historia en una tragedia sobre los peligros del vigilantismo y la falibilidad de la percepción humana.

La influencia de esta obra se extiende hasta el cine de Sergio Leone, observándose paralelismos temáticos y visuales en películas como La muerte tenía un precio. Elementos como el antihéroe taciturno, el uso de un reloj con la foto de un ser querido y la presencia de villanos sádicos sugieren que la visión de King ayudó a pavimentar el camino para el Spaghetti Western. Finalmente, Douglass regresa a la iglesia no como un héroe victorioso, sino como un hombre que busca perdón, cerrando el relato con una nota de redención amarga y profundamente humana.

The Bravados sobresale como una crítica punzante a la justicia por mano propia, demostrando cómo la obsesión puede corromper incluso a un hombre aparentemente noble. Aunque el romance secundario con el personaje de Joan Collins ha sido criticado por parecer innecesario o forzado, la película triunfa gracias a la intensidad interpretativa de Gregory Peck y su valentía al encarnar a un protagonista que termina siendo moralmente cuestionable. Es una obra sorprendentemente oscura para finales de los años 50 que utiliza el paisaje y la religión para explorar la fragilidad de la verdad y las consecuencias espirituales de la violencia irracional.

Película estrenada en Madrid el 23 de mayo de 1960 en el cine Lope de Vega.

Reparto: Gregory Peck, Joan Collins, Stephen Boyd, Albert Salmi, Henry Silva, Andrew Duggan, Lee Van Cleef.

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