Película estrenada en Madrid el 14 de abril de 1941 en el cine Capitol; en Barcelona, el 16 de abril de 1941 en el cine Kursaal.
Reparto: Greta Garbo, Melvyn Douglas, Ina Claire, Sig Ruman, Felix Bressart, Alexander Granach, Bela Lugosi.

Venecia —la Venecia que nos presenta Nicholas Roeg, y que no
es la turística y brillante, sino la sórdida y sombría, de callejas
inverosímilmente estrechas y pequeños canales sombríos— presta un adecuado
marco a la película. La pericia de Roeg sabe crear el clima turbio, inquietante
y trémulo, que nos hace vivir Ia fabulosa pesadilla de este cuento de miedo,
contado tan expresiva y bellamente. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 19
de febrero de 1975)
Venecia es un grandísimo escenario. Emana hechizo, pestilencia,
suntuosidad, misterio. Basta poner a los personajes a correr por ese dédalo de
agua y piedras, de jardines y escalinatas sumergidas para que un pútrido
encanto brote de la plástica y dé honda dimensión a acontecimientos que, en
rigor, carecen de hondura psicológica e incluso de penetración en esa seductora
mina de los misteriós parapsicológicos que de algun tiempo a esta parte están
de moda. (Lorenzo López Sancho en ABC del 21 de febrero de 1975)
Inquietante adaptación de una novela de Daphne Du Maurier, una escritora no excesivamente interesante pero que ha dado pie a una notable serie de títulos hitchcockianos ("Posada Jamaica", "Rebeca", "Los pájaros"). Rodada en Venecia y captando la atmósfera más fantasmagórica de la ciudad, narra una compleja historia de misterio y parapsicología que va desnudándose progresivamente hasta quedar reducida a una penetrante reflexión sobre la realidad y sus múltiples apariencias. (Fotogramas)
La película de Nicolas Roeg de 1973 sigue siendo una de las grandes obras maestras del terror, que no trabaja con el miedo, que es fácil, sino con el terror, el dolor y la aprensión. Pocas películas logran con tanta facilidad ponernos en la mente de un hombre que intenta liberarse del terror creciente. Roeg y su editor, Graeme Clifford, cortan de una imagen inquietante a otra. La película está fragmentada en su estilo visual, acumulando imágenes que se suman hasta formar un último momento sangriento de verdad. (Roger Ebert)
Una historia de terror aterradora y constantemente inventiva que plantea una pregunta nada original (¿las cosas son siempre lo que parecen o nunca son lo que parecen?) y responde que ambas alternativas son perfectamente ciertas. Nicolas Roeg dirige con ojo de camarógrafo para los detalles espeluznantes y corta sus imágenes barrocas en un extraño montaje de tiempos pasados, presentes y futuros. Es una película agitada en la superficie y vacía en el centro, pero de alguna manera funciona. (Dave Kehr en Chicago Reader)
Los críticos de los años 70 recibieron la película con comentarios positivos, aunque hubo disidentes, como Vincent Canby, del New York Times. El paso del tiempo ha sido benévolo con la película. Los críticos británicos ahora la citan regularmente como una de las mejores producciones británicas de todos los tiempos. Algunos críticos que la descartaron en 1973 han revisado su opinión. Aparte del peinado de Sutherland, poco de Don't Look Now parece anticuado. Funciona eficazmente como una pieza de época y, debido al estilo atípico de Roeg, conserva una frescura y crudeza que le permite funcionar para una nueva generación de cinéfilos de la misma manera que funcionó para quienes la experimentaron hace cuatro décadas. (James Berardinelli en Reelviews)
Sin lugar a dudas, Roeg busca perder al espectador en los laberintos de una ciudad exangüe, que sirve de marco a un guión abstruso. La película es torturada por un montaje de hábiles yuxtaposiciones y una puesta en escena geométrica, magníficamente cortada por elementos oblicuos que son otros tantos fragmentos y fragmentos. Un deleite para la vista, la estética y el ambiente. (Frédéric Mignard en Cinedweller)
Incómoda para el público, esta empresa de desestabilización visual sólo cesará al final de Amenaza en la sombra. A este eje central de la producción de Nicolas Roeg contribuye, en primer lugar, la mecánica de thriller que su película despliega con cierta eficacia. Pero, más profundamente, esta puesta a prueba de la mirada de los espectadores los lleva a abrazar de manera íntima el punto de vista mismo del héroe de Amenaza en la sombra. De hecho, la extraña aventura de John Baxter está fundamentalmente ligada a su persistente incapacidad para comprender las visiones que, sin embargo, continúan acosándolo. (Pierre Charrel en DVD Classik)
Amenaza en la sombra destaca sobre todo por la originalidad de su montaje: el tiempo se fragmenta en pedazos que parecen no poder encontrar su lugar. Un poco confuso, hasta que el rompecabezas finalmente se resuelve, al menos en parte. La historia conserva algunas zonas grises que cada espectador puede intentar disipar libremente, como la contada por Joseph Losey en Ceremonia secreta, 1968. (Philippe Gautreau en DVDFr.)
Película estrenada en Barcelona el 17 de febrero de 1975 en el cine Coliseum; en Madrid el mismo día, en los cines Carlos III, Roxy A, Princesa, Consulado, Victoria, Regio, Versalles, Liceo y Garden.
Reparto: Julie Christie, Donald Sutherland, Hilary Mason, Renato Scarpa, Massimo Serato, Clelia Matania, Leopoldo Trieste.
Aún tratándose de una obra equilibrada, interesante y de un
asunto audaz, cae en un cerebralismo excesivamente intelectualista y de una
verbosidad exuberante. En la mayor parte de su proyección, es teatro filmado,
aun cuando alcance, como tal teatro, una estimable calidad. En su exuberancia dialéctica
y didáctica, los personajes hablan por los codos con un verdadero
desbordamiento logomáquico. (...) A partir de este instante en que cesa el verbalismo
y comienza la acción, es cuando la película cobra interés humano y fuerza emocional.
(A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 29 de marzo de 1970)
Eric Rohmer pone entre la pantalla y el espectador, barreras
de pedantería, de pretensiones, de lecturas mal digeridas, de
trascendentalismos deliberados y se le observa cansado de tanto ponerse de
puntillas para parecer intelectual. Y es lástima, porque técnica,
fotográficamente, su experiencia y estilo merecen mejor tema, sobre todo algo
más claro, porque los personajes principales: un católico practicante, un
ingeniero, un marxista –y por tanto sin creencias religiosas- y una muchacha agnóstica
(ahora se emplea este termino para muchas actitudes, cuando el agnosticismo es,
concretamente, la filosofía que no admite el conocimiento de lo absoluto, ni el
de las causas primeras) se arman un gran lío entre tan complicadas cuestiones,
y el público no sabe por dónde va a tirar el director, pues deja que cada cual
siga su camino sin resolver nada, por lo que hay una desproporción entre el
argumento, la acción –el desenvolvimiento del suceso, según las reglas del arte
cinematográfico- y los problemas religiosos que se plantean que quedan sin
solución, aunque en el caso de Jean-Louis son tan nobles y decididos, y en el
de Vidal, tan rotundos y concretos, con figuras un tanto misteriosas y vulgares
como Maud y Françoise. (Antonio de Obregón en ABC del 31 de marzo de 1970)
Este "cuento moral" es el que posee mayor profundidad filosófica. Basándose en Pascal, Rohmer planteó las contradicciones de un intelectual católico a través de su relación dialéctica con una atractiva librepensadora. Estructurado a partir de una serie de brillantes diálogos, se apoya en un estilo sobrio y un ritmo reposado pero impecable. Resulta un ejercicio apasionante pese a su fría apariencia. (Fotogramas)
No es lo mismo pasar una noche con Maud que pasarla en casa de Maud, y es que la traducción española del título conduce a la confusión, parece más cercana e íntima de lo que en realidad es esa noche. Las interpretaciones mayoritarias de la película hablan de la prueba de fuego que para Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant) supone superar la noche con Maud sin aprovechar la aventura sexual que se le propone, reafirmando así una especie de combate moral en el que habría salido vencedor pues su castidad no habría sucumbido en aras de mantener una vida cristiana. Personalmente creo que lo que la película retrata es al arquetipo del hipócrita revestido de falso moralista. (Miguel Martín en Cinema esencial)¿Deberíamos decirlo? No nos aburrimos ni un momento a lo largo de estos 115 minutos que son tanto un crudo “retazo de vida” como una extraña mezcla de cine “independiente” y “popular”, yendo tanto en contra del cine underground y experimental como del cine comercial de la época. Rohmer persistió y firmó así su enfoque neorrealista y neoexperimental de la teología. (Francis Moury en Stalker)
Sin música, austera y en un bello blanco y negro que resalta tanto el interior burgués de Maud como las calles nevadas de Clermont-Ferrand, la película se compone de varios diálogos largos. Los más importantes son el que sostiene Jean-Louis con Vidal en un café, luego con este último y Maud, y finalmente entre Jean-Louis y Françoise (Marie-Christine Barrault), en el coche y luego en una residencia de estudiantes. Rohmer describe un entorno que conoce bien, el de los intelectuales, académicos o escritores de provincias, a los que todavía no se les llamaba bohemios burgueses. Con Vidal y Maud, Jean-Louis analiza la apuesta de Pascal, la gracia, el cálculo de probabilidades, las convicciones religiosas... Rohmer es el único cineasta que sabe cómo escribir y filmar diálogos de este tipo sin resultar aburrido ni pesado ni un solo momento. La inteligencia del guión y el humor de las situaciones contribuyen en gran medida al éxito de una historia sin concesiones ni adornos. Como suele ocurrir con Rohmer, los valores de los personajes se contradicen con sus acciones. (Gérard Crespo en À voir, à lire)
El minuto veintiséis de Mi noche con Maud da origen a uno de esos placeres para el espectador que permiten ver grandes películas sin pensarlo dos veces. Y, puesto que se trata del cine de Eric Rohmer, para disipar muchos malentendidos. Es a Jean-Louis Trintignant a quien debemos este momento de gracia. A Maud, que le pregunta si es "católico practicante", insistiendo, asombrada e incisiva, en el segundo término de la expresión, el joven responde con un "Bueno, sí" acompañado de una sonrisa fugaz y vacilante donde podemos leer vergüenza, orgullo, humildad, codicia y triunfo, todo a la vez. Sutileza infinita de un actor consumado, al servicio de una obra que no lo es menos. (Thierry Méranger en Le Monde del 12 de enero de 2010)
Película estrenada en España el circuito de arte y ensayo. En Barcelona el 28 de marzo de 1970 en el cine Balmes; en Madrid, el 29 de marzo de 1970 en el cine Alexandra.
Reparto: Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault, Antoine Vitez.

“Dulce pájaro de juventud” es una película admirable por su
factura, por su realización y por su contenido. Richard Brooks, el director que
puso en pie cinematográficamente la resonante obra teatral, no perdió en el
canje ninguno de los humanos y sombríos matices del desesperanzado episodio.
(....) Película de amargo trance, de sugestión fuerte y de perfecta realización
total... (Gabriel García Espina en ABC del 19 de marzo de 1963)
Película estrenada en Barcelona el 22 de febrero de 1963 en el cine Coliseum; en Madrid, el 18 de marzo de 1963 en los cines Rialto, Fantasio y Conde Duque.
Reparto: Paul Newman, Geraldine Page, Shirley Knight, Ed Begley, Rip Torn, Mildred Dunnock, Madeleine Sherwood.