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martes, 7 de julio de 2026

La loba (The Little Foxes, 1941). William Wyler

                                                   

William Wyler estrena en 1941 esta adaptación de la obra teatral homónima de Lillian Hellman, quien también firma el guion, en una de las colaboraciones más fructíferas entre el cine clásico de Hollywood y el teatro de denuncia social norteamericano. Ambientada en el sur profundo de Estados Unidos a comienzos del siglo XX, la película narra las maquinaciones de la familia Hubbard, cuyos miembros —hermanos y cuñados unidos por la codicia más que por el afecto— compiten sin escrúpulos por controlar un lucrativo negocio industrial, sacrificando en el camino cualquier vestigio de lealtad familiar.

Para forjar esta película, “La loba”, el director, William Wyler, se ha servido de un asunto agrio, espeluznante, sombrío (...) Abunda la película, pese a lo repelente del tema, en aciertos de realización y en bellezas fotográficas. (Miguel Ródenas en ABC del 29 de marzo de 1944)

En el centro de esta trama se alza Regina Giddens, interpretada por Bette Davis en una de las composiciones más gélidas y calculadas de toda su carrera. Davis construye un personaje de ambición feroz, capaz de manipular a su marido enfermo y a sus propios hermanos con una frialdad que roza lo aterrador, sin recurrir jamás al histrionismo. Es una interpretación de contención antes que de exceso, en la que los silencios y las miradas pesan tanto como los diálogos, y que consolidó definitivamente a la actriz como la gran dama del melodrama adulto de la época.

Wyler, fiel a su reputación de perfeccionista, traslada la teatralidad del texto original sin traicionar sus virtudes dramáticas, evitando la estaticidad que suele lastrar las adaptaciones de obras de escenario. El director organiza el espacio doméstico —principalmente el salón de la mansión Giddens— como un auténtico campo de batalla psicológico, en el que cada movimiento de cámara y cada disposición de los personajes en el encuadre revela relaciones de poder, alianzas pasajeras y traiciones en ciernes.

Resulta decisivo en este sentido el trabajo de fotografía de Gregg Toland, quien despliega aquí su célebre técnica de profundidad de campo, la misma que perfeccionaría poco después en Ciudadano Kane. Toland permite que la acción se desarrolle simultáneamente en primer plano y en el fondo del encuadre, de manera que el espectador puede observar, en una misma composición, la conversación que ocurre en primer término y la reacción silenciosa de otro personaje al otro lado de la habitación, subrayando visualmente la naturaleza calculadora y observadora de toda la familia.

El guion de Hellman, heredero directo de su experiencia teatral, no disimula su vocación de crítica social: los Hubbard representan una nueva burguesía industrial dispuesta a enriquecerse a costa de la explotación económica del Sur y de la destrucción de sus propios lazos de sangre. La película, estrenada en pleno ascenso del cine de compromiso social norteamericano, plantea una reflexión amarga sobre el capitalismo depredador y sobre cómo la avaricia corroe cualquier vínculo humano, incluido el matrimonial y el fraterno.

El reparto secundario acompaña con solvencia a Davis: Herbert Marshall aporta la fragilidad moral y física necesaria al personaje del marido enfermo, mientras que Teresa Wright, en su debut cinematográfico, encarna la conciencia moral de la historia como la joven que observa con creciente horror la corrupción de su propia familia. La tensión entre generaciones —la vieja guardia sureña, sus herederos sin escrúpulos y la juventud que empieza a rechazar ese legado— constituye uno de los ejes dramáticos más logrados del filme.

Técnicamente, la película exhibe también un notable dominio del ritmo narrativo pese a su origen teatral: Wyler sabe cuándo detener la acción para que el diálogo respire y cuándo acelerar el montaje en los momentos de mayor tensión dramática, como en la escalofriante escena en la que Regina permanece impasible mientras su marido sufre un ataque cardíaco a escasos metros de ella. Esa secuencia, filmada con extrema sobriedad formal, condensa mejor que ninguna otra el tono moral de toda la obra.

La loba es un ejemplo perfecto de cómo el cine clásico de Hollywood podía asimilar el teatro de ideas sin perder fuerza cinematográfica propia, gracias a la conjunción de un guion afilado, una dirección precisa y una fotografía revolucionaria para su tiempo. Bette Davis firma aquí una de sus interpretaciones más memorables, sostenida en la contención y no en el efectismo, y Wyler demuestra una vez más su capacidad para dotar de tensión visual a espacios cerrados y dramas de cámara. Si algo puede reprochársele a la película es cierta rigidez derivada de su origen teatral, perceptible en algunos parlamentos algo declamatorios, propios de una época en que el cine aún dialogaba muy de cerca con las convenciones de la escena. Con todo, se trata de una obra mayor del melodrama social norteamericano, tan incómoda en su retrato de la codicia familiar como vigente en su denuncia del poder económico sin escrúpulos.

Película estrenada en Madrid el 19 de marzo de 1944 en el cine Callao.

Reparto: Bette Davis, Herbert Marshall, Teresa Wright, Richard Carlson, Patricia Collinge, Carl Benton Reid, Russell Hicks.

viernes, 28 de abril de 2023

La extraña pasajera (Now, Voyager, 1942). Irving Rapper


Charlotte Vale (Bette Davis), una mujer de mediana edad que pertenece a una familia acomodada de Boston, vive reprimida y totalmente controlada por su dominante e insensible madre (Cooper). Gracias a la ayuda de un amable psiquiatra (Rains), Charlotte consigue recuperar la autoestima y superar sus miedos. Además, se vuelve mucho más extrovertida y empieza a sentirse incluso atractiva. Dispuesta a disfrutar de su nueva vida, hace un crucero por América del Sur y en el barco conocerá a un apuesto arquitecto (Heinrid) infelizmente casado.

El tino del director Irving Rapper, estriba, a nuestro parecer, en que con personajes con su anormalidad histèrica caen de lleno en el campo de las teorías freudianas, no ha necesitado recurrir a los experimentos psicoanalíticos, siempre enrevesados y desagradables, para lograr una película altamente humana, interesante, emotiva y ejemplar por las enseñanzas que encierra en cuanto se refiere al tacto que los padres deben de tener con respecto a la educación de los hijos. (Miguel Ródenas en ABC del 23 de septiembre de 1947)

«La extraña pasajera»  es un superior y excepcional film. (...) Irving Rapper ha sabido recoger todo el variado ambiente en que se va desarrollando el argumento, para enseñarnos cómo, sin forzar ninguna situación, se puede conseguir una película en la que la psicología y la psiquiatría, jueguen un importante papel, sin que exista ninguna escena terrorífica, sin que se llegue al miedo; es decir, que no se exprime el tema para retorcerlo buceando en complejidades absurdas. (Pazos en La Vanguardia del 25 de septiembre de 1947)

Celebrado melodrama, basado en una oscura novela de Olive Higgins Prouty, que jugaba hábilmente con los tics del psicoanálisis. Las frustraciones de una solterona se articulan en un relato que combina la ensoñación romántica con la frialdad analítica. La realización resulta algo apagada, aunque cuenta con varios momentos de mágica intensidad. (Fotogramas)

Psicoterapia y romance, con un fondo psicológico notable, y una exposición elegante, con estilo, con gusto por el detalle. (Antonio Méndez en Aloha Criticón)

Aunque tiene un estilo profesional, "Now, Voyager", la última tribulación de Bette Davis en Hollywood, contiene no poca charlatanería. Durante dos horas de angustia y reiteradas renuncias, Miss Davis pone al descubierto las morbilidades de un patito feo reprimido que finalmente se encuentra a sí misma como una mujer completa. A partir de la novela original, Casey Robinson ha creado un guión meditado y profesional que más de una vez llega a emociones conflictivas. El director Irving Rapper lo ha trasladado a la pantalla con frecuente efectividad. Pero "Now, Voyager", ya sea por el código de Hays o por su propia lógica espúrea, complica infinitamente un tema muy simple. A pesar de todas sus sutilezas emocionales, no logra resolver sus problemas con la veracidad que pretende. De hecho, un poco más de verdad habría hecho la película mucho más corta. (The New York Times del 23 de octubre de 1942)

Todo es mucho más complicado de lo que debe ser, y en dos horas, la historia podría soportar un recorte o dos. Por otra parte, ¿qué tendría que cortarse? La telenovela de las escenas iniciales prepara el escenario para todo lo que sigue, y lo que sigue es tan encantador que no podemos soportar perderlo. La película es famosa por la escena en la que Henreid enciende dos cigarrillos a la vez, pero más atractivos son los momentos entre Bette Davis y  Janis Wilson, dos chicas rotas que salen juntas de sus caparazones. (David Cornelius en DVD Talk)

Now, Voyager tiene el peso de tres o cuatro películas, pero con la hábil dirección de Rapper uniendo las escenas, el film tiene todo el peso emocional que una película de este calibre necesita para triunfar. La transformación de Davis de una solterona ratonil en una persona más segura de sí misma es gradual a pesar de que la película la presenta como una transición de la noche a la mañana. Su confianza aún puede pasar por terreno inestable, e incluso cuando niega las solicitudes de su madre, hay un graznido en su voz o un sentimiento de tristeza trasmitido a través del lenguaje corporal que afirma su estatus de ser una de las más grandes actrices de su generación. (Steve Pulaski)

Tal vez la década de 1940 fue el último período en el que esta historia tendría sentido. La película fue lanzada durante la época de la guerra, y aunque no tiene nada sobre la guerra (a diferencia de Casablanca), la guerra hace que sus temas de autosacrificio y trascendencia de la propia infelicidad emocional sean relevantes. Al mismo tiempo, está impulsada casi en éxtasis por la infelicidad: más combustible para cohetes emocionales. La actuación de Davis es a la vez puntiaguda y angulosa y, sin embargo, también suave, sensual y vulnerable. El excelente Henreid está perfectamente elegido para su papel. Esta película está exquisitamente elaborada y apasionadamente interpretada. (Peter Bradshaw en The Guardian)

Película estrenada en Madrid el 22 de septiembre de 1947 en el cine Palacio de la Música; en Barcelona, el 23 de septiembre de 1947 en el cine Montecarlo.

Reparto: Bette Davis, Paul Henreid, Claude Rains, Gladys Cooper, Bonita Granville, John Loder, Janis Wilson.


viernes, 25 de junio de 2021

Cautivo del deseo (Of Human Bondage, 1934). John Cromwell


Philip, un estudiante de medicina, se enamora perdidamente de una camarera llamada Mildred. Ella, que le hace creer que también lo ama, ejerce sobre el joven un influjo tan poderoso que, a pesar de las humillaciones y desprecios a que lo somete, vuelve con ella una y otra vez. Esta situación de inestabilidad lo lleva a fracasar en los estudios, pero entonces empieza a comprender cuáles son las verdaderas intenciones de Mildred.

Mucho tema para tan pobre, desviado y desvaído desarrollo. (J. Dosa en ABC del 2 de abril de 1935) 

Competente adaptación de la famosa novela de William Somerset Maugham, un escritor relegado al olvido pero que en su tiempo gozó de tanto prestigio como popularidad. Se basa en una construcción narrativa de impecable solidez y en un sensible tratamiento de la historia, donde John Cromwell volvió a demostrar su talento para el registro romántico. Conoció dos nuevas versiones, dirigidas por Edmund Goulding (1946) y Ken Hughes (1964). (Fotogramas)

John Cromwell (“Desde Que Te Fuiste”, “Su Milagro De Amor” o “Sin Remisión”) desarrolla el film con su habitual destreza narrativa y excelente dirección de intérpretes, enfatizando los aspectos psicológicos de sus personajes sin estridencias, exponiendo con sensibilidad una película de impulsos afectivos, pasión obcecada, esclavitud amorosa, intensificada en todos sus mecanismos emocionales. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

La muy conocida novela de W. Somerset Maugham, "Of Human Bondage", ha pasado por la operación de ser transferida a la pantalla de una manera inesperadamente saludable. Puede que no posea una gran fuerza dramática, pero la calidad muy realista de la historia y la marcada autenticidad de su atmósfera hacen que los espectadores se aferren a cada palabra pronunciada por el interesante grupo de personajes. (...) No se ha hecho ninguna ilustración mejor de cómo meterse debajo de la piel del personaje en las películas. (Mordaunt Hall en The New York Times del 29 de junio de 1934)

Leslie Howard se esfuerza por suavizar su tarea. Pero de alguna manera falla a veces porque el guión está demasiado en su contra. Quizás Bette Davis tenga la culpa. Interpreta demasiado bien a su vampiresa libre y fácil, de modo que niega cualquier simpatía del público por el amable Howard. (Variety del 31 de diciembre de 1933) 

Hay mucho del sistema de clases británico en esta película. Esto asegura que Howard, a pesar de todos sus errores, es capaz de superarlos, mientras que Davis, a pesar de todos sus encantos, termina muerta a una edad temprana en una sala de hospital. Davis no puede casarse con nadie de una clase superior, mientras que Howard puede elegir entre dos mujeres agradables de su clase, cada una tan amable y hermosa como la otra. (Filmsgraded.com)

El mayor problema de la película es que nunca se nos muestra una razón suficientemente buena para el amor profundo y duradero de Philip por Mildred. Davis no era la mujer más atractiva físicamente, pero más allá de eso, nunca le muestra a Philip nada parecido a la bondad. Es un caso de amor cinematográfico en el que sólo tienes que aceptar la palabra del guión de que él la ama. (Three Movie Buffs)

Película estrenada en Madrid el 1 de abril de 1935 en el cine Avenida; en Barcelona, el 10 de junio de 1935 en el cine Capitol. 

Reparto: Leslie Howard, Bette Davis, Frances Dee, Kay Johnson, Reginald Denny, Alan Hale.