El mundo en sus manos (1952), dirigida por el veterano Raoul Walsh, es una de las películas de aventuras marítimas más vibrantes y representativas de la era dorada de Hollywood. La cinta, basada en una novela de Rex Beach, sitúa su acción en el año 1850 y destaca por una puesta en escena llena de energía y ganas de vivir. El reparto principal está encabezado por Gregory Peck, quien interpreta al intrépido Capitán Jonathan Clark, acompañado por Ann Blyth como la condesa rusa Marina Selanova y Anthony Quinn en el papel del carismático rival apodado "El Portugués". La producción, a cargo de Aaron Rosenberg para Universal, contó con un sólido guion de Borden Chase y diálogos adicionales de Horace McCoy.
Si el espectador se libra de prejuicios, mejor de sedimentos,
intelectuales y estéticos, en cuanto a cargazón de efectos literarios y de
tonalidades, y algun que otro anacronismo, puede entretenerse con la cinta, que
tiene una movida peripecia y que termina con la boda del valiente marino y la
condesa, y, naturalmente, con el negocio de Alaska a favor, por fortuna –y esto
es un hecho cierto del pasado y no producto de la imaginación- de los americanos.
(Donald en ABC del 27 de diciembre de 1952)
La trama se desarrolla inicialmente en el San Francisco de mediados del siglo XIX, donde el capitán Clark, conocido como el "Hombre de Boston", planea la ambiciosa compra de Alaska a los rusos. Su destino cambia al conocer a la condesa Marina, quien huye de un matrimonio concertado con el cruel príncipe Semyon y busca protección en Sitka. Tras una noche de romance por la ciudad, Clark se enamora perdidamente, pero la condesa es capturada por Semyon y llevada de vuelta a territorio ruso. Creyendo erróneamente que ha sido traicionado, el capitán se embarca en una carrera de goletas contra su rival, "El Portugués", apostando su propia embarcación en un viaje desesperado hacia el norte.
La rivalidad entre Clark y "El Portugués" constituye uno de los ejes motores del filme, presentando un duelo vitalista entre dos hombres de acción. Mientras que el personaje de Peck combina nobleza y brusquedad, el de Anthony Quinn es descrito como un pícaro adorable que sobreactúa de forma tumultuosa y efectiva. Ambos capitanes terminan uniendo fuerzas contra el despotismo imperial ruso tras ser capturados y llevados encadenados a Sitka. El rescate final de la condesa y el duelo a espada contra Semyon culminan en una de las imágenes más románticas de la historia del cine: Clark abrazando a su amada mientras maneja el timón de su goleta bajo un cielo estrellado.
Un aspecto técnico fundamental fue el rodaje de las escenas marítimas en la costa de Lunenburg, Nueva Escocia, debido a que el puerto contaba con el tipo de naves necesarias para representar embarcaciones del siglo XIX. Se utilizaron goletas reales como la "Margaret B. Tanner" y la "Shirley C", las cuales fueron remodeladas y equipadas con velas nuevas que debieron ser envejecidas artificialmente con aserrín y negro de humo. Aunque los actores principales no estuvieron presentes en el rodaje en alta mar debido a restricciones presupuestarias, el director de la segunda unidad, James Havens, capturó durante 50 días algunas de las mejores secuencias de navegación jamás filmadas. Estas tomas reales se intercalaron posteriormente con primeros planos de los protagonistas grabados en estudio.
La dirección de Raoul Walsh se caracteriza por un sentido del movimiento incesante que define la psicología de sus personajes. A diferencia de otros directores clásicos, Walsh solía "atropellar" el guion, acelerando el ritmo y triturando las elipsis para otorgar una sensación de frescura y naturalidad a la aventura. La cámara acompaña constantemente el avance seguro de Jonathan Clark, utilizando travellings y panorámicas que refuerzan su carácter de hombre de acción. Además, el uso de la belleza y grandeza del paisaje sirve como recurso visual para expresar el enamoramiento de los protagonistas.
El filme también incorpora un sorprendente matiz pro-ecologista, adelantado a su tiempo, a través de la profesión del protagonista. Jonathan Clark es presentado como un cazador de focas que practica una explotación responsable, capturando solo machos para asegurar la reproducción y supervivencia de la especie. Esto contrasta directamente con los cazadores rusos, quienes son retratados realizando carnicerías que amenazan con la extinción de las focas. Esta faceta refuerza la imagen de Clark como el espíritu del éxito estadounidense basado en el respeto al equilibrio natural, frente a la crueldad del sistema imperial.
En conclusión, "El mundo en sus manos" es una obra maestra del género que destaca por su ritmo vibrante y su lirismo romántico, evitando los tiempos muertos habituales en otras cintas de la época. Su influencia es palpable en superproducciones posteriores como Indiana Jones o Master and Commander, consolidándose como un espejo del mejor cine de aventuras clásico. Aunque algunos críticos la consideran un "espectáculo de Hollywood" poco convencional, la crítica general alaba su autenticidad y la capacidad redentora de sus imágenes en movimiento. Es, en definitiva, un ejercicio de creatividad espontánea donde Walsh demuestra su mayor momento de inspiración pictórica y narrativa.
Película estrenada en Madrid el 26 de diciembre de 1952 en los cines Carlos III y Roxy B.
Reparto: Gregory Peck, Ann Blyth, Anthony Quinn, John McIntire, Andrea King, Carl Esmond, Sig Ruman, Bill Radovich.

Cine de aventuras por todo lo alto.
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