Versión cinematográfica del mito de Pigmalión, inspirada en la obra teatral homónima del escritor irlandés G.B. Shaw (1856-1950). En una lluviosa noche de 1912, el excéntrico y snob lingüista Henry Higgins conoce a Eliza Doolittle, una harapienta y ordinaria vendedora de violetas. El vulgar lenguaje de la florista despierta tanto su interés que hace una arriesgada apuesta con su amigo el coronel Pickering: se compromete a enseñarle a hablar correctamente el inglés y a hacerla pasar por una dama de la alta sociedad en un plazo de seis meses.
La composición de los ambiciosos escenarios, la riqueza de
los figurines, casi todos diseñados en tonos pálidos como para destacar con
simbolismo perfumado el encanto primitivo de aquella virgen salvaje; el nacimiento
de las músicas sobre el borde cantarín de la palabra en un recitado encima de
la melodia que nace y se apaga con ingeniosa naturalidad; el aire de “ballet”
que surge cuando es preciso, con una levedad que en nada turba el andar
ligerísimo de la comedia, son, en fin, muestras de una sensibilidad superior
que respeta una gran obra y afirma sobre ella los valores espléndidos de otro
arte singular. George Cukor, que acometió la difícil empresa “con la
determinación de realizarla tan perfecta como pueda serlo una obra humana”, se
salió con la suya. (Gabriel García Espina en ABC del 24 de septiembre de 1965)
Suntuosa adaptación musical del "Pigmalión" de George Bernard Shaw, que había sido estrenada en Broadway por Julie Andrews en 1956. Como espectáculo consigue aunar la brillantez -conseguida en gran parte gracias a los decorados y el vestuario diseñados por Cecil Beaton- con la inteligencia, que Cukor consigue en una hábil transformación de lo aparatoso en mordaz intimismo. Uno de los últimos títulos notables dentro de la historia del musical. (Fotogramas)
Pocos géneros cinematográficos son tan mágicos como los musicales, y pocos son tan inteligentes y vibrantes como My Fair Lady. Es un clásico no porque un grupo de estirados expertos en cine lo haya calificado como tal, sino porque ha sido, y siempre será, una auténtica delicia. Además, es una de las pocas películas de 3 horas (duración real: 2:50) que justifica su aparente larga duración. Pocas veces se han disfrutado tantos minutos en una sala de cine de forma tan placentera. (James Berardinelli en Reel Views)
La película de Cukor es un placer para la vista. Harrison, afable y distante, con una mirada algo reptiliana, interpreta a un Higgins que nunca parece fácil de convencer para Eliza. Hepburn, con una conmovedora apariencia de desdichada, aporta una intensidad mágica a sus escenas de presentación en sociedad; nunca parece del todo segura de que le caiga bien a nadie.(...) Cecil Beaton diseñó la producción, los decorados y el vestuario, desde un Covent Garden extraordinariamente realista hasta la famosa escena en Ascot, donde los numerosos extras visten de blanco, negro y gris: un telón de fondo para Henry, con su práctico traje de tweed marrón, y Eliza, con un toque de rojo en su vestido. Esta es una de las películas más atractivas jamás realizadas. Mientras la veía, me preguntaba qué había pasado con la tradición que la produjo. Warner Brothers la produjo con un presupuesto suntuoso y no le temió a su ingenio, su origen literario ni a sus ideas. Al público le encantaron las complejidades de las letras de Lerner. Y a nadie se le ocurrió, ni por un instante, que Henry Higgins y Eliza Doolittle hicieran algo tan obvio como tocarse. (Roger Ebert)
Cukor no intenta ocultar el origen teatral de su material; más bien, celebra la falsedad de sus decorados, situando a sus personajes en un mundo artificial perfectamente diseñado. Cada fotograma de esta película de 1964 revela la gracia y el compromiso de Cukor: es una adaptación que se vuelve completamente personal gracias a la fuerza de su puesta en escena. (Dave Kehr en Chicago Reader)
My Fair Lady encarna la gran forma del Hollywood tardío, casi anacrónica: dividida en dos partes separadas por un intermedio musical, la película utiliza una iluminación y un color opulentos, con una imagen limpia y sedosa. Mientras la revolución se gesta, ya que Cleopatra, presentada habitualmente como el fin de los estudios todopoderosos, data del año anterior, y Bonnie and Clyde o El Graduado se estrenarán en 1967, esta película es una de las últimas luces de un arte que se prepara para desaparecer, toda ligereza y maestría: una pantalla aún protegida de la suciedad (Peckinpah ya ha comenzado su brillante demolición) y la duda. Cukor aún puede contar una historia con un final predecible, aún puede hacer creer a la gente que hay significado y tranquilizar a su público, a costa de un toque de sentimentalismo y un cambio de época. Pero en cierto modo, My Fair Lady también marca el final de su carrera, ya que solo haría cuatro películas más para la gran pantalla, bastante decepcionantes. Así que, volver a ver hoy esta comedia animada, enérgica, vivaz y estilizada es sumergirse en un baño de deliciosa inocencia. Puedes sonreír o conmoverte, tararear sin darte cuenta de los estribillos creados para dejar una huella imborrable; para eso están hechos. (François Bonini en Ciné Dweller)
¡Qué placer redescubrir este musical magistral, especialmente en una copia digital magníficamente restaurada! La simbiosis entre una historia tan antigua como el tiempo y números musicales que nunca llaman la atención innecesariamente con una exuberancia ostentosa hacen de My Fair Lady un placer cinematográfico infalible. Solo el doblaje forzado de la voz de Audrey Hepburn durante las canciones sobresale desagradablemente en una película que, por lo demás, no ha envejecido ni un ápice.(Tobias Dunschen en Critique-film.fr)
La historia, bastante clásica, del misógino y gruñón Pigmalión (Pigmalión es el título de la obra de George Bernard Shaw de la que se adapta la película), quien transforma a una joven pobre y malhablada en una mujer inalcanzable de un mundo de elegancia incomparable, no resulta especialmente cautivadora. Las etapas de la transformación de Eliza hacia un desenlace predecible se desarrollan a lo largo de casi tres horas, ¡es larguísima! Las canciones que acentúan la historia no aportan ningún valor añadido. Ahora podemos apreciar esta encantadora y colorida obra que muestra a la perfección la frescura y la espontaneidad de Audrey Hepburn. Y más allá de eso, podemos deleitarnos con el incontable vestuario y decorados (todos diseñados por el estudio), increíblemente lujosos y creados por Cecil Beaton. Las escenas en el hipódromo y la recepción en la embajada son particularmente llamativas. Esta obra, ya atemporal en el momento de su rodaje, representa, sin embargo, una de las últimas joyas de la comedia musical hollywoodense. (À voir, à lire)
Película estrenada en Madrid el 23 de septiembre de 1965 en el cine Roxy B.
Con esta película se inauguró el cine Metropolitan Palace en Palma de Mallorca el 23 de diciembre de 1966.
“My fair lady” ha servido para inaugurar al verdaderamente
suntuoso y cómodo “Metropolitan Palace” que se incorpora a la cadena de locales
de estreno de Palma con una película de categoria, en la que todos los
elementos de la producción y decorados totalmente montados en estudio han
conseguido convertir lo difícil en fácil. (Cinéfilo en el diario Baleares del
24 de diciembre de 1966)
Reparto: Audrey Hepburn, Rex Harrison, Stanley Holloway, Wilfrid Hyde-White, Gladys Cooper, Jeremy Brett, Theodore Bikel.
Jimmy Broadbent (Rex Harrison) quiere introducir a su joven hija (Sandra
Dee) en los salones de la alta sociedad londinense para que pueda
conocer jóvenes solteros y ricos. Pero a la chica ese ambiente le
resulta demasiado aburrido. Sus padres se quedan horrorizados cuando se
enteran de que está saliendo con el batería de una orquesta de baile.
Encantadora comedia fina y elegante, que discurre en los más
suntuosos interiores y que está impregnada de un tono ligero y festivo que se
mantiene a todo lo largo de la cinta.(César Mora en La Vanguardia del 25 de diciembre de 1959
Una comedia fina, agradable y divertida, con un reparto excelente. (Donald en ABC del 19 de enero de 1960)
Comedia romántica poco memorable que ni el buen hacer de sus protagonistas, en especial Rex Harrison y una Angela Lansbury
en un vivaz personaje secundario; ni el tacto sofisticado, elegante,
cálido, colorista… de Vincente Minnelli, pueden elevar de la
insuficiencia general a causa de un guión mediocre, escrito por William
Douglas Home, autor también de la obra teatral adaptada. (AlohaCriticón)
El contraste entre la educación británica y la norteamericana en la base de una comedia que juega con un registro esencialmente brillante. Su agudo sentido de la ironía le confiere un carácter moderadamente corrosivo, aunque no llegue a transgredir todo aquello que se propone. (Fotogramas)
Nos encontramos ante una comedia de periclitada esencia, que incluso aparece como un paradigma de ritos sociales hoy día difíciles de creer, que tuvieron presencia hasta unas pocas décadas en un determinado mundo occidental pero que, por obra y gracia de su realizador, despliega una pátina de elegancia e ironía, que es compartida sobre todo por su impagable pareja protagonista. (Cinema de perra gorda)
Una comedia de salón vintage que es endeble, carece de cualquier arista y se desarrolla como un ejercicio de comedia británica de alto estilo. (Dennis Schwartz)
Hay algunos momentos bastante divertidos en esta comedia estadounidense sobre la gente de la alta sociedad de Londres, pero el ritmo suele ser lento y la atmósfera forzada. (Clyde Gilmour)
Mamá nos complica la vida, que se filmó en varios lugares decorativos de París, no tiene más sustancia que un soufflé; pero sus ingredientes ligeros constituyen una fina película con peso pluma. (A.H. Weiler en The New York Times del 15 de agosto de 1958)
The Reluctant Debutante es refrescante y tiene un vestuario elegante, una versión cinematográfica colorida y descarada de la bagatela teatral de William Douglas Home. (Variety)
El entretenimiento puede parecer menor, pero es delicioso, gracias a la comicidad de la gran Kay Kendall, una actriz inglesa de comedia que nos fue rápidamente arrebatada por la leucemia. Sus eventos sociales con Angela Lansbury son pura felicidad, así como la sofisticación visual del cineasta Minnelli, un esteta que se ríe de sí mismo con júbilo. (N.T. Bihn en Zurban)
Película estrenada en Barcelona el 22 de diciembre de 1959 en los cines Montecarlo, Niza y Aristos; en Madrid, el 18 de enero de 1960 en el cine Capitol.
Reparto: Rex Harrison, Kay Kendall, John Saxon, Sandra Dee, Angela Lansbury, Peter Myers, Diane Clare.