jueves, 28 de abril de 2022

Z, la ciudad perdida (The Lost City of Z, 2016). James Gray

 

Principios del siglo XX. El explorador británico Percy Fawcett (Charlie Hunnam), militar de carrera, es enviado a la selva amazónica para que delimite la frontera entre Brasil y Bolivia, ayudando así al Gobierno británico a preservar sus intereses en el negocio del caucho. En calidad de cartógrafo, Fawcett emprende un largo y peligroso viaje en el que se adentrará en territorios inexplorados de la jungla del Amazonas, acompañado por un grupo de hombres de confianza. Guiado por la obsesiva convicción de que las historias que había oído acerca de una ciudad antigua construida de oro, a la que dará el nombre de ciudad Z, eran ciertas, Fawcett tratará de hacer uno de los descubrimientos más importantes de la historia, esperando tener éxito allí donde tantos otros habían fracasado. 

Gray mezcla romanticismo victoriano, la influencia bélica de la época, el ansia de conocimiento, drama familiar y aventura física –tupida selva, serpientes venenosas, enfermedades, rituales caníbales, el lento avance por los ríos amazónicos, el conflicto entre civilizaciones– hasta configurar una de sus obras más atrevidas y a contracorriente, quizá no tan redonda como sus thrillers melodramáticos sobre familias de delincuentes y la frágil línea que separa el bien del mal, pero igual de intensa, bella, personal. (Quim Casas en El Periódico de 4 de mayo de 2017)

Filmada, narrada e interpretada con enorme elegancia, con el mismo olfato para encontrar el suspense, la reflexión, la admiración, la reconciliación y la incógnita, y con ese atractivo elogio al rastreo de las ciudades y las causas perdidas. (Oti Rodríguez Marchante en ABC del 5 de mayo de 2017)

Lo que cuenta, en suma, y da a la obra una personalidad inquebran­table, es la belleza de sus imágenes (injusto sería silenciar la gran la­bor del maestro Darius Khondji), y la capacidad de Gray para trans­mutar la realidad del relato en un estallido hipnótico, mágico, cer­cano al cine fantástico (la noche, las antorchas...) al infierno de Apocalypse now. (Jordi Batlle Caminal en La Vanguardia del 5 de mayo de 2017)

El cine de aventuras adulto aún es posible. James Gray, junto a Jeff Nichols, el (pen)último resistente del clasicismo cinematográfico entre los directores aún jóvenes, con una obra coherente, trascendente y rocosa, demuestra con Z, la ciudad perdida que entre la sobredosis de productos exclusivos para grandes niños y para niños grandes, la inmensa mayoría inanes o memos y a menudo disfrazados de una complejidad que no es sino el artificio de la pomposidad, todavía cabe un cine que se acerque al verdadero descubrimiento, el histórico, el cultural, el social y el personal, con una narrativa que sea al mismo tiempo ética y estética. (Javier Ocaña en El País del 6 de mayo de 2017)

Gracias a su elegante, hipnótica puesta en escena, lo que parecía un relato realista se transforma en fantasmagórico, como si el objetivo final de la aventura fuera que el cine clásico aceptara su condición espectral, y sus héroes convivieran con sus sombras, misterios y locura. (Sergi Sánchez en Fotogramas)

El núcleo del drama está en casa, donde Nina Fawcett (Sienna Miller) sufre y absorbe la obsesión de su marido, dando aire a un relato férreamente masculino cada vez que su perspectiva entra en la narración; y donde los claroscuros con velas de Darius Khondji lucen mejor filmados en 35mm. Son los insertos de esa vida doméstica, que acuden a la mente de Percy cuando se ve en peligro, los trazos de distinción de un cineasta en proceso de maduración y búsqueda de nuevos desafíos. Uno que, como su protagonista, hace malabarismos para saciar su sed de aventura sin perder demasiado el contacto con lo que deja en casa. (Daniel de Partearroyo en Sensacine)

La grandeza de esta película es incomensurable. Para cierto tipo de cinéfilo de la vieja escuela, alguien que cree en las proporciones clásicas y bien formadas y en una historia épica contada a lo largo del tiempo, será la revelación del año. (Joshua Rothkopf en Time Out)

El ritmo majestuoso y la grandeza visual de Lost City of Z se remontan a las epopeyas de exploración clásicas, y Charlie Hunnam nos proporciona una actuación magistral como su complejo protagonista. (Rotten Tomatoes)

Todos, incluidos Hunnam y Pattinson, aportan su mejor trabajo al inquietante y visionario viaje de James Gray al corazón de la oscuridad amazónica, una potente provocación que se mete debajo de la piel. (Peter Travers en Rolling Stone)

Una pieza rara del cine clásico contemporáneo; sus virtudes de narración metódica, estilo tradicional y tema obsesivo son las que habrían sido reconocidas y adoptadas en cualquier momento desde la década de 1930 hasta la de 1970. (Todd McCarthy en Hollywood Reporter)

"Z, la ciudad perdida" es hermosa, triste y mesurada. Pero el relato que cuenta remite a la locura. (Anthony Lane en The New Yorker)

Un cine razonable, hecho con engañosas medias tintas, que rehuye los efectismos y cuyo clasicismo parece casi superado. Hay verdadera belleza y cierto estilo en el conjunto, en un momento en que es difícil para un autor existir más allá de sus rasgos de estilo. (Jean-Sébastien Chauvin en Cahiers du Cinéma)

James Gray triunfa en una película épica, en la encrucijada de Lawrence de Arabia y Apocalypse Now, cuyo esplendor estético no atenúa el pesimismo. (Le Point)

Una odisea generosa, donde los sueños infantiles, confrontados con la realidad, derivan hacia una apoteosis inesperada. Un esplendor. (Marcos Uzal en Libération)

"Z, la ciudad perdida", aunque atravesada por un poderoso soplo épico, nos invita más bien a una aventura mental, una deriva desquiciada que reencuentra el motivo privilegiado del cine de James Gray: la obsesión convertida en locura. (Romain Blondeau en Les Inrockuptibles)

El destino de un hombre, la paternidad, la exploración de tierras desconocidas… La película de James Gray explora con maestría estos temas. Una epopeya intimista donde la belleza, el honor y la fidelidad son los protagonistas. (Eric Neuhoff en Le Figaro)

Película estrenada en España el 5 de mayo de 2017.

Reparto: Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, Angus MacFayden, Bobby Smalldridge, Edward Ashley.


miércoles, 13 de abril de 2022

Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939). Victor Fleming

 

Georgia, 1861. En la elegante mansión sureña de Tara, vive Scarlett O'Hara (Vivien Leigh), la joven más bella, caprichosa y egoísta de la región. Ella suspira por el amor de Ashley (Leslie Howard), pero él está prometido con su prima, la dulce y bondadosa Melanie (Olivia de Havilland). En la última fiesta antes del estallido de la Guerra de Secesión (1861-1865), Scarlett conoce al cínico y apuesto Rhett Butler (Clark Gable), un vividor arrogante y aventurero, que sólo piensa en sí mismo y que no tiene ninguna intención de participar en la contienda. Lo único que él desea es hacerse rico y conquistar el corazón de la hermosa Scarlett. 

La principal   virtud  de "Lo que el  viento  se llevó",  estrenada  anoche en  el  Palacio  de la Música,  y ofrecida aquí privadamente hace  años, es la de su fuerza  de  permanencia  y  el no  desmerecer,  sino  sobrepasar las producciones   de   última    hora    reputadas magistrales.  De este  modo  cabe afirmar  que la  cinta  de Víctor  Fleming  marca  un instante   trascendente  en la Historia fílmica universal. (Donald en ABC del 18 de novembre de 1950)

 Lo que el viento se llevó da lo que prometía, pero también cosas no esperadas, cosas que uno podia lícitamente suponer arrinconadas y envejecidas por el tiempo transcurrido. Da, en pocas palabras, una técnica realizadora rigurosamente actual, que en su tiempo marco un ápice y que hoy continúa en legítima primera línea, aun no superada en su clasicismo y en sus innovaciones por el propio cine americano. (H. Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 18 de noviembre de 1950)

Una de las películas más famosas y mitificadas de la historia, en cuya azarosa gestación participaron guionistas como Ben Hecht, Jo Swerling y Francis Scott Fitzgerald, y directores como George Cukor, Sam Wood y William Cameron Menzies, cuyo diseño de producción marcó las pautas de la realización. Su mito supera a su propia entidad, pero posee una notable factura y una auténtica garra melodramática. (Fotogramas)

A pesar de resultar bastante maniqueo abordando asuntos impregnados de las peculiariades y valores del territorio sureño estadounidense: el honor, el orgullo, la familia, la tierra, la propiedad, sin eludir el tema de la esclavitud… “Lo Que El Viento Se Llevó” siempre permanecerá con su valor incólume, incrustando en el subconsciente cinéfilo memorables escenas y diálogos. (Aloha Criticón)

La grandeza épica y el encanto romántico de Lo que el viento se llevó encapsulan una era del cine de Hollywood, pero eso no puede excusar una perspectiva ciega que se encuentra en el lado equivocado de la historia. (Rotten Tomatoes)

La subestimación también tiene sus usos, por lo que la crítica de esta mañana sobre el evento de anoche comenzará con la anotación casual de que fue un gran espectáculo. Funcionó, y seguirá funcionando, durante unas 3 horas y 45 minutos, que todavía son unos días y horas menos que lo que dura el tiempo de lectura de la novela y es un período en el que la columna vertebral puede quejarse antes que el ojo o el oído. Es pura narrativa, como lo fue la novela, antes que un gran drama, como no lo fue la novela. Con esto queremos decir que  dejarás el film, no con la sensación de haber vivido una profunda experiencia emocional, sino con el cálido y agradecido recuerdo de una interesante historia bellamente narrada. ¿Es la mejor película jamás realizada? Probablemente no, aunque es el mural en movimiento más grandioso que hemos visto y la aventura cinematográfica más ambiciosa en la espectacular historia de Hollywood. (Frank S. Nugent en The New York Times del 20 de diciembre de 1939)

Su estereotipo de esclavos felices y amos amables induce más que nunca a una mueca de dolor (los escritores afortunadamente eliminaron las referencias pro-Ku Klux Klan de la novela). Pero nadie ve 'Lo que el viento se llevó' por su precisión histórica. Lo que nos mantiene sentados en la butaca son cuatro horas de romance épico en hermoso Technicolor. La esclavitud, la Guerra Civil, el incendio de Atlanta, una calle llena de soldados muertos: todo es sólo un telón de fondo para el evento principal, Scarlett y Rhett. El jurado feminista todavía está deliberando sobre la belleza sureña Scarlett O'Hara (Vivien Leigh). ¿No es nada más que un ladrona de maridos en serie? ¿O una mujer moderna resistente que hace lo que puede para sobrevivir? Tú decides. Rhett (Clark Gable) es el playboy bebedor que, cuando mira a una mujer, ve a través de sus enaguas. Scarlett: 'Alimaña de corazón negro' (guarde esa expresión para usarla en el futuro). Rhett: "Nunca significarás nada más que miseria para un hombre". Francamente, tendrías que tener el corazón negro como Rhett para que todo eso no te importe un carajo. (Cath Clarke en Time Out)

Lo menos que se puede decir es que la película es indulgente con la Confederación (sus oficiales son llamados repetidamente "caballeros") y también, de paso, con la idea de la imposición de los derechos conyugales de un caballero. El texto del principio se refiere con franqueza a la "civilización" perdida basada en "el Amo y el Esclavo", como si estuviéramos hablando de los antiguos egipcios, en lugar de algo que existe en la memoria viva. Retratar a los esclavos como seres dóciles y felices parece grotesco ahora, aunque podría decirse que no es más insidioso que la producción actual de Hollywood, y no se puede negar la pura fuerza que vertebra la narración de la película. En la pantalla grande, los enormes exteriores y los horizontes en llamas tienen una calidad expresionista de ensueño. Es un film extraño, loco y operístico. (Peter Bradshaw en The Guardian)

"Lo que el viento se llevó" presenta una visión sentimental de la Guerra Civil, en la que el "Viejo Sur" toma el lugar de Camelot y la guerra se libra no tanto para derrotar a la Confederación y liberar a los esclavos como para dar su merecido a la señorita Scarlett O'Hara. Pero eso lo hemos sabido durante años; la nostalgia contaminada viene añadida. Sin embargo, a medida que "Lo que el viento se llevó" se acerca a su 60 aniversario, sigue siendo un hito imponente como película, simplemente porque cuenta una buena historia, y la cuenta maravillosamente bien. (Roger Ebert)

Una película a prueba de críticas, si alguna vez hubo una: no es tan buena, pero de alguna manera es genial. La primera parte, en la que la graciosa cámara en movimiento de George Cukor (que pronto será reemplazado) establece el ordenado mundo de Tara en elegantes términos visuales, es realmente muy buena. Pero la última mitad es un desenlace lento e inconexo, y la muerte de la niña es el truco más sucio de un guionista. Nadie que yo sepa ha resuelto aún el secreto del atractivo aparentemente atemporal de esta película de 1939, aunque supongo que tiene algo que ver con los elaborados mecanismos del destino, la historia y el sexo soportados por Scarlett, cuya arrogante líbido debe ser castigada tan magníficamente como ha sido celebrada. Las superposiciones de colores llamativos, que son la única excentricidad estilística de la película, fueron la contribución de su autor secreto, el diseñador de producción William Cameron Menzies. Víctor Fleming la firmó, aunque hubo muchas, muchas manos en este pastel. (Dave Kehr en Chicago Reader)

Nunca podré explicar a mis estudiantes de cine más serios por qué los árboles retorcidos y las majestuosas mansiones de William Cameron Menzies, la partitura melódica y malhumorada de Max Steiner y la inefable belleza y crueldad de Vivien Leigh pueden ejercer un hechizo tan hipnótico incluso en los cinéfilos que deberían apreciar esto de manera más adecuada. Es mucho, mucho más fácil analizar las profundidades antisépticas de Potemkin y Persona que las banalidades infecciosas de Lo que el viento se llevó. Digamos simplemente que hay algo en la mayoría de nosotros que siempre respetará el talento de Selznick para la narración pasada de moda y con mucho cuerpo, incluso cuando ahora rendimos homenaje a las formas más anémicas del intelectualismo en el cine moderno. Y, en última instancia, está la sonrisa de Vivien Leigh en la pantalla, que es como un rayo de sol que atraviesa el corazón. (Andrew Sarris)

La adaptación de una obra romántica, cuando se hace con el cuidado, la escala, la inteligencia que aportó Victor Fleming a Lo que el viento se llevó (…) es todo cine. (André Lang en France Soir del 6 de agosto de 1955)

Una pintura monumental de un país que oscila entre la prosperidad y el apocalipsis, Lo que el viento se llevó es una de esas obras maestras que te sorprenden por su belleza y densidad. Cautivado por este romance torturado y por la calidad incomparable de este inmenso clásico, solo puedo confirmar su condición de pieza central del séptimo arte. (Quentin Coray en À la rencontre du septième art)

Lo que el viento se llevó se inspira donde menos se esperaba: el expresionismo. Al igual que el movimiento nacido en Alemania en la década de 1920, la película utiliza la geometría y la inmensidad de los decorados para traducir la existencia de espacios que desafían la comprensión humana. En la mítica escena que precede a la "violación" de Scarlett por Rhett, la parte superior de las gigantescas escaleras por las que sube el personaje se sumerge en la oscuridad, marcando así la entrada de los dos héroes en una dimensión desconocida e irracional, que los supera a ambos. Distorsionados por juiciosos juegos de luces, los rostros de los personajes muestran un lado de su personalidad que quisieran ocultar o traducir sentimientos indecibles. Lo que el viento se llevó es una película donde las emociones nacen de las sensaciones en bruto, ligadas directamente al dinamismo de la puesta en escena, enlazando primeros planos y panorámicas con una facilidad y fluidez formidables, donde no se desperdicia ningún metro de película. (Ophélie Weil en Critikat)

Película estrenada en Madrid el 17 de noviembre de 1950 en el cine Palacio de la Música; en Barcelona, el mismo día en el cine Windsor.

Reparto: Vivien Leigh, Clark Gable, Olivia de Havilland, Leslie Howard, Thomas Mitchell, Hattie McDaniel, Butterfly McQueen, Harry Davenport, Jane Darwell, Ona Munson, Laura Hope Crews.


jueves, 17 de marzo de 2022

Vivir para vivir (Vivre pour vivre, 1967). Claude Lelouch

 


Robert Colomb, un famoso presentador de televisión, está casado con Catherine, pero siempre es infiel. Está a punto de reemplazar a su actual amante, Mireille, con Jacqueline cuando se encuentre, y se vuelve fascinada con Candice. Él la acompaña en una asignación en Kenia y luego establece un "acuerdo" con ella en Ámsterdam. Cuando él le cuenta a Catherine sobre el asunto, ella se queda callada. Él está asignado a Vietnam, le dice a Candice que su aventura ha terminado y, para su sorpresa, descubre que es más que aceptable para ella cuando está cansada de él. Al regresar de una prisión vietnamita, él decide regresar también a Catherine, pero descubre que ella se ha hecho una nueva vida. Se pregunta si debería volver a entrar en su vida, reavivar su antiguo amor o simplemente desaparecer de su vida.

La película tiene un planteamiento muy claro, un desarrollo apasionante y un desenlace donde saltan por los aires las cartas de Lelouch. Los últimos veinte minutos son los recursos que, en pura teoría, no debe desplegar un realizador riguroso. No creo en la ignorancia ni en su falta de medida, sino en todo lo contrario: en una calculada utilización de ciertos efectos convencionales. (...) Por lo demás, el estilo de Lelouch vuelve a ser tan brillante como en "Un hombre y una mujer". El "lelouchismo", no lo olvidemos, puede causar víctimas porque desencadena imitaciones fáciles y desde Iuego no tan atractivas como el original. La fotografía de Patrice Pouget y la música de Francis Lai sirven fielmente a la idea estética del realizador. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 21 de diciembre de 1967)

La historia argumental está contada de un modo garboso y en cierto modo nuevo. Siguiendo un sistema expresivo que acusa la personalidad vigorosa de un verdadero artista. (...) La realización es brillante, con un sostenido tono emocional que Lelouch ha entreverado de chispeantes anécdotas irónicas, algunas también de un ligero erotismo, nada sobrecargado, que mantiene a la película en un constante nivel de calidad. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 23 de diciembre de 1967)

La historia más vieja del mundo contada con el talento y cierta premiosidad de Claude Lelouch. El trío actoral es excelente. (Decine21)

El punto de vista de todo esto es difícil de alcanzar, y los personajes son tan aleatorios y aburridos, realmente aburridos, cuando se piensa bien, como lo fueron los personajes de la película anterior del Sr. Lelouch. Yves Montand es tedioso con sus interminables engaños y su insulsa presunción, y Annie Giradot es aburrida y molesta como su esposa complaciente y sonriente. Candice Bergen es hermosa pero banal como la amante pasajera que se deja pisotear. Todo lo que prueban es que la preocupación por uno mismo es irritante para los demás en este mundo abarrotado. Es notable y significativo que el Sr. Lelouch nunca nos deja saber el propósito o el punto de vista de su director de televisión. Sólo hace películas. También el Sr. Lelouch. Y, como tantos que se enamoran de su propio trabajo, no sabe cuándo parar. (Bosley Crowther en The New York Times del 19 de diciembre de 1967)

Independientemente de lo demás, Lelouch debe haber adquirido un súper bronceado haciendo esta continuación de Un Homme et une femme, permitiendo que el sol deslumbre tan generosamente a la lente de su cámara. Un melodrama irremediablemente rimbombante (el reportero de televisión de Montand dividido entre la paciente esposa Girardot y la modelo Bergen) que se desarrolla en el glamuroso telón de fondo del centro de Manhattan y el interior de Vietnam, se vuelve aún más absurdo por el diálogo pretencioso, las actuaciones ineptas, el montaje bizqueante y una partitura de Francis Lai más propia de un salón de hotel que de una película. (Time Out)

La anterior Un hombre y una mujer de Claude Lelouch obtuvo el primer premio en el Festival de cine de Cannes, ganó los Oscar a la mejor película en lengua extranjera y guión original, y ganó la fenomenal suma de 3 millones de dólares en Estados Unidos. Vivir para vivir es muy similar en tema y estilo, pero carece del alcance lírico y el encanto de su predecesora e incluso falla técnicamente a pesar de un presupuesto considerable. (Variety)

Lelouch es esencialmente un especialista del riesgo, y sus películas buscan efectos en lugar de significado. Confecciona un gran espectáculo de "importancia", pero en el fondo solo hay un vasto vacío bellamente fotografiado. Esto es particularmente claro en "Vivir para vivir", que tiene todos los defectos de "Un hombre y una mujer" y ninguna de las virtudes y es una película fea y corrupta que pretende ser bella y ética. (Roger Ebert)

Claude Lelouch no es, creo, un revolucionario, un pionero, un inventor. Su papel sería más bien el de promover, popularizar (en el mejor sentido del término) una cierta forma de cine vivo y moderno. Hace accesible lo que no es accesible en los demás. Su entusiasmo, su sinceridad, su poder de persuasión, hacen entrar en el dominio público unas ambiciones, un lenguaje, un estilo hasta ahora considerado sospechoso. En resumen, Lelouch tiene "maneras". Sabe cómo persuadir. Es un seductor de la pantalla. No veo por qué alguien tendría que reprochárselo. (Jean de Baroncelli en Le Monde del 16 de septiembre de 1967)

Historia de amor entre el adulterio y el perdón, muy vanguardista para finales de los 60. Para ser sinceros, ninguna película romántica ha conseguido hasta ahora adentrarse en la intimidad y los pensamientos más profundos de los personajes como ésta. Una magnífica banda sonora de Francis Lai que fluye suavemente a lo largo de la película. Original y conmovedora interpretación de Annie Girardot e Yves Montand. No hablemos de Candice Bergen, que es increíblemente hermosa. Un Lelouch como nos gusta con un casting atrevido y no exento de riesgo. (Allociné)

Segundo gran éxito de Claude Lelouch tras "Un hombre y una mujer". Quizás un poco menos acertado que el anterior. Porque nos aburrimos un poco en algunas escenas en mitad de la película. En cualquier caso, Yves Montand y Annie Girardot forman una pareja bellísima y están admirables en esta película. Tenga en cuenta, la música sublime de Francis Lai. (Barisien en Allociné)

Película estrenada en Madrid el 20 de diciembre de 1967 en el cine Coliseum; en Barcelona, el 22 de diciembre de 1967 en el cine Windsor Palace.

Reparto: Yves Montand, Annie Girardot, Candice Bergen, Irene Tunc, Uta Jaeger, Jean Collomb, Anouk Ferjac.