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jueves, 21 de marzo de 2024

El desprecio (Le Mépris, 1963). Jean-Luc Godard


Paul Javal (Michel Piccoli), un dramaturgo francés, acepta reescribir algunas escenas para "La Odisea", una película que se va a rodar en Capri bajo la dirección del renombrado director alemán Fritz Lang (Fritz Lang). En un primer encuentro con el productor norteamericano, el arrogante Prokosch (Jack Palance), el escritor deja que su mujer, la bella Camille (Brigitte Bardot), se vaya en el coche con el productor a la finca de éste. Este hecho dará lugar a un grave mal entendido entre el Javal y su esposa, quien cree que la ha ofrecido como moneda de cambio para obtener un mejor pago. Como consecuencia de esta situación, el escritor se verá inmerso en una dolorosa crisis matrimonial. Adaptación de la novela de Alberto Moravia.

En la novela de Moravia, ese proceso mental y afectivo, de la mujer que pasa bruscamente del amor al desdén puede estar admirablemente descrito. En la versión cinematográfica, pese a la indiscutible maestría de Godard, el tema resulta flojo, inconsistente, sin fuerza. (...) Una espléndida fotografía, una cuidada planificación, un excelente colorido son dignos de mención, como prueba de que en esta obra de Godard los aspectos puramente técnicos y formales tienen más relevancia que los argumentales y artísticos. (Hermes en ABC del 28 de agosto de 1976)

lnspirándose en una novela de Moravia, Jean Luc Godard realizó esta película en 1963. Eran los tiempos de la “nouveIle vague” y la cinta acusa esta marca de escuela o de estilo. Godard, que se propone, según parece, decir mucho, viene a decir muy poco. Y la cinta, que podría haber tenido un interés real, se pierde en divagaciones y sutilezas sin que en ningún momento adquiera una autentica fuerza emocional. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 17 de septiembre de 1976)

La más prodiogiosa demostración formal de Godard. Los analistas llevan décadas extrayendo estudios sobre las formas y construcción de esta película en la que Godard, más que impartir una tesis, desahogaba todas las frustraciones de su complicada relación con Anna Karina. (Fotogramas)

Una lúcida radiografía de unos tiempos definitivamente prostituidos. Así, una obra autodestructiva, casi suicida y, por muchas razones, la primera obra perfectamente conseguida del director. (Luis Martínez en El País)

La superposición de niveles desde los que ver o interpretar el filme recuerdan (el propio Godard lo sugiere con un cartelón publicitario) a Viaggio in Italia, cinta que habla de la crisis amorosa de Rossellini y la Bergman bajo el formato de melodrama. Aquí, en Le Mepris, el desprecio amoroso se podría relacionar con el desprecio hacia el autor que se prostituye por dinero (viene a ser lo mismo usar a la mujer de cebo que aceptar un cheque). Son partes de un mismo todo; la ruptura, el desprecio, ese cambio sugerido en La Odisea donde Penélope es infiel y la integridad del autor frente a la tentación del dinero. Manifestaciones caleidoscópicas de un único conflicto. Porque en el filme el amor al cine y el amor romántico vienen a ser lo mismo. (Bloomsday en Cinema esencial)

"El desprecio" no es una de las grandes películas de Godard, por razones evidentes. En cierto modo, se trata de sus propios defectos. Existe un drama a nivel del suelo que involucra a los personajes, mientras la película lucha entre la tendencia a elevarlos a arte (Lang) o vulgarizarlos hasta convertirlos en comercio (Palance). Es interesante de ver, y tiene momentos de brillantez (la discusión conyugal, el uso de las escaleras de la villa), pero su verdadera importancia es la de un experimento fallido. "El desprecio" le enseñó a Godard que no podía hacer películas como ésta, por lo que se autoexcluyó y continuó haciendo las películas que podía hacer. (Roger Ebert)

Nos hemos acostumbrado a películas que deliberadamente nos guiñan un ojo sobre el proceso de realización cinematográfica y se desarrollan en los límites confusos de la historia y su realización: pensemos en las películas de Charlie Kaufman o Quentin Tarantino. Godard sigue siendo el maestro moderno de este enfoque. Pero sus películas son mucho menos fáciles de intepretar. Es difícil saber qué es sincero y qué no: la observación irónica y la emoción sincera están totalmente entrelazadas. Es más, sería un error ver 'Le Mépris' simplemente como un comentario sobre el cine, o incluso como una sátira del mismo. También muestra a Godard y sus colaboradores –especialmente el director de fotografía Raoul Coutard, el compositor Georges Delerue y la editora Agnès Guillemot– en el apogeo de sus poderes, creando escenas y momentos de extraordinario poder visual, sugestión y belleza. Al igual que la relación de amor y odio entre Camille y Paul, es el testimonio definitivo de la complicada relación de Godard con su arte. (Dave Calhoun en Time Out)

En 1963, el año también de la otra película rosselliniana de Godard, Les Carabiniers, su forma de cine todavía estaba más que defendiéndose de las distantes nubes del compromiso político –y el cine, para Godard, todavía significaba amor, vida y tragedia en un mismo plano a la gran escala hollywoodiense, con referencias a Hitchcock, Hawks, Garbo y todo lo demás. Al mismo tiempo, la angustia personal ya se estaba infiltrando como un trasfondo siniestro. “Estoy convencido”, dijo [Raoul] Coutard, el director de fotografía, a un entrevistador en ese momento, “de que Godard está tratando de explicarle algo a su esposa en Le Mépris. Es una especie de carta que le está costando a Beauregard, el productor, un millón de dólares”. (Philip Strick en Sight and Sound)

Bello objeto intelectual, El desprecio no se puede resumir en estos enfrentamientos temáticos porque Godard descubre aquí la belleza de los paisajes mediterráneos y la antigua cultura grecorromana. Cada plano realza la magnificencia de los paisajes, mientras que la Villa Malaparte utilizada en la última parte de la película proporciona un escenario grandioso para un tema que, por tanto, adquiere el aspecto de una tragedia clásica. Ciertamente, El desprecio evoca el trágico final de una relación romántica, pero filmada en colores brillantes y vibrantes que cantan la belleza de la naturaleza circundante. (Virgile Dumez en Cinedweller)

Para nosotros, es una obra maestra de Jean-Luc Godard, la película es el cruce perfecto entre discretos experimentos formales, por ejemplo en el montaje o en la banda sonora, un análisis mordaz del modus operandi del cine y su influencia en el espectador, así como la catástrofe apenas embellecida de una ruptura, con su fealdad sentimental paradójicamente sublime. (Tobias Dunschen en Critiquefilm.fr)

El propio Godard no escapa a esta dicotomía clásico/moderno. Quien, como crítico, elogió a los padres del clasicismo de Hollywood, es consciente de que se acaba de pasar una página. Aquí, sin embargo, se debate entre la admiración que siente por Lang -y que se verifica en los planos que literalmente compone a su alrededor- y su deseo de fundar un cine en sintonía con las inquietudes de su tiempo. Pero ha llegado el momento de hacer balance. Así, si Le Mépris no tiene el valor de un manifiesto de la modernidad (como pudo haberlo sido À bout de souffle, por ejemplo), se destaca inmediatamente como un inventario de este cine joven. Hace un balance inicial, plantea algunas preguntas esenciales (¿Qué era hacer una película en 1963?), ajusta algunas cuentas (en particular, con la figura del productor de Hollywood de largos dientes). (Chérif Saïs en DVDClassik)

Película estrenada en Madrid el 23 de agosto de 1976 en el cine Drugstore; en Barcelona, el 13 de septiembre de 1976 en el cine Atlanta.

Reparto: Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance, Georgia Moll, Fritz Lang.


viernes, 11 de junio de 2021

Belle toujours (2006). Manoel de Oliveira

 

38 años después de "Belle de jour" de Luis Buñuel, dos personajes de la película vuelven a cruzarse con el misterio de un secreto que sólo conoce el personaje masculino y cuya revelación es imprescindible para el personaje femenino. Aunque ella le evita, él sigue sus pasos hasta que finalmente consigue que le preste atención al confesarle su intención de revelarle el secreto. Fijan una cita, una cena durante la cual ella, ahora viuda, aguarda la esperada revelación: qué es lo que él le dijo a su marido cuando éste estaba mudo y paralítico por un disparo efectuado por un amante de ella. La situación es tensa y ella termina sin saber qué es lo que realmente pasó. Se trata de la venganza de él porque la mujer nunca le permitió poseerla.

Un jugoso y secreto diálogo entre dos universos poéticos probablemente, mucho más emparentados entre sí de lo que hasta ahora casi nadie había sugerido, si bien este cronista no puede evitar la sensación de que Belle toujours no pase de ser, en realidad, un divertimento menor, un inteligente juguete de transición dentro de la obra madura y adulta del más joven y experimental de todos los cineastas actuales. (Carlos F. Heredero en El Cultural de 7 de junio de 2007)

La pretensión de Oliveira sólo se ha conseguido en parte: ni tiene a Catherine Deneuve cuatro décadas después (es obvio que la estirada actriz rechazó el papel) ni se ha fundido su cine con el de Buñuel: “Belle toujours” conserva el plano y la teatralidad habituales de Oliveira, pero también conserva el aroma de su texto, siempre único, y referido aquí a asuntos trascendentales, como el absurdo consuelo del nunca es tarde, cuando es evidente que casi siempre lo es. (E. Rodríguez Marchante en ABC del 8 de junio de 2007)

Belle toujours es un mordaz y sabio artilugio fílmico que opone dos conceptos ante lo vivido: la nostalgia del pasado o la necesidad de romper con él. (Lluís Bonet Mojica en La Vanguardia de 10 de junio de 2007)

Una pieza minimalista que cuenta – es su principal provocación– con defraudar las expectativas del espectador: a los que busquen cómo se reprende lo buñueliano y a los curiosos por saber cómo siguió el relato de Belle de jour. El cineasta está ausente, la historia vacía y los misterios –siempre irresolubles– ya no tienen edad.(Gonzalo de Lucas en La Vanguardia del 20 de junio de 2007)

Podría pensarse que Belle Toujours no es más que un entremés, una broma a costa de la película de Buñuel. El sentido del humor de De Oliveira es tan perverso como el del cineasta aragonés, pero, lejos de banalizar a su modelo, le añade una doble capa de significado. Lo que antes era un estudio, cargado de ironía, sobre el deseo burgués ahora es un estudio, cargado de melancolía, sobre la negación de la nostalgia al recordar ese deseo. (Sergi Sánchez en Fotogramas)

Una pieza minimalista que cuenta – es su principal provocación– con defraudar las expectativas del espectador: a los que busquen cómo se reprende lo buñueliano y a los curiosos por saber cómo siguió el relato de Belle de jour. El cineasta está ausente, la historia vacía y los misterios –siempre irresolubles– ya no tienen edad.(Gonzalo de Lucas en La Vanguardia del 20 de junio de 2007)

La otra escena a la que nos referimos es la de la cena, donde se lleva a cabo el encuentro más íntimo entre Husson y Séverine. Rodada en tiempo real, desde que ingresan los camareros con el servicio hasta el final de la película, está maravillosamente compuesta, en el trajín de los sirvientes, la espera ansiosa, la llegada tan deseada, la comida, la seducción de Husson y el desenlace. En ese ambiente refinado, iluminado por la luz de las velas, seremos testigos de un duelo perverso. Aquí nuevamente, Husson buscará en los cristales de los ventanales el reflejo de aquello que no se ve a simple vista. Esa será su arma, conocer algo más de su contrincante para poder dominarle. (Liliana Sáez en El espectador imaginario)

Una secuela inesperadamente conmovedora de Belle de Jour de Luis Buñuel, Belle Toujours es una elegía breve y dulce sobre el envejecimiento, la sexualidad y el poder del cine. (Rotten Tomatoes)

Bella, económicamente dirigida, interpretada y fotografiada (por Sabine Lancelin), 'Belle Toujours' es esencialmente un jeu d'esprit cariñoso, ingenioso, a menudo ridículo, que une dulce y conscientemente lo anticuado y lo moderno. (Wally Hammond en Time Out)

La secuela de Manoel de Oliveira, o tributo, o nota especulativa a pie de página, trata menos de Severine (interpretada aquí por Bulle Ogier) que de Henri Husson (de nuevo Piccoli), un aristócrata libertino que descubre su secreto. (También se trata más de clase y menos de deseo sexual). Husson organiza una reunión con una renuente Severine muchas décadas después, y Oliveira organiza su cena como una exuberante ceremonia religiosa, aunque con un par de chistes ingeniosos y picantes. (Jonathan Rosenbaum en Chicago Reader)

Este hermoso esmalte rítmico se debe principalmente al hecho de que Séverine y Husson se deslizan en un espacio compartimentado, de caja en caja: toma fija inaugural del concierto, filmada a distancia, como incrustada en el marco del escenario (.. .) Belle toujours es después de todo un epitafio posible. (Hervé Aubron en Cahiers du Cinéma)

Oliveira filma como gags el cruce entre Séverine y Husson (...) Estos ejercicios virtuosos ilustran a la perfección el adagio fatalista: no tenemos que saber lo que no nos es dado saber. (Elise Domenach en Positif)

Belle toujours es 100% una película de Oliveira, es decir eufemística, teatral, divertida y abstracta: una hipótesis del cine. (Louis Guichard en Télérama)

Película estrenada en España el 8 de junio de 2007.

Reparto: Bulle Ogier, Michel Piccoli, Ricardo Trepa, Leonor Baldaque, Júlia Buisel.