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lunes, 4 de octubre de 2021

Luna de Avellaneda (2004). Juan José Campanella

 

Luna de Avellaneda, un club de barrio que vivió en el pasado una época de esplendor, está atravesando una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un Casino, pero esto se aparta de los ideales y de los fines para los que fue fundado en los años 40: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de los fundadores se debatirán entre la posibilidad de salvarse a cualquier precio o conservar el espíritu original del club.

Total, que «Luna de Avellaneda» tiene casi los mismos ingredientes que la inolvidable  «El  hijo  de  la  novia».  No viene, como aquélla, envuelta de sorpresa y tal vez eso le quite algo de sal y pimienta, tal vez pese lo previsto o la intuición de la fórmula. Pero hay que reconocerle a Campanella lo bien que ejecuta la pirueta y lo que entretiene y emociona con ella. (E. Rodríguez Marchante en ABC del 5 de noviembre de 2004)

Campanella compone un filme directo y convincente, tal vez un poco demasiado volcado a la verbosidad (se habla mucho aquí, y no siempre es necesario decir tanto), y con el norte claro: llegar a un público amplio y entregado. (Casimiro Torreiro en El País del 5 de noviembre de 2004)

Podría objetarse que su dilatado metraje debía haber sido rasurado en la sala de montaje. Pero ocurre que esta película, con momentos magistrales (y actores en estado de gracia: Darín, Eduardo Blanco, Mercedes Morán, Valeria Bertuccelli), retiene al espectador desde su primer fotograma, dejándole la huella indeleble de un cine real y complejo. Como la vida misma. (Lluís Bonet Mojica en La Vanguardia del 7 de noviembre de 2004)

Luna de Avellaneda es, a las clases populares, lo que El hijo de la novia fue a esa depauperada clase media que tan caro ha pagado el invencible derrumbe de su universo. Ahora, los límites de la ficción no se centran tanto en una familia, sino en una institución recreativa, la que da título al film, y en un barrio, Avellaneda, otrora vinculado a la riqueza agroexportadora del país. Aunque los ingredientes son los mismos: una excelente construcción de personajes, el ojo certero para la descripción social, la honestidad de no plantearle al espectador soluciones imposibles. También vuelve a estar aquí Ricardo Darín, que tan bien se mueve con personajes entre derrotados y portadores de esperanzas, desarbolados por la vida pero no dispuestos a hacer demagogia con sus debilidades. A él, y al resto de su portentoso elenco de actores, debe el film su tersa honestidad, su capacidad de diagnóstico, su desarmante y, por una vez, conmovedora sentimentalidad. (Mirito Torreiro en Fotogramas)

Realizada en 2004, 'Luna de Avellaneda' parte de ciertos componentes del neorrealismo, del cine popular argentino y de las comedias italianas de los cincuenta para trazar el retrato tragicómico de los personajes que se mueven por un club social, cultural y deportivo situado en una encrucijada tras varias décadas de esplendor. El club en cuestión, frecuentado por personajes entrañables según el estilo de Campanella, sirve por supuesto para una reflexión entre conservadora y melancólica sobre la Argentina del momento en que se rodó el filme, recién salida de los espasmos económicos del corralito. (Quim Casas en Sensacine)

La película tiene un grave problema de narración. Quiere ser una historia colectiva de personajes perdidos o en crisis unida a otra historia, la de la crisis del centro recreativo. Lo que ocurre es que ambas propuestas nunca se relacionan, cada una va por su lado, y las crisis de los personajes más que existir para el espectador o descubrirse en las escenas, se da en unas historias excesivamente fraccionadas o hechas a jirones... (Adolfo Bellido en Encadenados)

El gran pero está en un guión descompensado, reiterativo, meloso y discursivo, que tiene muchos problemas para terminar. La idea original no está nada mal, aunque empiece a cansar ese recurso tan argentino de trabajar en función de una localización (en este caso, el club social). Cansa también la autocomplacencia de buena parte del cine argentino, que no cesa de lamerse las heridas provocadas por la indolencia -y la corrupción en algunos casos- de unas elites que han permitido que el país naufrague. (Alberto Fijo en Aceprensa)

Película estrenada en España el 5 de noviembre de 2004. 

Reparto: Ricardo Darín, Mercedes Morán, Eduardo Blanco, Valeria Bertuccelli, Silvia Kutica, Daniel Fanego, José Luis López Vázquez.


viernes, 2 de agosto de 2019

El mismo amor, la misma lluvia (1999). Juan José Campanella


Argentina, años 80. La represión del gobierno militar, la guerra de las Malvinas, el retorno de la democracia, la crisis económica y la llegada de Menem al poder son el telón de fondo de la historia de Jorge y Laura. Él (Ricardo Darín) es una joven promesa de la literatura argentina, pero vive de los cuentos románticos que escribe para una revista de actualidad. Ella (Soledad Villamil) es una camarera que espera el regreso de su novio, un artista que ha montando una exposición en Uruguay y del que hace tiempo que no tiene noticias. Una noche se conocen y no tardan en irse a vivir juntos, pero la convivencia se deteriora y la relación se rompe.

Suave tragicomedia primorosamente hecha en clave y tono de comedia. Despide desde su arranque dolor y emoción, alegría y severidad (...) Una obra que se cierra con la misma maestría con la que sea abre: en un prodigio de desenlace gradual. (Ángel Fernández Santos: Diario El País)

Una película sentimental, agridulce, bonita, inferior a 'El hijo de la novia'. (Carlos Boyero: Diario El Mundo)

El impecable trabajo de Darín—convencidos ya de que es uno de los mejores actores argentinos de su generación— y las convicentes réplicas de todo el reparto, aunque consiguen enternecer en varios momentos de la película, con diálogos acertados y con un punto de diversión inteligente, no son suficiente aliciente como para darnos por satisfechos con este film, que además tiene un ritmo y cadencia demasiado pausado, llegando a decaer bastante tras la primera mitad, lastrado por un me-traje algo excesivo. (Federico Casado Reina en ABC Sevilla del 24 de julio de 2002)

Campanella ya evidenciaba aquí su notable talento para desarrollar un tipo decomedia, entre realista y romántica, capaz de reflejar esas miserias y grandezas que conforman al ser humano, que en ocasiones es el menos humano de los seres. (Lluís Bonet Mojica en La Vanguardia del 21 de julio de 2002)

Si en El hijo de la novia Campanella y su coguionista Fernando Castets se proponían desarrollar un fresco de los conflictos sentimentales y profesionales de unos personajes condicionados por la actual realidad argentina, en esta se trata de describir las trayectorias vitales de otros cuantos a lo largo de los últimos 20 años de la azarosa historia de ese país, destacando la relación entre sus comportamientos y los distintos avatares políticos por los que Argentina ha pasado en ese tiempo. Pero como la película siguiente, esta escapa conscientemente a la enfatización y se centra en las relaciones personales de sus protagonistas. (Fernando Méndez-Leite en Fotogramas)

Realizada con el estilo clásico habitual de Campanella, aunque quizás sin ser tan excesiva en lo sentimental ni en lo cómico como 'El hijo de la novia', la película muestra el olfato comercial de su director. (Miguel Blanco en Sensacine)

Una película simpática, fresca y entrañable, que nos hará reír, reflexionar y emocionarnos al mismo tiempo. Se nota que Campanella trabaja largamente sus guiones, que hay un proceso de maceración, sin precipitarse a recoger la cosecha. El humanismo y el sentido del humor de este hombre se trasladan a sus films de forma manifiesta. (Tònia Pallejá en La butaca)

Se confirma su dominio del melodrama, del cambio de humores, de eso tan difícil llamado matiz: puede verse con toda claridad en el dibujo de los baches de una relación cuyos protagonistas, al buscar satisfacer anhelos que llevan muy dentro –él la escritura, ella la pintura–, dejan en el camino elementos –el sacrificio por el otro, el compromiso decidido, los hijos– indispensables para que funcione; o en el de los males de la vacía postmodernidad, escasa de ideales. Campanella logra un tono agridulce al capturar momentos felices y oportunidades perdidas, bañadas de emotiva nostalgia. (Decine21)

Película estrenada en España el 19 de julio de 2002.

Reparto: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Eduardo Blanco, Ulises Dumont, Alfonso de Grazia, Alicia Zanca, Graciela Tennenbaum, Mariana Richaudeau.