Pilar (Julia Martínez) y Juan (Bernard Lajarrige) constituyen un feliz matrimonio, aunque sin mucho dinero. Un día deciden jugar a la Lotería de Navidad. Pilar, con el dinero destinado a los décimos de lotería, adquiere participaciones para la rifa de un cordero. Pilar gana el sorteo, pero cuando ya han decidido comérselo en Nochebuena, se dan cuenta de que tanto los niños como ellos se han encariñado con el animal, al que le han puesto el nombre de Bolita.
Una comedia ligera, intencionada, llena de finísimo humor,
contada con despreocupada soltura, con gracia indiscutible, que nunca, ni en un
solo instante cae en lo chabacano, ni en lo vulgar. La cinta cuadra a las
fechas en que se ofrece a nuestros espectadores, pues es un cuento de Navidad,
un cuento actual, divertido y chispeante, burlón, travieso, con escenas y
situaciones cargadas de agudeza y unos fondos del Madrid de hoy y de ayer,
perfectamente elocuentes. Toda la cinta tiene un ritmo animado, es vivaz, llena
de incidentes inesperados, y la ambientación es muy inteligente. (Donald en ABC
del 15 de diciembre de 1954)
En la película podemos encontrar dos estilos claramente diferenciados: por un lado una inocente comedia familiar moralizante y por otro, una crítica a la sociedad española de aquella época, aunque sin profundizar tanto como creo que a Bardem le hubiese gustado. Por ser el primer estilo más pronunciado que el segundo, debe ser que la censura de aquella época no se dio cuenta del segundo, pese a que en el villancico de los títulos de crédito oímos una estrofa que dice «Viva el productor, viva la censura, viva el sindicato, viva el señor cura», o que en una de las primeras escenas de la película, el protagonista, tras despedirse de su trabajo, le suelte a su ex jefe un «¡Viva la libertad!». (Carlos J. Rodríguez en La abadía de Berzano)
Película estrenada en Madrid el 13 de diciembre de 1954 en los cines Paz y Calatravas.
Reparto: Julita Martínez, Bernard Lajarrige, Pilar Sanclemente, Carlos Goyanes, Manuel Alexandre, Beni Deus, Rafael Bardem, José Luis López Vázquez.
Uno esperaba algo más afilado, viniendo de quien viene.
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