Mostrando entradas con la etiqueta Juan de Orduña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan de Orduña. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de marzo de 2026

La leona de Castilla (1951). Juan de Orduña

La película La leona de Castilla (1951), dirigida por Juan de Orduña y producida por la emblemática Cifesa, representa uno de los dramas históricos más significativos del cine español de posguerra. Ambientada en la Corona de Castilla de 1520, la trama se centra en el levantamiento de los comuneros contra Carlos I, destacando el papel de María de Pacheco, quien gobierna Toledo tras la ejecución de su esposo, Juan de Padilla. El filme se inscribe en la estética del llamado «cine de cartón piedra», un subgénero de gran despliegue visual que buscaba exaltar los valores patrióticos de la España imperial.

El principal error de la película que anoche se ofreció al público en el Rialto es de origen. Quiere decirse que reside en haber elegido la citada creación de Francisco Villaespesa para llevarla a la pantalla. Ni un avezado guionista con halagüeños éxitos en su carrera, como Vicente Escrivá, ni un director de merecido renombre, como Juan de Orduña, podían dotar de vida y una emoción a lo que nació falto de ellas. Por eso, la trama se pierde y diluye en los diálogos, y su expresión visual es una sucesión de lienzos en los que se pretende la impresión “pictórica”. Pero, en cambio, el clima de la guerra de las Comunidades se halla ausente de la cinta, ese clima que, tomado independientemente, hubiera podido constituir un buen motivo fílmico. Y es que, como ya se ha apuntado, en “La leona de Castilla” el artificio es lo que predomina. (Donald en ABC del 29 de mayo de 1951)

La interpretación de María de Pacheco recae en Amparo Rivelles, una de las actrices primordiales de la época, cuya evolución gestual la llevó de la ingenuidad juvenil a encarnar personajes femeninos seguros y dominantes. Rivelles, descendiente de una ilustre saga teatral, aportaba una seguridad y dicción que resultaban fundamentales para el tono grandilocuente de la obra. Resulta notable la conexión entre la fortaleza de su personaje y la propia visión de la actriz, quien en entrevistas posteriores afirmó haberse sentido siempre liberada, habiendo decidido sobre su propia vida y sustento.

El guion, elaborado por Vicente Escrivá y el propio Orduña, se basa libremente en la obra teatral en verso de Francisco Villaespesa. Sin embargo, la adaptación supuso una tergiversación ideológica del material original; mientras que Villaespesa presentaba una gesta liberal y romántica, el filme reinterpreta la revuelta comunera como una rebeldía "ramplona" frente a la alta misión evangelizadora e imperial de Carlos I. Así, la película se convierte en un vehículo para la retórica nacionalista del régimen franquista, intentando conciliar el pasado liberal con el presente imperial.

Narrativamente, la obra se estructura como un extenso flashback que se origina ante el epitafio de la heroína en una abadía en ruinas en Oporto. La historia arranca con el regreso de Padilla antes de su derrota en Villalar, tras lo cual es ejecutado en presencia de su esposa e hijo. Este evento traumático motiva a María a tomar el mando de la resistencia, jurando venganza y convirtiéndose en el símbolo de las libertades oprimidas, aunque el relato subraya constantemente que su incursión en la política la conduce inevitablemente al fracaso y al destierro.

Existe una profunda paradoja discursiva en el tratamiento de la feminidad, oscilando entre la alabanza y el menosprecio. Por un lado, se ensalza el valor de María como heroína patriota, pero por otro, se feminiza la derrota de los comuneros frente al expansionismo masculino del Imperio. El filme sugiere que la transición de la mujer del ámbito privado (el hogar) al público (la política) desencadena consecuencias trágicas, reforzando la idea de la ineficacia femenina en los asuntos de Estado.

Cinematográficamente, el uso de la puesta en escena refuerza estas ideas morales; por ejemplo, el amor conyugal se representa mediante planos secuencia que muestran la compenetración del matrimonio, mientras que las escenas de seducción y engaño utilizan el campo/contracampo. El sufrimiento de la protagonista, capturado en primerísimos planos durante el ajusticiamiento de su marido, busca generar una identificación emocional en el espectador que trasciende el discurso puramente ideológico. Esta carga emotiva humaniza a la heroína frente a los personajes masculinos más rígidos y teatrales.

Pese a su ambición y al despliegue de escenografía de Sigfredo Burman, la película obtuvo una pobre calificación oficial, lo que representó un "tropezón" para la ya declinante Cifesa. No obstante, su importancia radica en ser un testimonio de la heterogeneidad ideológica del cine bajo el franquismo, donde convivían la tradición liberal y la retórica imperialista. Al final, María de Pacheco es castigada con el desprecio del pueblo por haber descuidado sus tareas patriarcales, como la maternidad, en favor de la política.

Conclusión crítica La leona de Castilla es un ejemplo fascinante de las tensiones insolubles entre el arte y la propaganda. La película intenta encorsetar una figura de liderazgo femenino dentro de un marco ideológico que la rechaza, creando una heroína contradictoria que es admirada por su patriotismo pero castigada por su autonomía. Esta dualidad refleja la incapacidad del régimen para resolver sus propias fisuras: la necesidad de movilizar a las mujeres como patriotas sin permitirles salir de la esfera doméstica. En última instancia, la fuerza interpretativa de Rivelles dota al personaje de una humanidad que desborda el mensaje moralista, dejando una obra que, más que un monolito ideológico, es un síntoma de las complejidades de género y poder de su tiempo.

Película estrenada en Madrid el 28 de mayo de 1951 en el cine Rialto.

Reparto: Amparo Rivelles, Virgilio Teixeira, Alfredo Mayo, Manuel Luna, Eduardo Fajardo, Rafael Romero Marchent, Jesús Tordesillas, Antonio Casas.

viernes, 21 de enero de 2022

Locura de amor (1948). Juan de Orduña

 

La pasión que siente la princesa Juana de Trastámara, hija de los Reyes Católicos y heredera del trono de Castilla, por su marido Felipe el Hermoso, soberano de los Países Bajos e hijo del emperador alemán Maximiliano I de Austria y de María de Borgoña, no es justamente correspondida. El archiduque prefiere las aventuras con otras mujeres, cosa que trastorna completamente Juana. Su locura se acentuará con la prematura muerte de su marido. Film basado en la obra teatral de Manuel Tamayo y Baus (1855).

No podemos resistirnos a citar unos párrafos de la Historia de España (1867) de Modesto Lafuente, que darían motivo a un célebre cuadro de Francisco Pradilla, imagen que recrea la película.

Componían la comitiva multitud de prelados, eclesiásticos, nobles y caballeros: seguía una larga procesión de gente á pié y de á caballo con hachas encendidas. Andábase solamente de noche, porque una mujer honesta, decía ella, después de haber perdido á su marido, que es su sol, debe huir de la luz del día. En los pueblos en que descansaban de día se le hacían los funerales, pero no permitía la Reina que entrara en el templo mujer alguna. La pasión de sus celos, origen de su trastorno mental, la mortificaba hasta en la tumba del que los había motivado en vida.

Refiérese que en una de estas jornadas, caminando de Torquemada a Hornillos, mandó la Reina colocar el féretro en un convento que creyó ser de frailes, mas como luego supiese que era de monjas, se mostró horrorizada y al punto ordenó que le sacaran de allí y le llevaran al campo. Allí hizo permanecer toda la comitiva á la intemperie, sufriendo el riguroso frío de la estación (diciembre de 1506) y apagando el viento las luces (Pedro Mártir de Anglería, epist. 339). De tiempo en tiempo hacía abrir la caja para certificarse de que no se lo habían robado. De esta manera anduvo aquella desgraciada Señora paseando de pueblo en pueblo en procesión funeral el cuerpo de su marido [...] .

El director, Orduña, ha sabido emplear, articular, ordenar con verdadera maestría todos los elementos por él elegidos, consiguiendo un concierto en ellos en el que no se escapa una nota. Así, el "film" sigue como una línea melódica , en la que nada desentona ni desafina. (Donald en ABC del 9 de octubre de 1948)

Juan de Orduña, fino director que ya con “Un drama nuevo” rompió los sellos del teatro romántico actualizándolo en el cine con singular acierto, ha mantenido intactas todas las líneas de perspectiva de la obra original, hasta el minino diálogo, limitando con ellas su labor de creación puramente cinematográfica a aquellas situaciones susceptibles de una descripción gráfica de gran estilo, que aprovecha en todos los órdenes de un modo impecable. (H. Sáenz Guerrero en La Vanguardia del 9 de octubre de 1948)

En Locura de amor ha logrado compaginar Orduña lo histórico con las esencias más puras de un cine moderno de primera calidad. (...)La dirección de Orduña ha sido tan pródiga en aciertos que ningún pero podemos poner a su extraordinaria labor. (Fernando Méndez-Leite en Historia del cine español)

Un film mítico que aunó el éxito popular con el dudoso prestigio cultural. Basado en un dramón histórico de Manuel Tamayo y Baus, supone un ejercicio de grandilocuencia: desde las interpretaciones hasta una envarada realización que refuerza su carácter de pretencioso cartón-piedra. Tiene un valor estrictamente arqueológico pero puede ser asumido con sentido del humor. (Fotogramas)

Un guión tremebundo y altisonante, realzado por una puesta en escena adecuadamente ampulosa, para una historia cuyo mayor encanto reside en su nada encubierta necrofilia. (Carlos Aguilar)  

Hay que valorar en su justa medida la interpretación que lleva a cabo Aurora Bautista de la reina y su locura. A pesar de que puede ser tildada de hiperactuación (el personaje, en este caso, lo requiere), resulta muy llamativa la semejanza del travelín en retroceso de la escena final, junto al lecho de muerte de su amado Felipe, con la gesticulación extravagante que llevaría a cabo dos años después Norma Desmond (Gloria Swanson) al bajar por la escalera de su mansión, filmada también con análogo movimiento de cámara, en El crepúsculo de los dioses (1950). Si los devaneos de la Swanson son hoy considerados geniales, no deberían serlo menos su precedente en Locura de amor. (Cinefilia Sant Miquel)

Ubicado bajo el signo de la desmesura, el film de Orduña traza un perfecto arco que va de la locura a la muerte pasando por un amor constante más allá de toda postrimería. Con una puesta en escena al servicio de una Aurora Bautista que subraya la magnitud gestual de sus ademanes y realza la teatralizante impostación de la voz, Locura de amor alcanza sus mejores logros en los momentos de estruendo y furor en que el personaje oscila entre lo sublime y lo ridículo... (Juan Miguel Company en Diccionario del cine español)

Film que, tras el ropaje historicista, articula la tragedia del deseo sin correspondencia, dando la medida del talento de Orduña para cristalizar una estética nacional-popular que integra desde la propia naturaleza legendaria de la obra de Tamayo y Baus (...) hasta la recreación de la pintura decimonónica de Pradilla... (José Luis Téllez en Diccionario del cine español)

Actualmente, ver Locura de amor tiene tres alicientes: el puramente arqueológico, destinado a los eruditos y estudiosos de la materia; el nostálgico, para los que la vieron en su momento y quieran recordar viejos tiempos; y el de la rechifla, para el personal joven que quiera partirse de risa con este dramón romántico y necrofílico, con este guión imposible de puro ampuloso, con esta visión “kitsch” de la historia del efímero reinado de la reina Juana de Castilla, al que daría vida una Aurora Bautista a la que, ciertamente, el papel le venía como anillo al dedo, aunque su engolamiento, perfecto para la época, sea hoy día tan chirriante. (Enrique Colmena en Criticalia)

Locura de amor sería el mayor éxito de público de la temporada y uno de los mayores de la década. La “españolidad” de este tipo de filmes era preferida por buena parte de una crítica que veía en la adaptación literaria histórica y no folclórica, el lugar donde el cine habría de redefinirse. El motivo de su indiscutible atractivo popular era una decidida voluntad melodramática, caracterizada por el protagonismo de la sufriente figura femenina. Construida como una monumental y literal sucesión de cuadros vivientes,Locura de amor busca dar vida no a los acontecimientos de la Historia con mayúscula, sino a los signos que han contribuido a construir la leyenda romántica, intemporal, de la historia de amorde Juana la Loca y Felipe el Hermoso. (Tai, Escuela Universitaria de Artes)

Película estrenada en Madrid en el cine Rialto el 8 de octubre de 1948; en Barcelona, el mismo día en el cine Windsor.

Reparto: Aurora Bautista, Fernando Rey, Sara Montiel, Jorge Mistral, Jesús Tordesillas, Manuel Luna, Juan Espantaleón, Ricardo Acero, María Cañete.


viernes, 6 de septiembre de 2019

Nobleza baturra (1935). Florián Rey


Ambientada en el Aragón de principios del siglo XX, narra la historia de María del Pilar (Imperio Argentina), una muchacha honesta, cuyo buen nombre se ve mancillado cuando un antiguo pretendiente rechazado, por despecho, acusa a María de haber mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. La calumnia pronto se extiende por toda la comarca.

Con Nobleza baturra Florián Rey nos ofrece una sucesión de imágenes bellísimas que, aisladas, ya bastarían para acreditarlo como verdadero artista. Pero, además, esas imágenes aparecen tan justamente engarzadas, que el film posee una absoluta unidad. El ciclo de fotografías de la siega y la trilla con que se inicia y termina, no sólo cuenta con la fineza de sus estampas, sino que vale por el símbolo de aquella unidad. Las escenas de la danza son difícilmente superables. Que nosotros sepamos, nunca ha sido tratada la jota, desde el punto de vista técnico, con tanta soltura. Mención especial merecen los escenarios—en los cuales nada se escatimó y la fotografía. (Alberto Gracián en La Vanguardia del 9 de octubre de 1935)

Con todo, Nobleza baturra es una buena película. No faltan en ella esos aciertos que nos prometía la solvencia de todos los que han contribuido a su reaparición en la pantalla; aunque no hayan podido llegar a la calidad que, sin duda, hubieran alcanzado con un escenario y unos diálogos más adictos a la cámara que al micrófono. (Antonio Barbero en ABC de 12 de octubre de 1935)

Una de las cotas más considerables del cine populista hispano, donde los conflictos sociales se abordan desde el puro paternalismo, pero también uno de los títulos con mayor interés sociológico y hasta cinematográfico de los que se rodaron durante los años treinta. Ha alcanzado la categoría de mito, y en esta perspectiva ha de contemplarse, aunque no por ello deban obviarse sus limitaciones. (Fotogramas)

Florián Rey dirigió este clásico del cine español que supuso uno de los grandes éxitos en taquilla de la época de la II República. Adapta la obra teatral de Joaquín Dicenta. Supuso una de las interpretaciones más recordadas de Imperio Argentina. Juan de Orduña dirigió una nueva versión en 1965. (Decine21)

Técnicamente no es una película maravillosa ni mucho menos, sin embargo es un buen retrato de la vida rural del Aragón de esa época. Algunas escenas mas bien parecen sacadas de un documental con abundantes escenas joteras. Además, el hecho de que estén todo el tiempo llamándose maños y mañas los unos a los otros y el acentazo baturro que tienen los actores me parece demasiado divertido. (My Blueberry Films)

En cuanto a la dirección Florián Rey da muestras de una soltura cada vez mayor, superando los escoyos técnicos del primitivo sistema de sonido, dotando al filme de una plástica y continuidad excelentes, ofreciendo una pequeña joya costumbrista llena de encanto. Sorprendieron especialmente los planos con que se abre la película que, como señala el escritor Terenci Moix en su libro "Suspiros de España", hicieron exclamar al crítico de Cinegramas "¿Murnau? ¿King Vidor? Sencillamente... Florián Rey". El filme sin embargo se resiente de su componente ideológico, la parte que peor ha envejecido y el excesivo y obligado papel de la iglesia como mediador en la resolución del asunto, lo que hace que diversos críticos hayan etiquetado a este título como una de las producciones más reaccionarias de Cifesa. Estas consideraciones no empañan la calidad de la cinta y probablemente no se encontraban entre las principales inquietudes de su realizador, más interesado en mostrar la vida y costumbres aragonesas, no exentas, eso sí, de cierto tipismo y caricatura. (Viento de coplas)

Yo en Nobleza baturra veo un documental minucioso y exhaustivo de la España rural de la década de los años 30 del pasado Siglo XX, y mucho más en concreto de la cultura y particular idiosincrasia aragonesa (¿existe otra película en la historia que se repita más veces la palabra “maño” y “maña”?). Por esa parte me encanta la película, ya que es un documento vivo de una parte de nuestra historia. De esta manera podremos disfrutar de la típica película folclórica repleta de emoción, gracia, sencillez, ternura, música y sentimentalismo (rodado todo de forma correcta y convencional por Florián Rey); y por otro lado hacer un repaso y empaparnos de una lección de historia mucho más visual y directa de la que nos puedan enseñar los libros acerca de esa época. (El despotricador cinéfilo)

Película estrenada en Barcelona el 8 de octubre de 1935 en el Cine Cataluña y en Madrid el 11 de octubre de 1935 en el Cine Rialto.

Reparto: Imperio Argentina, Juan de Orduña, Manuel Luna, Juan Espantaleón, Miguel Ligero, Pepe Calle, Pilar Muñoz.