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jueves, 29 de octubre de 2026

Ivanhoe (1952). Richard Thorpe

Cuando Metro-Goldwyn-Mayer estrenó Ivanhoe en 1952, apostó por una de las novelas más influyentes del siglo XIX. Walter Scott había publicado la obra en 1819 y, con ella, había fijado buena parte de la imagen popular de la Edad Media: torneos, castillos asediados, forajidos nobles y un rey regresado de las cruzadas. El estudio, dirigido en lo productivo por Pandro S. Berman, decidió rodar en Technicolor y en escenarios británicos, con un presupuesto generoso y un reparto de primera fila. La película no pretendía ser un tratado histórico, sino una superproducción de aventuras capaz de llenar salas, y en ese objetivo tuvo un éxito notable.

La Historia y la Leyenda mezcladas es lo que se brinda con los escenarios adecuados, los personajes con sus rasgos novelescos y un bello colorido en todo momento. Y los fabulosos lances de “Ivanhoe” divierten e interesan. (Donald en ABC del 4 de abril de 1953)

La dirección recayó en Richard Thorpe, un cineasta eficaz y rápido, formado en la disciplina del sistema de estudios. Su filmografía incluye westerns, películas de Tarzán, musicales y otras aventuras históricas, como El prisionero de Zenda (1952) o Los caballeros del rey Arturo (1953). No fue un autor de firma reconocible, y la crítica posterior lo ha tratado con cierta condescendencia. Sin embargo, Ivanhoe demuestra su principal virtud: un pulso narrativo claro, un sentido práctico del ritmo y una enorme capacidad para organizar secuencias de acción con numerosos figurantes sin perder legibilidad.

Robert Taylor interpreta a Wilfred de Ivanhoe con la gravedad algo rígida del galán clásico de la MGM, más sólido que carismático. Le rodean actores que, en muchos casos, resultan más interesantes que el protagonista. George Sanders compone un Brian de Bois-Guilbert elegante, cínico y atormentado, que roba escenas con una naturalidad envidiable. Elizabeth Taylor, muy joven, da a Rebeca una dignidad serena, y Joan Fontaine encarna a una Rowena correcta aunque menos favorecida por el guion. Emlyn Williams como Wamba, Finlay Currie como Cedric y Felix Aylmer como Isaac de York completan un conjunto de buen nivel.

Los guionistas, entre ellos Noel Langley y Æneas MacKenzie, tuvieron que condensar una novela larga, digresiva y llena de subtramas. El resultado simplifica mucho: se refuerza la línea del rescate del rey Ricardo y del pago de su rescate, y se concentra la acción en unos pocos escenarios clave, como el torneo de Ashby y el asedio del castillo de Torquilstone. Se pierde, a cambio, buena parte de la complejidad política y cultural del libro, así como el tono irónico de Scott. Aun así, la estructura dramática funciona: la trama avanza con claridad y la sucesión de episodios mantiene el interés.

Uno de los aspectos más relevantes de la película es el tratamiento de Isaac de York y su hija Rebeca. La novela de Scott ya convertía el antisemitismo de la Inglaterra medieval en un tema central, y la cinta, estrenada pocos años después del Holocausto, conserva esa dimensión, con escenas de humillación y persecución que no se esquivan del todo. El trato es, sin embargo, prudente y edulcorado en comparación con el libro, y el gesto final de Rebeca, que acepta su destino con dignidad, resulta más convencional que trágico. Aun con esas limitaciones, el personaje conserva una fuerza notable y es, probablemente, el más memorable del film.

El apartado técnico es uno de los grandes valores de la película. La fotografía en Technicolor, firmada por Freddie Young, ofrece colores saturados y composiciones de gran claridad, aprovechando castillos reales y decorados cuidadosamente construidos. La partitura de Miklós Rózsa aporta solemnidad y brío, con un tono heroico y modal que evoca lo medieval sin caer en la imitación arqueológica. Las secuencias de combate, en especial el torneo y el asedio, están rodadas con vigor y buena geografía espacial, y la película obtuvo tres nominaciones al Óscar: mejor película, mejor fotografía en color y mejor banda sonora.

El público respondió con entusiasmo y Ivanhoe fue uno de los grandes éxitos de la MGM en aquellos años, lo que ayudó a consolidar un ciclo de aventuras históricas que el estudio explotó durante toda la década. Con el tiempo, la película quedó asociada a una forma de cine de evasión que hoy se mira con nostalgia, pero también con cierto distanciamiento. Su visión idealizada de la caballería, de la lealtad monárquica y de la reconciliación entre sajones y normandos responde más al espíritu de los años cincuenta que al de la Edad Media. Como documento de su época es valiosa, y como entretenimiento todavía conserva su atractivo.

Ivanhoe es una película sólidamente construida, vistosa y entretenida, pero también limitada por las convenciones del estudio que la produjo. Sus mayores aciertos son la ejecución técnica, la música de Rózsa, el trabajo de George Sanders y la dignidad que Elizabeth Taylor otorga a Rebeca. Sus debilidades son un protagonista algo inexpresivo, una simplificación excesiva de la novela y una tendencia a suavizar precisamente aquello que Scott planteaba con más hondura: el conflicto entre comunidades, la injusticia y la ambigüedad moral de los poderosos. Para quien llegue desde el libro, la cinta resultará una versión amable y reducida; para quien busque aventura clásica bien hecha, seguirá siendo un ejemplo notable de lo que Hollywood sabía hacer en su época dorada. Su verdadero mérito no es la fidelidad, sino haber convertido una novela decimonónica en un espectáculo que aún se deja ver con placer.

Película estrenada en Madrid el 4 de abril de 1953 en el cine Capitol.

Reparto: Robert Taylor, Elizabeth Taylor, Joan Fontaine, George Sanders, Emlyn Williams, Finlay Currie, Guy Rolfe, Robert Douglas.

jueves, 7 de enero de 2021

Beau Brummell (1954). Curtis Bernhardt


El capitán George Bryan Brummell (Stewart Granger) es un soldado británico que aprecia la ropa fina y la vestimenta innovadora. Aunque al principio se burla del Príncipe de Gales (Peter Ustinov) con comentarios insultantes sobre los diseños del uniforme del príncipe, finalmente se convierte en su confidente más cercano. Brummell también se enamora de la hermosa Lady Patricia Belham (Elizabeth Taylor). Sin embargo, su franqueza finalmente lo lleva al exilio a Francia.

El propósito  de lograr  una obra  de ambiente se cumple,  pero  que  hay algo más en el  relato  que presenciamos: las  escenas  finales  cobran  verdadera intensidad  dramática que  se comunica  al espectador,  quizá  por la magnífica  interpretación de Stewart Granger en  esos pasajes,  la  mejor de cuantas  conocemos del actor,  y  de  Peter   Ustinov,  que hace en toda  la película una labor admirable.Se ha tenido en el guión de la cinta la habilidad de  resaltar  la  figura del "dandy",  de idealizarla  sin exagerarla   demasiado y de no tergiversarla  en sus rasgos esenciales.  Al diálogo  se le ha  dotado de agudeza  y se han tomado frases  auténticas  del personaje. Por  otra  parte,  los escenarios,  muestran el buen  gusto  del realizador,  que ha sabido  elegirlos,  disponerlos  y  animarlos. En efecto, la  evocación  es convincente  y así tenemos la  impresión  de vivir  un trozo de la  vida  de la  época  en Inglaterra;  que es donde casi  toda  la acción  se desarrolla. (Donald en ABC del 21 de diciembre de 1955)

Los intérpretes, el colorido, la espectacularidad y la excelente realización de Curtis Bernhardt, piezas todas éstas, incluido el propio argumento, de un mecanismo cinematográfico y dramático perfecto, de una precisión exquisita e infalible. Nada, pues, se ha escapado al cálculo de los efectos pretendidos para cuya consecución se han empleado los mejores y más lucidos recursos del cinema norteamericano, ora en la suntuosa gracia de los escenarios, ora en el movimiento y la armonía de los exteriores, ora en el seguro pulso de los fugaces detalles que resumen tantas palabras. Se trata, así, de una encuadernación de lujo inimitable que ha sido capaz por su sola riqueza de valorar su hondo contenido. (…) Por si todo ello fuera poco, Beau Brummell ofrece un doblaje técnica y literariamente impecable y una excelente música de Richard Addinsell, tal vez la mejor partitura cinematográfica de estos últimos tiempos. (Horacio Saenz Guerrero en La Vanguardia del 23 de diciembre de 1955)

De todas las influencias de la moda masculina creadas durante el siglo XIX, ninguna se comparó con los destellos de inspiración establecidos por George Bryan Brummell. Esta película titulada "Beau Brummell" es una mirada superficial al hombre y sus declaraciones sobre la vida y la moda. Nacido en Londres, educado en Eton y durante un tiempo amigo íntimo del rey Jorge IV, Brummell se codeó con los ricos y poderosos, a pesar de que, lamentablemente, tampoco lo era. Stewart Granger interpreta a Beau Brummell con una actitud despreocupada pero superior y con el estilo engreído del prometedor hombre mundano. Aunque, no en su vida real, Elizabeth Taylor interpreta a Lady Patricia Belham, una mujer de cultura, crianza y estatura social, que sigue siendo tan esquiva como las aspiraciones financieras de Brummell. Peter Ustinov interpreta al Príncipe de Gales y futuro Rey de Inglaterra con un estilo y una facilidad convincentes. Robert Morley, James Donald y James Hayter como Mortimer se suman al excelente elenco al igual que Noel Willman, que interpreta a Lord Byron. Como resultado, esta película puede no reflejar la verdad exacta del gran dandy de Inglaterra, pero establece el escenario real al que estaba acostumbrado el verdadero Beau Brummell. Una excelente adaptación recomendada a todos los que deseen estudiar al hombre, los tiempos y las increíbles influencias que tuvo en su día. (Internet Movie Database)

La película es hermosa, y esa es la única palabra: hermosa en los escenarios, en el vestuario y en la fotografía. Fue producida en Inglaterra, de modo que cosas como los húsares en desfile, el mobiliario de palacios y mansiones y una secuencia de una caza del zorro tienen una riqueza poco común, un sello genuino. Pero principalmente es en el gusto y el ingenio del diseño, en las exquisitas combinaciones de colores y en los suaves efectos logrados mediante el uso superlativo de la cámara que "Beau Brummell" se convierte en una película encantadora. Puede haber un ligero movimiento de vergüenza cuando se vea en el Royal Command Performance en Londres el próximo mes, pero nadie podrá decir con justicia que no ha visto un espectáculo atractivo y brillante. (Bosley Crowther en The New York Times del 21 de octubre de 1954)

Drama elegante y lujoso que se acerca un poco más a la historia real que la mayoría de las películas históricas de la época. Con hermosos trajes, Elizabeth Taylor está deslumbrante y el elenco incluye a una asombrosamente joven Rosemary Harris. Granger está bien como protagonista, pero la mejor actuación proviene de Peter Ustinov. (Rotten Tomatoes)

Película estrenada en Madrid el 19 de diciembre de 1955 en el cine Avenida; estrenada en Barcelona el 22 de diciembre de 1955 en los cines Aristos y Niza.

Reparto: Stewart Granger, Elizabeth Taylor, Peter Ustinov, Robert Morley, James Donald, James Hayter, Rosemary Harris, Paul Rogers, Noel Willman.