lunes, 13 de abril de 2026

Misterio en la isla de los monstruos (1981). Juan Piquer Simón

Misterio en la isla de los monstruos (1981), dirigida por el cineasta valenciano Juan Piquer Simón, representa uno de los intentos más ambiciosos de la industria española por crear un cine de aventuras de exportación internacional a principios de los ochenta. La cinta es una adaptación muy libre de la novela Escuela de Robinsones de Julio Verne, autor que fue una referencia constante en la filmografía del director. A pesar de ser vilipendiada por sectores de la crítica oficial, la película se ha consolidado como una obra de culto dentro del cine fantástico y de "Serie B" hecho en España.

“Misterio en la isla de los monstruos” sorprenderá gratamente a los papás, que forzados por las circunstancias, se vean en la obligación de visionarla en compañía de sus retoños. Ingenua, divertida, tierna, ausente de cualquier pretensión, contiene hallazgos de lo más gratificante... (Interino en ABC del 11 de abril de 1981)

Con un presupuesto inusual para la época de unos 80 millones de pesetas, la producción apostó por un reparto de resonancia global que incluía a Peter Cushing y Terence Stamp, junto a figuras nacionales como Ana Obregón y el icono del terror Paul Naschy. El rodaje se extendió por localizaciones tan diversas como las playas de Asturias (especialmente la de San Cristóbal), el Monasterio de Piedra en Zaragoza, las Islas Canarias y Puerto Rico, buscando dotar a la cinta de una factura visual espectacular y exótica.

La trama sigue a Jeff Morgan (interpretado por Ian Sera), un joven que desea vivir aventuras antes de casarse con su prometida Meg/Phina (Ana Obregón). Su tío, el millonario William Kolderup (Peter Cushing), accede a enviarle en un viaje por el Pacífico escoltado por el profesor Thomas Artelect. Tras un supuesto ataque de criaturas marinas y un naufragio, Jeff y el profesor terminan atrapados en una isla que parece estar habitada por monstruos prehistóricos y caníbales.

El desarrollo de la historia sigue una estructura capitular similar a la de las novelas de aventuras, donde los protagonistas encuentran providencialmente un baúl con suministros y se enfrentan a diversos peligros. Sin embargo, el guion guarda un giro final que redefine toda la experiencia: se revela que el naufragio y los monstruos fueron un montaje teatral orquestado por el tío Kolderup para satisfacer las ansias de peligro de su sobrino en un entorno controlado. El conflicto se vuelve real cuando aparecen auténticos piratas liderados por el villano Taskinar (Terence Stamp), quienes buscan un tesoro oculto.

Técnicamente, la película destaca por sus efectos especiales artesanales, diseñados por el propio Piquer Simón y especialistas como Emilio Ruiz del Río, famoso por sus miniaturas y maquetas. Aunque las criaturas de goma y las perspectivas forzadas pueden resultar ingenuas hoy en día, en su momento representaron un esfuerzo de "economía de recursos" y ambición visual notable. La banda sonora, a cargo de Alfonso Agullo y con una canción interpretada por el grupo infantil Regaliz, refuerza el tono familiar y ligero de la propuesta.

Uno de los mayores aciertos del filme es la actuación de David Hatton como el profesor Artelect. Su magnetismo y su vis cómica, potenciada por el doblaje de Rafael de Penagos, lo convierten a menudo en el verdadero protagonista de la función frente al perfil más soso del héroe juvenil. Hatton logra un equilibrio difícil entre lo histriónico y lo entrañable, aportando una profundidad cómica que sostiene el ritmo de la película incluso en sus momentos más absurdos.

Finalmente, la película debe entenderse dentro del contexto del audiovisual postmoderno valenciano y la trayectoria de un director que, como un "francotirador" del cine, intentó competir con los modelos estéticos de Hollywood desde la modestia industrial. Piquer Simón logró crear una fantasía que, aunque imperfecta, rebosaba del imaginario de Verne y buscaba entretener sin complejos al público adolescente.

Misterio en la isla de los monstruos es una pieza que debe ser "saboreada" por su encanto artesanal y su falta de pretensiones. Si se analiza bajo estándares técnicos modernos, la película puede parecer mediocre debido a sus efectos especiales ingenuos y una trama que algunos califican de "mamarrachada". No obstante, su valor reside en la valentía temeraria de su creador para acometer proyectos internacionales y en su capacidad para generar una nostalgia genuina. Es una joya de la Serie B española que compensa sus carencias con un ritmo trepidante y un giro de guion que, en su inocencia, resulta sumamente divertido y original.

Película estrenada en Madrid el 3 de abril de 1981 en el cine Roxy A.

Reparto: Terence Stamp, Peter Cushing, Ian Sera, David Hatton, Gasphar Ipua, Blanca Estrada, Ana Obregón, Frank Braña, Paul Naschy.

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