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martes, 12 de julio de 2022

Érase una vez en Hollywood (Once Upon a Time in Hollywood, 2019). Quentin Tarantino

                                                  


Hollywood, años 60. La estrella de un western televisivo, Rick Dalton (DiCaprio), intenta amoldarse a los cambios del medio al mismo tiempo que su doble (Pitt). La vida de Dalton está ligada completamente a Hollywood, y es vecino de la joven y prometedora actriz y modelo Sharon Tate (Robbie) que acaba de casarse con el prestigioso director Roman Polanski.

Una historia tradicional de amistad viril, casi westerniana: DiCaprio y Pitt cabalgando juntos sobre cuatro ruedas en un paisaje fílmico que es idiosincrásicamente hollywoodiense e intrínseca, torrencialmente tarantiniano. Amor enfebrecido por las imágenes (puras, clásicas, sin infección digital), humor de diversa graduación, violencia feroz, rock a granel, ritmo vigoroso pero nunca acelerado y digresiones de toda índole: los diálogos entre DiCaprio y una niña que participa en un episodio de su serie, Sharon Tate contemplándose luminosa en una proyección pública de La mansión de los siete placeres o la jocosa pelea entre Pitt y Bruce Lee son algunas de esas escenas que marcan a fuego la filmografía de un gigante. Sales de ver Érase una vez en... Hollywood rebosante de felicidad y lamentando únicamente una cosa: que no dure una hora más. No hay elogio mayor. (Jordi Batlle Caminal en La Vanguardia del 15 de agosto de 2019)

La película es radiante, chisposa (el momento Bruce Lee), pero también sórdida y maléfica (la visita al rancho Spahn, de Manson), y musical, potente, divertida y violenta, y contiene uno de esos giros postales al pasado, o a «lo pasado», que revientan de ingenio, músculo creativo y desvergüenza, pero en el mejor sentido de la palabra, de la intención. Ojalá la realidad, la vida, tuviera un demiurgo como lo tiene esta fascinante y fascinada película. (Oti Rodríguez Marchante en ABC del 16 de agosto de 2019)

Si en Los odiosos ocho (2015) uno podía tener la impresión de que Tarantino se embriagaba en exceso con la sonoridad envolvente de sus alambicados diálogos, aquí emerge otro cineasta (que es el mismo, pero más maduro y depurado, sin perder un ápice de su voluntad de juego). Confiarlo todo a la imagen, mirada, silencio y gesto como en la escena de Sharon Tate en el cine demuestra una contundente firmeza en este nuevo registro, en el que también se introduce una luminosa iconoclastia (el tratamiento de Bruce Lee) y se afina un sentido lúdico de la narración que logra cimas como la del encadenado de flashbacks mientras un personaje arregla una antena de televisión. Auténtico trabajo de amor (cinéfilo), Érase una vez… en Hollywood es una obra mayor, inagotable, esplendorosa. (Jordi Costa en El País del 16 de agosto de 2019)

En esta preciosa elegía dedicada a la amistad masculina –entre un Leonardo DiCaprio y un Brad Pitt cuya química supera expectativas– hay pocas secuencias climáticas. No hay muchos cineastas que sepan definir a un personaje mientras lo filman conduciendo o dando de comer al perro, sin otro objetivo que pasar un rato con él, y acompañarlo antes de que protagonice una set piece diseñada con el metrónomo en la mano. No hay, tampoco, muchas películas en las que uno se quedaría a vivir, por mucho que la familia Manson estuviera merodeando por los alrededores. Y esta es una de ellas. (Sergi Sánchez en Fotogramas)

En Cannes salimos todos de la sala dando tumbos, balbuceando, sin saber bien a qué aferrarnos. Había quien la odiaba. Había quien decía que era un Tarantino menor. Había quien no la había entendido. Había quien lleva su tristeza por mochila. Había quien había disfrutado en parte, o mejor dicho, por partes. Y luego estábamos los que lo habíamos pasado como si fuera una de las mejores orgías cinéfilas nunca vistas. Probablemente dicho entusiasmo madure y se asiente en un segundo revisionado pasado el huracán cannoise (algo habitual). Pero, hoy por hoy, déjenme decirles que ésta película es una absoluta obra maestra. (Alejandro G. Calvo en Sensacine)

Emocionantemente desenfrenada pero sólidamente elaborada, Érase una vez en Hollywood modera los impulsos provocativos de Tarantino con la claridad de la visión de un cineasta maduro. (Rotten Tomatoes)

Un paseo lento e indulgente por un pasado gloriosamente recreado, plácidamente hipnotizado por su propia nostalgia luminosa y de ritmo majestuoso. (Adam Nayman en Sight and Sound)

Como cabría esperar de las películas anteriores de Tarantino, ésta es violenta y tierna, además de terriblemente divertida. Sin embargo, este virtuoso ejemplo de narración también ofrece una intrincada reflexión sobre la omnipresencia de la violencia en la cultura popular. (Joe Morgenstern en Wall Street Journal)

Tarantino es un omnívoro de la cultura popular; no tiene necesidad de probarlo de nuevo. Esta película revela ambición pero se ahoga en el exceso. Érase una vez... en Hollywood es sólo un elaborado relleno de tiempo. (Leonard Maltin)

Tarantino ha creado una oda elegíaca a una época que solo ha experimentado a través de libros y películas. (Brian Tallerico en RogerEbert.com)

La fantasía estelar de Tarantino vincula la violencia de Hollywood y la época de Manson en el mejor y más explosivo cine que hemos visto en todo el año. Puedes sentir el loco amor de Tarantino por las películas en todo su deslumbramiento irrespetuoso y su arte subversivo en cada toma. (Peter Travers en Rolling Stone)

Un film que se encuentra en la extrema madurez del trabajo de Tarantino, combinando su narración irónica con un arte cinematográfico exquisito y actuaciones demoledoras de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio. (Dave Calhoun en Time Out)

Que Tarantino se imagine a sus nerds molones salvando su mundo de fantasía, bien, pero que aparezca como el salvador del cine americano cuando cada vez tiene menos que decir, nos deja más que perplejos. (Joachim Lepastier en Cahiers du Cinéma)

No es la gran obra testamentaria que su título presagiaba, sino una película desigual, ligera, melancólica y a veces intensamente disfrutable. (Yann Tobin en Positif)

Una oda a Los Ángeles recreada en su esplendor vintage con infinito amor, sin recurrir a trucos digitales, salpicada de letreros y luces de neón en las fachadas de restaurantes y cines no necesariamente míticos [...], que Tarantino se complace en ver encenderse al anochecer, como tantos restos arqueológicos de esta ciudad que nació de la nada en un trozo de desierto poco después del final de la fiebre del oro. (Clélia Cohen en Libération)

Por eso, cuando las puertas de la villa se abren al amanecer, no debe haber revisionismo, ni consuelo, sólo la dolorosa evocación de lo que no es, de lo que ya no es, de lo que no fue. Una elegía. El sueño de una noche de verano, que deja un rastro de tristes arrepentimientos en el momento en que te despiertas. No, de verdad, no es un Tarantino como los demás. Y no, no estamos aquí para reírnos. (Guillaume Bonnet en Premiére)

Película estrenada en España el 15 de agosto de 2019.

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Kurt Russell, Dakota Fanning, Damon Herriman.



jueves, 21 de enero de 2021

Ocean's Eleven (2001). Steven Soderbergh


Danny Ocean es un carismático ladrón que, tan sólo 24 horas después de cumplir una larga condena en prisión, ya está planeando su próximo delito. Su objetivo: realizar el mayor atraco de casinos de la historia. Para ello formará un equipo de once hombres, cada uno de ellos el mejor en su campo. Sin embargo surgirá un problema inesperado: el dueño de los locales, Terry Benedict, está saliendo con Tess, su exmujer.

El buenísimo guionista Ted Griffin pone en bandeja a Soderbergh una pera en dulce que éste convierte en un despliegue de preciosa mecánica cinematográfica. El resultado es una película desalmada en sentido literal, un filme sin alma, una fría ecuación visual que va al grano -cada toma es una cosa; cada plano, un hecho; cada escena, un suceso; cada secuencia, un filme dentro del filme- con pasmosa y despiadada exactitud, además de con una funcionalidad sin fisuras, que se percibe en el encaje milimétrico, sin la menor holgura entre pieza y pieza, del aparatoso puzzle argumental, un juego, o una jugarreta, de intriga y de acción que no tiene rellanos ni desperdicios, y que se respira de una vez, de un trago. (...) Un alarde de montaje de alta precisión analítica, que teje y enlaza un complicado, pero transparente, tejido de acciones paralelas que saltan sobre gozosas detenciones en guindas cinéfilas de la enjundia de El golpe, Rififí y el primer gran mecano de Misión: imposible. Y se recupera el limpio gozo de jugar al cine y volar sobre los lomos de la oscura quietud de una butaca. (Ángel Fernández-Santos en El País del 18 de enero de 2002)

Un decoroso y ocasionalmente inspirado ejercicio de cine comercial, dotado de humor y suspense, con actores estrellas realmente espléndidos (Lluís Bonet Mojica en La Vanguardia del 20 de enero de 2002)

No nos llamemos a engaño: lo verdaderamente importante de esta divertida y entretenidísima película es la memorable galería de los once personajes que perpetran el robo —desde un contorsionista oriental, hasta un carterista sacado del metro o un egregio timador convertido en magnate ruso— y sus relaciones, que están enmarcados en una narración tan ágil que no permite ni un segundo de distracción. (Federico Casado en ABC Sevilla del 21 de enero de 2002) 

En el fondo, parece que a Soderbergh le interesa poco la historia de estos ladrones y él prefiere centrarse en filmar los casinos, esos monumentos del derroche capitalista llenos de colores chillones, luces de neón y jugadores compulsivos. Por eso, su guión va saltando de una escena a otra sin mucha convicción. El recuerdo de los acontecimientos se borra rápido de la memoria, quedando solo las magníficas imágenes filmadas por Soderbergh, más cerca de un anuncio de tendencias que de una película. (MIguel Blanco en Sensacine)

Lejos de la mafiosa endogamia del original, la película de Soderbergh prefiere dispersar sus afectos por un reparto excepcional, que funciona a la vez como bonito conjunto decorativo y como eficaz intérprete coral. Es cierto que en el retrato de grupo se pierde la chispa individual "hay personajes que ni siquiera existen, son únicamente pretextos argumentales: a saber, Julia Roberts", pero la química del azar los cruza y los separa con la astucia narrativa de "Traffic". Es cierto, también, que la aproximación de Soderbergh al thriller setentero está tan obcecada en alejarse de la vulgaridad que toma demasiada distancia, que congela la identificación del público con los personajes. En ese sentido, si hay algo de qué acusar a "Ocean's Eleven" es de ser excesivamente fría y premeditada. Por poner un ejemplo ludópata, esta película debería haberse parecido más a una timba de póquer que a una partida de ajedrez. (Fotogramas)

Tan rápida, ingeniosa y entretenida como repleta de estrellas y con un estilo fresco, Ocean's Eleven ofrece una ración bien sazonada de entretenimiento de palomitas de maíz. (Rotten Tomatoes)

Una broma para todos los interesados, incluida la audiencia. (Todd McCarthy en Variety)

No me conmovió y no me involucré mucho, pero me gustó como un ejercicio para cinco dedos. (Roger Ebert)

Un juego divertido y cuidadosamente elaborado. (Rita Kempley en Washington Post)

Todo está bien engrasado y, si no tienes mucho cuidado con las increíbles libertades que se permite el guión, puedes disfrutarla. (Didier Péron en Libération)

Al contrario de lo que cabría esperar, Ocean's Eleven, como "película coral", no esconde sorpresas, mientras que los interludios románticos son formidables (...). De hecho, es en la comedia romántica donde Soderbergh es más convincente aquí. (Olivier Père en Les Inrockuptibles)

Película estrenada en España el 18 de enero de 2002.

Reparto: George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Matt Damon, Andy García, Don Cheadle, Casey Affleck, Scott Caan.


viernes, 1 de mayo de 2020

Babel (2006). Alejandro González Iñárritu


Ambientada en Marruecos, Túnez, México y Japón. Armados con un Winchester, dos muchachos marroquíes salen en busca del rebaño de cabras de la familia. En medio del silencio del desierto, deciden probar el rifle, sin conocer el alcance de la bala. En un instante, entran en colisión las vidas de cuatro grupos de personas que viven en tres continentes distintos.

«Babel» es una película cuajada en sus momentos de aislamiento, extrañamiento: el idioma común con los turistas de su autobús no le es tan útil a Brad Pitt para hacerse entender como la expresión gestual de sus sentimientos a los habitantes de ese pueblo marroquí... O la imposibilidad de conexión entre Gael García Bernal con ese policía de frontera: tienen un código, un lenguaje común, pero sus líneas de comunicación están cortadas... Y al fin estamos dentro de una película despeñada, contada entre hipos de tiempo y de llanto, y tan elocuente con nuestro autismo. (E. Rodríguez Marchante en ABC del 29 de diciembre de 2006)

Babel afronta el tema de la incomunicación global en tiempos donde todo parece encontrarse en la pantalla del ordenador, aunque nadie escuche al otro cuando le habla. También del dolor que puede hermanar cuando nos enfrentamos a una situación límite, sea cual sea nuestro idioma, color o clase social. (Lluís Bonet Mojica en La Vanguardia del 31 de diciembre de 2006)

"Un retrato del estado del mundo, una portentosa historia que quizá se estudie dentro de 50 años como muestra de la psicosis que acechaba a las civilizaciones en un tiempo cargado de pesimismo." (Javier Ocaña en El País)
 
El tremendismo al que tiende González Iñárritu se compensa en "Babel" con la sensualidad de una puesta en escena que nos obliga a implicarnos en las desgracias ajenas como si fueran propias. De ahí que, también gracias a la fuerza de un puñado de estrellas maltratadas por las historias que protagonizan (Brad Pitt, Cate Blanchett y Gael García Bernal están espléndidos mientras sufren), la película logre transformarse en una experiencia intensa y apasionante para el espectador. (Sergi Sánchez en Fotogramas)

Una película tan pretenciosa como su propio punto de partida, tan irritante como el mismo director a la hora de demostrar su prepotencia filmando escenas a las que intenta dotar de una falsa trascendencia de forma continua, y que lo único que consigue es ocultar en realidad un aterrador vacío. (Virginia Montes en Sensacine)

En Babel, no hay villanos, sólo víctimas del destino y las circunstancias. El director Alejandro González Iñarritu teje cuatro de sus lamentables historias en esta película madura y multidimensional. (Rotten Tomatoes)

Los autores del film no parecen entender o preocuparse mucho por estas personas, pero las usan para descargar ideas sobre violencia, comunicación y malentendidos tribales, comerciando con el sufrimiento mientras apuntan a la sabiduría cósmica. (Jonathan Rosenbaum)

El aterrorizar a dos grupos de niños separados por un continente puede sorprender a algunos espectadores, y a este espectador le parece indebidamente manipulador. (Andrew Sarris)

Iñárritu entrelaza sonidos e imágenes irreconciliables para acentuar la fragmentación del mundo actual, donde la transmisión instantánea de información de un punto a otro en el globo es inversamente proporcional a la proximidad entre los seres. (Franck Garbarz en Positif)

Lo más llamativo es, sin duda, que a Babel no le interesa nada más que su propia aberración: eso irrisorio que consiste en mostrar las repercusiones en todos los puntos del globo de un evento insignificante, sin traicionar los husos horarios. (Antoine Thirion en Cahiers du Cinéma)

Película estrenada en España el 29 de diciembre de 2006.

Reparto: Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Kôji Yakusho, Elle Fanning, Rinko Kikuchi, Adriana Barraza.