El teniente de policía Leonard Diamond (Cornel Wilde) persigue al jefe de una organización criminal, llamado Brown (Richard Conte). La amante actual del gángster, Susan Lowell (Jean Wallace), acaba de intentar suicidarse. Al interrogarla en el hospital, le pone en la pista de una tal Alice, nombre que Brown habría escrito una vez ante ella, sobre el vaho de un cristal. Diamond averigua que la mujer de Brown, desaparecida desde hace siete años, se llamaba precisamente a Alice. Mientras se siente atraído por Susan, el teniente encuentra la pista de Nils Dreyer, un comerciante de antigüedades que parece tener una prueba decisiva contra Brown y que muere poco tiempo después de la visita de Diamond a su almacén.
La ambientación es buena, como casi siempre suele serlo en
los empeños cinematográficos del genero que se realizan en Norteamérica, pero
nada hallamos de original en la trama ni en su desarrollo, y los tipos que se
brindan son los mismos que hemos visto desfilar por las pantalles tantas y
tantas veces. Eso no quiere decir que el relato (...) no entretenga. Quiere
decirse que la intriga está llevada con habilidad... (Donald en ABC del 29 de
noviembre de 1955)
No parece que Hollywood haya perdido su buen pulso de
siempre, a juzgar por este «Agente especial», primo hermano de «La calle sin
nombre» y de «Forajidos», lo cual no es parentesco despreciable. La película,
en efecto, aparece realizada con la mejor precisión, con ese absoluto rigor matemático
que despeja limpiamente todas las incógnitas de la emoción y de la angustia
valiéndose de la perfecta elaboración ambiental, de la magistral continuidad,
de los golpes de efecto, deslumbradores como fogonazos, de la autenticidad de los
personajes, pese a llevar encima tanto lastre convencional, y de la fluidez
constante de una anécdota para cuya más elevada tensión no se han dejado de
utilizar los típicos y siempre efectivos recursos de violencia y brutalidad.
(La Vanguardia del 9 de febrero de 1956)
Excelente thriller de serie B que en su momento pasó totalmente desapercibido pero que en los últimos tiempos se ha revalorizado, al igual que una gran parte de la obra de su director. Desarrolla una historia bastante convencional que va adquiriendo entidad gracias a una rigurosa composición, que le confiere un notable sentido de la tensión. (Fotogramas)
The Big Combo (...) no es una película grande ni buena. Incluso con el "combo" de un elenco capaz, encabezado por Cornel Wilde y Richard Conte, y el núcleo de una trama atractiva, el resultado es un melodrama criminal estridente, torpe y bastante anticuado con todas los elementos tirando hacia direcciones opuestas. (...) Poco de los personajes, menos aún los tres principales, junto con algunos incidentes clave suena a verdad. Y toda la película, a pesar de los frenéticos intentos de realismo, está amañada cuidadosa y expansivamente con brutalidad y violencia (seis cadáveres, para que conste). La mayoría de las tácticas empleadas salieron con la Prohibición. Philip Yordan, el guionista, puede conocer la jerga del hampa, pero hubiera sido maravilloso haber escuchado a alguien simplemente preguntar por la hora y obtener una respuesta directa. Tanto él como el director Joseph Lewis comparten la responsabilidad de este caos monótono y acelerado. (Howard Thompson en The New York Times del 26 de marzo de 1955)
Esta película negra de 1955 bordea la abstracción total durante la mayor parte de su duración y luego lo logra del todo en una asombrosa escena final: un tiroteo en la niebla que sugiere un Michelangelo Antonioni armado y peligroso. El noir habitual tiene lugar en un mundo de pesadilla, éste parece habitar en un sueño: ya no hay miedo en las imágenes, sino una belleza distanciada e idealizada. (Dave Kehr en Chicago Reader)
Al motivo de ser el policía y el ladrón dos caras de la misma moneda tan descaradamente promocionado en Heat de Michael Mann, se le da aquí un tratamiento más sofisticado. Diamond y Brown son rivales por Susan y se enfrentan entre sí en un nivel fundamental. Dado que La Ley es la menor de sus preocupaciones, su lucha parece ser casi un choque de estilos de vida en conflicto. Diamond suelta mucha moralización despótica, pero todos los demás aceptan el hecho de que la sociedad está llena de corrupción al estilo de Brown. Incluso algunos miembros de la policía consideran que la cruzada de Diamond es una perturbación no deseada del status quo. Temáticamente, The BigCombo es más moderna que el (por lo demás soberbio) retro y ligeramente hueco Heat. (Glenn Erickson en DVD Talk)
Estupenda película de gángsters, aunque, a pesar de lo que promete el título, es más una película de cine negro que se centra en el duelo privado y obsesivo entre el policía Wilde y el gángster Conte, cada uno perseguido por una mujer y convirtiéndose virtualmente en el alter ego del otro durante el curso de su vendetta mortal. Una película estructurada por la crueldad y el dolor (amplificados por dos escenas de tortura peculiarmente horribles que involucran un audífono), es la noche oscura de varias almas perfectamente visualizada en el extraordinario trabajo de cámara de John Alton. Incluso mejor que el anterior - y notable - Gun Crazy de Lewis. (Tom Milne en Time Out)
La forma en que Lewis organiza el espacio, creando relaciones de poder entre los personajes según el lugar que ocupan en el encuadre (la escena en la que Richard Conte tortura a Wilde y le pulveriza los tímpanos con un auricular sigue siendo "uno de los grandes momentos de dirección del cine de Lewis), la fotografía de John Alton (uno de los grandes directores de fotografía del cine negro, que a menudo utiliza una sola fuente de luz) y un hábil montaje tendente a la abstracción contribuyeron a hacer de The Big Combo uno de los mayores éxitos del cine negro. (S. Blumenfeld en Les inrockuptibles)
Esta película es el ejemplo mismo de lo que la restricción presupuestaria puede generar cuando sólo se puede contar con la imaginación y el dominio de la técnica. Con un presupuesto mayor, la película no sería esta sucesión de escenas expresionistas sublimes. Algunas tomas desde el principio se parecen (deliberadamente) a las pinturas de Edward Hopper (pero en blanco y negro). El arte es estilo. El arte es forma. Se ha aplicado todo el rigor del género y la violencia permanente está contenida en los hallazgos de puesta en escena y diálogo. Sin pedir nada prestado. Una película modelo para futuros "directores de fotografía", aprendices de dirección y también para críticos a los que tanto les hubiera gustado hacer cine (y que podrían haberlo hecho si realmente hubieran querido). Que nadie diga más que hacer una gran película es caro. (Pierri 33 en Notre cinéma)
La banda sonora entrecortada de David Raksin y el encuadre lleno de sombras y niebla de John Alton ayudan a precipitar a los protagonistas hacia un desenlace inevitablemente violento. Si bien el policía Diamond idealiza a Susan en un papel romántico de víctima y desprecia a Brown tanto por su destreza social y financiera como por los crímenes que pudo haber cometido, también se puede ver que intenta compensar con ello sus propios fracasos sociales y sexuales. Como en el Noir más famoso de Lewis, Gun Crazy (1950), donde dos fugitivos, Bart Tare y Annie Laurie Starr, se sienten irresistiblemente atraídos el uno por el otro "como un arma y su munición", el triángulo formado por Diamond, Brown y Lowell es el núcleo emocional del combo The Big Combo. (Mon cinéma à moi)
Película estrenada en Madrid el 28 de noviembre de 1955 en el cine Rialto; en Barcelona, el 8 de febrero de 1956 en los cines Alexandra y Atlanta.
Reparto: Cornel Wilde, Richard Conte, Brian Donlevy, Jean Wallace, Jay Adler, Robert Middleton, Lee Van Cleef, Earl Holliman, Helen Walker, Helen Stanton.
El jefe de una importante organización criminal es sospechoso de fraude
fiscal. El agente del Tesoro Frank Warren y su compañero necesitan
apoderarse de sus libros de contabilidad para poder acusarlo de evasión
de impuestos.
Pese a ciertas insuficiencias de guión y algún fragmento cuya utilidad
narrativa no me queda muy clara, la película constituye un buen
entretenimiento y un ejemplo de cómo se puede lograr un apreciable filme
partiendo de recursos limitados; en tal sentido Lewis era todo un
experto, pues apenas en contadas ocasiones pudo disfrutar de los medios
propios de una película de serie A (una de esas pocas ocasiones daría
como resultado la espléndida "Gun Crazy"). En este caso, adopta una
perspectiva documental, pero rechaza el recurso tan manido de la voz en
off, precisamente el que había consentido Anthony Mann -en mi opinión,
equivocadamente- en "T-Men", que aborda temas muy similares y también
con pocos medios. Frente al espléndido dramatismo que desprendía la
fotografía de Alton en la obra de Mann, en esta encontramos un estilo
correcto para el género, aunque más neutro. Destacan los distintos modos
con que se ilustra la violencia, de forma indirecta en el admirable
plano del cucurucho, o directa, en el eficaz y hermoso picado que nos
muestra la persecución de un delator en plena calle. (Quatermain80 en Film Affinity)
Joseph H. Lewis es el cerebro en la sombra, permaneciendo también en un
segundo plano, con su nada grandilocuente realización, pero haciendo
gala de una pericia inaudita que ya quisieran otros. Con un dominio
perfecto del ritmo, adornado en algunos momentos de movimientos de
cámara arriesgados y atrevidos para la época, Lewis nos introduce de
lleno en la más que interesante trama de la película. Una trama que se vuelve oscura y violenta según va avanzando.
Incluso se permite el lujo de cambiar un poco de tono, sin que esto
dañe lo más mínimo al film. Me refiero al momento en el que el personaje
central está perdido porque se cree vencido por el sistema, al no poder
hacer nada contra las amenazas que ha recibido por continuar con sus
actividades. Instante ese en el que Lewis nos habla de que nunca hay que
tirar la toalla si creemos que hacemos lo correcto. (Blog de cine)
En Relato criminal la estructura es clásica y la película
se va poniendo más y más emocionante según avanza el metraje y tiene su
escena clímax. Sin embargo, Enemigos públicos (que como repetí
ayer me entretuvo y me volvió a enamorar mi Johnny pero claro hay que
se objetiva) tiene todo el rato altos y bajos en su estructura y está
poblada de escenas clímax que no ayudan en absoluto a contar mejor la
historia o a emocionar por las actitudes de sus personajes. Nos deja
igual. Sus personajes no tienen alma, algo que sí tienen cada uno de los
personajes de Relato criminal (hasta los papeles más mínimos e incluso los peor desarrollados están mejor que cualquier secundario de la película de Mann). (El blog de Hildy Johnson)
Un film con todos los ingredientes del mejor cine negro clásico:
atmósferas y tipos duros (atención a la gran interpretación de Glenn
Ford) envueltos en una espiral de ambigüedad moral. Uno de los mejores
trabajos del habitualmente discreto Joseph H. Lewis, que se inspiró en
un artículo periodístico para crear una trama con más de un punto de
contacto con la biografía del mítico Al Capone. (Fotogramas)
Película estrenada en España el 17 de marzo de 1952.
Título español: Relato criminal.
Reparto: Glenn Ford, Nina Foch, James Whitmore, Barry Kelley, Frank Twedell, David Wolfe, Howard St. John, John Hamilton.
Bart Tare es un hombre obsesionado desde niño con las armas. Cuando
conoce a Annie, una mujer fatal, se deja arrastrar al mundo del crimen.
Unidos por su afición a las armas, la relación de la pareja desemboca,
entre atraco y atraco, en un torbellino de pasiones y situaciones
peligrosas.
Obra maestra de Joseph H. Lewis, especialista en films de serie B.
Escrita por Mackinlay Kantor y Dalton Trumbo, adapta el relato breve
"Gun Crazy" (1940), de Kantor, inspirado libremente en la vida de Bonnie
Parker y Clyde Barrow.(...) La narración se despliega a un ritmo intenso y prodigioso, que se
mantiene a lo largo del film, salvo breves pausas dedicadas a la
reflexión del Bart o al romance. El guión exhibe un notable empeño de
estilización, que le lleva a prescindir de todo lo superfluo. Los
caracteres se presentan bien desarrollados y construidos con precisión y
coherencia. Es interesante el análisis de la interacción que preside la
relación entre los protagonistas, dominada por tensiones de
dependencia/sumisión, arrastre/engaño, seducción/resistencia,
turbación/pasión. Se explora la afición al riesgo, la erótica del
peligro, la seducción atávica de la violencia y el fatalismo que rodea
la acción humana. (Miquel en Film Affinity)
Lewis no abandona ni un sólo momento a los dos protagonistas, ya estén
en el mismo plano o no. Con un uso de la cámara increíble, de enorme
modernidad para la época (o más bien habría que decir que cuando se hace
hoy día, realmente ya es un truco viejo), le imprime un ritmo sin
descanso hasta el final. Todo el film avanza de un tirón con un crescendo
dramático conseguido hasta límites insospechados. Atención a las
virguerías visuales que el director realiza y sin ningún tipo de
gratuidad. Baste mencionar el atraco a un banco en el que la cámara no
abandona el interior del coche, lugar desde el cual serán filmados
varios momentos y a cada cual más sorprendente. Todos ellos sabiamente
conjuntados y dando paso a un final histórico donde los haya y de una
belleza perturbadora. (Alberto Abuin en Blog de cine)
El demonio de las armas es una muestra de cine negro, pero un tanto
peculiar. La acción no se desarrolla en un entorno urbano sino rural, y
prácticamente durante el día y no por la noche. Hablamos casi de una
road movie con violencia, robos, asesinatos, sensualidad, persecuciones y
mucha pasión. Un amor desbordado que roza casi la sumisión y la
dominación. Estamos pues ante algo más que un film de cine negro. (TCM)
Título español: El demonio de las armas.
Reparto: Peggy Cummins, John Dall, Berry Kroeger, Morris Karnovsky.