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lunes, 18 de diciembre de 2023

Crónica negra (Un flic, 1972). Jean-Pierre Melville


Un grupo de ladrones roba los fondos que una rica heredera tiene depositados en un banco. Pero, durante el atraco, uno de ellos resulta herido. El cabecilla de la banda debe enfrentarse al comisario Colemane, que es uno de sus mejores amigos.

Melville, uno de los realitzadores franceses más personales, más ingeniosos, insiste en un tema que ya figura en su filmografía: el de las relaciones dudosas entre la ley y el delito, de las cuales sale siempre una degradación de quienes sirven a aquella. (...) Melville cuenta todo esto con dos maneras: una muy escueta, funcional, intensa; otra, recreada, insistente, por eso mismo menos profunda que la otra. De ahí que la escritura del filme se resienta en cuanto al ritmo, lo que no privarà al inteligente director de lograr secuencias de dura y punzante emoción. (Lorenzo López Sancho en ABC del 30 de marzo de 1973)

Su estructura formal es tan armoniosa y tan brillante que se aproxima, incuestionablemente, a la perfección. Una perfección que no es simple dominio artesanal, sino que se distingue por acusados rasgos, acaso un poco aislados, de genialidad. En «Crónica negra» Melville lleva a la cumbre estas virtudes. Es una película más de atracadores y de policías, pero lo que realmente nos sorprende en ella es el tratamiento, el método y el tono. Nos impresiona sobre todo la flexible soltura con que ha coordinado los tres episodios importantes que dan fuerza a la trama, el expresivo vigor de las imágenes, y el pergeño, tan reciamente humano, de los personajes que nos presenta. Y luego, el contraluz con que son iluminadas las dos caras de las complicadas situaciones de esta historia, tan cinematográfica. De esta historia en la que actúa un hampa dinámica, imaginativa y audaz, integrada por hombres ya mayores. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 22 de noviembre de 1973)

El canto del cisne de su director, donde decepcionó las expectativas que había despertado. Partiendo de una estilización formal cercana a "El silencio de un hombre" o "Círculo rojo", articuló la historia en torno al hermético personaje interpretado por Alain Delon. Los resultados quedaron reducidos a la aplicación de una fórmula tan brillante como carente de emoción. (Fotogramas)

Aparte de su excelente tiroteo inicial en el atraco al banco, la película se cae a pedazos en una lenta narración y una frialdad rayana en el congelamiento de ideas. Tuvo un presupuesto superior a otras de sus obras, pero el resultado es muy inferior a las mismas. (Decine21)

La última obra de Jean Pierre Melville, Un flic, ha sido considerada durante mucho tiempo una película fallida. Hay que decir que cuando se estrenó en 1972, la recepción de la crítica fue bastante fría y no tuvo éxito de público. Con el tiempo, Un flic ha seguido siendo una película un poco desconocida, pero, a pesar de todo, se ha convertido en una especie de contraseña para los iniciados, aquellos que consideran que la última de Melville es su mejor película. (Thierry Jousse en Les Inrockuptibles)

Acusar al naturalismo de todos los males (una cierta tendencia de la crítica francesa de izquierdas y derechas) no impidió que los idiotas se perdieran el film más antinaturalista de los últimos treinta años, más antinaturalista que los Straub o los Bresson más abstractos. . Recuerde que Un flic fue demolido tras su estreno, en 1972, incluso por los melvillianos más acérrimos. Fueron necesarios treinta años de purgatorio para que finalmente se reconociera la evanescente belleza de la película. Melville arroja a Delon y Deneuve contra las olas desiertas, las orillas del mar, los cabarets de los gangsters de opereta, Richard Crenna, Paul Crauchet, André Pousse. Nos hablamos en voz baja. Nos espiamos unos a otros, nos matamos unos a otros. Melville tenía 55 años cuando rodó Un flic, unos meses antes de escabullirse de puntillas y con un sombrero Stetson en la cabeza. Cada uno tiene sus propios ritos. Cada uno tiene sus propias ceremonias. (Louis Skorecki en Libération)

Incluso hoy en día, Un flic apenas se menciona entre las obras del cineasta. Preferimos hablar de todas los demás, pero no de ésta. Una injusticia, cuando menos, ya que Un flic no es más que una grandísima película, una más pero no la única, de un Jean-Pierre Melville que firma allí, inconscientemente, su obra testamentaria. El cineasta murió poco después del estreno de la película, víctima de un derrame cerebral, víctima de la gran tensión nerviosa que siempre lo había perseguido. Un flic habría sido fatal para su autor, que parece conmovido por su fracaso comercial, magullado por las críticas, escondido hasta el final detrás de sus prominentes gafas de sol. Las mismas gafas que hizo usar a Lino Ventura en Le deuxième souffle. Sin embargo, si se mira más de cerca, Un flic parece ser una obra muy especial y perseguida por una idea terminal: la de la muerte. El cineasta no sólo entregó su último acercamiento manierista, llevado al extremo, cierto, sino también su última mirada a la vida fantástica de estos personajes que se han convertido en sombras de sí mismos. (Olivier Bitoun en DVD Classik)

Un flic es menos un inventario conmovedor de la vida cotidiana de los agentes de policía dañados ​​por el código de honor que la conclusión temprana, pero aún vigorosa, de la filmografía de Jean-Pierre Melville, un director que concedía la misma importancia a la forma y al fondo de sus películas. Por eso es difícil que nos guste esta película fría y nihilista, cuyo concepto general de mosaico con un montaje casi escandaloso empieza, sin embargo, a fascinarnos. (Tobias Dunschen en Critique-film.fr)

Jean-Pierre Melville (...) se detiene hipnóticamente en los detalles más pequeños de cualquier operación y puntúa la película con siniestros e inesperados movimientos de cámara. Personajes sórdidos y escenarios inexpresivos se fusionan en un cine negro de mediana categoría, un mundo que se vuelve peligroso por la inquietud de los métodos del Sr. Melville. Tanto en el final como en el principio, presenta personajes mirando al vacío sin decir palabra. En ello, tal vez haya más falta de afecto de lo que la mayoría del público toleraría (...). Pero la contundencia y el misterio de la dirección de Melville a menudo generan una urgencia que evita que la película parezca vaga. (Janet Maslin en The New York Times del 30 de noviembre de 1979)

Como ocurre  en cualquier película criminal de Jean-Pierre Melville, más allá de su preocupación general por las historias de género como vehículos filosóficos (o quizás en conjunción con las mismas, dado su enfoque metódico de los crímenes), los robos son objetos de belleza meticulosamente construidos. El trabajo de atraco al banco es bastante estándar, pero el robo de drogas, que involucra trenes y helicópteros, es ingenioso y recuerda a su manera a los ladrones que cuelgan de un agujero en el techo en Rififi de Jules Dassin. Richard Crenna realiza su trabajo con una resolución silenciosa, dando cada paso con sombría determinación. Lo interesante esta vez es que también es la misma determinación que adopta el policía Delon al rastrear las fechorías. Se ha borrado la línea entre criminal y policía. Transcurren largas secuencias sin diálogo, con sólo el sonido del mundo circundante. Es como si las palabras fueran más preciosas y más peligrosas que las balas. (Jamie S. Rich en DVD Talk)

La película parece desmoronarse... Aún así, queda esa impresionante primera secuencia y suficiente riqueza de estilo y tema para hacer de Un Flic una película característica, si no la quintaesencia de [Jean-Pierre] Melville. (David L. Overbey en Sight and Sound)

Película estrenada en Madrid el 16 de marzo de 1973 en el cine Amaya; en Barcelona, el 19 de noviembre de 1973 en el cine Astoria.

Reparto: Alain Delon, Richard Crenna, Catherine Deneuve, Riccardo Cucciolla, Michael Conrad, Paul Crauchet.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Las señoritas de Rochefort (Les Demoiselles de Rochefort, 1967). Jacques Demy


Dos hermanas, profesoras de música y danza (Deneuve y Dorléac), viven en la pequeña población de Rochefort y sueñan con encontrar un gran amor. Homenaje a los grandes musicales de la época dorada de Hollywood.

"Por primera vez escribí poesía –como en el pasado, con rimas y alejandrinos– y rendí homenaje a poetas que amo: Louis Aragon, Raymond Queneau, Jacques Prévert… Finalmente, lo que me fascinó fue investigar mezclándolas, las relaciones entre cine, música, pintura, literatura y coreografía”. (Jacques Demy)

“Las señoritas de Rochefort” no es una comedia musical, ni tampoco una opereta. Su originalidad y su gracia es mucho mayor. Usando de un termino puesto estos días de moda, puede asegurarse que es el mejor espectáculo “hit” montado hasta ahora en Europa. Ni en el teatro ni en el cine hemos visto nada tan agradable, de tanta belleza visual, ni tan admirablemente interpretado y musicalizado. Michel Legrand ha superado, incluso, lo que había realizado en “Los paraguas de Cherburgo”. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 1 de diciembre de 1967)

En esta lección a la francesa, junto a los hallazgos de “Los paraguas de Cherburgo”, hay ecos de “West Side Story”, de “Levando anclas”, de “Un americano en París”, de “Los caballeros las prefieren rubias” y tantas otras obras donde Hollywood ha volcado ingenio y talento para el espectáculo. Demy añade a esas evocaciones un concepto muy europeo, muy francés, de la comedia musical. El resultado es un film delicioso, donde el espectador se reencuentra con un cine cuyas intenciones son, por encima de cualquier otra, ponerle en el camino de la alegría. (José Luis Martínez Redondo en ABC del 15 de febrero de 1968)

Tras "Los paraguas de Cherburgo", Demy se planteó un nuevo musical aunque, en esta ocasión, se inspiró en la tradición norteamericana del género. El resultado fue una obra tan irregular como atractiva, un compendio de las virtudes y los defectos de un director controvertido que ha despertado tantas adoraciones como odios. Consigue mantener el equilibrio entre cierta cursilería y una innegable frescura. (Fotogramas)

Un clásico del género musical francés, muy influido por los grandes títulos del género estadounidenses. De hecho, cuenta con la presencia de uno de los grandes, Gene Kelly, que por supuesto baila. Michel Legrand compone una banda sonora inolvidable compuesta por un sinnúmero de canciones que interpretan los personajes. Destaca también el vestuario veraniego, los colores alegres y la espléndida luminosidad. (De cine 21)

Hay que admitir que [Jacques] Demy es acusado frecuentemente de sentimentalismo... sin embargo, es capaz de una euforia tierna y nada sentimental, más embriagadora que cualquier otra obra cinematográfica en el campo de la farsa romántica. (Carey Harrison en Sight & Sound)

A pesar de la superficie siempre vivaz, hay una corriente sombría que persiste incluso cuando el amor triunfa y la música aumenta. (Keith Uhlich en Time Out)

Un musical luminoso sobre los sueños, el romance y el destino que reelabora con cariño el modelo clásico de Hollywood de "montar un espectáculo", en un ensayo sobre la montaña rusa emocional que supone ir al cine. (David Jenkins en Time Out)

Recuerda a una comedia de Shakespeare y parece aprovechar un anhelo romántico que está integrado en nuestro ADN. Absolutamente sublime. (Toby Young en The Times)

"Las señoritas de Rochefort" es otra de esas películas extrañas y fuera de lo común producidas por Mag Bodard en las que una forma alegre y convencional se estructura sobre lo que sería, en sus propios términos, una catástrofe. En "Le Bonheur" (A. Varda, 1965) se trataba de un matrimonio joven y feliz en el que la felicidad del marido aumentaba enormemente con el suicidio de su esposa. En "Benjamín" (M. Deville, 1968) trataba sobre la seducción de los inocentes, en la que la chica se acostaba con el hombre adecuado, pero se enamoraba de un libertino anciano. En "Las jóvenes de Rochefort", dirigida por Jacques Demy, que dirigió "Los paraguas de Cherburgo", también producida por la Sra. Bodard, vemos un musical que se desarrolla en un pueblo donde los soldados marchan continuamente, donde los titulares son cada día más sombríos y donde un asesino sádico forma parte del alegre elenco. (Renata Adler en The New York Times del 12 de abril de 1968)

Con su modernidad, Les Demoiselles de Rochefort hace un maravilloso uso de los matices del lenguaje y del juego de palabras. Jacques Demy es culto y, con gran precisión, insufla ritmo y poesía a sus diálogos. No se recitan, se representan. Utiliza así la prosodia en verso y las rimas femeninas o masculinas, cruzadas y abrazadas, garantía de riqueza sonora para transcribir los diferentes estados por los que pasan las heroínas, de la felicidad a la duda, de la tentación a la vacilación, finalmente de la tristeza a la alegría. (Jordan White en DVDClassik)

Dado el extraordinario impulso que Gene Kelly le da a la película, no sorprende que Demy lo quisiera desde el principio, aunque tuvo que esperar dos años antes de que Kelly quedara libre de otros compromisos. De hecho, Kelly aporta a la película el tipo de júbilo ilimitado que los musicales pueden producir, al igual que Chakiris y Dale, los otros dos bailarines estadounidenses que aparecen, aunque en menor medida. De hecho, es la combinación de este espíritu con el alma del elenco francés lo que da a Las señoritas de Rochefort su sabor distintivo. (Jonathan Rosenbaum)

Una enorme pastilla de felicidad, apetitosa y fácil de masticar: esto es ante todo la película de Jacques Demy. Imposible resistirse físicamente al entusiasmo, la vivacidad, la alegría, el optimismo del espectáculo que se nos ofrece. Los Paraguas de Cherburgo adoptaron un tono serio y triste. Hablaba de guerra, ausencia, amores olvidados. Fue un cuento de hadas para mayores, una celebración encantadora que acabó en melancolía. Con Las señoritas de Rochefort todo, por el contrario, es euforia. Desde el principio, desde nuestros primeros pasos en este pueblo donde las casas cambian de color para armonizar mejor con los vestidos de las jóvenes y el vestuario de los animadores, intuimos que el destino nos prepara uno de sus días buenos. (Jean de Baroncelli en Le Monde del 11 de marzo de 1967)

Película estrenada en Barcelona, el 30 de noviembre de 1967 en el cine Comedia; en Madrid, el 12 de febrero de 1968 en el cine Conde Duque.

Reparto: Catherine Deneuve, Françoise Dorléac, Danielle Darrieux, George Chakiris, Grover Dale, Gene Kelly, Michel Piccoli, Jacques Perrin, Henri Crémieux.


lunes, 15 de marzo de 2021

La sirena del Mississipi (La sirène du Mississipi, 1969). François Truffaut

 

Naturalmente, hay que ver "La sirena del Mississipi", película hecha en grande por uno de los valores positivos del cine francés, película honrada, sin trucos, con planos de sutileza singular, interés y que, si vacila en algún punto es en la parte "criminal"—tantas veces lograda en relatos ínfimos o corrientes—, pero no en la sentimental, intimista, apasionada, que es un "handicap" difícil, en la que los intérpretes hacen lo que deben y el arte de Truffaut campea sin concesiones, que acaso se echan de menos alguna vez. (Antonio de Obregón en ABC del 13 de junio de 1970)

Como examen psicológico de una situación existencial, la película resulta interesante a pesar de algunas fases de exaltación romántica, manifiestamente exageradas y que caen en una monotonía fatigosa.Truffaut ha realizado esta película con soltura, imprimiendo siempre a la emotiva acción un ritmo muy ágil y unas seducciones visuales de calidad indudable. No es el Truffaut trascendente y sutil de «Los cuatrocientos golpes» o de «La piel suave», pero continúa teniendo, aun en este producto fundamentalmente «industrial», un sensible sentido del arte y de la estética. (A. Martínez Tomás en La Vanguardia del 17 de junio de 1970)

Tras "La novía vestía de negro", François Truffaut se enfrentó con otra novela de Cornell Woolrich (también conocido como William Irish), intentando una inteligente pirueta a partir del material literario. Centrándose en el tema de la pasión revitalizadora y destructiva al mismo tiempo, construyó un film notable que aúna el rigor compositivo con el poder de sugestión. (Fotogramas)

La historia es tan fascinante y está tan llena de matices, a la par que bien rodada, que uno no puede hacer otra cosa que rendirse ante la que es, sin duda, una de las películas más dolorosamente románticas que se hayan realizado jamás. (Alberto Abuín en Espinof)

La narrativa de Truffaut, siempre partiendo de la libertad formal, evita las imágenes fatuas y expresa con acierto, detalle, sentido del humor y eficacia emocional un thriller pasional sobre dos seres de improbable destino marcado por un tortuoso recorrido de abnegación amorosa. (Antonio Méndez en AlohaCriticón)

La obra maestra del Truffaut imitador de Hitchcock, en un delirante cuento romántico basado en la novela 'Waltz into Darkness' de William Irish. Rodada en la isla de Reunion, el thriller alcanza por momentos un insano toque necrófilo digno de mayor análisis. Su pareja protagonista –la fría Deneuve y el ingenuo Belmondo- es digna de figurar entre las más intensas de la historia del cine, realizando ambos una admirable composición de sus personajes. Mutilada en su metraje en algunos países –entre ellos España–, su versión íntegra está cerca de la perfección. (Decine21)

Desafía la definición fácil y triunfa alegremente sobre lo que inicialmente parece ser una esquizofrenia estructural. Es la creación de un cineasta superior que trabaja excéntricamente en la tradición clásica. (Janet Maslin en The New York Times)

Un humanista romántico con un amor contagioso por el cine, Truffaut introdujo una efervescencia, ingenio y un don para la narración enérgica que aún no tiene parangón. (Edward Guthmann en San Francisco Chronicle)

Esta Sirena seduce, cuando no piensas demasiado en sus artificios. En cuanto se percibe el esfuerzo, el cálculo, la ausencia de espontaneidad, la monotonía, Autant-Lara y Delannoy se frotan las manos: su ex-joven censor empieza finalmente a unirse a ellos. Después de todo, estamos envejeciendo y eso forma parte del encanto. (Michel Mardore en Le Nouvel Observateur)

Por ingeniosa que sea la adaptación del libro, de hecho, carece de la atmósfera que constituye uno de los encantos de la obra literaria original (...) A pesar de su belleza, Catherine Deneuve se queda algo atrás, (...) carece de flexibilidad y matices. (François Maurin en L'Humanité)

Los múltiples giros y revueltas del guión bordean, de hecho, con demasiada frecuencia la improbabilidad de que no sufra el análisis sentimental. (Jean de Baroncelli en Le Monde del 21 de junio de 1969)

Película estrenada en Madrid el 12 de junio de 1970 en los cines Palacio de la Prensa, Velázquez, Bilbao y Progreso; en Barcelona, el 16 de junio en los cines Fantasio y París.

Reparto: Jean-Paul Belmondo, Catherine Deneuve, Michel Bouquet, Nelly Borgeaud, Roland Thénot, Marcel Berbert.