martes, 9 de enero de 2018

¡Vivan los novios! (1970). Luis García Berlanga


Leo Pozas, natural de Burgos y alto empleado de banca, llega a un pueblo de la Costa de Barcelona, acompañado de su madre, para casarse con Loli. Inesperadamente, la madre de Leo pasa a mejor vida. Esto puede significar la suspensión de la boda, un año de luto y, a lo mejor, otro de alivio, de manera que Leo y Loli ocultan el cadáver de la anciana hasta después de los esponsales.

La película tuvo una mala acogida por la crítica especializada, y pasó prácticamente inadvertida para la mayor parte del público. La mayoría le reprochaba un estilo muy soez y grosero, una planificación descuidada y una historia exagerada. No causó la reacción que se esperaba a unos temas tan conflictivos como el mito de la madre, el matrimonio y la España internacional.
Algunos críticos señalaron que Berlanga se apoyaba en un neorrealismo facilón, a veces vulgar y que se basaba en el chiste fácil. Dijeron que existía una falta total de imaginación y rigor. Se acusó a Berlanga de copiarse a sí mismo. Para muchos fue la película más representativa del absurdo.
Francisco Perales, en su libro, defiende la película, señalando que «lo que nadie supo descubrir es que Berlanga ofrecía la visión de una España que se esforzaba inútilmente en ser europea e internacional, moderna y vanguardista, pero que, desgraciadamente, resultaba infantil, arcaica y ridícula.»

En su contemplación de esos personajes, Berlanga destila un afán de venganza que no precisa de la transformación del medio ambiente real para caricaturizarlo. Rodado en plena calle, con circunstancias comprobadas, se aproxima al esperpento.En 1969 estaba de moda en España el cine llamado «del ligue», donde absurdas y muchas veces grotescas peripecias eróticas daban rienda suelta a la represión sexual que se sufría. (...) La productora de Cesáreo González solicitó de Berlanga una similar, entendida entonces como «comedia de costumbres». Aceptado el reto, Berlanga hizo una película que se inspiraba en algunos aspectos en su reciente guión prohibido A mi querida mamá en el día de su santo, pero que, ante todo, asimiló el miserabilismo de las formas del género al que se le invitaba, haciendo, por tanto, una obra cuya torpeza formal era evidente; pero, en lugar de ser un resultado de la ignorancia del director o de los escasos medios puestos a su alcance, fue una estética herida. Sorprendió esto en 1969 a los críticos, que confiaban en que nuestro mejor director cinematográfico hiciera siempre una película de exquisita corrección formal, sin llegar a entender que la decisión de Berlaga -coherente, por otra parte, con su anterior estilo «barroco, fallero y valenciano», según él mismo lo define- era un resultado más lógico con la España que se vivía, un intento de continuar la coherencia anterior en el hoy y aquí de 1969. (Diego Galán en El País)

El reto estaba claro para su realizador y su guionista habitual, Rafael Azcona: construir un argumento clásico del cine español más casposo, donde el protagonista masculino hiciera las veces que podían hacer Fernando Esteso o Andrés Pajares en otros filmes de indudables coincidencias argumentales. Dicho protagonista debía de ser el cateto a la española que se dejaba perder por unas faldas extranjeras y el entorno soleado debía ser el equivalente al mítico Torremolinos. En este caso, el marco lo sirve la incomparable ciudad catalana de Sitges. El epicentro varón de la acción, no obstante, no sería el simple chistoso majete sin trascendencia sino que debía ser de un patetismo extremo, alguien a quien la vida estuviera castigando por sus buenas maneras y a quien el entorno le azuzara sin tregua. (Encadenados)

Feroz esperpento, injustamente menospreciado en su momento, en el que Berlanga ofrece una de las miradas más incisivas que se hayan planteado sobre la España de los 60. Los mitos más ancestrales se oponen a la falacia de un aperturismo representado por el turismo, en un juego brillante que combina la sordidez y el delirio con notable tino. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 20 de abril de 1970.

Reparto: José Luis López Vázquez, José María Prada, Laly Soldevila, Manuel Alexandre, Patricia Fellner, Romy, Xavier Vivé, Teresa Gisbert, Luis Ciges.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Mad Dog and Glory (1993). John McNaughton


Wyne Dobie, un fotógrafo de la policía, salva la vida del jefe de la mafia, Frank Milo. Éste, en agradecimiento, le ofrece la compañía de Gloria, una de sus empleadas. Pero Wyne no quiere aceptar los favores de Frank y, además, no está seguro de cómo debe actuar con la chica.

"Mad Dog and Glory" es una de las pocas películas recientes en las que ayuda prestar mucha atención. Algunos de los mejores momentos se producen de forma silenciosa y sutil, en un matiz de diálogo o una elección de tiempo. La película es muy divertida, pero no es un humor abierto, es el humor nacido de las peculiaridades de la personalidad y el estilo de las actuaciones. (Roger Ebert)

John McNaughton dio un giro total tras ‘Henry: Retrato de un asesino' (1986) y sorprendió a propios y extraños con un thriller cómico (o una comedia con tintes de thriller) sobre un fotógrafo policial que, tras salvarle la vida a un gangster, se ve obligado a pasar una semana con una chica de ensueño gracias al generoso agradecimiento del criminal. Aparte de un argumento atractivísimo, McNaughton decidió sorprender aun más a los espectadores e invirtió actores: si Robert de Niro se asocia al gangster, aquí interpreta al policía, mientras que, por su parte, Bill Murray, del que estamos acostumbrados a verle como payaso, encarna a un gangster más sibilino de lo que aparenta. La guinda de este pastel estaba en la figura de Uma Thurman, en una de sus interpretaciones más exiguas pero más recordadas. Y, por si fuera poco, una banda sonora plagadas de clásicos del swing como Louis Prima. Un suma y sigue del buen gusto. Y del acierto. (Sensacine)

El furioso director de Henry, retrato de un asesino se amansa. Donde todo era lacerante radicalidad, ahora apenas se vislumbra una infantil rabieta. Un policía ayuda por accidente a un mafioso. En gesto de gratitud, éste le regala una semana en compañía de su más querida amante. Pero sólo un semana. De semejante manera, da inicio un híbrido entre el thriller, la comedia, el drama... A veces, divertido; otras, no tanto. Por momentos, encantador; a ratos, cargante. Si se tratase de fútbol, sería un fuera de juego posicional. Por dudoso, no por incomprensible, entiéndase. (Luis Martínez: Diario El País)
 
"Original, con sorpresas agradables y gags malévolos. De Niro hace una de sus mejores trabajos y Murray está inquietante." (Francisco Marinero: Diario El Mundo)
 
"Atractiva (...) intriga, humor y drama en un thriller lleno de curiosos personajes." (Fernando Morales: Diario El País)
 
Tras la notable "Henry, retrato de un asesino" y algunos proyectos un tanto erráticos, John McNaughton entró en el Hollywood oficial por la puerta grande, de la mano de Martin Scorsese y Robert De Niro. El film es una comedia un tanto extraña que combina registros aparentemente incompatibles con unos resultados algo desconcertantes pero con un evidente poder de seducción. (Fotogramas)
 
Película estrenada en España el 21 de mayo de 1993.
 
Título español: La chica del gángster.
 
Reparto: Robert De Niro, Bill Murray, Uma Thurman, Mike Starr, David Caruso, Kathy Baker, Tom Towles. 
 
 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Lola Montès (1955). Max Ophüls


Narra la historia de Lola Montes (1821-1861), cortesana y bailarina famosa en toda Europa. Nacida en Irlanda, Lola (Martine Carol) fue la amante de grandes hombres como el músico húngaro Franz Liszt o Luis I de Baviera. Ya en el ocaso de su carrera, trabajó en un circo de Nueva Orleáns, Luisiana, donde realizaba un número acrobático mientras un maestro de ceremonias (Peter Ustinov) narraba al público su escandalosa vida.

Recomiendo Lola Montès de todo corazón tanto por sus delicias sensuales como por su exquisito arte. (Andrew Sarris)

Una de las señales de un gran director es su capacidad para mantener un tono personal constante a lo largo de una película. El trabajo de ciertos directores se puede reconocer casi de inmediato; unos pocos cientos de metros de Godard o Fellini son suficientes. Max Ophüls fue un director así, y su "Lola Montes" tiene la misma unidad de tono que cualquier película que pueda recordar. Es todo una pieza de principio a fin: el estado de ánimo, la música, el movimiento de la cámara notablemente fluido, los decorados, los disfraces. Es la película de un director. Los actores están bajo completo control de Ophüls, un elemento adicional en su examen del mito romántico. (Roger Ebert)

A Ophüls le gustaba experimentar con la estructura narrativa de sus filmes, y en ese sentido, Lola Montes constituye su cinta más compleja. Los acontecimientos de la vida de Lola nos llegan a través de recuerdos y representaciones circenses, constatando estas últimas que no siempre lo que se cuenta se corresponde con lo que realmente sucedió. Al respecto, resulta muy interesante comprobar cómo el cineasta alemán supo adelantarse en el tiempo, ya que el tratamiento morboso y sensacionalista que se da a la vida de Lola durante el espectáculo, no difiere en demasía de lo que ocurre actualmente con los subproductos de la llamada telebasura. (Ricardo Pérez Quiñones en Esculpiendo el tiempo)

Lola Montès es la visión del cine más atrevida de Ophüls como un medio que venera la belleza para nutrir y burlarse de los sueños. Después de su propia y aleccionadora aventura con la película, los espectadores se hacen eco del cumplido de Liszt a Lola: "Gracias por la ilusión". (Fernando F. Croce en Slantmagazine)

Es la obra maestra más desgraciada y la menos amable (Thomas Sotinel en Le Monde)

A veces esa vereda impregnada de barroquismo estético con un soberbio empleo del cinemascope peca de cierta futilidad en algunas de sus acciones, pero la plasmación visual es tan fascinante que magnetizará a los paladares de buen gusto cinéfilo y al aficionado del arte refinado en general. (AlohaCriticón)

La última película del maestro Max Ophüls muestra la esencia de su estilo, que combina elegancia y ostentación, detallismo y suntuosidad. Un estallido de cine que se adentra en el espacio mágico que vive entre la realidad y el deseo. Los hirientes colores y el desbordante Cinemascope de Lola Montes llenan de vida un relato, en el fondo intimista, desarrollado en un entorno circense. Y desde el barroquismo visual, Ophüls logra lo más complejo: depurar de sus imágenes todo elemento accesorio para llenar de expresividad cada encuadre. (Miguel Ángel Palomo en El País)

"Obra maestra (...) La culminación de la carrera de un creador de lenguaje que supo rematar su trayectoria con una traca final de piezas perfectas." (Jordi Costa: Diario El País)

"Uno de los filmes más fascinantes de la historia del cine." (Javier Cortijo: Diario ABC)

Aunque fue remontada por los productores en un sentido distinto al que quiso expresar su autor, nos hallamos ante uno de sus mejores films. Propone la evocación de un mundo en decadencia, ante el cual Ophüls se recrea hurgando en sus grietas y contradicciones, pero sin dejar de añorar su encanto en ningún momento. Su formulación estética llega a extremos enfermizos. (Fotogramas)

Película estrenada en España el 3 de junio de 1957.

Reparto: Martine Carol, Peter Ustinov, Anton Walbrook, Oskar Werner, Henri Guisol, Will Quadflieg, Carl Esmond, Ivan Desny, Lise Delamare.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Blade Trinity (2004). David S. Goyer


Durante años, Blade ha luchado contra los vampiros sin que el mundo supiera lo que sucedía en los bajos fondos. Pero ahora, tras caer en las redes del FBI, se ve forzado a salir a la luz del día para unir sus fuerzas con un clan de humanos cazadores de vampiros que nunca supo que existían, los Nightstalkers. Junto a Abigail y Hannibal, Blade sigue la pista de una antigua criatura que lo está acechando: Drácula, el vampiro original.

David Goyer retrata un Blade que recuerda al de la película original, con unas secuencias que marchan a golpe de música de discoteca, muertes coreografiadas y fuertes dosis de acción. Su elección de planos, ritmo y planteamiento es correcta y hace que la película avance rápidamente, pero no ofrece nada nuevo salvo construcciones ad hoc, poco originales y algo pretenciosas. Dicho de otra manera, la cinta es más de lo mismo que ya veníamos viendo en entregas anteriores, pero ya con cierto sabor a refrito. (Hobbyconsolas)

Desde luego Blade: Trinity no es Ciudadano Kane, pero tampoco intenta serlo. Es una sencilla forma de matar el tiempo para aquellos que quieran vaciar por un momento su cerebro y divertirse con un entretenimiento suave y de fácil digestión. (Zona Negativa)

Una trama que es una constante huida hacia adelante plagada de supuestas secuencias molonas de esas que hacen mucho ruido pero poco o nada plantean a nivel argumental. Tanto es así que, eliminando todo el sesgo de acción del metraje, lo que queda es de un escueto que asusta, y uno no entiende muy bien cómo diantres se dio luz verde a un proyecto que carecía de los mínimos herrajes que sí tenían sus predecesores. (Sergio Benítez en Espinof)

Respecto a la labor del realizador, tan sólo apuntar que abusa de tomas que apenas duran unos cuantos segundos, imita de vez en cuando a los hermanos Wachow-ski y, de paso, pretende hacernos creer que estamos ante un largome-traje auspiciado por Jerry Bruckheimer, de ahí que los protagonistas se muevan de vez en cuando a cámara lenta y caminen de forma coordinada mientras se dirigen al espectador. (Joaquín R. Fernández en La butaca)

"Carece del hilo narrativo agudo y la fresca claridad del cómic de los films anteriores, y recurre demasiado fácilmente a escenas de luchas sin orden que tienen tantos cortes que carece de cualquier tipo de forma o ritmo." (Roger Ebert)

"Deja una irrefrenable sensación de ya vista. (...) mucha menos oscuridad y bastante más acción (sin sentido)." (Javier Ocaña: Diario El País)

"La más floja de todas. Empezando por un guión deficiente, pasando por una acción trepidante pero reiterativa y acabando por un malo flojito." (José Manuel Cuéllar: Diario ABC)

Enérgico y dotado de un toque cómico, reconocible pero diferente, Blade: Trinity sale con la cabeza en alto de una prueba que no estaba ganada por adelantado: excelente entretenimiento, cierra más que honorablemente una trilogía en negro y en colores de la cual incluso se podría lamentar que no se haya extendido más. (Julie Deh en L'écran fantastique)

Desafortunadamente, la aventura marca una clara retirada de los episodios salvajes de Stephen Norrington y especialmente de Guillermo Del Toro. A veces graciosa, la película emociona sólo involuntariamente. (Adrien Gombeaud en Positif)

David S. Goyer no ha flaqueado argumentalmente en la serie, aunque no sea un realizador notable. Suple su bisoñez con funcionalidad, con violentos mordiscos a todo tipo de referencias (de El último hombre vivo a la catódica V), y con la seguridad de que el seguidor fiel de la limpieza étnica del negro cazavampiros va a aplaudir peleas estupendas y escenas de acción (la persecución por los edificios de Blade y Drake) cosecha de una lubricada segunda unidad. Donde sí se luce el autor, acaso en detrimento del terror puro y duro, es en una sucesión de subversivas y divertidas notas críticas. Chistes venéreos sin tregua (cortesía de Ryan Reynolds) se codean con un Drácula exiliado en Irak y furioso con el mundo (y con el merchandising), la descerebrada solución de una guerra biológica o el plan social vampírico para acabar con la indigencia. Sana incorrección. (Fausto Fernández en Fotogramas)

Película estrenada en España el 11 de marzo de 2005.

Reparto: Wesley Snipes, Kris Kristofferson, Jessica Biel, Ryan Reynolds, Parker Posey, James Remar, Eric Bogosian.